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domingo, 12 de mayo de 2024

Esa era mi madre (De mi poemario, Hijares de la noche)


 



Cuando abría los ojos

y se quedaba mirando en el vacío

yo veía en ellos su nostalgia

por los pescaditos de oro de Melquíades,

y el asombro por el río madre de la patria.

Es que era banqueña

y añoraba ese su mar interior,

el río Magdalena y sus riberas

a donde la sentía volver

en su canto de un bolero,

con el acento y la dulzura,

de Toña La negra

drenando sus saudades

 

lunes, 29 de abril de 2024

AMOR DE MARIPOSAS (cuento breve)

 


*Foto intervenida



Creo que fue por mayo, cuando tomaron la decisión de pasar unos días lejos de la ciudad, del estruendo del tráfico, el abarrote de los centros comerciales, y el trabajo fatigante, que no les daba lugar para sentir el revoleo de las mariposas en el estómago, de cuando se conocieron, y ese tiempo enlunado de los primeros días que hicieron el amor. Querían revivirlo con la misma intensidad de los tiempos prístinos, en una islita antípoda, perdida del archipiélago malayo, y nunca se les pasó por la cabeza, que un tsunami -apenas desembarcados de un barco de cabotaje- borraría la isla del mapa, dejando insatisfechas esas ganas de amor con revoloteo de mariposas en el estómago




viernes, 12 de abril de 2024

miércoles, 27 de marzo de 2024

Felicidad mía

 








Felicidad la mía,

 cuando me mira bajo la sombra de sus pestañas,

anunciándome entre profundos suspiros

la epifanía de su dulce beso

beso tierno.

Felicidad la mía,

la de aquellas horas de la brisa fría que eriza

La pelusita de sus brazos,

y ella se aferra aterida buscando calor

en mi cuerpo.

Felicidad la mía,

en esa hora del bar,

entre cervezas,

y el susurro Natalia Lafourcade:

Si yo encontrara un alma como la mía

Un alma que, al mirarme, sin decir nada

Me lo dijese todo con la mirada”

Felicidad la mía

cada vez que se me viene un verso a la cabeza,

y en acordes me dice la guitarra

cuán vivo estás, cuánto existes.

Felicidad la mía,  la de ella,  

llegar al alba con las sábanas empapadas,

y los gallos cantando,

epinicios de nuestro amor

amor  nuestro

martes, 12 de marzo de 2024

Claroscuro

 



Imagen intervenida


Miro las cabriolas del tiempo,
andando y desandando
y se instala en el pasado, 
en algún mueble que aún no
condenamos al cuarto de rebrujo; 
en la ventana donde se apostaba ella,

como en el nicho de un altar

para darnos el furtivo beso; 
en la casa vieja de cuartos espaciosos, 
donde alguna vez,
nos desnudamos urgidos de deseo, 
y supimos por primera vez

de aquel amor venéreo,

que ahora,

después de tanto tiempo transcurrido,

cuando nos tropezamos por ahí

me miras y te sonrojas

como si se repitiera

aquella vez de la entrega



miércoles, 28 de febrero de 2024

DESANDE

 







Foto intervenida


Sin la memoria sería un desperdicio

el tiempo.

Se guarda el tiempo para sentir qué se es,

 que se será,

en la grandeza filosófica de la vida

no importa si equívoca o inequívocamente,

al fin se es de ambas maneras,

pero más digna y humana la primera;

para tomar una actitud deontológica

-de corrección- frente a la vida, la segunda.

Y es la  manera única de sentir su paso,

advirtiendo el paso del tiempo

en el yerro que humilla y denigra,

en el avance que planta huella fósil

en el camino de vida;

en los labios que muerden la espuma

del beso cuando se extrañan;

en la lágrima que desflora en llanto,

cuando se acaba el amor,

o nos sobrecoge la muerte.

No siempre la memoria nos favorece,

el tiempo nos juega pasadas,

no anda siempre con un libro de moral

en la mano,

hay que estar despiertos para no rodar,

y juntar oportunos las manos

a otras manos para no tropezar,

pero puede también ese otro,

el otro arribista,

el que nos deshumaniza,

y rodamos,

intencionalmente

queremos olvidar el tiempo,

no reparar,

no reponer,

no volver

a trepar los peldaños que dignifican,

menos,

medir las horas que convocan

en el bien hacer de todos,

en el amor de todos

en el amor de él,

en el amor por vos,

en el amor por ellos,

en el amor por otros.

Qué vuelvan las lágrimas

aquellas que recuerdan

los tiempos del abrazo,

el beso que en susurro mastica

sentimientos de amor,

en una balada de versos

bajo la lluvia del regreso.

 

 

sábado, 17 de febrero de 2024

A ella


*Foto intervenida



A ella le gustaban los amaneceres
asomada a la ventana
por la brisa que le aireaba el rostro
y le levantaba el pelo como
fuga de mariposas angelizadas.
A ella le gustaba caminar por las calles
viejas de la ciudad 
donde presentía fantasmas
de amores inconclusos
y una lágrima íngrima,
rodaba por su cara,
dulce y tierna.
A ella le gustaba que le dejara versos
en las servilletas de los restaurantes
que con la complicidad del camarero,
rescataba del olvido.
A ella la enternecía Serrat,
cantando Penélope en los días
de ausencia.
Quizás aún me espere,
mientras desteje su último abrigo,
a la sombra de la casa solariega