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martes, 31 de marzo de 2020

Martha Galletas, biografía de la ciudad vieja








*Ilustración propia



Tan natural, Martha Galletas
como los caracolíes,
que dan a la orilla del río, 
sombra ancha, 
generosa,
grata.
Era la muchacha de la casa del árbol,
y sus colaciones Corita -excitación del paladar.
Lady Godiva de pantalones rotos,
sobre la montura de su bicicleta vieja,
negra, 
como el metal de un barco sin lustre.
Quijote envejecido a destiempo
en su Rocinante de  dos ruedas
paseaba su libertad,
por las calles de la ciudad vieja
encendido de vincha* su cerebro, 
diciéndonos al pasar  
que ella era tan libre
como un ave en el añil del cielo,
y nosotros,
tras los alambres de la jaula,
unos pobres pájaros
con las alas rotas.
¿A dónde andará ahora 
que es un soplo liviano
e indeleble?

*Vincha: yerba

martes, 24 de marzo de 2020

Aguada en sepia









Sé que no habito en la alegría de los que celebran con champagne
el social escalamiento (arribismo dice mi filósofo);
ni en el glamour de la mujer que se baña en perfume de Lacoste o Chanel;
tampoco estoy en el alma de aquel que saborea un Varela Sarrazanz,
con el falso deleite de un somelier de caro restaurante;
ni en la de aquel que comenta Madame Buterfly a su mujer con mendaz goce, en un palco sombrío de la ópera.
Nada de eso soy, menos lector de un Cuáthemoc, Walter Rizo o Coelho, que venden libros como si fueran chorizos
Soy de los que se gozan a Fellini en un teatro de miseria,
si es que estos teatros aún se salvan de la ruina,
y bebe el vino más barato en la trastienda,
mientras rasga una guitarra que el corazón arruga
y aniquila el alma.
Soy de los que leen a García Márquez sentado en la taza del baño de la casa;
a Borges al lado de una tinaja de chicha fresca;
a Mariamercedes en el alma anochecida de un bar malogrado por el tiempo,
donde ponen boleros de Daniel santos,salsa de Blades, Lavoe y Cheo Feliciano;
a Roca en un viejo tiovivo con la cabeza repleta de cervezas.
Soy un cantor de versos desportillados,
que no olvida a Serrat, Sabina, Cabral, Silvio o Milanés en sus canciones;
soy el recuerdo y el olvido,
un actor perdido en la niebla de la escena,
un enamorado de la vida,
cantándole sus penas a la luna,
o ese hombre feliz con cara de niño
cuando las cometas hienden el viento
y son una mancha de colores en el azul del cielo.



Foto intervenida








miércoles, 18 de marzo de 2020

La de la falda al vuelo











Foto intervenida


Me asomo a la ventana para verla
pasar,
muchacha de la falda al vuelo,
con sus ojos de alegría mañanera.
Cada vez que pasa
me devuelve su mirada con la gracia
de una gata silvestre,
y natural,
mientras gana la calle,
y yo agradezco
con mis propias oraciones
su andar por la amplia pasarela
de mi ventana.
Pero,
me he puesto triste.
!Ya no pasa¡, 
la muchacha de la falda al vuelo.
Al menos, 
se quedó enredado en la brisa 
que aparta las hojas de los árboles,
el perfume a limonero
de su pelo



jueves, 12 de marzo de 2020

Cántaro













*Foto intervenida



Bajo la sombra de tu pelo
hueles azahar
y en el nido de tu pecho
tus ojos custodios

son estrellas mientras duermo en ellos.
Contigo siento que soy la brisa
que se eleva ingrávida
y se vuelve lluvia luego
para mojar tu cuerpo,
y encajar en cada poro
de tu piel
la eternidad del agua.
!Corre¡ lluvia por su piel,
que soy el agua,
y tú cántaro agradecido.
Mañana,
amor,
serás durazno
y me embriagaré de su licor
en cada beso tuyo.
Muerde mi boca
que muerdo la tuya,
mi durazno en flor
Es la hora del tálamo
y la piel llama al abrigo
de los cuerpos.
Vendrá la madrugada
y en tu cuerpo desnudo
nacerán jazmines
saludando el nuevo día.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Aromas





*Foto propia intervenida



Eco de su dulce voz que se repite en las grietas
de la  ciudad vieja,
como un fino puñal que hiere de felicidad la memoria.
No está,
es el viento que se ha quedado con su habla de sirena
citadina,
y me fuerza a buscarla en la barra de los bares 
donde cantábamos con Sabina
“mi corazón de viaje
de un pasado bucanero
de un velero al abordaje
de un no te quiero querer.
La  ciudad vieja huele a ella,
como una flor que hubiera abierto
su sexo,
a los aromas del deseo,
desparramándolos por la piel de las piedras
y los muros,
como una bella maldición