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martes, 12 de octubre de 2021

Memorial de nuestros muertos

 








Ay¡ este país de muertos,

apuéstale a la vida




Ay¡ estos muertos nos circundan

como una lápida de dolor.

Están ahí

a pesar de la nada que los envuelve,

en una nata de silencio

!Cómo olvidarlos¡

Enseñaron a construir los sueños,

uno a uno

como quien pega los ladrillos amorosos

de una casa;

a descifrar en la brisa,

la esencia fragante de los árboles.

Ay! estos muertos nos circundan

cómo echarlos al olvido,

si enseñaron el abrazo

y el beso,

y se fueron sin el beso

y el abrazo,

íngrimos,

cuando la misma

muerte les puso una celada

en el camino




martes, 5 de octubre de 2021

Camaraderías

 












*Foto intervenida



Hiende el viento las grietas de la ciudad,

con el ruido de sus alas membranosas

golpeando las paredes

y su pecho se agita en largo suspiro,

en esa hora de tarde,

en que todo entra en un limbo de silencio.

Siente ella, que la felicidad

es una palabra sobrante en los diccionarios.

Se fatiga su alma y su corazón,

quisiera gritar,

pero las palabras desconocen su garganta su boca.

Se siente en esa hora

como un pájaro enjaulado en una jaula sin rejas,

pero al fin enjaulado,

quiere sentir una mano que acaricie sus cabellos,

y seque con sus dedos dulces las lágrimas,

¿lágrimas de qué? si tampoco llorar puede.

¡Ay¡, esa hora de la tarde donde todo es angustia

y no lo es;

donde el dolor no es dolor porque no tiene origen

donde el beso no besa porque las caras no tienen boca

¡Ay! esa hora donde todo pesa y nada pesa.

donde todo muere y nada muere.

Más tarde volverán las horas a su ritmo,

 las cosas a encajar en sus momentos justos,

y él vendrá con su sonrisa de sol,

mientras la tarde cae en liviana penumbra,

y sienta, ese beso de él que, muerde sus labios

sin herir,

y le pida una taza del café

 que ella se esmera por hacer,

mientras le canta con Mercedes Sosa en el celu,

el poema de Benedetti, de las viejas camaraderías:

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos





martes, 28 de septiembre de 2021

PRECIPITACIONES DE UN SÍSIFO

 








*Foto intervenida



No sé  dónde dejar la mirada,

si en sus ojos,

si en sus labios,

si en su pelo,

si en su cuerpo,

si en su alma.

Siempre me pasa

que termino

precipitándome en el abismo





lunes, 20 de septiembre de 2021

Saga

 





Foto propia intervenida



La noche como un ala de sombra membranosa

se cierne sobre las cúpulas

y tejados de la ciudad vieja.

Quién podrá cantar una balada de amor

o percutir un atabal de carnaval,

cuando el alma camina en el filo de una navaja

en la noche que comienza.

Quizás la luna que asoma timorata entre las nubes,

espante a las walpurgis de Malpaso,

y los gatos le agradezcan a su luz

que los viejos cuchillos

de empuñadura de pedernal,

no partan sus corazones

en el ritual vesánico que desata  

los jinetes de la muerte




lunes, 13 de septiembre de 2021

CEIBA, MI TIERRA

 





Alguna vez soñé

te soñé

como una ceiba frondosa

de amor  

y  sombra.

Y lo que más me gustaba 

era escuchar el canto de los pájaros

 despertando en las ramas de tu pelo,

la madrugada



*FOTO PROPIA INTERVENIDA


 

viernes, 3 de septiembre de 2021

EL HOMBRE DEL TERNO BLANCO

 













*Foto intervenida



Lo vio venir por la misma acera, donde ella disimulaba esperar el taxi. Tenía la figura como le habían dicho, del típico mujeriego avejentado, pero bien vestido de pies a cabeza. A lo Rubirosa, lentes oscuros y terno blanco de lino, para apaciguar el calor de la isla, entraba al bar donde quienes lo conocían, le habían dicho que era infaltable, porque allí espigaban las mujeres bonitas y de mundo, se echaba la suerte en el póker, y se bebían los mejores rones del Caribe, cosas que le encantaban porque eran su mundo. Eso sí, nadie supo decirle, cómo un extraño a esta tierra (no sabían de dónde venía exactamente), había logrado echar raíces en la isla, cuyos naturales eran pocos afables, y dados a soslayar la amistad, con la gente de afuera.

No acababa de entrar el hombre del terno al bar, y sentarse en la barra, cuando la mujer se sentó a su lado. Era una morena alta, de pelo ensortijado, de ojos verdes que contrastaban con su piel. Él pidió un ron en vaso grande, sin reparar en la mujer. Cuando terminó de bebérselo de un solo golpe, fue que vio a la mujer y se quitó los lentes, "tiene mis ojos", pensó ella, "tiene mis ojos" pensó él, y le brindó con la galantería que lo caracterizaba, un ron. Ella, no lo rechazó, y no podía dar crédito mientras se lo tomaba a sorbos, que ese hombre tan amable, fuera aquel que su madre (a la que le gustaban las parrandas) conoció en una de las casetas, bailaderos de salsa, cuando trajeron una noche a la Fania All Star, cantando Héctor Lavoe, la canción aquella  de "ella va triste y vacía/ llorando una traición con amargura /por aquel que le decía/ que era su amor y su locura" , canción premonitoria de la que sería en adelante su desgracia: se enamoraría locamente de ese hombre al que en sus noches de borrachera y despecho, llamaba "mi gatico  ojos de mar, por qué me dejaste como un barco a la deriva" y se echaba a llorar como una Magdalena inconsolable, y le contaba, "hija, aún no habías nacido, estaba embarazada de él, venías en camino, y ya se había bebido y gastado en las mujeres más bellas de Alto Prado de Barranquilla- putas al fin-, la mitad de mi fortuna. Y cuando te tuve, ni siquiera se dignó visitarme en la clínica. Prefirió jugarse los restos de las tarjetas de crédito que no alcancé a cancelarlas, en los putiaderos de la Zona Murillo, y así como llegó a mi vida, anónimo y sin patria, se largó, dejándome con esta pena de quererlo que no se acaba."

Recordaba la mujer, y era lo que más le dolía, que su madre había tratado de suicidarse con barbitúricos que, un médico amigo le proporcionaba para paliar la pena por el abandono, en que la había dejado su gatito ojos de mar. Entonces le entró el encono de nuevo por ese hombre que tenía al frente, y que debía ser su padre. Así, que le soltó la pregunta,

-¿Vivió con María Fernanda Troncoso, hace como 18 años, en Barranquilla ?- Al hombre del terno blanco le cambió el color de los ojos, y ella, lo vio viejo, disminuido, cuando le confirmó en un susurro, que sí era el que había vivido con su madre. Entonces, apretó la pistola que llevaba en la pretina de su bluyín. Pero el hombre era un despojo. Sembrado ahí en la silla de la barra, como si el recuerdo lo hubiera envejecido más, y puesto en un desamparo, del cual intuía que ya no le quedaba sino la muerte; y ella sintió un estremecimiento interior fuerte al ver la figura del hombre, transformada en un guiñapo. Y no tuvo más remedio que levantarse y caminar hacia la puerta, mientras él le preguntaba:

- ¿Y quién es usted ? -

-Su hija ¡enfatizó¡ He recorrido el mundo entero, buscándolo para matarlo y ahora, no puedo





martes, 24 de agosto de 2021

LÁGRIMAS

 







*Foto intervenida



Quizás lloraste lunas de sangre,

y eso que eran tiempos donde los sentimientos

apenas se formaban en el alma;

pero ya estaba el dolor presagiando la muerte,

y sentías que el pecho se te oprimía,

y pensabas si

el ave,

el cervatillo,

el puma,

el junco,

el río

también sentían eso que adentro no sabías

explicar.

Hoy sabes que la muerte existe,

ese hueco donde no se está,

donde no hay beso,

ni la piel se acalora en la caricia.

Sabes que el puma se duele

en un rugido agudo,

cuando observa a los hombres

arrasando sus praderas;

y que las plantas lloran

lágrimas de goma,

cuando las apuñalan,

y descuajan sus montes;

y que los ríos envenenados,

exhalan su dolor anegando las tierras

más allá de sus orillas.

Quizás también sepas que debas detener

la barbarie,

cuando ves que nada le importa la vida

al capital lúbrico