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sábado, 6 de diciembre de 2025

MÁCULAS DE AMOR

 











Ahora la volvía a ver, después de que se le extraviara en ese laberinto de Minotauro, en que a veces se nos convierte la vida. Olía al peculiar perfume de azahar que, siempre emanaba de su pelo, como ramas de naranjo que le colgaran de las güedejas de su cabello. Leía uno de los cuartetos de Alejandría de Durrell (Clea), cuando sintió su presencia de azahar, y éste se le cayó de las manos. Entonces no le quedaron dudas de que ahora las páginas del libro de Durrell, como la última vez que se vieron cuando leía Los Autonautas de la Cosmopista de Dumlop y Cortázar, serían maculadas por los ardidos fluidos de amor de tanta espera.

martes, 25 de febrero de 2025

viernes, 8 de noviembre de 2024

Memorial del tiempo










El bar ya no estaba, 
allí donde cogidos de la mano
y en la otra una cerveza,
cantábamos "La flor de la canela",
con una Chabuca enamorada,
y "te recuerdo Amanda", con el sentimiento de dolor de un
Víctor Jara.
Ni siquiera el teatro donde subimos al palco de madera 
a darnos los primeros besos,
y donde nos enamoramos de las películas de Costa Gravas,
que nos abrió al camino político, 
estaba.
Menos  tu nombre que a punta de buril 
y de  amor,
grabé en la pared de piedra de la ermita,
pensando hacerlo eterno
y ahora se ha perdido entre sus escombros 
y ruina.


*Foto propia

miércoles, 27 de marzo de 2024

Felicidad mía

 








Felicidad la mía,

 cuando me mira bajo la sombra de sus pestañas,

anunciándome entre profundos suspiros

la epifanía de su dulce beso

beso tierno.

Felicidad la mía,

la de aquellas horas de la brisa fría que eriza

La pelusita de sus brazos,

y ella se aferra aterida buscando calor

en mi cuerpo.

Felicidad la mía,

en esa hora del bar,

entre cervezas,

y el susurro Natalia Lafourcade:

Si yo encontrara un alma como la mía

Un alma que, al mirarme, sin decir nada

Me lo dijese todo con la mirada”

Felicidad la mía

cada vez que se me viene un verso a la cabeza,

y en acordes me dice la guitarra

cuán vivo estás, cuánto existes.

Felicidad la mía,  la de ella,  

llegar al alba con las sábanas empapadas,

y los gallos cantando,

epinicios de nuestro amor

amor  nuestro

viernes, 27 de octubre de 2023

UNA MUJER FATAL

 








Foto intervenida



El relato tiene asidero en la realidad. “Que bien lo cuentas”, me dicen los amigos con un ápice de duda justificada, pues sólo algunos me vieron con la mujer de manera ocasional.  Me sucedió con una locutora de radio. Tenía en la noche, en una de las emisoras de F.M de la ciudad, un programa de baladas y boleros donde comentaba cada canción con un susurro gabacho cautivador. 

Soñaba con conocerla. Debe ser tan hermosa como su cautivante voz - me decía en estado casi febril. Un amigo, Samuel, productor de radio, me la presentó, una tardecita, después de que salí de una audiencia en el Palacio de Justicia.  Al fin pude satisfacer la curiosidad. Era una mujer deseable, labios mórbidos como los de Angeline Jolie, la actriz; ojos almendrados y esa voz suya, deliraba, como debió ser la de Circe que, embrujó a los tripulantes de embarcación de Ulises de regreso a Ítaca   

La invité varias veces a un café, en el Berna, para tantear el terreno de un posible amorío; a almorzar, cuando ya sabía que tenía su confianza, pues me apretaba la mano cálidamente y me daba un beso tierno, capaz de enternecerme, cuando nos despedíamos. Hubo luego discoteca, repegados con la salsa de Lavoe, al calor de unas buenas cervezas, que nos llevaron al mejor motel de la ciudad, Los espejos, donde supe de las delicias de su cuerpo ardiente y bien apretadito, pues hacía gimnasio. Me estaba enamorando sin remedio. Tienes una traga maluca, esa mujer es una feme fatale -me decía en un francés macarrónico, la tía Lucinda, cuando le conté una mañana del sábado que fue a visitarme al apartamento que, esta era la mujer de mi vida.  Te debe haber dado tierra de muerto. O, debe tener cangarejera en el sumidero porque ya no das bola, querido sobrino, y me perdonas la vulgaridad, para que tú tan coqueto, andes vuelto mierda por esa mujer”

Cierto, Ella me manejaba como un pelele, y para peor sufría una celotipia espantosa, más insufrible que la de Juan Pablo Castel con María Iribarne, en la novela de Ernesto Sábato. A tal punto sus celos que, ninguna mujer se me podía acercar. Les hacía escenas que se me hacían imposibles, en una mujer que me había atrapado por su dulzura. La verdad eso empezó a fastidiarme. Y a pesar que la quería tanto, sabía que tenía que quitármela de encima, porque ella, iba a acabar con mi vida. Y fue haciéndose tan grande el fastidio que, cuando le pedí un consejo para regalarle algo en su cumpleaños a una amiga de la familia, Naty, por quien sentía algo más que una amistad, me desilusionó tanto, cuando en plena calle se despachó contra mí, abandonando la dulzura de su voz, "qué le vas a regalar. Nada. En tu vida solo yo merezco de regalos". Eso, y el verla una tarde en el reservado del Berna, besándose con mi amigo, Samuel- el productor de radio- terminaron por librarme al fin de su fatal encanto y tortura.

jueves, 13 de julio de 2023

DEJO

 



Imagen intervenida



Dejo un poema

en el horizonte de tus ojos,

línea de sueños donde estamos siempre

como una postal sepia de encuentros.

Dejo un poema en la brisa, 

para que se enreden en tu pelo

sus versos,

como ramas abiertas al sol

y siempre me recuerdes.

Dejo un poema

en la banca de aquel parque,

donde llovían las hojas

sobre tu regazo,

y cuando te hacía el amor luego,

en el fragor de las pieles encendidas

olías a eucalipto.

jueves, 17 de noviembre de 2022

Antípodas de la noche

 









*Foto intervenida



La tarde se funde

en un incendio del sol,

rodando las montañas del poniente,

inyectado de cobres y bermejos

Una sábana oscura

vendrá luego,

en el siseo de la brisa en las ramas

de los robles y abarcos

a cubrir de angustia el corazón

y alma.

En la antípoda

quizás me pienses

y mires la luna,

esta misma luna que miro,

y nos acerca,

para no sentirnos tan solos

en esta cruel distancia

de antípodas de la nocheFinal del formulario

 


viernes, 4 de marzo de 2022

Felicidad la mía

 














Felicidad la mía,

 cuando me mira bajo la sombra de sus pestañas,

anunciándome entre profundos suspiros

la epifanía de su dulce beso

beso tierno.

Felicidad la mía,

la de aquellas horas de la brisa fría que eriza

la pelusita de sus brazos,

y ella se aferra aterida buscando calor

en mi cuerpo

Felicidad la mía,

en esa hora del bar,

entre cervezas,

y el susurro Natalia Lafourcade:

Si yo encontrara un alma como la mía

Un alma que, al mirarme, sin decir nada

Me lo dijese todo con la mirada”

Felicidad la mía

cada vez que se me viene un verso a la cabeza,

y en acordes me dice la guitarra

cuán vivo estás, cuánto existes.

Felicidad la mía, y la de ella,  

llegar al alba con las sábanas empapadas,

y los gallos cantando,

epinicios de nuestro amor

epinicios del amor  nuestro



*Foto intervenida

 

 

martes, 18 de enero de 2022

UTOPÍA (AL POETA ARGENTINO, JUAN GELMAN

 





Foto intervenida



Hoy la miro desde tantas grietas 

y roturas.

La vida no es un llano,

donde respirar no fatigue.

Cada recodo tiene un sello de torre almenada de amores 

y luchas siempre vivas;

muñón descabalado por el tiempo y la lluvia

que amenaza   ruina.

Cuánto se construye¡,

cuánto se levanta ladrillo a ladrillo

o se viene abajo por la piqueta de los zapadores

que destruyen los sueños y utopías.

Pero ay¡ 

la utopía se agarra de donde pueda

-a pesar de las jaulas-

para hacerse  ala

en una bandada de pájaros

Añoro la utopía fluyendo contra los tropiezos,

como  un río  que no se enreda entre

las piedras,

y las rebasa.

Ella  nombra los caminos que hay

-debidamente- que recorrer,

para la vida justa,

y señala allí,

donde el pan amasa sonrisas

y le pone mordazas a la muerte.

Yo la miro desde las muescas

hechas en las paredes de la casa,

señales de la existencia que no claudica

 sueño impenitente de construir con todos

los caminos de  esperanza y de vida.

Y a pesar de los golpes,

traspiés,

 caídas,

el amor  espiga

cada siembra 

cada beso

para que la mesa  esté  servida de pan para todos

algún día

 

martes, 5 de octubre de 2021

Camaraderías

 












*Foto intervenida



Hiende el viento las grietas de la ciudad,

con el ruido de sus alas membranosas

golpeando las paredes

y su pecho se agita en largo suspiro,

en esa hora de tarde,

en que todo entra en un limbo de silencio.

Siente ella, que la felicidad

es una palabra sobrante en los diccionarios.

Se fatiga su alma y su corazón,

quisiera gritar,

pero las palabras desconocen su garganta su boca.

Se siente en esa hora

como un pájaro enjaulado en una jaula sin rejas,

pero al fin enjaulado,

quiere sentir una mano que acaricie sus cabellos,

y seque con sus dedos dulces las lágrimas,

¿lágrimas de qué? si tampoco llorar puede.

¡Ay¡, esa hora de la tarde donde todo es angustia

y no lo es;

donde el dolor no es dolor porque no tiene origen

donde el beso no besa porque las caras no tienen boca

¡Ay! esa hora donde todo pesa y nada pesa.

donde todo muere y nada muere.

Más tarde volverán las horas a su ritmo,

 las cosas a encajar en sus momentos justos,

y él vendrá con su sonrisa de sol,

mientras la tarde cae en liviana penumbra,

y sienta, ese beso de él que, muerde sus labios

sin herir,

y le pida una taza del café

 que ella se esmera por hacer,

mientras le canta con Mercedes Sosa en el celu,

el poema de Benedetti, de las viejas camaraderías:

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos





sábado, 13 de marzo de 2021

Celajes

 









Foto de internet


Ella,

la mujer morena

canta a Brassens, y Moustaki 

en un bar viejo

de la Cartagena amurallada.

Bar lastimero

como un barco escorado por las brisas del Caribe,

en la playa.

Entre aguardiente y aguardiente

se siente libre

de ese dolor impreciso,

que agrieta el alma

cuando el amor muere.

Libre,

tan libre

como un pañuelo al aire,

gavia rota

en el camino de los vientos

jueves, 4 de marzo de 2021

Costumbres

 






*Foto intervenida




Me he acostumbrado a tantas cosas en la vida,

a las tardes grises que llenan de tristeza el alma,

al olor agrio de la barra donde solemos tomarnos

las cervezas,

a la distancia de su cuerpo cuando se enfada en la cama

y me da la curva perfecta de su espalda,

al beso que se da por cumplir el protocolo

de las buenas maneras,

a las horribles manchas de los dedos grasientos

en la pasta negra de los libros,

a la levedad de nuestros cuerpos

cuando mueren sus humedades

como olas de espuma en la arena.

A tantas cosas me he acostumbrado en la vida,

que no sé si me acostumbre a su amor,

cuando al fin decida amarme





domingo, 23 de agosto de 2020

Bajo el almendro




*Foto intervenida



Siempre había pensado que tendría que esperarla bajo el palo de almendro que franqueaba la entrada a la casa. Ella vendría por él. En los veranos el almendro hacía sombra grata, y refrescaba en esas horas de la tarde, cuando las chicharras se reventaban de cantar, en las ramas del almendro, porque el calor era insoportable. Había sido leñatero de los barcos a vapor que hace muchos años, circulaban por el río Magdalena.

En Barranquilla, cuando Puerto Colombia, no era ese lugar moribundo de e hoy, tuvo un amor, una morena sanandresana que vino con su padre a curramba a los carnavales, y se quedó en los ojos de él, y él en los de ella. El avatar los separó. Ella se cansó de vivir con él. Se fue con el primer gringo aventurero que se apareció por Barranquilla. Le dolió. Hubiera preferido que se fuera con otro, que no fuera el gringo, porque él había sido de los fundadores de la troco, cuando se aventuraron las primeras compañías petroleras, río abajo, y nació el sindicato, que tuvo que vérselas con las compañías gringas que tenían a los obreros trabajando más de ocho horas diarias. 


Fue amigo de María Cano la líder sindical, y la acompañó en varias plazas, pero más pudo su espíritu trashumante, y se vino al interior del país, Magdalena arriba, a recalar en una casa solariega de San Gil, enclavada en la cordillera oriental, donde conoció, el gran amor de su vida, por los lados de Montebrujas , en una fiesta del Corpus. Uno de esos matachines, vestido de diablo, perseguía a las mujeres dando golpes con una vejiga de res. Ella, corrió buscando refugio y tropezó con él, que estaba parado en la puerta de una cantina, observando el barullo, y ella, “disculpe usted señor”; y él, “¡eche no tengas cuidado.” Y sintió ese vaho del perfume de ella, y las ganas de besarla, que nunca había sentido con tanto furor por mujer alguna.

Ahora estaba sentado en el taburete de vaqueta, que arrimaba al almendro, en una duermevela al calor de los recuerdos. Se hacía ya oscuro, y la brisa, le trajo el perfume de ella, y se acordó del primer beso, una noche cuando hacía luna, y ella salía de misa de seis, de la catedral. Él la acompañó por la Calle del Caracol, más arriba de la casa arzobispal, y antes de que ella entrara a su casa, se miraron y se besaron como siempre lo habían deseado.

Por lo mañana, los vecinos lo encontraron, recostado en el taburete, sin vida, con la sonrisa plácida, los ojos dulcificados, y la mirada arriba del almendro, como si alguien que conociera lo estuviera llamando· 

domingo, 23 de diciembre de 2018

Amor de diciembre
















La pólvora revienta en  un cielo
cuajado de estrellas
los cafés de la plaza 
son un hálito de felicidad
desbordada por la música de porros
y fandangos, entre copas de aguardiente
y ron.
La ciudad vieja se conmueve 
con los villancicos de la natividad
en las cornetas delas torres de la iglesia.
Abrazada a un farol del atrio,
ella lo espera.
En el motel un canto de gallos
los despertará
con la certeza de que el amor sabe mejor
en  diciembre



*Foto propia





viernes, 10 de agosto de 2018

Razón de una canción



Foto intervenida

Cuando pasaron junto al bar, la mujer se estremeció. Víctor Heredia cantaba, "Para recalcar que estoy vivo/ En medio de tantos muertos". Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa canción. Era la canción de ellos. Dos lágrimas largas rodaron por sus mejillas. Se quedó mirando al niño, lo alzó y lo besó con una gran ternura. Luego, se perdió calle abajo, cuando Heredia ya cerraba la canción, "Ay! fogata de amor y guía, Razón de vivir mi vida"

lunes, 16 de julio de 2018

Para el amor y la libertad


!Búscame¡ 
en las páginas de la vida,
allí donde la carroña no tiene cabida;
en las alturas del vuelo del cóndor,
y no en la ruta rastrera del buitre.
!Búscame¡
en las cuerdas de una guitarra,
donde una canción le canta a la libertad;
en los versos de un poema
donde el beso de una mujer me da amor;
en el amanecer de un cielo limpio,
donde encuentro paz.
!Búscame¡
en la libertad,
en la vida,
el amor,
que para la muerte
no tengo tiempo


foto propia, Piedecuesta

sábado, 2 de junio de 2018

Inventario









FOTO DE INTERVENCIÓN



Alguna vez con sabiduría

alguien al dejarlo
todo en la vida dijo:
"no me busquen en imágenes.
¡cómo mienten¡"
Cuanta razón  sus palabras.
Las imágenes
engordan la hipocresía.
A mi que me busquen
en aquel poema que nunca te di,
donde te decía:
"sin tu amor
soy como un marinero en tierra,"
El mismo poema que escribí
en una servilleta de restaurante,
y lo guardé en un libro viejo de Rimbaud,
junto a su verso:
"un beso muy pequeño
como una araña suave
correrá por tu cuello.."

domingo, 15 de enero de 2017

Vuelo

VUELO

Alguien quizás,
venga a rescatarla de su mirada vacía,
frente a la ventana.
Mira sin ver un horizonte 

de imprecisas coordenadas.
Hay un limbo en su cabeza,
esa frontera lábil entre la vida y la muerte.
Quizás leía a Camús,
empapada de un amor náufrago,
dolor de la distancia,
en esa página del sentido de la vida,
y ahora está ahí,
frente a la ventana
indecisa quizás
de volar como las mariposas
a la luz final
que ciega la mirada


La imagen puede contener: una o varias personas

lunes, 18 de julio de 2016

Boomerang


Resultado de imagen para Ella tras mi sombra



Te perseguí como una sombra
tras un te quiero,
cuando tus labios enmudecían
para el beso y la palabra.
Amor de judío errante el mío,
buscándote en antípodas
y en puertos inseguros.
Pero quién no se cansa de los fracasos del amor
y vuelve a la cordura.
Hoy los dados te han dado la espalda,
y en la baraja ya no eres la reina.
Vienes tras de mi como la sombra que fui,
y ya se me secó el alma

domingo, 17 de febrero de 2013

Palomas de ternura




Boca amordazada
y el dolor punzante,
espina en una noche sin fronteras.
La burbuja de la luz 
busca una respuesta,
el nervio se agita,
salta el músculo
y el corazón ya no galopa.
Ha detenido su camino
dejando la piel húmeda y cerúlea
y en la mente la imagen última:
el recuerdo del beso de ella
hecho  palomas de ternura.

ABU GHRAIB , pintura del maestro colombiano: Fernando Botero