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jueves, 15 de diciembre de 2022

RÉQUIEM POR EL CONFLICTO COLOMBIANO

 

 



*Foto propia. Casa Museo Ramírez Villamizar. Pamplona (Colombia)




La casa abrió sus puertas solariegas,

y los recuerdos como amapolas  

en sus largos zaguanes,

en sus patios y solares bañados

de un sol de fuego;

de los amores bravíos,

hechos de besos húmedos de ron

y pólvora de las guerras centenarias

fueron brotando en los ¡ayes! de los hombres,

mujeres y niños

degollados a cuchillo limpio.

Historia impía la de la casa,

donde los generales ascendidos

más por la crueldad que por  gloria propia

entraban a saco volviéndolas cuarteles,

maculando  con su ballesta desflorante

de niñas aún impúberes, sus cuartos.

Altar del sacrificio de jóvenes y ancianos

torturados al destace

y sus cabezas desgajadas

rodando en el fragor de las botas,

como pelotas de fútbol,

justificando el crimen

“es que están contra nosotros 

y el poder somos nosotros”.

 Una mujer hecha arrugas de sufrimiento,

sentada en su taburete de vaqueta,

en uno de los cuartos,

recuerda en una especie de oración

a los que trasponen el umbral de la casa:
“este es un último vestigio,

a donde pudimos llegar las víctimas.

Los hombres me machetearon sin sonrojo,

rodando loma abajo  

como un pedrusco que se salva.

Alguien tenía que vivir para contar la historia”

Adentro de los cuartos un bisbiseo

de letanía fúnebre se esparce por el aire.

Vendrá la noche en el olor de los almendros,

y los espacios de la casa se llenarán de la

sombra de sus muertos

 


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ella

             Ella

Ella sabe a litoral.



En su piel


el sol,


la arena,


y el mar.

domingo, 20 de marzo de 2011

En el día mundial de la poesía: Hago versos, luego existo


Escribo en los muros encalados

versos de dolor,

y el tiempo y la lluvia

oxidan en lágrimas de olvido.

Escribo

poemas de amor en páginas sueltas,

y el viento las levanta,

hojas ingrávidas,

beso tierno

a la hora de los enamorados.

Escribo en la corteza de las ceibas centenarias

la angustia de los muertos,

que no soportan en sus fosas

la desmemoria de los vivos.
Escribo poemas lacerantes
en los colgajos de mi cuerpo

y en el ardor de la piel me recuerdan:

hago versos, luego existo
.



jueves, 7 de mayo de 2009

Ausencias


He vivido esas ausencias.

Siento que me he quedado

sin piel:

es la tuya que me hace falta.

martes, 10 de junio de 2008

Los infelices sin remedio

El nuevo día
!Qué duro es amanecer¡
Los temores de la existencia
muelen largas horas
de un miedo sin origen.
La angustia,
hecha de pedernales milenarios
aprieta el pecho,
en cada rincón,
en cada esquina de la vida.
Reina la congoja,
estrechándonos,
cada día que pasa
en una pequeña caja de cristal.
Al otro lado del vidrio
nos miran sin vernos,
no nos ven;
no tenemos el timbre,
ni la altura sonora de sus cantos,
no nos escuchan,
somos los infelices sin remedio.

martes, 29 de abril de 2008

!He vuelto¡

Como un pez en tierra firme,
abriendo los fuelles de las agallas,
para agarrar pedazos de vida,
este marinero de la palabra,
tendido en la dura cama
de un hospital,
sólo tiene recuerdos
para la memoria de los hospitales de ultramar,
lóbregos lugares,
donde Maqroll el Gaviero,
el mítico marino de los poemas
y novelas de Mutis,
le ganó tantos lances a la muerte.
Ahora soy otro Maqroll,
ensopando en el sudor,
las sábanas de hospital,
reventando en los dolores,
de un páncreas que se hincha,
en la única defensa de la almeja.
La muerte se agazapa,
sin guadaña ni hábito talar de albornoz.
Ella corre por los torrentes
del maltrecho cuerpo,
inundándolo de podres,
y hace estrechas las fronteras
entre la vida y la muerte;
la vida pende de un hilo,
un hilo frágil de araña,
que se rompe al menor soplo de la brisa,
pero el hilo resistió,
y ! héme aquí ¡
de vuelta al puerto
después de la borrasca,
para beber el ron bravo de los nativos,
y celebrar con una negra recia,
el regreso a la vida.

martes, 18 de marzo de 2008

En el mismo silencio que te trajo la noche

Llegas,
en el silencio
blanda,
suave
como la hoja del árbol
que cae muda
sobre la capa vegetal.
Duermo,
no te siento,
te acuestas a mi lado,
quizás velas mis sueños
hasta que los ojos,
se te caen profundos.
De mañana,
vas a la ducha,
siento el agua fresca
pegándose a tus poros,
lamiéndote la piel,
!tengo celos del agua¡,
abajo del vientre,
el sexo se me hincha.
Hermosa y desnuda como una flor,
vienes a mí,
vibra la almeja de tu sexo,
brotan sus labios rojos
y carnales,
entro en vos
lento...ola mansa en la playa,
pleamar que es huracán
luego,
y te inundo de mis líquidos,
dejándome vos
la miel de tus aguas lustrales,
me besas urgente,
hurga tu lengua en mi boca,
me arañas en desvarío
llevándote la piel
hasta la hora del eclipse,
cuando ya somos mares en calma.
Calienta la mañana
sus primeros soles,
en ella te vas
con un beso mío
en el mismo silencio que te trajo
la noche.

sábado, 19 de enero de 2008

La ciudad devastada

La antigua ciudad
de torreones altos
que hendían el cielo
-hoy después de la batalla-
hechos míseros muñones.
Los techos,
orgullo de la ciudad,
aún crepitantes
testigos del incendio
que los redujo a cenizas.
Las calles,
hervidero de cadáveres,
presagian un festín
de gallinazos.
En medio del desastre,
el señero guerrero,
sobreviente a la tragedia
recorre la ruina
de las calles,
y aún no imagina,
cómo recuperar la grandeza
de la ciudad hoy devastada.