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sábado, 25 de enero de 2025

De inercias y silencios





*Pintura del maestro colombiano, Gonzalo Rey


EL día ha puesto sus huevos de silencio,
al silencio lo secunda la inercia de las cosas.
Hace falta un ápice de la risa del hombre
que vende la suerte por las calles.
Hace falta esa boca de rojo carmesí
y el canto de la voz de la mujer
que vende flores a la puerta del teatro.
Todo se ha quedado mudo
y quieto hoy,
tan mudo y quieto que hace falta tu beso
y el frufrú de tu vestido cayendo a tus
espaldas




jueves, 18 de julio de 2024

Golfo

 















*Foto intervenida



La luna se agarra
a tu piel desnuda,
escultura plateada...
Esta noche el deseo
lastrará nuestros cuerpos,
seremos mar y cala,
y dejaré peces de felicidad
en las aguas de tu golfo



martes, 12 de septiembre de 2023

Tristeza de estación del tren

 







*Foto de internet intervenida





La tarde se estrena en sus mejillas

con un rocío inocente

y una brisa fría sobre sus ateridos

párpados,

sobre sus labios yertos.

Después un cielo gris

y esa tristeza tan suya

de las mujeres que despiden

en la estación del tren,

un amor que no vuelve



 


jueves, 29 de diciembre de 2022

LA MUJER DEL CALZONCITO ROJO

 







*Foto intervenida



ChavelaVargas cantaba, te vi llegar/ y sentí la presencia de un ser desconocido,la ranchera inolvidable de José Alfredo Jiménez, cuando escuché el taconeo de la mujer, que se sentó a mi lado, impertérrita en la barra del bar. Apenas la perfilaba por el rabillo del ojo, cuando pidió desde esa distancia suya que lastimaba, una cerveza Corona. No tengo, le respondió el barman, pero si no le molesta la Heineken.Y la mujer me apetece, le dice sin mirarlo, mientras enciende un cigarrillo, que extrae de su pitillera. Yo, apenas observaba como quien asiste a un ritual. Me molestaba esa manera de actuar la mujer, poniendo fronteras ante todos. Estaba a punto de irme, y buscaba unos billetes en la cartera para pagar la cuenta, cuando ella me dice, mirándome por primera vez a la cara, veo que está tomando cerveza. Déjeme brindarle una. Entonces vi sus ojos almendrados, atrapados en una piel morena de desierto y sus labios, asomando en su cara, sensitivamente gordezuelos, Me sentí turbado, Creo que así debió sentirse Ulises cuando vio la primera vez a Circe, la maga de su regreso a Ítaca-

Serían las dos de la mañana, nos habíamos tomado cada uno alrededor de catorce cervezas, cuando la policía entró al bar, y lo hizo cerrar. Uno de los policías gritó, tienen licencia hasta las doce, y son las dos de la mañana. Cierren y no les dejamos comparendo alguno. La mujer no quiso que pagara, yo invité la escucho susurrar.


Toda la noche me había pasado con las ganas de besar sus labios gordezuelos y ahora, me imaginé que ella tomaría su camino, y que yo tomaría el mío, rumbo a la soledad de mi apartaco por los lados de la albarrada que da al río.


Ya en la calle, me tomé confianza y la abracé. No miento. Ella me besó, y en un susurró, me dice, me recuerdas a un amor que tuve. Entonces le muerdo suavemente los labios, y caminamos a mi apartaco, a trancos.


Las cervezas hacían ya su efecto. Torpemente nos desnudamos, después de abrir la ventana que daba a la albarrada del río. Volví a morder sus labios, y sentí su piel quemando la mía como una esperma viva. Luego fueron fuegos artificiales.


Me levanté tarde, en eso de las diez de la mañana. La cabeza a punto de hacerme explosión. Ella no estaba. Sólo su calzoncito rojo tirado en el suelo. Lo alcé y lo colgué en la percha como mi mejor trofeo La busqué luego por toda la ciudad, y no había rastro de ella. El barman del bar donde estuvimos bebiendo, me dice que, se acuerda de mí, pero de la mujer no. Dejé de buscarla con una tristeza insondable, porque la verdad, me había enamorado de ella.


Semanas después del encuentro, leo en el periódico de la mañana que, la mujer del bar, (la foto del diario era sorprendentemente la suya), la misma que estuvo conmigo, se había tirado al río hace un año, y se había ahogado. En oficio religioso se celebraría el primer aniversario de su muerte. Entonces, observo el calzoncito rojo, colgando de la percha de mi cuarto, y un escalofrío me estremece todo el cuerpo

 

 

lunes, 3 de enero de 2022

LA PIEL DE ENERO







Foto propia: playa de Coveñas, caribe colombiano



LA PIEL DE ENERO

Cada año,

ella vuelve con los soles incendiarios

de enero,

y el deseo que la siente en cada uno de los rincones

de la ciudad.

No han perdido sus ojos

la mirada de fresca madrugada,

y sus besos aún muerden alma y corazón.

Su piel  -yesca silvestre -

devuelve  antiguos momentos de encendidos holocaustos  

en el altar de la crucifixión

como diría el poeta Vallejo.

Muslos recios,

piel lisita

brinca como un atabal percutido

 el fragor  la piel que se junta

y salta la chispa lúbrica

entre los rayos y centellas de su cuerpo

en la tormenta

El tiempo pasa,

pero ahí adentro la llama crepita en

sus curvas litorales.

Cuán difícil que se apague,

si la piel también tiene memoria

de los eneros

de los cuerpos hechos zarza ardida



jueves, 29 de abril de 2021

El boxeador de los guantes rojos

 





*Foto intervenida



Aquella noche cuando subiste al ring, no escuchaste la algarabía de la gente en ring side como otras tantas veces. Sentías que algo andaba mal, pero no alcanzabas a precisarlo. Hiciste unos amagues, con los guantes rojos, con los que siempre peleabas, y diste unos saltitos alternos para calentar el cuerpo; te quitaste la bata negra con bordes dorados, y fue cuando reparaste en la mujer de ojos azules que, en la mesa de los comentaristas de la radio y la televisión, también te miraba, en el disimulo de buscar información de la pelea en el celular.

El anunciador, presentó a cada una de las esquinas, y sonó la campana para el primer round, y en el cruce de los golpes iniciales supiste que el rival era un fajador duro, porque intentaste sacarle el aire cuando se abalanzó como una fiera, tirándote directos a la cara, y cerrándote el paso, para quedar casi cuerpo a cuerpo. ¡Vaya¡ si resistía tus ganchos al hígado, enconchándose como un caracol en su cascarón, bajo tus brazos, cada vez que errabas directos a la cabeza; pero ya lo tenías con tus jabs a la cara, que le hacían daño, y cuando fuiste a sacar el uppercut para rematarlo junto a las cuerdas de su propia esquina, viste a la mujer de los ojos azules relampaguear su Olimpus, debajo del ring, y en un par de segundos sentiste ese golpe seco en la oreja izquierda, que te tendió en la lona, y te dejó sordo como una tapia para el resto de la vida

 

 


martes, 9 de febrero de 2021

ECOS

 




*Foto intervenida



El eco de su dulce voz  se repite en las grietas

de la ciudad vieja,

como un fino puñal que hiere de felicidad la memoria.

Ella, no está.

Es el viento que se ha quedado con su habla de sirena

citadina,

y me fuerza a buscarla en la barra de los bares

donde cantábamos con Sabina

“mi corazón de viaje

de un pasado bucanero

de un velero al abordaje

de un no te quiero querer”

La vieja ciudad huele a ella,

flor,   

con su sexo abierto,

a los aromas del deseo,

desparramados 

por la piel de las piedras

y los muros,

como una bella maldición

jueves, 12 de marzo de 2020

Cántaro













*Foto intervenida



Bajo la sombra de tu pelo
hueles azahar
y en el nido de tu pecho
tus ojos custodios

son estrellas mientras duermo en ellos.
Contigo siento que soy la brisa
que se eleva ingrávida
y se vuelve lluvia luego
para mojar tu cuerpo,
y encajar en cada poro
de tu piel
la eternidad del agua.
!Corre¡ lluvia por su piel,
que soy el agua,
y tú cántaro agradecido.
Mañana,
amor,
serás durazno
y me embriagaré de su licor
en cada beso tuyo.
Muerde mi boca
que muerdo la tuya,
mi durazno en flor
Es la hora del tálamo
y la piel llama al abrigo
de los cuerpos.
Vendrá la madrugada
y en tu cuerpo desnudo
nacerán jazmines
saludando el nuevo día.

jueves, 29 de agosto de 2019

Sueño







*Foto intervenida




La tarde ha puesto el sol en tus ojos,
y una brisa  juega 
con las guedejas de tu cabello,
con la ternura de un niño 
que acaricia las crines de su caballito de madera.
El mar es una lámina serena 
mientras lo miras,
y  se cuela en tus ojos azules,
en un horizonte de barcas 
que el viento mueve sus velas
como si fueran bailarinas de papel
Luego el  mar y tus ojos 
se funden;
ya no hay horizonte,
ni barcas,
ni azul,
no estás.

sábado, 27 de abril de 2019

MIRANDO ATARDECER











*Foto propia



La mujer ve morir la tarde tras la ventana,
Y siente una tristeza que no sabe explicarse
Quizás sean los crepúsculos melancólicos
de los cuadros de Van Gogh en la clase de
postimpresionismo.
Mañana hablarán de Gauguín.
Pueda que al asomarse a la ventana,
no sienta la tristeza de Van Gogh
sino la alegría de las polinesias,
viendo  expirar
el último rayo de luz de la tarde


martes, 19 de marzo de 2019

ESA SONRISA TUYA













* Foto de internet intervenida


Esa sonrisa tuya
sol de madrugada,
me llega con la yerbabuena
que trae la mañana fresca.
Esa sonrisa tuya,
mohín de picardía,
cuántas veces he querido
borrarla con un beso
pero más puede su gracia,
y me quedo pasmado
en el deslumbre de su gesto.
Esa sonrisa tuya
que equilibra mis locuras
y me devuelve la inocencia,
cuando se queda intacta
en mi mirada.

viernes, 26 de mayo de 2017

ELLA


Ella tiene en la piel 
el sabor de la montaña.
Bosque de pájaros amaneciendo el día,
en sus cabellos.
Rumor de quebrada en el agua de sus ojos.
Ella es manso colibrí en el beso,
jaguar embravecido su cuerpo,
cuando lo apremia el deseo.


Foto propia: vecindades del Páramo de Santurbán


viernes, 21 de septiembre de 2012

Circe




Sintió el chapoteo de las botas en los charcos que había dejado, entrada la tarde, la lluvia en las losas del ancho callejón. Miró con sigilo por los huecos de la cortina, que a propósito había agujerado con una colilla encendida de cigarrillos Pielroja. Vio a los hombres de uniforme pegarse a la pared de la casa, como lapas. Se palpó la pistola en el cinto, pero pensó que era un suicidio enfrentarlos. Corrió al patio de los geranios, mientras los de afuera, abrían el portón de entrada al caserón, a punta de metralla. Se abrió camino por un sendero que llevaba a un solar poblado de limoneros, y de un salto felino alcanzó el borde del paredón, y saltó a la calle, cayendo como sabía hacerlo en puntillas,  felino humano, y emprender una carrera veloz, por el laberinto de pasajes amplios, que habían construído los turcos, para levantar su mercado de toldos y tenderetes, mientras las balas le silbaban en montonera, y él no sabía si estaba vivo o muerto pues un miedo cerval, no lo dejaba pensar. 
Una mujer, en ese dédalo de pasajes, lo agarró con fuerza animal, y lo metió en su casa, cuando los de uniforme, estaban a punta de darle cacería. La mujer de ojos como el mar, pelo de trigo, boca carnal, como buena anfitriona, ha satisfecho su sed, y le ha dado de comer con generosidad, y en las noches frías, ha arrimado su piel a la suya, dejando  que él le abra las piernas, y entre en ella, cuantas veces quiera, animal o tiernamente. El hombre es feliz, pero extraña a los suyos, aquellas montañas, a donde un día se citaron a pelear el pan para todos, y juraron sobre el latir de sus emocionados corazones, tumbar al déspota. Y puede más el deber. Por eso ha intentado fugarse varias veces del lugar , pero se le hace raro, que cada vez que amaga escaparse, la casa parece girar,  escondiendo en cada una de sus vueltas,  la puerta que da a la calle.

martes, 29 de mayo de 2012

Gacela


Ella...
la de la furtiva mirada,
con un suspiro recogido en el pecho,
como gacela al acecho
de un amor callado...

domingo, 12 de junio de 2011

La mujer del catàlogo de pinturas expresionistas











MUJER DEL CATÁLOGO DE PINTURAS EXPRESIONISTAS








Ahora que la vio recostada contra la baranda del muelle del puerto, supo que se había tropezado con ella, en alguna otra parte. Esos ojos, lánguidamente bellos, pero sin mirada, y su boca carnal, eran inconfundibles, pero no lograba situar en el espacio y el tiempo, dónde los había visto. Le pareció interesarse en él, pues al pasar junto a ella, se quedó mirándolo, con esa mirada, como le sucedía a él, de desentrañar en lo recóndito de la memoria, alguien con el cual tropezaba en la calle, y se le hacía familiar. Más adelante la mujer lo alcanzó, me invitas un trago. Él no supo qué decir, a penas balbuceó un bueno. Estaba anonadado. Nunca pensó que la mujer fuera la de la iniciativa. Su plan era el de pasar junto a ella, y volver al rato, para hablarle, con la excusa de una dirección que estaba buscando en el puerto, y no daba con ella.






En el bar del puerto, La taberna del Pirata Morgan, bebieron un ron bravo. Él se reía de los gestos de ella, apurándolo hasta el fondo puro, ron vivo, solo salecita, puesta en el dorso de la mano izquierda, que ella saboreaba, cada vez que tragaba ese ron para guapos. El hombre, se acuerda que luego subieron a una especie de buhardilla del bar. Desde un balcón saledizo, mientras se bebían a pico de botella los últimos tragos, abrazados miraron un cielo cuajado de estrellas, y él le habló de las constelaciones, y luego dándose besos se fueron a la cama. No recuerda más, ahora que se ha levantado, y la misteriosa mujer no está. Siente los ojos pesados. Va hasta el lavamanos, se enjuaga los ojos, y al mirarse en el espejo, este no le devuelve la imagen de su rostro, entonces se acuerda dónde vio a la mujer: en un catálogo de pinturas expresionistas, sobre las caprichosas formas de mujer en que se aparece la muerte.














miércoles, 27 de abril de 2011

Espumas...



En la serenidad de la noche,



me llega su olor a hembra.



Cómo ansìo la humedad de su cuerpo



y ese mar que hace espuma



entre sus muslos.

lunes, 7 de marzo de 2011

En el Día Internacional de la Mujer


Creo en la mujer,

arcilla hecha

como el pan candeal,

para el amor

y la libertad.
*Hagan clic sobre la imagen o ilustraciòn

martes, 4 de enero de 2011

Feromona y mujer


Hay en el aire olor a feromonas,

la brisa camina,

serpentina bajo el ruedo de su vestido,

hecho de flores y trópico,

y en barcito de la calle que lleva al puerto,

coros y Frankie Ruiz:

"pero ay¡ qué barbaridad,

y yo sin moverme del mismo lugar."

"Yo que soñaba con ser en tu vida

el terminar de tus vueltas al mundo,

te vi pasar como ave perdida."

Muslos recios,

entre la falda que vuela,

y se repega

a la piel,

yodo,

salitre,

y mar.

jueves, 28 de enero de 2010

Claroscuro


En el sueño trató de descifrar el rostro de la mujer que blandía el puñal.Ya era tarde, porque cuando despertó, en el último estertor, se le iba la vida.