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viernes, 28 de diciembre de 2007

La Novia, un personaje del actor Eder Chona para la escena y el videoclip
Ese personaje de la novia, nació del regalo de un traje de novia, y vaya paradoja, de una novia que hace trajes de novia, al actor, en ese entonces su novio Eder Chona, que lo requería para la obra El collage del poder, del teatro Gestus de Piedecuesta, una especie extraña de perfomance, teatro sin palabras, concepto o instalación teatral y mamadera de gallo, que causó erisipela, en quienes desde una postura papal excomulgaron la propuesta, porque se apegan a una tradición en el quehacer teatral, y no soportan la experimentación y la búsqueda.
Con el tiempo el personaje de la novia, uno de los tantos que sostenían el Collage del Poder, se fue r0busteciendo, hasta tomar estatura universal, gracias al aporte creativo del actor Eder Chona. Por eso, el cantautor, Edson Velandia, viniendo de su experiencia con el grupo Cabuya, para montar, ahora, una banda más de su corporeidad creativa: Velandia y la Tigra, incorporó como personaje de entrada de sus conciertos a la novia, en una perfomance donde juegan la novia y el burro, un papel relevante, para proyectar la magia de las canciones de Velandia.
DE ahí que, desde la cara enharinada de la novia, para mostrar un rostro donde su gesto es ambiguo, como la misma Monalisa, pues no se sabe si ríe o se conduele, que se asoma al videoclip del sietemanes, ya se preludia ese mundo de onirismo y realismo tropical, en el que se mueven, tendiendo al esperpento, los protagonistas de las historias de las canciones de Velandia.
Bien, por EDer Chona, y su personaje, y ojalá que la novia, encuentre novio rápidamente, pues no es saludable andar tanto tiempo sin consorte. Quien quita que el burro se conduela, y la lleve al tálamo, para que mate las ganas, y no se quede como tanta viuda de altar, vistiendo santos.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El cazador cazado
Cuando el hombre agazapado en el bosquecillo de bambúes, separó las ramas cautelosamente, con la punta del cañón de su rifle automático, para dar muerte a un tigre dientes de sable, una garra le aventó de las manos el arma y la otra le desgarró de tajo certero la cara, transformándosela, en instantes, en una horroroa máscara de tregedia griega.
A Mario, el poeta de la boina negra

Sé que el río Cimitarra
no pudo tragarte del todo.
Eres polvo de estrella,
siemprevivo,
y con él
nunca pueden
las polillas del olvido.

viernes, 14 de diciembre de 2007

UN PETARDO EN kUSSY-HUAYRA (CUENTO)

En eso de las cuatro de la mañana, cuando el viejo Helberth, se despertó por el totazo del petardo, aún con las telerañas del sueño, le dijo a Sandra su mujer, !mija, adelantaron las navidades¡, sin llegar a sospechar que era la bomba que habían puesto en el bar Kussy-Huayra de sus hermanas, y donde él como un relojito suizo, todas las noches oficia de barman.

martes, 11 de diciembre de 2007

La noche de las velitas en Kussy-Huayra

Es sábado ocho de diciembre. Noche con luna y lucero, mientras un gato maulla en el tejado, porque su gata lo ha plantado. El reloj del parque La Libertad de Piedecuesta, da diez campanadas, mientras las luces de las velas tiemblan sobre las mesas del bar Kussy-Huayra. La gente arracimada entre las mesas, e íntima del hombre de la Tigra, mientras se aparece en escena, calienta motores con cerveliona o un wyscacho. Hay calor humano para este nuevo convite con la canciones de Velandia, ese que ha sabido ponerle vestido nuevo a la música de la entraña, y lo mejor hacerla gustar, porque quién no se sabe El sietemanes, que mitifica a Conejo, el creador de las telas, pintor en huida, hacia las venezuelas, como dice una tía, para matar una pena de amor.
Ahí en Kussy-Huayra, el sarao de la noche de las velitas , fue un acto de fe en la música de Velandia. Coreando sus rasqas. Noche mágica, cuando se aparece un ángel de la danza, Sonia la hija de Sonia Casadiego (la grande), la que abrió el camino a la danza seria, no la de entretenimiento, en Santander. Venía a compartir las canciones de Edson, su amigo entrañable.
Más tarde, al calor de los tragos, el hombre de la Tigra, fue invitando a caros amigos de la música, la literatura y el teatro, para que fueran a tarima a estrechar la amistad con poemas y canciones. Oscar Delgado, desempacó su arsenal poético; quien esto escribe, recordó en canciones al desaparecido mayito, el hermano entrañable, que Las González (CLara, Rocío, Magda, y Amparo, diosas tutelares de Kussy-Huayra), no pueden echar en el olvido. Freddy Chona, nos atrapó con canciones de Fito Páez. Faltó su saxo. Por eso, es que Kussy-Huayra no muere: es un bar para sentirse bien.

viernes, 7 de diciembre de 2007

El mechón de pelo rojo.

Los amigos le dicen que debe estar loco, porque en esa casa de altos paredones, puertas de madera claveteadas, y balcones voladizos, que está en las afueras del pueblo, como una herida del pasado, o el muñón de un árbol que recuerda el esplendor del bosque, nadie la habita. Sólo el polvo que se acumula en los viejos muebles amenazando ruina, en las cortinas de rojo terciopelo, hechas jirones por la acción de la polilla. Él insiste, que estuvo ahí, con una mujer pelirroja como atardeceres de arrebol, de ojos serenos como lagos profundos, y en la cama de dosel, haberse amado con una pasión primitiva, salvaje. Los amigos le recuerdan que esa mujer sí vivió, en esa casa, pero hace muchos años. Era alemana: Sara Hartmann, se llamaba, y su esposo la encontró una noche, metida en la cama con el jardinero, y los asesinó a guadañazos. En las paredes de la alcoba, aún quedan rastros de las salpicaduras de sangre, como memoria del macabro crimen. Jorge insiste en que pasó la noche con la mujer, y saca del bolsillo de su chaqueta, el mechón de pelo rojo -amarrado primorosamente- con una cinta de seda, y asegura, la mujer se lo dejó como recuerdo, para que nunca la olvidara.

martes, 4 de diciembre de 2007

Caja china

En el sueño ella observa desde afuera, através del cristal de la ventana, lo que ocurre en el cuarto. Adentro se ve ella misma con un hombre que está de espaldas, y acaban de hacer el amor. Ella le da un beso. Se levanta y va al baño, acomodándose en el bidet, para que el agua fresca fluya en la caverna de su sexo. El hombre, mientras tanto, tira con los pies una vieja silla donde cuelga su ropa. Del pantalón saca una cuerda de nylon y la tensa por las puntas, probando su resistencia. Ella, la mujer que observa, cree adivinar que es su amante. Pero al erguirse revela el rostro empalidecido de su marido, que avanza con sigilo al baño donde está ella: la misma mujer que observa, la misma mujer que sueña. La que observa hace esfuerzos desesperados por llamar la atención de la que está en el baño , pero la voz se le hace un nudo en lña garganta, cuando intenta gritar, y las manos se le vuelven algodones, al golpear el cristal de la ventana, para advertirla. Y la que sueña, lucha por despertarse y salir de la pesadilla para salvar de la muerte a la del baño, que es salvarse así misma, pero no puede. Su cuerpo se ha petrificado, por el terror que le causa saber que la van a matar, y le angustia saber que no puede hacer nada. Pero al fin despierta, cuando siente unas manos que la zarandean y la estremecen. Son las de su marido. Qué pesadilla, mujer!, y ella fija sus ojos en el rostro de cera de su esposo. ¿Qué soñabas? ! Que me ibas matar! Le dijo colérica. Él la observa desde su palidez de cirio. Qué cosas se te ocurren, ríe sarcástico. Se levanta de la cama, y sale del cuarto, riéndose aún. Y, es cuando la mujer ve tirada en el suelo la cuerda de nylon conque su marido iba a degollarla en el sueño.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Vago recuerdo de mujer

Tengo el vago recuerdo
de una mujer de firmes
caderas,
ojos esmaltados
en noches de luna,
boca que es presagio
de mieles en suspenso,
gruta entre sus muslos
paraiso o infierno.
Aun guardo el recuerdo
de la mujer
que me dejó sin memoria

domingo, 25 de noviembre de 2007

CENSURA A LA CRÍTICA LITERARIA, ES UNA LIMITACIÓN A LIBERTAD DE OPINIÓN

Definitivamente Colombia es el mundo de Subuso. Aquí todo está patas arriba. García Márquez, tenía razón, cuando creó ese mundo mágico que llamó Macondo, en Cien Años de Soledad. Está visto que en el país consagrado al Corazón de Jesús, es dónde más se mata en el mundo. En éste país del absurdo, es donde los políticos en desgracia no caen hacia abajo. Contrariando las leyes de la gravedad, caen hacia arriba, porque los nombran embajadores, o los premian, designándolos con costos al presupuesto nacional, agregados culturales.
El caso que pasó en Cúcuta con el crítico literario del periódico La Opinión, es de antología. Pasa a la galería de esos eventos que bien merecerían, naturalmente si estuvieran vivos, la pena de ser tratados por un Eugenio Ionesco o un Samuel Becket, porque rayan, si no en lo ridículo, en lo absurdo. Renson Said, criticó la obra poética de Pablo Chacón Medina, quien además es picapleitos, po no decir que abogado. Éste, que al parecer se cree una vaca sagrada de la literatura en Norte de Santander, no le gustó que el crítico Said, se refiriera a él (naturalmente en lo que se atañe a su escritura poética) como un "simulador y vanidoso...mediocre, incapaz intelectualmente analfabeto", y ni corto ni perezoso (por eso es abogado) encausó al crítico, por calumnia e injuria, y lo más risible del caso, es que la juez a la que le correspondió la demanda, le dio viabilidad y va a fallar, en un caso que antes que todo, tiene que ver con la libertad de opinión, porque eso es la crítica literaria. Por lo tanto, no se explica uno cómo la juez del caso, le da trámite, a un evento que responde a la libertad de prensa, y que de observar en él la injuria y calumnia que denuncia el abogado -poeta, la que puede estar en peligro es la libertad de opinar.
Recuerdo que a este comentador y crítico, le pasó caso similar cuando emitió su opinión sobre la manera de hacer periodismo, pergeñar poesía y hacer himnos, cierto personaje. En medio de una sartal de sandeces, adjuntó a su memorial, el trozo de periódico donde escribí la crítica que le molestó. Naturalmente, para la personera, que fue a quien acudió el demandante, no había fundamento alguno a su denuncia de persecusión.
Si por algo la literatura de un país crece, se hace robusta y universal, es por la crítica. Quien escribe, se expone al juicio. Sus libros están para ser examinados en el valor estético y la capacidad que tienen para comunicar al lector. Si no le dicen nada al lector, son menores. Claro está, que no siempre la crítica es justa. Libros, en el ámbito de la literatura, que habián sido puestos en la picota por los glosadores, más adelante, fueron observados como obras maestras. El escritor que no se molesta con la crítica, es el que entiende que la palabra debe ser juzgada, si como poema, cuento, novela, quiere que asuma la estatura de obra artística en el contexto literario.

viernes, 23 de noviembre de 2007

La foto de Frank

Lo conoció una noche que salía de la universidad. Había tenido un previo con el doctor Rivera, impecable magistrado de la corte, y riguroso profesor de penal. Sus previos eran un quebradero de cabeza. No preguntaba nada de teoría. El derecho opera en un contexto de realidad, luego hay que ser pragmáticos, y aprender penal desde el mundo, decía siempre, antes de repartir los cuestionarios con casos para resolver, entre los asustados estudiantes, mientras se atusaba unos bigotes largos y entorchados como los del pintor Salvador Dalí.

Eran justo las ocho de la noche, cuando terminó el previo. Estaba exhausta, y le dolía la cabeza de las tantas vueltas que le dio para resolverlos, a los casos que le correspondieron de delitos contra personas y bienes protegidos por el derecho internacional humanitario. Bajó dos cuadras del cerro de bosques de pinos, donde estaba la universidad, al sur, hasta la avenida, y se paró a esperar un taxi, frente al barcito esquinero de ventanales que daban a la avenida, llamado El Rincón de baco, pero que los estudiantes, por el permanente olor a orines fermentados que expedían los orinales, dieron en llamar El berrinche, y así se quedó. Le empezaba a llegar del bar, el olor espeso a meado, cuando escuchó que alguien la llamaba de adentro. Volteó a mirar, y vio en la puerta del bar a Juaco, que estudiaba derecho con ella, y esa tarde no había ido. JUanco se le acercó. Qué tal el previo de penal ? Amelia buscó frases en su mente que expresaran lo complicado que había estado el previo. Estuvo tenaz. Duro, durísimo como todos los previos de Rivera, y arrugo el ceño. Un viento helado empezó a correr por la avenida. Juaco, prendió un cigarrillo, le dio varias chupadas, y del mismo le dio a fumar a Amelia. El marica del Rivera como es magistrado de la corte, cree que sus estudiantes deben estar a su altura, y por eso hace esos previos tan jodidos. Amelia le pasó el cigarrillo. El frío se hizo más intenso con un aire fuerte, que fue formando remolinos de papeles y polvo hurgado de los escombros dejados sobre el andén, dos casas más adelante del bar. Juanco invitó a Amelia al bar, a tomar algo que los calentara. Adentro, en la barra, Amelia pidió un aguardiente. Juanco se extrañó de que bebiera aguardiente. Siempre había tenido la idea de que a las mujeres les gustaba más el vino o una bebida menos fuerte. Se lo dijo a Amelia. Ella le echó dos chupadas al cigarrillo de Juanco, y se lo regresó. En Santander se bebe aguardiente como agua, Juanco, y apuró la copa hasta el fondo, sin hacer el mínimo gesto. Él la miraba de soslayo, entre sorbo y sorbo de la cerveza enlatada que había pedido. Sintió una presión en el bajo vientre. Tenía ganas de orinar. Voy al baño, ya vuelvo, y le dejó el cigarillo , que más que cigarrillo, era ya una colilla. Amelia le echó una mirada al bar, y observó con extrañeza, que siendo viernes el bar no estuviera lleno. Entre el ronroneo de cucarrones de las voces de los clientes que ya se aninaban al calor de las cervezas, de la rocola a media voz se escuchaba a Andrés cepeda, voy a cambiarle la fachada a mis casa/ pues no me gusta verla triste y agrietada/ sé que es muy grande y que talvez/me tome tiempo verla bien/voy a pintarla de color verde esperanza. Amelia, se sentía desolada, cuando escuchaba esa canción. A sus veintidós años, se sentía vieja. Le parecía que había vivido mucho, a su edad un peso la ahogaba, pero no sabía precisarlo. La vida no le había sido hostil, reflexionaba. Terminó el bachillerato temprano, y enganchó inmediatamente, en la empresa de comunicaciones donde trabajaba su padre. Por un convenio, la empresa le dio la oportunidad de estudiar en una universidad privada, como lo estaba haciendo. No podía, entonces estar desagradecida con la vida, pero sentía, de todos modos, que algo le faltaba. Le echó la última chupada a la colilla que ya le quemaba los dedos, y se percató que a sus veintidós años no había tenido un novio de verdad. En el colegio donde hizo el bachillerato -llevaba el nombre de un político al que había asesinado el narcotráfico: Luis Carlos Galán, que quedaba por los lados de la ciudad vieja- tuvo compañeros que la molestaban, pero nunca llegaron a nada, un agarrón de manos, un beso robado al menos. En la universidad los compañeros si no tenían su pareja, eran casados. Y, con Juanco, ni modo. Vivían en el mismo barrio, pero tenía un niño de cinco años, con una pelada que estudiaba en el Sena. Iba a pedir otro aguardiente, cuando sintió que alguien tomaba el asiento de Juanco en la barra. Era un tipo alto, pelo cortado al rapé, de esos morenos tostados por el sol, formido. Velaba sus ojos con finas gafas oscuras. Tenía chaqueta de cuero azul . Ella con dejo amable, el puesto lo ocupa un amigo. El tipo de las gafas y la chaqueta azul, qué pena, no quería molestar. Pero dejeme invitarla. Miró a uno de los muchachos que atendía la barra. A la niña dele lo que quiera. A mi un wysky, sin hielo. Amelia se llevaba a la boca la segunda copa de agurdiente, cuando apareció Juanco. Contestaba una llamada en su celular. La dejo, pelada. El niño se me enfermó, y tengo que salir corriendo. Le dio un beso en la mejilla, y se abrío paso entre las mesas del bar. El de la chaqueta, pidió otro wysky. Su novio?. No, un amigo de la universidad y del barrio, y chupó Amelia un tajo de limón para pasar el trago. El de la chaqueta, me llamo Frank Frank, y ella sintió su mano fuerta y grande, apretando la suya, como una tenaza, y le vió en el dorso, el tatuaje de una araña. Amelia, se sintió turbada porque no le soltaba la mano. Ella hizo un esfuerzo, y él aflojó, de tal manera que la mano se fue deslizando, así lo sintió, como el jabón cuando se le resbalaba de las manos. Pidió otro aguardiente, y lo apuró como si bebiera agua. Algo le molestaba del hombre de la chaqueta. Usted tiene hermanos? Tenía uno, se escuchó la voz de ella lánguida, lo mataron. Gracias por la invitación, pero tengo que irme ya. Frank se rascó la cabeza, mañana es sábado.Ella se quedó mirándolo, sí es sábado, pero tengo un previo atrasado, es de civil, y el profesor dio plazo hasta mañana para ponerse al día. Ella tomó los libros que traía, y se dispidió de nuevo haciendo un breve gesto con la mano derecha que le quedaba libre. Espero volverla a ver, sonó áspera la voz de Frank. Ya veremos, respondió Amelia emprendiendo el camino hacia la puerta. Cuando paraba un taxi, FRank estaba detrás suyo. Se le olvidó el bolso. Ella lo tomó, qué cabeza la mía. No sabe cuánto se lo agredezco, y se subió al taxi.


Tres semanas después volvió a verlo. Estaba en una de las salitas de cine del Centro Comercial Ciudadela del Marqués, esperando a que empezara la función de estreno de El amor en los tiempos del cólera, basada en la novela del Nóbel colombiano, dirigida por inglés Mike Newel, cuando alguien que le pareció conocido se sentó a su lado. Era Frank. Coincidencia o me está usted siguiendo, se dejó oir la voz de Amelia, en un talante sarcástico. El hombre se quitó las gafas, me lo dice en broma o en serio, y a pesar de la penumbra, ella descubrió sus ojos azules, que hacían juego con su piel tostada. Le pareció más atractivo que cuando lo conoció en el bar, y sintió como cosquillistas en el estómago, es que me está gustando, pensó para sus adentros. El la miraba de reojo, no me ha respondido,¿ me lo dice en broma o en serio si encontrarnos hoy, no fue tan circunstancial ? Amelia no quiso responderle, porque la figura de Florentino Ariza, el protagonista de la saga de amor de la novela de García Márquez, rondaba en la pantalla por la Cartagena colonial, repartiendo telegramas. Ella, no supo en qué momento, Frank se levantó y trajo gaseosa y crispeta. Se sintió halagada por el detalle. Un gracias, salió de su boca con hálito de suspiro. Él supo, entonces que había logrado minar la resistencia de Amelia, cuando en la película desde el balcón interior de su casa, Fermina le juraba a Florentino, que se casaría con él. En el transcurso de la película, intentó tomarle, en varias ocasiones, la mano a Amelia, de manera distraída, pero el hecho de sufrir la vergüenza de ser rechazado lo contuvo.

Ya estaba oscuro, cuando salieron del cine. Había empezado a caer una llovizna acompañada de un viento glacial. Amelia se puso la chaqueta del yin, que se había quitado, adentro del teatro. Vamos por ahí, a mirar vitrinas, mientras pasa la lluvia, y caminó ella, hacia una vidriera, donde una modelo exhibía ropa exclusiva de la tienda. Miraron un rato, hasta que él se cansó, vamos a comer algo. Tengo las tripas pegadas al espinazo. A ella, le causó risa la frase, no exagere, y fueron al ala izquierda del piso donde estaban, en busca de la sección de comidas del centro comercial. Ella eligió comida mejicana. Le encantaban los tacos. Él se fue por la comida italiana: lasagña. Más tarde, ganaron la calle. Caían apenas unas briznas de agua, pero el frío picaba la piel. Ella, en la parada recostó la cabeza en el hombro e de él. Entonces, Frank se atrevió y le pasó el brazo derecho por la cintura. Hace frío, atinó a decir. Entonces la besó. Ella se dejó llevar. Hacía rato que esperaba este momento. Estuvieron abrazados, besándose sin tregua, hasta cuando un carro les pitó, y ella recobró la razón. Tengo que irme, y él no alcanzó a decirle que la acompañaba, cuando Amelia ya se encaminaba en el taxi rumbo a su casa. Qué boba, no haberle pedido un teléfono o el celular, se recriminó para sus adentros, ese hombre me mueve el piso, y le entró una angustia, que sólo la calmó, con una agüita de toronjil, que le preparó su mamá. Sentadas en la mesa del comedor, su madre le comentó lo de la misa por su hermano muerto, mañana a las seis de la tarde, en la iglesia del barrio, Amelia, y le rodó una lágrima. Amelia, que la observaba, la abrazó. No vaya a empezar a llorar, mamá. Eso le hace daño. La madre de Amelia era ya un mar de llanto, y se sonaba las narices en el viejo delantal de percal. ¡Por qué tenían que matarme a mi Guillermito! Hija? Un año y todavía no me hago a la idea de que esté muerto. Y los asesinos muy campantes, por ahí sueltos, dándose la gran vida, mientras yo no puedo con este dolor. Amelia la abraza más fuerte. ¡Mamá¡ ya hay indicios, entre las autodefensas desmovilizadas del Chocó, de quiénes pudieron ser. La madre de Amelia no se consuela, ay! Qué dolor el mío, siento morirme con él. Amelia alarmada, pide ayuda, Papá!, ¡Papá ¡, mamá¡ se nos muere. Y, el padre se levanta de la cama. Son más de las diez de la noche, y hace frío, ésta ciudad es una nevera, baja al primer piso tan rápido como le permiten sus sesenta años. Amelia le da respiración boca a boca, alternándola con masajes al corazón, y parece reponerse. El papá de Amelia, ha llamado un taxi. Se acerca a su mujer, no puede dejarme Pachita, no ve que la necesito, y haciendo un esfuerzo sobrehumano, la toma en los brazos, y la lleva al taxi, que afuera pita declarando su presencia. En el hospital la mujer es atendida de urgencia. El médico de turno detecta un preinfarto. Hay que conseguirle ésta droga, y amerita unos exámenes urgentes. Lo peor ya pasó. Entrega la fórmula, al papá de Amelia, que la toma nerviosamente. Por lo pronto, vuelve el médico, hay que dejarla. Amelia, decide quedarse, para acompañarla. Es mejor, que yo la acompañe esta noche, papá. Usted tiene que trabajar. Él se rasca la cabeza, y la universidad, hija?.
Mañana no tengo previos, no se preocupe, papá. Puedo faltar. Lo acompaña hasta la puerta del hospital. Hace frío, pero ya no brizna. Un taxi para. Trae a un enfermo. El papá de Amelia lo aprovecha para regresar a la casa. Amelia, se queda mirando el taxi, que se pierde en un cruce hacia la avenida. Siente que se hiela, y con el frío le llega imagen a la salida del Centro comercial, cuando Frank se decidió a besarla, entonces volvió a sentir las cosquillitas en el estómago, me estoy enamorando de Frank, se dijo, y tuvo la extraña sensación que no había tenido en mucho tiempo de ser feliz.

La misa de muerto un año Guillermo, su hermano, sin la presencia de su mamá, ahora en cuidados intensivos en el hospital, y el decadente estado de ánimo de su papá, que no soportaba la idea de quedarse sólo, sin su Pachita, pues temía un desenlace infausto para su mujer, terminaron por emponzoñarle a Amelia, la felicidad que le produjo, recordar en la puerta del hospital, lo que tanto ella esperaba: que Frank se atreviera a besarla. El padre Bermeo, de la orden de los franciscanos, dijo la misa, saliéndose de los cánones eucarísticos. En el sermón, el padre Bermeo, sacó a relucir su deslumbrante vena de orador, en un discurso entre político y humanista. Guillermo, el hermano de Amelia, era sociólogo. Se había vinculado con una organización no gubernamental de proyectos productivos para el campo, en sectores vulnerables, que tomó como región piloto el Alto Chocó . La palma africana, enfatizaba en padre Bermeo en su sermón, ha traído la política nefasta del despojo y la muerte de los campos colombianos. Esas gentes humildes del Alto Chocó, donde Guillermo Bustamante desarrollaba su proyecto de gestión rural, encaminado a transformar al campesino en empresario y productor de bienes para su propio bienestar humano y económico, para afrontar el mundo global, desde su contexto cultural, vieron frustrados sus sueños en la intimidación de las armas, los incendios de los ranchos y los tambos, en las muertes selectivas, y las habituales masacres, de las que se tuvieron noticia, por los que salvaron, pero no de los muertos, cuyos cadáveres fueron enterrados en lugares inhóspitos y de geografía desconocida, para que no fueran encontrados,sin importarles el duelo de los familiares y su dolor por no poder darles una cristiana sepultura. Guillermo Bustamante, a quien recordamos hoy en ésta eucaristía con gran pesar (Amalia sintió rodar una lágrima), pero con gratificación porque, todos los que le conocimos, sabíamos de su amplio corazón, y de su arraigado afán de servicio por el otro sin intereses ni oportunismos, siempre entendió la vida, la profesión y la política, como una misma causa: vocación por el otro. Él no sabía de exclusiones, por eso estaba en El Alto Chocó, donde derechos fundamentales le eran violados permanentemente a éstas comunidades afro-descendientes y vulnerables. La vida y la política sólo la concebía en la perspectiva del desarrollo humano. Por eso lo desaparecieron (Amalia abrazada a su padre, que hacía de tripas corazón por no desfallecer, se anegaba en llanto), y rogamos al Dios, porque, ahora que se ha dado el proceso de desmovilización de las autodefensas, al menos quienes fueron los responsables de las desapariciones en el Alto Chocó, tengan el valor, al menos, de decir donde están los cadáveres de Guillermo, y los demás desaparecidos. Finalmente, el grupo andino Charango y Corazón, llenó la pequeña iglesia del barrio con sólo pido a Dios/ que la guerra no sea indiferente/ que es un monstruo y pisa fuerte toda la inocencia de la gente.

Al salir de la misa, Juanco, se acercó para saludarlos. Ella le preguntó como seguía el niño, y él le respondió que estaba mejor. Y doña Pancha?, e rascó la cabeza el papá de Amelia, se me muere, se me muere la Pacha, está malita del corazón en el hospital. NO se hace a la idea de que Guillermito esté muerto, y se abrazó a Juanco buscando consuelo. Aferrada del brazo de su papá, luego, cuando esperaban un taxi, porque no se sentían con fuerzas para caminar hasta la casa, a Amelia, le pareció ver a Frank subirse a un bus. Seguro supo de algún modo de la misa de Guillermo y vino. Sintió un gran alivio. Estoy enamorada. Estoy enamorada, retumbaba como en eco, en alguna parte de su mente, cuando iban en el taxi, pero al escuchar la vieja balada que molía la radio, quiero recordar esta noche/ momentos que no volverán/ ya sé de aquellos poemas/ tristes como oración, tuvo la certeza de que Frank empezaba a ser parte de su vida, y le entró una angustia al pensar que sólo fuera un pasatiempo para Frank, y podía perderlo.
Fue aquella noche, sentados en el patio del teatro La candelaria, mientras esperaban a que empezara la función (el maestro Santiago García, reponía su obra El Paso), que Juanco le comentó. Cogieron a esa gente, pelada. No tengo el periódico, hay fotos. El de todo fue un tal Picuro, que era el comandante del frente. Lo que relata el periódico es horroroso. ¡Pelada¡ ese Picuro, no tiene alma. Es un hijueputa¡. Durante la función pensaba en su hermano con tristeza, pero el deseo de volver a ver Frank, la reconfortaba. Pensaba que esa noche se lo iba a encontrar, y pase lo que pase, lo deseaba, haría el amor con Frank

Juanco la invitó a salir, a tomar un café en el Zaguán de las ánimas. Tenía la sensación de que alguien estaba siguiéndolos. Debe ser Frank, pues siempre que nos vemos se hace el encontradizo, divagaba mientras sorbía con precaución el café para que no le quemara los labios. Cuando Juanco se levantó, le dijo que iba a estar por ahí, que no se preocupara. Juanco le recordó que no se le olvidara mirar el periódico. Estuvo otro rato, ahí, sentada, deseando que Frank se apareciera. Al fin se levantó, y cuando estuvo en la puerta, unas botas de campaña le franquearon la salida. Era Frank. Tenía cara de preocupación. La tomó del brazo, y luego la besó. Caminaron sin decirse nada. Amelia estaba feliz. En el hotel Bacatá, subieron al tercer piso. El cuarto era cómodo, tenía vista a los cerros, y televisión. Parecía que Frank, había estado tomando porque olía whisky. Se besaron nuevamente, y él la empujó sobre la cama. Estaban ansiosos, pues se desnudaron torpemente. El vio los pechos de Amelia, a pesar del frío, hincharse al afanar en sus pezones, tiernos besos, y Amelia sintió como el sexo de Frank, erguido picoteaba, adentro de su sexo, haciéndola sentir mujer, en episódicos espasmos de su cuerpo. Su piel era una cuerda tensada en el rango más alto del placer, cuando su cuerpo fue una explosión de líquidos placenteros, que agradecida, pusieron en su boca ese, ¡Frank eres mi hombre¡, y en él, la súplica, ¡Amelia vamos para otro lado a hacer la vida juntos¡.

Estuvieron luego, un rato abrazados, pero Frank tuvo que levantarse a contestar el teléfono. Lo llamaban de la recepción. De paso voy a traer algo de tomar. Se puso la ropa, y bajó. Amelia, se paró de la cama, y se puso la blusa que había quedado en el suelo, debajo de una mesita de noche. Fue cuando reparó en el periódico que estaba sobre la mesita, y se acordó que Juanco le había dicho que había salido la noticia de los responsables de los muertes del Alto Chocó. Entonces, vio la foto a tres columnas del Comandante Picuro, jefe de las autodefensas del Alto Choco. Su corazón le dio un sobresalto. Era la foto de Frank.

















miércoles, 21 de noviembre de 2007

APÓCRIFA, el cuento más corto

Anoche recibí tu carta, y sé que no la escribiste: tú no sabes odiar

martes, 20 de noviembre de 2007

Memoria (Cuento)
Ella vio en los hermosos ojos azul marino del amante, a su propio asesino, hundiendo el puñal a sus espaldas, pero nada pudo hacer para mantenerse a salvo, porque sólo era un recuerdo.

domingo, 18 de noviembre de 2007

El burro que parece ser el unicornio azul que se le perdió a Silvio Rodríguez

A, Edson Velandia y su
mítico burro, que ha creado
toda una suerte de enredos
y disparates propios de la
picaresca.
Al burro lo conocí como en esas películas surrealistas de Buñuel o los cuentos de Cortázar, que uno no sabe si son un sueño o realidad. Tangible o inmaterial el burro existe, pelando las muelas, como dirían los costeños, con una sonrisa perfecta de burro, que ya la quisiera cualquier reina de departamento, distrito o municipio colombiano, en plan de ganarse el inmamable reinado de Cartagena. Tiene las orejas grandes, tan grandes que cuando las levanta tocan las nubes y desencadena un diluvio del putas. Que lo diga el excabuya Edson Velandia, que una tarde le dio la ventolera de lanzar su primer CD de Velandia y la tigra, en la plaza La Libertad de Piedecuesta de espaldas al Palacio Consistorial, y por ahí estaba el burro, camuflado de político, entre los curiosos que se habían arremolinado como hormigas para ver su concierto, y el burro que se muere por la música, cuando La Tigra empezó a tocar, y bramó el sacabuches de Dimitri, instrumento que le encanta con el mismo placer conque coge a las burras, o a los burros, porque para él no hay distinciones de sexo, cuando se trata de placeres (dicen las malas lenguas de los estudiantes de filosofía de la UIS que es un burro epicúreo y hedonista), levantó las orejas al cielo como antenas parabólicas, sin importarle que la gente fuera a descubrir su verdadera personalidad de burro, para escuchar mejor el trombón del excortina de hierro de la banda de Velandia, chocándolas con una nube negra que pasaba en ese momento, desencadenando un aguacero tan diluvial, que los arqueólogos y paleógrafos de un futuro muy lejano, cuando en sus excavaciones desentierren los restos de la civilización garrotera( piedecuestana), encontrarán en los fosilizados manuscritos, el registro del conciento de Velandia y la Tigra, como un concierto pasado por agua.
El burro existe. Tiene el don de la ubicuidad. Está en todos los lados, y en ninguno. En un mismo momento puede vérsele aquí, en Piedecuesta como cualquier cristiano comiendo fritanga donde Alcides y al mismo tiempo en oriente visitando la tumba de Hirohito, cual desprevenido turista, con una cocakola en la mano ; en Cannes, oficiando de director del festival de cine, y en Australia buscando en el lugar equivocado al abominable hombre de las nieves.
Unos turistas colombianos, que andaban visitando Hollywood, lo vieron actuando como sexy simbol, al lado de D´Caprio, en el mismo momento, en que chocaba cristales con el doctor Navas, para celebrar su elección a la alcaldía de Piedecuesta,y en Kussy-Huayra, mientras, en compañía de las González, y el bacán del Eder, desahogaba en los boleros de el cigala, las penas de amor.
El burro no es cuento chino, como decían antiguamente, las señoras. El burro existe, lo que pasa es que tiene la particularidad, el muy bribón, de hacer creer a la gente, cuando se aparece, que es un sueño, un espejismo, o una ilusión óptica. Existirá, cuando ya corre el rumor de que es extraterrestre, y lo comparan con horroroso E.T., de la película de Spielberg, pero el burro tiene su gracia y su tumbao, por lo que no extraña que a soto voce , una inimaginable cantidad de mujeres bellas de la farándula, el modelaje, el cine mundial, y la crema y nata de la sociedad colombiana ( y piedecuestana, por supuesto, pues aquí apareció y se amaña el burro,y el de otros lados no es el original sino su clon), comenten lo adorable que es compartir cobijas con el burro.
Oportuno sería que alguién -pero quién si el burro tiene la capacidad de mostrarse en imagen real y virtual- le avisara al burro lo que traman las señoras que han compartido su cama. Andan en la tarea de contratar a los más avezados cazadores, !oígase¡ bien, del mundo, expertos en safaris africanos, para que cojan vivo al burro, porque corre el cuento de que es el Unicornio Azul que se le perdió a Silvio Rodríguez.
Nota bene: esperen nuevas noticias de el burro.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La mujer con un sonrisa que nunca pareciera separarse de su boca y de sus labios

Recuerda que conoció a la mujer, meses antes de que la vereda se volviera un infierno. Aún los cadáveres no bajaban por el turbio río con toda una suerte de gallinazos encimados, sacándoles las tripas. Había venido como maestra temporal, porque la oficial estaba en licencia de maternidad. Supo que no le era indiferente, aquella tarde cuando se acercó a la escuela para reparar las vigas del techo que estaban que se venían al suelo, vencidas por el agua que filtraban cientos de goteras, y la implacable y demoledora tarea del comején. Ella, alzando el brazo le señaló las vigas enmohecidas de hongos, y abiertas por la acción de la polilla que amenazaban con escurrir el techo de cañabrava revestido de cagajón. Quedó de venir al otro día, madrugadito, pues a vista de buen cubero, ya había hecho cálculos de los estragos del agua y el comején en el techo. Por la madera no había que preocuparse, pues en el aserradero de su propiedad, tenía una reserva de palos propios de entechar. Ella, que se quedaba en la escuela pues tenía dormitorio para la maestra y cocina, le preguntó si le apetecía café o limonada. Él - un tanto azorado - le respondió que no se molestara. Ella con una sonrisa que parecía nunca separarse de sus labios y su boca, le dijo que no era molestia y dio vuelta, camino de la cocina, con un giro tan bello y natural, que le produjo cosquillitas en el estómago.
Los días que estuvo trepado en el tejado, cambiando las maderas podridas, y poniendo tejas seguras, para que el agua no volviera a poner en peligro la estabilidad del techo, ella tuvo que hacer clase en uno de los pasillos, y él veía desde lo alto cómo de vez en cuando la mujer levantaba una mirada de angustia a donde él estaba, temiendo que de pronto resbalara por una de las aguas del empinado tejado y se rompiera los huesos y el alma. En esos días sintió que Sombra lo quería, con el mismo ardor conque él había empezado también a quererla.
Después, una tarde de viento y sol, Sombra se apareció por el aserradero, y sin mediar palabra alguna se abrazaron, y se reventaron los labios de tanto besarse. Luego se tendieron en la cáscara seca y la viruta que dejaba en el suelo la madera cepillada, desnudándose a medias por la ansiedad de hacer el amor. Otros días metidos en el río desnudos, Sombra sentía cómo Peregrino la penetraba con su sexo urgido, tibio y placentero, cuando descargaba su furia viscosa, haciéndola perder la noción del tiempo y el espacio.
Acordaron ir a vivir juntos, por lo pronto; luego habría tiempo para pensar en casarse. Sombra juró no volver a la ciudad. Ya no le importaba. Allá nada la ataba . Se sentía mejor en el campo, ahora que había conocido a Peregrino, y tenían el sueño igual de tener hijos. Pero, la felicidad no la venden completa, y sobre la vereda se desgajó la tormenta, primero con los pasquines amenazando de muerte a la gente para que se largara bien lejos y dejara la tierra. Como no hicieron caso( nadie quería irse irse), los pasquines volvieron con la amenza de incendiar ranchos, y matar gente sin piedad, y aparecieron los hombres embozados con ropa de camuflado, disparando al bulto, y metiéndole candela a todo lo que tuviera paredes y techo. De la escuela sólo quedaron las cenizas. Dicen que Sombra, para salvarse de la plomacera y la quemazón, corrió sin pausa ni fatiga a la parte de atrás de la escuela, donde los niños habían levantado la huerta, y como alma que lleva el diablo, cogió por el sendero que lleva al río. Del aserradero tampoco queda ni el recuerdo, dicen los que regresaron a la vereda con la esperanza de rehacer la vida, pero no pudieron, porque la tierra ya tenía dueño: los gringos que parcelaron para cultivar oleaginosas.
Peregrino, que la noche de los plomazos, en la huída, apenas alcanzó a llevarse lo puesto, ahora es como su nombre: un peregrino tras las huellas de Sombra. En su errancia ha conocido todos albegues de desplazados del país, buscando dar con el paredero de Sombra. Les ha dado tantas veces la vuelta a los albegues, en su errancia de noria, que ha perdido la cuenta.
Sombra sólo lo tenía a él, cuando se enamoraron. Huérfana en la ciudad, había quedado al cuidado de un tío que apenas ganaba con su tiendita de barrio, para sostenerse medianamente los dos. A los pocos días de haberse ido para la vereda , el tío murió de un enfisema pulmonar. Sombra no tenía suficiente dinero para enterrarlo, por lo que Peregrino, le construyó un cajón de arrayán, para al menos hacerle un entierro decente, y le dio algunos pesos, para los gastos del cura y la misa.
Ahora el Peregrino transhumante, tiene la certeza de que Sombra está viva. Siente en el aire su presencia por eso no admite que está muerta. Él la olfatea en ese olor a mastranto que denunciaba su presencia, cvuiando iba a visitarlo al aserradero, y hacían el amor con tanta rabia, como si el mundo se les fuera acabar. En el campo aprendió a reconocer en la distancia a las personas por su olor. Ahora que ha llegado a esta ciudad tan grande, con tantos carros apiñados en las calles, que no les queda espacio para rodar rápidamente,y de edificios tan altos que tapan la visión de las montañas, su olfato le dice que Sombra vive en esta ciudad fría y oscura. Con su maleta de cuero camina la ciudad tras el rastro de Sombra. Olfatea y en medio del humo espeso que exhalan los exhostos de los carros, desentraña el olor a mastranto de la piel de Sombra. Se hace noche. Peregrino va por una avenida larga de bares y tabernas bulliciosos. Sabe que Sombra está cerca, porque el olor a mastranto se hace fuerte. Espera en la parada del bus. La primera que se baja es una mujer con una sonrisa que pareciera nunca separarse de sus labios y su boca. Peregrino la ve, y sabe que es Sombra: huele al inconfundible mastranto. El corazón se levuelve saltos. La mujer va justo al edificio que está frente a la parada. Peregrino la sigue. Cuando la mujer abre la puerta, Peregrino la toma del brazo y le pregunta:
- Eres Sombra, cierto?-
La mujer, se zafa , y le responde con voz pedregosa, mientras por sus mejillas ruedan dos lágrimas:
-No, señor. Se ha equivocado.
Peregrino queda perplejo. Instintivamente levanta la mirada, y observa el aviso luminoso que identifica el edificio al que entró la mujer: Motel, La casita del placer. En el segundo piso se enciende la luz de uno de los cuartos que están a oscuras, y a Peregrino le llegan las tufaradas inconfundibles de mastranto fermentadas por el sexo, de cuando en las tardes en el aserradero hacía el amor con Sombra.

lunes, 12 de noviembre de 2007

SE FUE MAILER, QUE SUPO APROVECHAR LA CRÓNICA Y EL REPORTAJE PARA ENRIQUECER LA NOVELA

La década del sesenta, fue decisiva para la renovación de la literatura norteamericana, con gente como TRuman Capote, Gore Vidal y Norman Mailer, que le dieron a la novela un rostro más vigoroso al inyectarle la fuerza de la crónica y el reportaje. Si Capote, lograba cautivar con A sangre fría, al hacer de la crónica de unos asesinos del oeste, una novela perdurable, Norman Mailer, con La Canción del verdugo, recuperaba apoyándose en la crónica y el reportaje, la vida del asesino en serie, Gary Gilmore.
En Los desnudos y los muertos, que recoge la historia de la participación de las fuerzas norteamericanas en la Primera Guerra mundial, hay un intento por desnudar, desvelar ese mundo de quienes tienen en la alta jerarquía del ejército americano, dirigir la guerra, mientras como el mismo Capote, en Sangre de camaleones, Mailer escribe El parque de los ciervos, para poner en la picota el mundo de Hollywood. Se nota la destreza, en este libro, del hurgador de realidad y personas que es el reportero. En El sueño americano, desvela a Norteamérica. Como un Fellini perverso mostrando a Roma y sus indelicadezas, Mailer, abre un boquete con esta novela, para que el lector con espiritu fisgón y de voyeur, se asome a ese mundo americano que promueven de ensueño, y que como en el caso del filósofo envigadeño, Fernando González, cuando se fue a Cali, en busca de la santidad sólo encontró un mundo de " putos y putas."
Sin Mailer, la novela no hubiera tomado la estatura que hoy tiene, por el vigor que le dio al inyectarle las píldoras saludables de la crónica y el reportaje. En Capote, en Mailer, en Vidal, escritores como García Márquez, Vargas Llosa, y el mismo Carlos Fuentes, han abrevado, y por ello no extraña la calidad de su 0bra: el periodismo con la crónica y el reportaje han enriquecido su narrativa.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La angustia de la espera



El tiempo camina lento
con caparazón de tortuga
por eso las horas
hieren más,
son horas de espera
de una agonía sin límites
tan larga como el mismo
infinito
porque se sabe cuando
cuando parió sus primeros
dolores,
pero no cuando va a terminar
su tortura de espinas,
agobiando el corazón.
Agonía que nació con el secreto
de su partera,
como esas hierbas
que de la noche a la mañana
espigan
emponzoñando el alma
de las matas de rosas y flores
del jardín.
Arde la angustia con la espera
del tigre que ha de saltar,
agazapado entre matojos
en el día,
camuflado con las sombras
en la noche.
!Cómo hiere la angustia de la espera¡

lunes, 5 de noviembre de 2007

La ley colombiana del teatro sin dientes

Uno preferiría que la cultura en Colombia no fuera vista por la ley como compartimentos, y que los recursos para su sostenimiento se repartieran con espíritu de igualdad, de tal manera que ninguna de sus expresiones fuera mirada como la cenicienta. Pero, en Colombia la cultura no es observada como un todo. De ahí, que cada manifestación del arte y la cultura, tenga que luchar por su garantía y protección, por parte del Estado, amparándose en una ley. El precedente lo ha marcado el cine, que logró su ley, y la aprobación de un fondo que genera los recursos para la financiación de proyectos cinematográficos.
Ahora, con alborozo (se ha dado un paso importante), el mundo del teatro colombiano celebra el placement, que la Corte Constitucional, le ha dado a la ley del teatro. Nadie pone en duda la bondad de lo logrado con el aval que le ha dado la Corte a este ley, para que el Ministerio de Cultura aliente el interés de directores, dramaturgos y teatreros organizados en colectivos con trabajo sostenido y permanente, en el montaje de obras que afirmen el sentido de identidad, y despierten el imaginario creativo.
Nadie puede negar, que a partir del movimiento del Nuevo teatro colombiano, se empezó a mirar adentro de los problemas y las necesidades del país. El teatro colombiano, empezó a hablar con voz propia.Sinembargo (no quiero pasar como pesimista), la ley del teatro que acaba de darle tránsito la Corte Constitucional, la dejaron sin muelas, porque no vino con recursos específicos, queda prácticamente al albedrío y la bondad del Ministerio para que le inyecte -sabrá el ministerio de donde- recursos.
Lamentablemente, La ley del teatro, no cuenta con un fondo como el cine, para que el cuento de las salas concertadas, y la formación, promoción, práctica y divulgación del arte de las tablas, que se afinan al interés de esta ley, no sea letra muerta. Sin financiación (no contar con un fondo), sería igualito como tener mamá, pero en el cementerio.

sábado, 3 de noviembre de 2007

El Espejo (minicuento)

La mujer se levantó con la extraña sensación de no tener rostro. Corrió a mirarse en el espejo, y éste le devolvió el gesto grotesco de la muerte

jueves, 1 de noviembre de 2007

LA SOGA (CUENTO)

cuando el hombre sintió en medio del sueño que trataban de ahogarlo con una cuerda enroscada a su cuello como una boa constrictor, no se impacientó porque era esa pesadilla que se repetía siempre cuando dormía mal; sólo que ahora no despertó por más que atronaron la puerta de su cuarto a golpes, y tuvieron que tumbarla para poder entrar, y encontrarlo con la bragueta de la piyama hecha un desastre de orines, la lengua afuera morada como sotana de obispo, y una soga con un moñito de seda muy pintoresco, de esos de regalo, atenazada a su garganta.

martes, 30 de octubre de 2007

Por qué prefiero el cine (Cuento)

  • Manuelito, mi filósofo de cabecera, es un amante empedernido del cine, y a sus cincuenta y seis años de brava soltería, prefiere un drama conflictivo de Antonioni a una cita con una mujer de esas que le harían perder la cabeza a un lama tibetano. No quiere decir que, Manuelito sea de esos que eufemísticamente, hoy llaman del tercer tipo. !No¡ -enfáticamente- !no¡. Para expresarlo en cristiano, Manuelito no es marica. Es un hombre a carta cabal, con un prontuario amoroso que ya quisieran tener los más duros casanovas de estas tierras de machos de Santander, pero en materia de sábanas calientes, nadie le gana, Manuelito es el más macho de los machos, porque mujer que se acuesta con él, no quiere que Manuelito abandone la cama jamás. Sabe amarlas y ser tan dulce y tiernamente adorable, que quedan altamente complacidas, y no escatiman halagar con sobornitos (incluyen regalos costosos y fuertes sumas de dinero), la repitencia de esas horas inmemoriales de indecible placer en la cama. Sinembargo, vuelvo e insisto, para Manuelito, está primero el cine, y siempre me ha intrigado, esa pasión suya por el séptimo arte, que anoche al calor de unos aguardientes (Manuelito, por cuestiones de pertenencia a la tierra, los prefiere al whisky), me atreví a preguntarle, eso sí excusándome de si invadía su privacidad, por qué no cambiaba el cine por una cita de amor, y sin el menor asomo de duda, sin temblarle la voz, seguro y tajante, me respondió:
-El cine es mejor que un orgasmo - Y, apuró la copa de aguardiente hasta el fondo.

viernes, 26 de octubre de 2007

PAREMOS EL TERRICIDIO: POR UNA CULTURAL AMBIENTAL

El hombre hace parte del ecosistema más grande: tierra. Y, por ser entre la especie viva y el género animal, el más inteligente -dada su condición de racionalidad-debe estar -mayormente-interesado en la preservación del planeta. Acaso, a quién no le interesa mantener limpia la cama donde duerme, o en buen estado la casa donde vive? Sin embargo, pareciera no entusiasmarle la salud de la tierra. El mayor depredador y contaminador del planeta es el hombre. Arrasa monte a machete limpio, descuaja árboles a motosierra expedita, para colonizar tierras no aptas para la agricultura, que luego transforma en tierras para ganadería extensiva, sin reparar en el daño que sufrirá la tierra al incrementar el calentamiento global, provocado por la emisión de gas metano a la atmósfera, que despiden las bostas de los semovientes. No hay que negarlo: la ganadería extensiva es una de las que mayormente contribuye al calentamiento de la tierra. Por ello, hay que reorganizar esta actividad para beneficio ambiental, al igual que la de poner a marchar - urgentemente- energías limpias, que sustituyan o disminuyan el impacto contaminante de los derivados del petróleo.
Como se observa, no es fácil generar una política no contaminante, cuando está de por medio la petroquímica, que no sólo provee el energético fundamental para mover la industria mundial, sino que también, es materia prima esencial de productos esenciales. Luego, no basta crear una cultura ambiental el en concierto mundial de no polución, si los países que más contaminan y ensucian el planeta, no atienden los acuerdos y pactos mundiales sobre políticas ambientales, para no sólo prevenir la contaminación, sino bajar sus niveles.
Sinembargo, si se crea una conciencia ambiental (dígase también cultura), ante fenómenos como el deshielo de los polos, destrucción de glaciares (Colombia con estupor observa como dismuye considerablemente la corona de hielo de sus nevados), la presión mundial no sólo de expertos ambientales, sino de las gentes con sentido común, podrá ser mayor, y generar eco, para que los contaminadores, ante una consistente presión mundial, razonen sobre la necesidad !urgente¡ de adoptar una política ambiental, que pare el terricidio, a que conducen sus intereses crematísticos, antes que los de orden humano. De no ser así, la vida inteligente en el planeta tierra, tiene contados sus días.

jueves, 25 de octubre de 2007

Fragancias

Bajaste del monte
olorosa
a menta
a mastranto
a mejorana.
Ésta noche
cuando hagamos el amor
la cama será un bosque
de especias
perfumadas.

domingo, 21 de octubre de 2007

Tras el cine: Mi novia secreta

La ventaja del DVD, ha puesto el cine en la sala de la casa, aunque el rito de ver un filme en una sala de teatro, con semipenumbra, gaseosa y paquete de crispeta en mano (palomitas de maiz dicen los eufemistas), es un placer incomparable. Sin embargo, hay que aprovechar las ventajas tecnológicas, y como dice, Manuelito, mi filósofo de cabecera, sentarnos a ver pasar el mundo en la comodidad de los adelantos de asombro de la postmodernidad. Por eso, rebuscando en las tiendas de video, que deberían -naturalmente- llamarse de DVD, me encontré con una película del director, Ben Younger, aquel mismo que escribió y dirigió, El informador, sobre ese muchacho de l9 años, que quería ganarse el respeto de su padre, pues para él era una terrible decepción, y también, agarrar en las redes del azar y la suerte un millón de dólares.
Ben Younger, es de esos directores que les funciona la comedia, pero no la banal donde los gag se tornan en fastidio, y el humor se diluye en los tortazos y los exagerados golpes, que terminan por sacar de paciencia al espectador. No, Ben Yourger, apela a un humor fino, que involucra más el comportamiento humano, que la cinética de los personajes. Ese fino humor, se perfila en Mi novia secreta, título en español de Prime, con un reparto muy bien escogido, para las situaciones de una película, que se perfila en ese tono de las cintas de Woody Allen, que se recrean en la conducta humana, y tienen como locación a Manhattan. No quiere decir que Younger, obre como plagiador de Allen.
La conducta humana, es un tema universal, y el hecho de que aún hoy motive a la cinematografía, a pesar de haber sido tratado por los clásicos griegos (Sófocles, Eurípides), luego por Shakespeare en el renacimiento, y en tiempos más modernos por Antonioni, Bergmang, y Claude Chabrol, por citar algunos cineastas, refleja que es un filón inagotable, que nutre literatura y cinematografía.
Mi novia secreta, con esa estupenda y siempreviva actriz que es Meryl Streep, la bella Uma Thurman (de gran registro ante las cámaras) y Bryan Greenberg, dan el perfil, para una historia
donde concurren situaciones conflictivas por razones maternales, diferencias de edad de los amantes, y cuestiones raciales y religiosas, que llevan a Lisa, de origen judío (Meryl Streep), terapeuta de Rafi, la recién mujer separada a la que trata, a censurar la relación amorosa que se gesta entre ella y su hijo David. Lisa, que venía animando a su paciente, para que tuviera una nueva relación sentimental, que le permitiera superar la separación; ella que como su psicoanalista la incentivaba - aplicando terapia- a ser audaz sexualmente con su nuevo compañero, a través de las sesiones, descubre que el amante de su paciente es su hijo, y se conmociona, al pensar que David apenas tiene 23 años, mientras Rafi, llega a los 37.
Indudablemente, obran en la película situaciones éticas (La terapeuta deja que prospere la relación de la paciente con su hijo, aduciendo razones profesionales para no parar el tratamiento). Se observan por otro lado, eventos paradojales : Lisa, a su vez, para salir de la conmoción que le causa, el descubrir el affaire sentimental de la paciente Lisa con su hijo, busca a una psicoanalista para que le trate. Indudablemnte, aquí se perfila ese tipo de humor crítico, que ha sido una constante en Woody Allen: la sátira a los norteamericanos, que no pueden resolver sus problemas de conducta o sentimentales más nimios, si no es a través del psicoanalista, hasta tal extremo que los psicoanalistas, también tiene su terapeuta, al cual acudir cuando la psiquis se les enrevesa.
Una película bien tratada en la dramaturgia; nada sobra ni falta. Buen manejo de cámaras, para capturar el intimismo de una película que habla más del alma humana, y una fotografía estupenda, parta identificar ese espacio tan singular, que es Manhattan, en Nueva York. Relevar finalmente, que la película al darse el conflicto, que lleva a Rafy y David a separarse, no se remedia con el clásico reencuentro, que caracteriza a ese cine entre ramplón y lagrimero americano donde las historias desembocan en una existencia feliz y sin contratiempos de la pareja en cuestión.
Ésta es una cinta conductual, y el mejor final, que entienden ambos, es hacer su vida por aparte, porque en últimas tienen expecativas diferentes: David un joven con sueños y un futuro por vivir. Aún no está preparado para ser padre, tener hijos, como Rafy, se lo hace entender. Se arrepentirá, más tarde de tenerlos, y ella, con ese anhelo de toda mujer de realizarse como madre, no quiere vivir el drama de ser repudiada, por no haber actuada desde la sensatez, ella, la de mayor edad, con la experiencia de un amor frustrado, pero sin hijos. Un final no esperado para la tradición que se apega a finales de hadas, pero para quien observa el cine desde expectativas mayores, un final racional y sin traumas, pero al fin el más justo, el que esperaba. Alguna vez, lo cartesiano, tiene que ganarle al corazón, para bien de todos.

martes, 16 de octubre de 2007

El atentado a Kussy-Huayra, un atentado contra el arte y el pensamiento

El arte y el pensamiento han marcado el progreso y el desarrollo de los pueblos. Sin pensamiento no hay discusión, dialéctica. El pensamiento es confrontación de ideas, no cerrazón, pues las verdades no son únicas e incontrovertibles, y pretende cuando no es monolítico, pétreo (reconoce su condición humana y no la absolutez), a construir un mundo plural, producto de observancias varias, y no objetuales, donde todos quepan a la hora de sentarse a la mesa del pan, de guarecerse bajo el alero en los momentos de las tormentas, de juntarse en la cita de los juegos a recrear ese sueño carnal de una felicidad sin divisiones humanas, y ahí entran las artes -sin aspirar a ser conocimiento cuando el pensamiento tropieza y se ciega- a recordarnos que somos humanos, y que la felicidad es la paz, la negación de todo acto violento que destruya la vida y los bienes intelectuales, espirituales y materiales que la sustentan.
Históricamente la estética y el pensamiento tienen su razón de ser en el bienestar humano, luego atacar un bien artístico y cultural, con un artefacto explosivo, como ha ocurrido con el Café Arte Kussy Huayra de Piedecuesta (Santander) es un acto de bárbaros, que al poner en riesgo el arte y las ideas, ponen también en riesgo la vida, pues del arte y el pensamiento se nutre.
Luego, para que la vida siga viviendo, y no muera la alegría, el café con el respaldo de los pensadores, teatreros, poetas, y tejedores de sueños al calor de un tinto o unas agrias, debe mantener sus puertas abiertas, para poner en jaque a los contemporáneos Primo de Rivera que a la brava quieren imponer sus intereses fundamentalistas, negadores del arte y la inteligencia.

domingo, 14 de octubre de 2007

Vientos alegres



Quisieron reventar
con pólvora negra
el pensamiento y la alegría
y de la misma pólvora
brotaron
formando un bosque
árboles con nidos
de ideas,
poemas,
cuentos,
arlequines,
y canciones.

lunes, 8 de octubre de 2007

GAY TALESE, CRÓNICA Y REALIDAD

Si por algo nos apasiona el periodismo, es por ese hombre enjuto, rostro alargado, arrugas surcándole la frente, cabeza cana, y esos ojos incomparables que saltan en su cara incisivos, como interrogando el mundo y a los hombres mismos. Ése es Gay Talese, un mito del periodismo que estuvo en Colombia, gracias al festival cultural F11, organizado por la revista El Malpensante.
Con Talese aprendí que la crónica no necesariamente se escribe con personajes que sean noticia. Los personajes anónimos, esos que deambulan con su cotidianidad por las calles, que asientan su vida nada extraordinaria en una silla de oficina, también valen la pena contarse, en una narración desde lo que el mismo Talese llama no ficción.
Para Talese la vida más ínfima, el ser humano más insignificante tiene derecho a la crónica. A contar de sus entrañas, metiéndose en su piel, sintiéndolo un poco. Sólo basta darles vida a estos seres -sin relevancia aparente para el periodismo - mostrando su carnadura y su alma. Para ello se necesita ser un mago y genio de la palabra, pues es contar desde la realidad del otro, así no tenga pergaminos, y enganchar al lector. Talese lo logra, porque ha hecho de la crónica de seres grises que caminan con sus zozobras, sus sueños y dolores, un verdadero arte. Nadie como talese para contar la realidad desde la misma realidad, con hechizo. Qué buenos son sus relatos de gente común: boxeadores sin relumbre, ganándose la vida a puñetazo limpio en un ring, sin que para los otros su vida sea dramática. Pero lo es. Talese la hace ver dramática, como esas historias de mujeres, o de la misma mafia, abordadas desde una catadura diferente a la que la trataría el periodista de tradición: desde el sentimiento y el afecto.
El aporte, así no lo quiera ver el mismo Talese, al periodismo está en que supo hacer noticia, a contrario sensu del clásico ejemplo de periodismo, no del hombre que muerde a un perro, sino del perro. Gay Talese invierte la ecuación, y la verdad que en su óptica, uno se interesa más por el perro. Sus personajes, son seres humanos descartados para ser nota periodística. Por eso, cuando uno aborda las crónicas de Talese, tiene dudas frente al género que lee: son cuentos o crónicas? Las fronteras se separan, y los géneros se funden, más cuando no hay ficción, pero si arte y una elevada estética de la palabra para que la historia asuma estatura, y agrade al lector.
Mucho le deben Gore Vidal, Capote, y el mismo Gabriel García Márquez, que desde el reportaje y la crónica, permearon la dura costra del periodismo pétreo y objetivo, para permitir que el autor contara, también desde su visión, penetrando la piel de sus personajes. Sin el precedente de Gay Talese, no creo que Truman Capote, lograra esa gran crónica, antes que novela, que es A sangre fría, ni menos García Márquez, sus paradigmáticas Crónicas y Reportajes.

sábado, 6 de octubre de 2007

A propósito de lectura y política

Mucho se habla en Colombia de que nadie lee. Hasta se ha llegado a tasar (no sé bajo qué criterios evaluativos), que en Colombia el promedio de lectura es de libro y medio por año, aunque los más hiperbólicos exageran en medio libro anual. Es cierto que en Colombia no se lee, -a pesar de ser un país de presidentes poetas y escritores (Núñez, Suárez, Betancourt, López), de literatos a granel, y de ostentar Bogotá el mote trillado hasta la saciedad de la Atenas suramericana- en las proporciones que uno quisiera, para ver si se sale del malhadado subdesarrollo que niega la igualdad social, y del analfabetismo político, que ha permitido que en el poder estén los menos interesados en el bienestar general de los colombianos, y su desarrollo humano.
Indudablemente, si no se cuentan con lecturas sólidas de textos desde las expectativas del pensamiento, asumir la realidad desde la interpretación y la reflexión -que son operaciones mentales y de la razón- es difícil que se actúe responsablemente y con capacidad para leer el contexto político nacional.
Las malas lecturas -irremediablemente- son las causantes de las malas lecturas políticas, que han desembocado en llevar a los puestos de dirección del gobierno, a quienes han entendido la política, no como un ejercicio democrático, sino como un fin para alcanzar el poder para su pelecho personal, y mantener la dirección del país, en manos de las castas económicas, que acrecientan sus capitales y bienes, con políticas clasistas y concentradoras de la riqueza.
Naturalmente que si el país lee mal, o sabe leer, es porque la misma escuela mantiene enfoques pedagógicos y mecánicos, en el aprendizaje de la lectura. Leer no es sólo codificar signos o decodificarlos como quien sopla y hace botellas. Leer es un acto complejo que no empieza y termina en sólo leer. Leer va más allá: hay que escribir también, pues en la sentencia de Paulo Freire, quien lee escribe.
Toda lectura tiene una respuesta desde la escritura, y eso traduce que se ha entendido e interpretado el texto abordado. Por eso leer, no puede seguir tomándose como un acto mecánico, o meramente recreativo. Leer es pensar, porque el texto que motiva la lectura puede ser controversial, y el lector no estar de acuerdo con sus plantamientos. La lectura es dialógica, y el lector la asume críticamente, como un combate de pensamiento. Luego, así, también, como un pugilato de ideas y elucubraciones debe tomarse la lectura de la realidad política, para hacer una lectura responsable y juiciosa del quehacer político colombiano, pues cuando se elige, la que se pone en juego es la democracia, la libertad y los derechos esenciales.

martes, 25 de septiembre de 2007

Marcel Marceau y el arte del silencio

Sólo lo había visto en películas primero, y luego en videos, y era genial, pero en vivo era gigante, porque su ingenio y creatividad con el gesto y el movimiento, le bastaban para hacerse comprender, sin necesidad de recurrir a la palabra. Como alguien dijo en una frase capsular, un artista que enmudecía para comunicarse.
Ese era Marcel Marceau, quien puso la pantomima en el territorio de las artes mayores, así fueran cinco minutos sólamente para una farsa, mimada por un sólo hombre, el inolvidable Bip, un payaso de chistera vieja, cara blanqueada por el albayalde, y labios incendiados de rojo, y enfundado en una chaqueta de abotonadura, algo marinera, y unos pantalones abombados, que lo hacían singular en las tablas, en la calle, en el cine, en donde quiera que emergía, para entre gestos amargos, contraídos por el dolor, o expandidos por el músculo risorio, cuando la alegría hacía fiesta en su cara, supo participarnos de su arte con sus obras, El fabricante de máscaras, El jardín público, Adolescencia, madurez, vejez y muerte, entre sus trabajos clásicos.
Marceau, se nutrió de Chaplin, con su incomparable Charlot, con Buster Keaton, y Laurel & Hardy, maestros del cine mudo. De ellos, Marceau supo que para el teatro de la pantomima, en esa categorización del mimo, la palabra sobraba, porque qué mejor que el gesto y la cinética del cuerpo humano para mostrar ternura, amor o dolor, como lo supo develar en los escenarios, este mimo francés, que pudo llegar, también al cine con su arte de silencio, en Barbarella, con Jane Fonda, y en algunas de las películas de Mel Brooks.
Sólo, un espíritu como el suyo, que le tocó padecer los rigores de la segunda Guerra Mundial, donde su padre fue sometido a los horrores de un campo de concentración nazi, y no le quedó más remedio que unirse a la resistencia, pudo lograr en Bip, un personaje tan global, en el contexto humano, e ícono del librepensamiento en política. Un personaje sin esguinces, que refleja la gracia y el dolor de la existencia: la felicidad del hombre que juega a construir su existencia, y la del que sufgre por el constreñimiento de sus sueños.. Por eso, esos gestos amargos propios de la tragedia griega, y de festividad connotadores de la comedia helénica, reflejados en esa máscara de pintura blanca, que realzaban la boca roja, y los ojos exaltados de bordes negros, de su inolvidable Bip, personaje similar al Charlot de Charles Chaplin, pasarán a la historia de un género menor que Marcel Marceau, supo engrandecer: la pantomima.

jueves, 20 de septiembre de 2007

BUSCANDO A MIGUEL, CINE CON ALMA COLOMBIANA

El cine colombiano ya no es aquel de tiempos atrás, que mendigaba a los distribuidores nacionales, un huequito en la programación. Ahora el cine nacional ha dejado de ser convidado de piedra, y los distribuidores se disputan su puesta en cartelera, por lo que no hay semana que no se programe una película colombiana, con público asegurado para varias semanas. Después de Esto huele mal, de Jorge Alí Triana, entra en el torrente sanguíneo de las salas de cine colombiano, Buscando a Miguel, la segunda película de Juan Fischer, un teatrero que terminó dirigiendo cine con gran acierto, porque sus películas han sabido traducir el espíritu del hombre colombiano, ya fuere viviendo en el exilio americano, a que obliga el desempleo y la falta de oportunidades para vivir dignamente en el país, o sobreviendo en Colombia a los embates de la violencia rural o urbana, la marginalidad, el vicio y las drogas.
Buscando a Miguel, es una película con alma nacional. Y, esa alma es un fresco panorámico, un mural de tragedias, desdichas, y otras iniquidades que ha traído la política como negocio y expresión de poder. El filme de Fischer, sin querer jugar a la sociología, ni menos al cine argumental con cara de documental actuado de visos antropológicos, muestra al ser nacional, por lo menos en dos polos: el poder y la marginalidad. El primero, en el político, que encarna Miguel, y el segundo multiforme: el travesti, el cartonero o reciclador, los malandrines, en fin la gama de gente vulnerable que crece en Colombia como pompas de jabón.
Tras el político que desaparece del panorama electoral, por causa de una emburundangada, con el fin de hacerle el paseo millonario, para desocuparle la plata de sus tarjetas de crédito, de los cajeros automáticos, la historia va tomando camino, para develar a los policías sin conciencia moral, y carentes de humanidad; a la mafia que opera en el mismo mundo de los cartoneros; a los proveedores de cadáveres para las facultades de medicina, que los obtienen de los estigmatizados como desechables, a los cuales matan a garrotazo a limpio.
El país que se observa en Buscando a Miguel, donde el humor atenúa la tragedia, no es el mejor de los países, pero es el país que nos ha tocado vivir, donde imperan las culturas del poder, la muerte y la esperanza, porque películas como la de Fischer, recuerdan en la moraleja, que no todo está perdido.

martes, 11 de septiembre de 2007

AL DIABLO LA MALDITA PRIMAVERA

El cine era el que mayormente se había atrevido a tratar el tópico de la homosexualidad, en algunas comedias, que en lugar de abordarlo por el lado humano, lo rediculizaba, haciendo ver al
gay grotesco, cuando no ridículo, y por eso tono, películas como La jaula de las locas.
La literatura se había asomado, tangencialmente, en latinoamerica con Mario Benedetti, en su novela, La tregua, en la figura de un oficinista, que no alcanza trascendencia en la historia; pero es con José Donoso, en El lugar sin limites, y su personaje de La Manuela...un travestido viejo, enfermo y cobarde que se amilana ante el "macharrán", pero que abiertamente es el marica del pueblo... donde el tema toma connotaciones humanas, y semióticas, pues la Manuela es lo grotesco, las fobias, lo deteriorante en un mundo que también es grotesco, fóbico y detrítico...*.
En Colombia, me había tropezado con las novelas de Gustavo Álvarez Gardeazábal, que ya delataban al autor homosexual (La boba y el buda, La tara del papa), pues su lenguaje no se ofrecía en esa cripticidad para la interpretación semiológica, conque se ha observado la novela del Chileno Donoso. Después de muchas vueltas y revueltas, ha llegado a mis manos, Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute (Bogotá: Punto de lectura, 2007), que desde la primera persona, técnica autobiográfica que algunos alegan, y la que no comparto totalmente, escribe una novela abierta en su lenguaje, procaz como el delmismo Fernando Vallejo, el de La Virgen de los sicarios, Fuego Secreto y Los caminos a Roma, pero más alegre con este drag queen, que presenta sus shows en La Caja de Pandora, uno de los sitios de encuentro gay, en Bogotá.
Al diablo la maldita primavera, es una novela de lectura abierta. Sánchez Baute, no tiene otras pretensiones que mostrar al drag queen en su naturaleza. No hay otra lectura, con la historia de este homosexual barranquillero, al que lo persiguen los fracasos amorosos, y también las culebras ( las acreencias), que lo fuerzan, para eludirlas, a viajar a Nueva York, donde una tía, que ansiosa de compañía le da cobijo.
La novela de Sánchez Baute, es una novela sincera, sin esguinces en el lenguaje, con un drag queen de un lenguaje muy particular, gracioso, abierto al chisme y a la venganza, tan natural en el hablar, que no hay distancia con la cotidianidad comunicativa del lector: el amor, yo sé, volverá a mi puerta, y será una dura venganza contra la Marcos y contra todas las que me envidian por mi talento y por mi belleza y hasta por mi lengua, y si Jorge Mario nada que aparece por estos días tampoco pienso tirarme a la muerte, porque si no es él será otro, aunque la verdad sea dicha, tengo una profunda corazonada de que pronto reaparecerá y casi podría decir que me corto una güeva si ese gatito no vuelve a escribirme un e-mail.
En lo que conozco de la literatura latinoamericana y colombiana, no tenía refrencia de una novela que recogiera el alma del gay, y la escribiera con el desenfado de este personaje de Al diablo la maldita primavera, que medio de sus desdichas, amores y desamores, al fin encuentra ese amor estable - así suene a paradoja y humorada- en un policía, que ha sabido comprender en las palabras del drag queen, toda la femme que hay en mi sin que me preocupe: a él le encanta saber que no soy más que una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre.
*NÁTER, Miguel Ángel. José Donoso o el eros de la homofobia. En : Revista Chilena de Literatura. Santiago de Chile ( Abril 2006, No. 68).

viernes, 31 de agosto de 2007

La mujer vegetal

La mujer olía a monte
a yerba mojada por la lluvia
a menta que refresca.
Cuando en noches de luna
juntábamos en el goce
la desnudez de la piel
el cuarto se inundaba
de fragancias vegetales
que tenía un bosque
sólo para mí.

jueves, 30 de agosto de 2007

La mujer del presagio (minicuento)

Cuando vio la mujer de los ojos como lagos profundos, algo le dijo en su interior que ella sería su perdición , y no alcanzó a disipar la sombra del augurio, cuando aferrado en el goce pagano al cuerpo desnudo de la mujer, en su nuca el clic de un revólver engatillado le confirmaba el presagio.

martes, 21 de agosto de 2007

ESTO HUELE MAL, UNA PELÍCULA BUENA, CON UN FINAL ANODINO

Nadie pone en duda que el cine colombiano anda por buen camino. Lo ratifican películas como Bluf, Mentes en Blanco, La historia del baúl rosado, Soñar no cuesta nada, El rey, entre otras. Y vienen más películas, que se encuentran en etapa de postproducción, como la de Pacho Bottía, que sorprendió años atrás con su ópera prima, La boda del acordeonista. A ello, ha contribuido (es bueno reconocerlo) la política de empréstitos y financimiento del fondo cinematográfico del Ministerio de Cultura.
En estos buenos momentos del cine colombiano, muestra la cara, Esto huele mal, de Jorge Alí Triana, basada en la novela del peruano Quiroz, cinta cuya fotografía y sonido resultan impecables, por lo que no extraña que haya agarrado público, como para sentar precedentes de taquilla. Esto huele mal, ha contado con la fortuna de una estupenda productora, Clara María Ochoa( la misma que puso a caminar, Soñar no cuesta nada, de Triana junior),y la dirección de Jorge Alí, que se ha movido entre las tablas y el cine.
Quién puede olvidar su entrega al Teatro Popular de Bogotá, en aquellos tiempos de la insurgencia del fenómeno del Nuevo teatro colombiano, década del setenta, al frente de obras como I took Panamá, La primera independencia, de Luis Alberto García, La ópera de los tres centavos, de Bertol Brecht, y Lanza tus flechas Sintana.
Después de la crisis que condujo a la desaparición del Teatro Libre de Bogotá, vendría un Jorge alí Triana -que ya había hecho pinitos con películas estimuladas por el cine de sobreprecio que patrocinaba Colcultura- con mayor envergadura cinematográfica: Tiempo de morir, y Edipo Alcalde, guiones de Gabo, para retornar a las tablas, con una especie de teatro de compañía, y llevar a escena, La cándida Erendira y sus abuela desalmada, Crónica de una muerte anunciada, y La fiesta del chivo, dirección y adaptación suya de la novela del peruano, Mario Vargas Llosa.
Ahora, de nuevo Jorge Alí Triana en el cine, con Esto huele mal. Una historia bien contada cinematográficamente, apoyada temáticamente en la infidelidad, un tópico recurrente en el cine, y que en esta cinta, el protagonista, cuando siente que puede ser descubierto por su mujer, se inventa una mentira: esa noche de la cual sospecha su esposa, él estaba en el Club El Nogal, que sufrió (años atrás) un atentado terrorista. La película obra con encanto, mientras el protagonista, arma toda las estratagemas posibles, para crearse una imagen de víctima del atentado, al cual pudo sobrevivir. Relevante la actuación de Diego Cadavid, que como amigo de Diego Bertie, el esposo infiel, le ayuda a tramar la descabellada historia de su estancia en el Nogal, cuando la bomba derrumbó el club. Convincente, la actuación de Valerie Domínguez, la exreina de Colombia, como la amante. Sabe manejar la voz, y tener presencia frente a la cámara.
Pero, el final desinfla, cuando el protagonista quiere revelar la verdad, y se crean situaciones en nada elaboradas, para darle término a la historia, que el espectador nunca espera que termine así: anodinamente.

jueves, 16 de agosto de 2007

ABRAPALABRA 2007, CON RODRIGO JIMÉNEZ, EN EL CAFÉ KUSSY-HUAYRA

La magia de los cuentos oralizados, que nos reportan a los tiempos de Las mil y una noches con Scheherezada, enhebrando cada noche relatos de ensalmo que dejaba sin terminar, para interesar al rey, y éste no la asesinara, la vive Santander, como un ritual inmancable cada año.
Espacios abiertos y cerrados de la Zona Metropolitana (Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta) vivieron el Abrapalabra 2007, con la presencia de cuenteros de la estatura de Nicolás Buenaventura, hijo del maestro Enrique Buenaventura, director de siempre (aunque esté muerto) del Teatro Experimental de Cali, cuyos relatos tienen un encanto poético, mítico y teatral; Roberto Nield, argentino, con unos cuentos frescos, con sabor a calle, y un humor (no chiste), para reir pensando, y Rodrigo Jiménez, colombiano para más señas, titiritero, con su Loca Compañía, entre otros.
Este l4 de agosto, Rodrigo Jiménez, que es de todas partes, y como Facundo Cabral lleva la casa consigo, estuvo en Piedecuesta, en el Café de las González, mejor dicho, Kussy-Huayra. Rodrigo, que ya había hecho presencia en este café-arte, con su Loca Compañía, y En la diestra de Dios padre, una versión muy particular para teatro de muñecos, se apersonó de nuevo del espacio, pero esta vez, para atraparnos en la facundia de su palabra para contar sus propias historias y cuentos, en los que se conjugan la sabiduría oriental y su fino humor, con la anécdota y las situaciones cotidianas que vivencian unos personajes muy propios y populares de las costas y el caribe colombiano, pero que en el fondo son país, que hace folclor con la marihuana, y la religiosidad popular. He ahí su acierto: hacer pensar y reir inteligentemente con la idiosincrasia oriental confrontada con la colombiana, adobándolo con un humor que hiperboliza y exagera.
Bien por Rodrigo Jiménez, que se ha ganado el afecto de los teatreros piedecuestanos, y la gente que cree en la propuesta cultural de Kussy-Huayra, café que le viene apostando al arte independiente, y por eso su espacio abierto para quienes no han claudicado al esfuerzo de crear desde cualesquiera de las orillas de eso que llaman tan artificiosamente las manifestaciones del espíritu.

sábado, 11 de agosto de 2007

TEATRO UIS, Y LA CULEBRA PICO DE ORO

En las décadas del sesenta y el setenta, cuando el teatro colombiano (que no traía una tradición como el mejicano y el argentino), empezó a reconocerse en las necesidades del país, a darse un rostro con los problemas sociales, políticos y económicos nacionales, a recuperar la historia desde hechos populares, apoyándose en experiencias del teatro del absurdo de Ionesco( Las sillas), de Becket (Esperando a Godot), en el Teatro Épico de Bertol Brecht, y su teoría del distanciamiento(Círculo de tiza, Madre coraje), en los presupuestos del teatro pobre de Grotowsky, en los lineamientos de Augusto Boal(El arco iris del deseo) para un teatro en la censura, en el laboratorio político de El Escambray de Cuba, y El Galpón del Uruguay, dirigido por el maestro de maestros, Atahualpa del Cioppo, surgieron dos enfoques como propuesta dramatúrgica, para materializar el sueño de una escena fabulada a partir del imaginario nuestro, que no era otra cosa que darnos identidad teatral, para el nuevo teatro colombiano: la creación colectiva, tendencia avalada por Santiago García y su teatro La Candelaria, Enrique Buenaventura,y su Teatro Experimental de Cali, Jorge Alí Triana, y su Teatro Popular de Bogotá, y la perspectiva de la creación de autor, nucleada en Teatro Libre de Bogotá, dirigido por Ricardo Camacho, y con un equipo de dramaturgia de autor, encabezado por Jairo Aníbal Niño, Esteban Navajas, Sebastián Ospina, y otros.
Eran tiempos de controversia aquellos cuando el mayo 68 francés, el hipismo su vida comunal y el retorno al buen salvaje, el existencialismo de Sartre y Camús, la revolución cubana, la teología de la liberación, el agrarismo, el capitalismo, la sociedad de consumo, y la ausencia de justicia social en una América Latina, trajeron nuevos vientos para el pensamiento, la letras y el arte en estas tierras de más abajo del río Bravo. Colombia, a través del Nadaismo, de la narrativa de García Márquez (La mala hora, La hojarasca, Los funerales de la mama grande), de la pintura de Obregón, Botero, Beatriz González, y del teatro panfletario universitario, que habría de acrisolarse en las posturas de la dramaturgia de autor y colectiva, para enriquecimiento del nuevo teatro colombiano, empezaría a mirarse en sus entrañas, y a pensar en un país diferente.
La dialéctica bajo la cual se da la experiencia del nuevo teatro colombiano, nadie puede poner en duda que fue altamente significativa para la dramaturgia colombiana, y la dirección teatral. Hoy, ese bagaje dramatúrgico, y de dirección que surge del teatro, se ha volcado al cine, u oficia en ambos ámbitos. En esos tiempos de controversia teatral de los setenta, conocí a Omar Álvarez, quien afinado con el pensamiento del Teatro Libre de Bogotá, creó, El Teatro Libre de Bucaramanga, con su escudero Elbert Sotomonte. Eran los tiempos en Santander de César Badillo y su teatro Butaregua, de Jorge Prada y Fidel Ocaziones, sitos en la orilla del pensamiento de Santiago García y Buenaventura. Relevante estas posturas, que en lo estético, llevaban a considerar que los de la dramaturgia colectiva eran muy realistas, y los de la creación
de autor, extremadamente naturalistas(los críticos traían a colación la exageración del Libre de Bogotá de meter una cabaña en escena, en la Balada del café triste). En el fragor de estas escaramuzas teatro-ideológicas -porque en el fondo las direccionaba un afán político, no panfletario, pues eso se superó- se formó Omar Álvarez, para un oficio que sabe hacer en el teatro: dirigir.Uno de sus montajes de gran recordación, El cuento de las naranjas dulces, de Gustavo Cote Uribe, obra premiada en España, apoyada musicalmente por la Banda del Departamento, que dirigía el maestro Alfonso Guerrero.
No extraña, por lo tanto, que hoy, Omar Álvarez, esté al frente del grupo de teatro de La Universidad de Santader (UIS), y que haya puesto en escena uno de los eventos históricos de mayor calado popular, del 7 y 8 de septiembre de l879, que involucró a los artesanos y comerciantes de la Bucaramanga de entonces, en hechos de sangre, que la historia que enseñan en los colegios, elude, y sólo deja para las tesis de grado, o las investigaciones de la Academia de historia, condenadas al polvo y el abandono de los estantes. Titulada como La culebra pico de oro, nombre con el cual se identificaban los artesanos, que se veían disminuidos económicamente por el auge del comercio,en esta obra los hechos históricos se funden con la ficción, y con acierto y humor, Clara Guerrero, fabula entre los acontecimientos históricos, la relación amorosa de Mariana -la hija de Nicolás Ordóñez, uno de los más prestantes comerciantes de Bucaramanga- con Antonio, un empleado de confianza de su padre, pero hermano de nadie más y nadie menos, que Celestino, el dirigente de la temida facción de artesanos de la Culebra pico de oro.
Relevante la actuación de Mario Martínez, en el papel de padre, con su rol de hombre despistado. Imponente, Adolfo Merchán, en el rol de Celestino, el líder de La culebra pico de oro. Muy gritona, Laura Díaz, pero convincente, en su papel de hija. En Federico Prada, como Antonio, vale destacar la recuperación del acento santandereano. SE siente en él la tierra.
La culebra pico de oro, tiene humor, personajes consistentes, y costumbrismo porque muestra el comportamiento social de los bumangueses en la segunda mital del diecinueve. De ingenio, las alusiones a la casa del diablo de Puyana, y la presencia de los alemanes, por meros intereses capitalistas y expoliativos de los recursos naturales (quina, tabaco). Quizá la dramaturgia flaquee al finiquitar la relación de Mariana y Antonio, con ese final de telenovela, cuando el alemán FRanz, a quien el padre de Mariana le había prometido su mano, irrumpa en la alcoba de ésta que se encuentra con Antonio, y le dé muerte a éste, y Mariana al alemán. Pero, en el fondo, queda la sensación de que director y dramaturga, se quieren burlar del melodrama televisivo, y eso no tiene reparos. El final, en el desaire frustrado a los alemanes,un buen remate dramatúrgico, una lección, precisamente en estos tiempos cuando se hace necesario recuperar la dignidad nacional ante tanta genuflexión al imperialismo gringo.

lunes, 6 de agosto de 2007

BERGMAN Y ANTONIONI, DOS GENIOS DEL CINE EXISTENCIAL

Recuerdo que fue en un teatro de pueblo (la niebla de la memoria no me permite acercar el zoom para esclarecerlo), donde me tropecé por primera vez con una película de Ingmar Bergman. Era de nazis, pero en una perspectiva diferente a las películas norteamericanas sobre el género, que lo fundaban todo en el maniqueismo. Después supe que la película se llamaba en español, El huevo de la serpiente, y lo confieso, la manera de narrar de Bergman me dejó inquieto, así aún no comprendiera mucho de cine, y aún me causó mayor estupefacción, cuando me enteré de las dimensiones estéticas del cineasta, cómo una película suya vino a parar a la sala de un pueblo, invadido por el cine de charros y los filmes de guerra americanos.

Con Antonioni, fue otro cuento. Me di de manos a boca con Blow up, en un teatro de Bucaramanga que programaba cine doble mejicano, El Rosedal. Un teatro popular, y en una ocasión puso en pantalla películas con cuentos del escritor mejicano Juan Rulfo. El doblete: El rincón de las vírgenes, y El gallo de oro. Para sorpresa, no pasaron la historia del gallo que le dio la suerte a Dionisio Pinzón, con la ayuda de la caponera, y que era la sobremesa. A cambio, una historia surgida más del ensueño, de lo onírico, ese Blow up, del director italiano, Michelangelo Antonioni, que tomó el cuento de Cortázar, para ratificar que su cine, no seguiría la línea del neorrealismo italiano, que emerge en la postguerra, y a cambio aventuraría más por los pliegues del alma y el comportamiento humano.

Es ahí, en el escudriñamiento de los conflictos humanos, en el dolor existencial que se encuentran estos dos directores, que casi escogen el mismo día para morirse. Dos directores que inauguraron eso que ahora han dado en llamar cine de autor, porque las películas que dirigieron eran suyas, pues era su mirada sobre el ser humano, por no decir que una especie de buceo psicológico para intentar entender la complejidad de lo humano. Dos directores difíciles, en nada épicos, por aquello de que lo que los conmovía para hacer cine, era el hombre y la mujer, la pareja, la familia desde sus dificultades para convivir, soportarse, amar y desamarse.

Si habría que buscar hoy, directores de cine con una identidad tan claramente definida como la del sueco Bergman y el italiano Antonioni, quizás el que mayormente se les acerca es Woody Allen. Éste ha sabido interpretar el alma femenina, ha psicologizado a la pareja desde ángulos que ya habían tratado Bergman y Antonioni, pero poniéndola en el escarnio, en la burla con su humor sutil, ajeno a los gag, y a los chistes vulgares y ramplones de comedias que desprecian el relato interno, por las situaciones de hecho.
A no dudarlo, Bergman y Antonioni, dos maestros y genios del cine, a quienes les importaba un pito el cine comercio. Como un Kurozawa, por encima estaba el cine como arte. Por eso, siempre le apostaron a un cine intimista, indagando el pensamiento del ser humano en lo sexual, en lo religioso, en sus ambiciones, en sus sentimientos, en sus dolores, de ahí Gritos y susurros, Fanny y Alexander en Bergman; y en Antonioni, Las amigas, la aventura y La noche, cintas donde aflora el alma femenina.
A la muerte de Bergman y Antonioni, será difícil volver a ver en las salas el cine de estos dos genios, por lo que los cineclubes, tienen aquí una coyuntura para programar unos ciclos con estos dos directores incomparables. También, la oportunidad para que la televisión cultural se reivindique reponiendo las cintas de Bergman y Antonioni. Cuán grato fuera reencontrarse con su cine complejo pero humano, capaz de ponerlo a pensar y sentir, asi para aquellos que no entienden del cine como arte, les parezca jarto, y los invite al bostezo.