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sábado, 20 de junio de 2026

RELATO DEL PAPÁ QUE ME GUSTABA

 




*Foto del álbum familiar



De niño lo veía enfundarse los domingos en sus zapatos de cuero, brillantes como una charola, sus pantalones de tirantes que le realzaban la línea de los pliegues, la camisa blanca almidonada, la corbata de cuadritos, y el saco que le planchaban con amor, las manos esmeradas de mi mamá.

Adoraba los domingos, porque mi papá, en ese pueblo de piedra donde vivíamos (Barichara), no nos asustaba con el cuento de que, a los niños callejeros, se los robaban los fantasmas de los indios guanes o el “calingas", un viejito baldado, que   cargaba en un costal viejo, todo el mugre del pueblo para su casa, y nos llevaba donde Crisanta la vecina (tenía una tienda esquinera) a beber el masato más sabroso del mundo. Luego cogía calle abajo, por lo lados de la casa cural y la catedral donde vivíamos, en busca del único billar del pueblo, en la plaza principal.

ESe era el papá que me gustaba, y siempre me gustó. No el de la cara adusta, severa de secretario de alcaldía que se ponía cuando entraba a la oficina, por los pueblos donde anduvo ganándose el pan, leyendo montones de papeles de demandas, memoriales, sumarios e infolios. Aunque ahora comprendo que, en un despacho público, donde tenían que dirimir algunos problemas civiles, penales y administrativos, que, en esos tiempos, no trataban los jueces, y la ley los dejaba en manos de los alcaldes, para que los resolvieran y estos por ignorancia supina, se los chutaban a sus secretarios, no era extraño que me dijera una señora, alguna vez, en una serenata, ya subida de tragos, "su papá en la oficina era un revólver, pero por fuera relindo. ¡Cómo cantaba!

Yo me quedo (y mis hermanas también) con el papá, que se quitaba las arrugas de autoridad, desfruncía el ceño, descolgaba el tiple, y calentando la voz con la gravedad de un Facundo Cabral, se conjuntaba con Expedito Santos y su guitarra, para cantar a dúo, ese bambuco telúrico de José A. Morales, El delantal de la china, o ese bolero inmortal, que puso en boga, el Trío Los Panchos: Cosas como tú.

¡Viejo!, ahora sé de dónde me vienen esas ganas de cantar recio y de siempre, o las de mis hermanas cuando las coge el trago y la nostalgia

domingo, 9 de noviembre de 2025

viernes, 8 de noviembre de 2024

Memorial del tiempo










El bar ya no estaba, 
allí donde cogidos de la mano
y en la otra una cerveza,
cantábamos "La flor de la canela",
con una Chabuca enamorada,
y "te recuerdo Amanda", con el sentimiento de dolor de un
Víctor Jara.
Ni siquiera el teatro donde subimos al palco de madera 
a darnos los primeros besos,
y donde nos enamoramos de las películas de Costa Gravas,
que nos abrió al camino político, 
estaba.
Menos  tu nombre que a punta de buril 
y de  amor,
grabé en la pared de piedra de la ermita,
pensando hacerlo eterno
y ahora se ha perdido entre sus escombros 
y ruina.


*Foto propia

martes, 17 de octubre de 2023

ECO

 








Foto ptopia, Museo de arte modeno, Ramírez Villanizar, Pamplona, Colombia (norte de santander



Eco de su dulce voz que se repite en las grietas

de la vieja ciudad,

como un fino puñal que hiere de felicidad la memoria.

No está,

es el viento que se ha quedado con su habla de sirena

citadina,

y me fuerza a buscarla en la barra de los bares

donde cantábamos con Sabina

mi corazón de viaje

de un pasado bucanero

de un velero al abordaje

de un no te quiero querer

La vieja ciudad huele a ella,

como una flor que hubiera abierto

su sexo,

a los aromas del deseo,

desparramándolos por la piel de las piedras

y los muros,

como una bella maldición




lunes, 28 de agosto de 2023

ESTA NOCHE SERÁ MÍA

 


                                                   Angelita                                  Gonzalo


*Foto de la web.


En la noche se escucha la canción

de Gonzalo y Angelita:

"esta noche me amarás",

mientras miro sus fotos en un álbum sepia,

tejido de tiernos recuerdos

y se me quedan sus ojos prendidos como luceros

en los míos

ya que no hay luna.

Agoniza la canción,

pero no la ansiedad de mirarla

aunque sea en las fotos de un álbum viejo,

y me agarro en el vacío de la noche

de la memoria de sus labios,

me prendo de su boca

y soy su saliva,

su propia lengua agradecida.

Esta noche será mía

en este sueño sin estrellas,

aunque sólo sea una imagen

en las páginas de un álbum desteñido

por el polvo y por tiempo



jueves, 15 de diciembre de 2022

RÉQUIEM POR EL CONFLICTO COLOMBIANO

 

 



*Foto propia. Casa Museo Ramírez Villamizar. Pamplona (Colombia)




La casa abrió sus puertas solariegas,

y los recuerdos como amapolas  

en sus largos zaguanes,

en sus patios y solares bañados

de un sol de fuego;

de los amores bravíos,

hechos de besos húmedos de ron

y pólvora de las guerras centenarias

fueron brotando en los ¡ayes! de los hombres,

mujeres y niños

degollados a cuchillo limpio.

Historia impía la de la casa,

donde los generales ascendidos

más por la crueldad que por  gloria propia

entraban a saco volviéndolas cuarteles,

maculando  con su ballesta desflorante

de niñas aún impúberes, sus cuartos.

Altar del sacrificio de jóvenes y ancianos

torturados al destace

y sus cabezas desgajadas

rodando en el fragor de las botas,

como pelotas de fútbol,

justificando el crimen

“es que están contra nosotros 

y el poder somos nosotros”.

 Una mujer hecha arrugas de sufrimiento,

sentada en su taburete de vaqueta,

en uno de los cuartos,

recuerda en una especie de oración

a los que trasponen el umbral de la casa:
“este es un último vestigio,

a donde pudimos llegar las víctimas.

Los hombres me machetearon sin sonrojo,

rodando loma abajo  

como un pedrusco que se salva.

Alguien tenía que vivir para contar la historia”

Adentro de los cuartos un bisbiseo

de letanía fúnebre se esparce por el aire.

Vendrá la noche en el olor de los almendros,

y los espacios de la casa se llenarán de la

sombra de sus muertos

 


lunes, 3 de enero de 2022

LA PIEL DE ENERO







Foto propia: playa de Coveñas, caribe colombiano



LA PIEL DE ENERO

Cada año,

ella vuelve con los soles incendiarios

de enero,

y el deseo que la siente en cada uno de los rincones

de la ciudad.

No han perdido sus ojos

la mirada de fresca madrugada,

y sus besos aún muerden alma y corazón.

Su piel  -yesca silvestre -

devuelve  antiguos momentos de encendidos holocaustos  

en el altar de la crucifixión

como diría el poeta Vallejo.

Muslos recios,

piel lisita

brinca como un atabal percutido

 el fragor  la piel que se junta

y salta la chispa lúbrica

entre los rayos y centellas de su cuerpo

en la tormenta

El tiempo pasa,

pero ahí adentro la llama crepita en

sus curvas litorales.

Cuán difícil que se apague,

si la piel también tiene memoria

de los eneros

de los cuerpos hechos zarza ardida



lunes, 20 de diciembre de 2021

MEMORIA DE LA CASA AZUL

 


 








A la vuelta del camino todavía está la casa.
Encallado su casco de azul desvaído, 
entre los árboles.
Tras sus paredes sólo duermen 
los perros del abandono 
un sueño de ángeles.

Alguna lagartija desorientada se aventura

en  sus paredes agrietadas

a la caza de un torbellino de moscas

y cucarrones

que se dan a la desbandada

cuando sienten su presencia.
En el solar que daba al barranco 
sobrevive el guayabo.
Por entre sus ramas corre una brisa juguetona, 
la misma que te alzaba las faldas

y te levantaba  el pelo, 
cuando  de niña te subías

a coger guayabas verdes, 
y a querer volar como los pájaros


Foto propia.

martes, 12 de octubre de 2021

Memorial de nuestros muertos

 








Ay¡ este país de muertos,

apuéstale a la vida




Ay¡ estos muertos nos circundan

como una lápida de dolor.

Están ahí

a pesar de la nada que los envuelve,

en una nata de silencio

!Cómo olvidarlos¡

Enseñaron a construir los sueños,

uno a uno

como quien pega los ladrillos amorosos

de una casa;

a descifrar en la brisa,

la esencia fragante de los árboles.

Ay! estos muertos nos circundan

cómo echarlos al olvido,

si enseñaron el abrazo

y el beso,

y se fueron sin el beso

y el abrazo,

íngrimos,

cuando la misma

muerte les puso una celada

en el camino




martes, 9 de febrero de 2021

ECOS

 




*Foto intervenida



El eco de su dulce voz  se repite en las grietas

de la ciudad vieja,

como un fino puñal que hiere de felicidad la memoria.

Ella, no está.

Es el viento que se ha quedado con su habla de sirena

citadina,

y me fuerza a buscarla en la barra de los bares

donde cantábamos con Sabina

“mi corazón de viaje

de un pasado bucanero

de un velero al abordaje

de un no te quiero querer”

La vieja ciudad huele a ella,

flor,   

con su sexo abierto,

a los aromas del deseo,

desparramados 

por la piel de las piedras

y los muros,

como una bella maldición

lunes, 1 de febrero de 2021

De charcos y viento

 







*Foto intervenida


¡Cómo mirarla!

si no es tras la lluvia

y los charcos que quedan,

y la recuerdan,

muchacha de ojos pícaros

saltando como una ranita mojada

contra la cual no pueden

ni el agua ni el frío

La espera la ventana en tiempos de viento,

de revuelo de las hojas de los árboles

en la calle

cuando sueña con cometas de niña,

con espacios siderales.

Me miran sus ojos socarrones,

apostados sus brazos en el alféizar

de la ventana,

y el tajo de su boca se abre

con su sonrisa

que  a la vez es cielo y tormento





martes, 27 de marzo de 2018

Suspiro







El tiempo se ha detenido en los 

tejados, 
en las paredes
en las ventanas de la casa,
como un sueño 
vago
neutro,
impreciso.
Quizás,
perdido en las costuras de la casa,
puede que aún esté,
ese suspiro 
de cada beso tuyo
que siempre me dejaba en desvarío



Foto propia: Piedecuesta (Santander-Colombia)



sábado, 14 de octubre de 2017

Estas calles...

Estas calles que esperaban la noche, 
casi en sombras, 

con la sola la luz mortecina 
de las bombillas en sus puertas. 
Ya no viven adentro de sus casas, 
la risa desabrochada de las putas;
el chancleteo de las 
máquinas de coser de los sastres

que vestían al pueblo,
ni la vocinglería de los violines, 

tiples y bandolas de las estudiantinas 
que le dieron nombre sinfónico al barrio. 
Hasta los viejos,
perdieron la memoria 
de los buenos tiempos de estas calles


Foto propia: Piedecuesta