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sábado, 8 de mayo de 2021

PATRIA Y MUERTE

 











¿Cómo escribir los versos más dulces

cuando a tu país lo matan en las calles?

¿Cómo  sacrificar un mundo para pulir un verso”*,

 si te silencian las balas oficiales sin perdón?

Gente de todos colores:

media,

de abajo,

estudiantes,

niños,

muchachos

viejos,  

arrancados,

artistas,

pequeños empresarios

buhoneros

mecánicos,

poetas y

chaceros

marchan por las calles,

con el amarillo, azul, rojo de la bandera

enhiestos los colores de la patria.

Todas las gargantas juntas

 juntas todas las gargantas

alzadas

en una sola garganta

furia jupiterina contra 

los tributos,

los gravámenes,

los impuestos inclementes

de arraigados tentáculos

que estrangulan los salarios de la nación.

Y han disparado desde todos los costados

del país,

sin piedad,

han tirado matar

y los medios electrónicos y escritos

oficiosos con la pauta publicitaria del gobierno

en el bolsillo

niegan los muertos sin sonrojo,

sin pudor:

esos muertos no son sus muertos,

ufanándose de decir “siempre la verdad”

Nadie ha dado la orden de disparar

-vocifera el gobierno-

pero si todos los vieron,

a esos muertos que son nuestros muertos

caer,

todos los vieron

desangrarse en la bandera patria

que llevaban como escudo

en una larga agonía,

agonía larga

para la cual nada podrá el

olvido… 

porque esos muertos si eran nuestros muertos

jueves, 29 de abril de 2021

El boxeador de los guantes rojos

 





*Foto intervenida



Aquella noche cuando subiste al ring, no escuchaste la algarabía de la gente en ring side como otras tantas veces. Sentías que algo andaba mal, pero no alcanzabas a precisarlo. Hiciste unos amagues, con los guantes rojos, con los que siempre peleabas, y diste unos saltitos alternos para calentar el cuerpo; te quitaste la bata negra con bordes dorados, y fue cuando reparaste en la mujer de ojos azules que, en la mesa de los comentaristas de la radio y la televisión, también te miraba, en el disimulo de buscar información de la pelea en el celular.

El anunciador, presentó a cada una de las esquinas, y sonó la campana para el primer round, y en el cruce de los golpes iniciales supiste que el rival era un fajador duro, porque intentaste sacarle el aire cuando se abalanzó como una fiera, tirándote directos a la cara, y cerrándote el paso, para quedar casi cuerpo a cuerpo. ¡Vaya¡ si resistía tus ganchos al hígado, enconchándose como un caracol en su cascarón, bajo tus brazos, cada vez que errabas directos a la cabeza; pero ya lo tenías con tus jabs a la cara, que le hacían daño, y cuando fuiste a sacar el uppercut para rematarlo junto a las cuerdas de su propia esquina, viste a la mujer de los ojos azules relampaguear su Olimpus, debajo del ring, y en un par de segundos sentiste ese golpe seco en la oreja izquierda, que te tendió en la lona, y te dejó sordo como una tapia para el resto de la vida

 

 


sábado, 17 de abril de 2021

Naufragio

 





*Foto intervendida





La vida se nos va hecha jirones

en el tiempo,

los lugares,

los objetos.

Miro el rostro de la mujer que atendía el bar

adonde cantábamos con Moustakis,

"Con mi cara de extranjero,

de judío errante, de pastor griego

y mis cabellos al azar,", y el tiempo le ha puesto arrugas

de tragedia griega a su rostro que fuera de porcelana,

cuando el bar era una fiesta de ron y aguardiente agradecido.

Nadie le ruega ahora - como en sus tiempos de bella-

que ponga una canción en la victrola de vinilos.

Si acaso algún despistado se detiene en el bar

lo verá como un barco que se oxida

en alguna playa de olvido,

y se tomará apurado un whisky de amargura,

como temiéndole a una peste que asolara el lugar

Ay! de la Esquina del perdón

de casas altas, y balcones saledizos,

más oscura que las mismas sombras;

ya no la pueblan los fantasmas de

de la violencia partidista,

ni los amantes sin motel de coitos urgidos,

que le perdieron el miedo a sus muertos.

Cómo reconocer la vieja esquina de la muerte,

en ese vértice de hoy de locales apretados

y en el enjambre de vulgares negociantes que trafican hasta el alma!

Acaso,

en algún libro viejo de Balzac,

una flor disecada por el moho del papel,

me recuerde ese amor que nunca fue,

pues más pudo el olvido ( olvido es la sutura del alma dolorida)

Acaso en las páginas de otro libro esté,

la servilleta con dobleces de ternura,

de aquel poema que a hurtadillas le escribí

mientras consumíamos un asado en el patio de la casa,

y siempre quise darle,

donde le juraba amor siempre,

pero para qué dárselo -pensaba-

si el amor se me salía por los poros,

sobraban las palabras.

En el desván -náufraga- el esqueleto de una guitarra

espera por sus cuerdas.

Es que aún quedan hilachas de alma y la piel

por desgarrar la vida

entre cobres y entorchados 

de una vieja canción andina

 

jueves, 8 de abril de 2021

Desande

 













*Foto intervenida




Mejor no vuelvas, a desandar los pasos;

nada asegura volver al lugar de donde partimos,

y fuimos felices.

Los caminos no son los mismos,

y las mujeres que amamos

mientras le dábamos vueltas a la vida,

sus bocas de besos dulces son hoy vaho de sepultura,

y en sus úteros otrora frescos

y silvestres como las amapolas, ya no los agita el deseo.

Mejor no vuelvas a la casa donde naciste,

allí donde te escondías en la penumbra de los cuartos

cuando venían las primas con la alegría de los veranos

a desfogar sus deseos espurios” (decían las maledicentes tías)

quizás el  implacable tiempo la haya hecho ruinas,

y una lágrima haga sombra en tus ojos

Acaso mejor no vengas,

porque como todos los tuyos,

no seas más que un muerto,

mal muerto,

al que se le ha olvidado matar la alegría de la vida


lunes, 29 de marzo de 2021

Poema dentro del poema







*Foto intervenida




El día ha amanecido húmedo,

huele a hierba fresca,

como cuando te bañas en la fuente del patio

y la brisa aroma tu cuerpo de especias

turbadoramente.

El sol apenas una promesa

entre las nubes,

aleteará más tarde como una mariposa

de colores,

y te daré un beso en la boca,

aún húmeda del baño mañanero.

Hoy no quiero que te asalte la tristeza

de las tardes cobrizas.

En la radio escucharás aquel viejo poema,

servilleta guardada del restaurante aquel

donde te escribí:

desearte no me basta,

tenerte es mejor,

como un río que se riega

por tus poros,

por tus órganos,

por tus venas,

agradecido,

torrencial, 

aguacero que refresca 

mis meses de calor







domingo, 21 de marzo de 2021

Cuento con canción de Sabina

 









*Foto intervenida

 

Sé que te quedaste mirándome, como quien escarba en la mirada del otro indicios o señales que te digan que es a quién recuerdas o buscas, después de esos avatares que llevan a desjuntar el amor, como decías cuando parejas amigas tuyas, se distanciaban.

Creo que cada uno, por ese pacto de no invadir los espacios del otro, nos fuimos llenando de razones para separarnos sin heridas. Ahora estabas ahí, al otro lado de la misma calle, donde hubo la emoción del primer beso, después de una noche de copas y canciones de Sabina. El bar ya no estaba, pero creo que como yo recordaste la canción que nos gusto tanto, Sentados en corro/ merendábamos besos y porros/y las horas pasaban de prisa/ entre el humo y la risa, porque se te ensombreció la cara, pero no el corazón, pues preferiste seguir adelante.





 

 

sábado, 13 de marzo de 2021

Celajes

 









Foto de internet


Ella,

la mujer morena

canta a Brassens, y Moustaki 

en un bar viejo

de la Cartagena amurallada.

Bar lastimero

como un barco escorado por las brisas del Caribe,

en la playa.

Entre aguardiente y aguardiente

se siente libre

de ese dolor impreciso,

que agrieta el alma

cuando el amor muere.

Libre,

tan libre

como un pañuelo al aire,

gavia rota

en el camino de los vientos