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viernes, 31 de julio de 2026

CAMINANTE

 





*Foto intervenida



Cuántas veces nos asomamos a la ventana de la vida,

sin miedo a la hostilidad de las horas,

para construir los sueños,

como quien pega ladrillo a ladrillo las paredes de la casa.

Cuántas veces nos levantamos del suelo con la boca

hecha polvo,

aún con el dolor ardiendo

y lo esparcimos por los cuatro puntos 
cardinales,

para ganarle a la derrota.

Ahí vamos con Machado,

abriendo caminos,

con los ojos sembrados de amaneceres,

el aliento de un beso de mujer

en cada estancia,

un poema desgranando en las cuerdas

de una vieja guitarra,

historias de amor,

y el dolor de los humildes 

lunes, 13 de julio de 2026

Andaduras





 +Foto de la web.



Alguna vez podrá el tiempo sanar las heridas

alas rotas como las velas de un barco viejo,

agujereadas por el viento.

¿Quién grita que ha sabido o sabe vivir?

No hay cartilla que lo enseñe,

por si acaso, alguna se aproxime.

Se camina con las cuencas vacías

de un Tiresias,

a tropiezos de andaduras por la vida.

Mañana florecerán en el alma,

jazmines y siemprevivas-

También necesita sus endorfinas

el alma exhausta,

para alcanzar la playa

sábado, 20 de junio de 2026

RELATO DEL PAPÁ QUE ME GUSTABA

 




*Foto del álbum familiar



De niño lo veía enfundarse los domingos en sus zapatos de cuero, brillantes como una charola, sus pantalones de tirantes que le realzaban la línea de los pliegues, la camisa blanca almidonada, la corbata de cuadritos, y el saco que le planchaban con amor, las manos esmeradas de mi mamá.

Adoraba los domingos, porque mi papá, en ese pueblo de piedra donde vivíamos (Barichara), no nos asustaba con el cuento de que, a los niños callejeros, se los robaban los fantasmas de los indios guanes o el “calingas", un viejito baldado, que   cargaba en un costal viejo, todo el mugre del pueblo para su casa, y nos llevaba donde Crisanta la vecina (tenía una tienda esquinera) a beber el masato más sabroso del mundo. Luego cogía calle abajo, por lo lados de la casa cural y la catedral donde vivíamos, en busca del único billar del pueblo, en la plaza principal.

ESe era el papá que me gustaba, y siempre me gustó. No el de la cara adusta, severa de secretario de alcaldía que se ponía cuando entraba a la oficina, por los pueblos donde anduvo ganándose el pan, leyendo montones de papeles de demandas, memoriales, sumarios e infolios. Aunque ahora comprendo que, en un despacho público, donde tenían que dirimir algunos problemas civiles, penales y administrativos, que, en esos tiempos, no trataban los jueces, y la ley los dejaba en manos de los alcaldes, para que los resolvieran y estos por ignorancia supina, se los chutaban a sus secretarios, no era extraño que me dijera una señora, alguna vez, en una serenata, ya subida de tragos, "su papá en la oficina era un revólver, pero por fuera relindo. ¡Cómo cantaba!

Yo me quedo (y mis hermanas también) con el papá, que se quitaba las arrugas de autoridad, desfruncía el ceño, descolgaba el tiple, y calentando la voz con la gravedad de un Facundo Cabral, se conjuntaba con Expedito Santos y su guitarra, para cantar a dúo, ese bambuco telúrico de José A. Morales, El delantal de la china, o ese bolero inmortal, que puso en boga, el Trío Los Panchos: Cosas como tú.

¡Viejo!, ahora sé de dónde me vienen esas ganas de cantar recio y de siempre, o las de mis hermanas cuando las coge el trago y la nostalgia

lunes, 8 de junio de 2026

Tiempos justos

 




Foto intervenida de internet



Ha vuelto la mirada.

Atrás no queda nada,

hay que empezar a construir

de nuevo,

para que la vida vuelva

a tener razón,

en palabras justas,

pero nuevas,

en palabras capaces de hacer entender

el error y corregirlo;

en palabras que escuchen,

y se dejen escuchar,

como el beso que va y viene

abriéndose al amor


miércoles, 13 de mayo de 2026

LOS COLORES DEL MAR (Cuento corto)

 






Una y mil veces había soñado con el mar en su alma de niño; y se hacía la promesa de que algún día hundiría sus pies en sus aguas azules como veía que lo hacían los turistas en las películas y en la televisión; por eso no dejaba de fatigar a sus padres con la pregunta, ¿cuándo me llevarán a conocer el mar?
El día que se lo dijeron, se puso tan feliz, que todo el mundo supo que se iba a conocer el mar, y esa noche apenas pudo conciliar el sueño. Al otro día,emprendieron la aventura, en esos tours baratos a la costa norte del país, pero al niño no le importaba la incomodidad del destartalado bus. Entrada la tarde, pudo ver por primera vez el mar desde la carretera que rodeaba la bahía; pero, sintió una gran decepción: el mar que esta viendo no era azul, como lo había visto en las películas y la televisión, sino una lámina gris inmensa. Nada le dijo a sus padres de su desencanto, pues habían hecho un gran esfuerzo para concederle el deseo de conocer el mar, y no quería verse ante ellos, como un desagradecido
A la mañana siguiente, buscaron una playa limpia y segura, para bañarse, y para asombro del niño, observó que el mar estaba azul, y luego cambió a un color verde, y en el horizonte, espejeaba un amarillo con el brillo de un metal.

De regreso, su padre le preguntó si le había gustado el mar.
-Sí papá,me ha gustado mucho. El mar es un encanto de colores,
- ¿Cómo así, que un encanto de colores, hijo?
.- Sí, le roba los colores al arco iris para verse más hermoso que él
Foto de intervención

miércoles, 29 de abril de 2026

Abisales

 


*Foto propia


Ya no hay lunas en el cielo de sus ojos
una sombra agosta la mirada,
la guitarra ha rotos sus cuerdas
y se desangra como una llave rota,
el tiempo se ha partido en mil relojes,
y las horas no tienen sitio,
vagan alocadas,
desorientado el rumbo del amor
y los afectos.
El beso es una mueca marchita
en su boca de labios resecos,
y por un costado de su cuerpo
sube el dolor,
pellizcando como un hormiga
molesta la piel.
ES la hora de los ecos sin música
y retorno,
no hay el susurro de su voz
que aplacaba la angustia,
los caballos del amor que piafaban en su pecho
son un débil relincho de una pasión antigua
y el deseo que empujaban a vivir.
Se marchitan las horas
sin norte ni destino,
quizás venga un dolor más fuerte,
y ya nadie recuerde que fue feliz
y tiene una historia...
es que muere el recuerdo,
en este tiempo sin horas
en este limbo de la desmemoria