sábado, 6 de diciembre de 2025
MÁCULAS DE AMOR
martes, 25 de febrero de 2025
viernes, 8 de noviembre de 2024
Memorial del tiempo
miércoles, 27 de marzo de 2024
Felicidad mía
Felicidad la mía,
cuando me mira bajo
la sombra de sus pestañas,
anunciándome entre profundos suspiros
la epifanía de su dulce beso
beso tierno.
Felicidad la mía,
la de aquellas horas de la brisa fría que eriza
La pelusita de sus brazos,
y ella se aferra aterida buscando calor
en mi cuerpo.
Felicidad la mía,
en esa hora del bar,
entre cervezas,
y el susurro Natalia Lafourcade:
“Si yo encontrara un alma como la mía
Un alma que, al mirarme, sin decir
nada
Me lo dijese todo con la mirada”
Felicidad la mía
cada vez que se me viene un verso a la cabeza,
y en acordes me dice la guitarra
cuán vivo estás, cuánto existes.
Felicidad la mía, la
de ella,
llegar al alba con las sábanas empapadas,
y los gallos cantando,
epinicios de nuestro amor
amor nuestro
viernes, 27 de octubre de 2023
UNA MUJER FATAL
Foto intervenida
El relato tiene asidero en la realidad. “Que bien lo cuentas”, me dicen los amigos con un ápice de duda justificada, pues sólo algunos me vieron con la mujer de manera ocasional. Me sucedió con una locutora de radio. Tenía en la noche, en una de las emisoras de F.M de la ciudad, un programa de baladas y boleros donde comentaba cada canción con un susurro gabacho cautivador.
Soñaba con conocerla. Debe ser tan hermosa como su cautivante voz - me decía en estado casi febril. Un amigo, Samuel, productor de radio, me la presentó, una tardecita, después de que salí de una audiencia en el Palacio de Justicia. Al fin pude satisfacer la curiosidad. Era una mujer deseable, labios mórbidos como los de Angeline Jolie, la actriz; ojos almendrados y esa voz suya, deliraba, como debió ser la de Circe que, embrujó a los tripulantes de embarcación de Ulises de regreso a Ítaca
La
invité varias veces a un café, en el Berna, para tantear el terreno de un
posible amorío; a almorzar, cuando ya sabía que tenía su confianza, pues me
apretaba la mano cálidamente y me daba un beso tierno, capaz de enternecerme, cuando nos despedíamos. Hubo luego discoteca, repegados con la salsa de Lavoe,
al calor de unas buenas cervezas, que nos llevaron al mejor motel de la ciudad,
Los espejos, donde supe de las delicias de su cuerpo ardiente y bien apretadito, pues
hacía gimnasio. Me estaba enamorando sin remedio. Tienes una traga maluca,
esa mujer es una feme fatale -me decía en un francés macarrónico, la tía
Lucinda, cuando le conté una mañana del sábado que fue a visitarme al
apartamento que, esta era la mujer de mi vida. Te debe haber dado tierra de muerto. O,
debe tener cangarejera en el sumidero porque ya no das bola, querido
sobrino, y me perdonas la vulgaridad, para que tú tan coqueto, andes vuelto
mierda por esa mujer”
Cierto, Ella me manejaba como un pelele, y para peor sufría una celotipia espantosa,
más insufrible que la de Juan Pablo Castel con María Iribarne, en la novela de
Ernesto Sábato. A tal punto sus celos que, ninguna mujer se me podía acercar. Les
hacía escenas que se me hacían imposibles, en una mujer que me había atrapado
por su dulzura. La verdad eso empezó a fastidiarme. Y a pesar que la quería tanto,
sabía que tenía que quitármela de encima, porque ella, iba a acabar con mi vida.
Y fue haciéndose tan grande el fastidio que, cuando le pedí un consejo para
regalarle algo en su cumpleaños a una amiga de la familia, Naty, por quien
sentía algo más que una amistad, me desilusionó tanto, cuando en plena calle se
despachó contra mí, abandonando la dulzura de su voz, "qué le vas a
regalar. Nada. En tu vida solo yo merezco de regalos". Eso, y el verla
una tarde en el reservado del Berna, besándose con mi amigo, Samuel- el
productor de radio- terminaron por librarme al fin de su fatal encanto y tortura.
jueves, 13 de julio de 2023
DEJO
Imagen intervenida
Dejo un poema
en el horizonte de tus ojos,
línea de sueños donde estamos siempre
como una postal sepia de encuentros.
Dejo un poema en la brisa,
para que se enreden en tu pelo
sus versos,
como ramas abiertas al sol
y siempre me recuerdes.
Dejo un poema
en la banca de aquel parque,
donde llovían las hojas
sobre tu regazo,
y cuando te hacía el amor luego,
en el fragor de las pieles encendidas
olías a eucalipto.
jueves, 17 de noviembre de 2022
Antípodas de la noche
*Foto intervenida
La tarde se funde
en un incendio del sol,
rodando las montañas del poniente,
inyectado de cobres y bermejos
Una sábana oscura
vendrá luego,
en el siseo de la brisa en las ramas
de los robles y abarcos
a cubrir de angustia el corazón
y alma.
En la antípoda
quizás me pienses
y mires la luna,
esta misma luna que miro,
y nos acerca,
para no sentirnos tan solos
en esta cruel distancia
de antípodas de la nocheFinal del formulario
viernes, 4 de marzo de 2022
Felicidad la mía
Felicidad la mía,
cuando me
mira bajo la sombra de sus pestañas,
anunciándome entre profundos suspiros
la epifanía de su dulce beso
beso tierno.
Felicidad la mía,
la de aquellas horas de la brisa fría que eriza
la pelusita de sus brazos,
y ella se aferra aterida buscando calor
en mi cuerpo
Felicidad la mía,
en esa hora del bar,
entre cervezas,
y el susurro Natalia Lafourcade:
“Si yo encontrara un alma como la mía
Un alma que, al mirarme, sin
decir nada
Me lo dijese todo con la mirada”
Felicidad la mía
cada vez que se me viene un verso a la cabeza,
y en acordes me dice la guitarra
cuán vivo estás, cuánto existes.
Felicidad la mía, y la de ella,
llegar al alba con las sábanas empapadas,
y los gallos cantando,
epinicios de nuestro amor
epinicios del amor nuestro
*Foto intervenida
martes, 18 de enero de 2022
UTOPÍA (AL POETA ARGENTINO, JUAN GELMAN
Foto intervenida
Hoy la miro desde tantas grietas
y roturas.
La vida no es un llano,
donde respirar no fatigue.
Cada recodo tiene un sello de torre almenada de amores
y luchas siempre vivas;
muñón descabalado por el tiempo y la lluvia
que amenaza ruina.
Cuánto se construye¡,
cuánto se levanta ladrillo a ladrillo
o se viene abajo por la piqueta de los
zapadores
que destruyen los sueños y utopías.
Pero ay¡
la utopía se agarra de donde pueda
-a pesar de las jaulas-
para hacerse ala
en una bandada de pájaros
Añoro la utopía fluyendo contra los tropiezos,
como un río que no se enreda entre
las piedras,
y las rebasa.
Ella
nombra los caminos que hay
-debidamente- que recorrer,
para la vida justa,
y señala allí,
donde el pan amasa sonrisas
y le pone mordazas a la muerte.
Yo la miro desde las muescas
hechas en las paredes de la casa,
señales de la existencia que no
claudica
sueño impenitente de construir con
todos
los caminos de esperanza y de vida.
Y a pesar de los golpes,
traspiés,
caídas,
el amor
espiga
cada siembra
cada beso
para que la mesa esté servida de pan para todos
algún día
martes, 5 de octubre de 2021
Camaraderías
*Foto intervenida
Hiende el viento las grietas de la ciudad,
con el ruido de sus alas membranosas
golpeando las paredes
y su pecho se agita en largo suspiro,
en esa hora de tarde,
en que todo entra en un limbo de silencio.
Siente ella, que la felicidad
es una palabra sobrante en los diccionarios.
Se fatiga su alma y su corazón,
quisiera gritar,
pero las palabras desconocen su garganta su boca.
Se siente en esa hora
como un pájaro enjaulado en una jaula sin rejas,
pero al fin enjaulado,
quiere sentir una mano que acaricie sus cabellos,
y seque con sus dedos dulces las lágrimas,
¿lágrimas de qué? si tampoco llorar puede.
¡Ay¡, esa hora de la tarde donde todo es angustia
y no lo es;
donde el dolor no es dolor porque no tiene origen
donde el beso no besa porque las caras no tienen boca
¡Ay! esa hora donde todo pesa y nada pesa.
donde todo muere y nada muere.
Más tarde volverán las horas a su ritmo,
las cosas a encajar en
sus momentos justos,
y él vendrá con su sonrisa de sol,
mientras la tarde cae en liviana penumbra,
y sienta, ese beso de él que, muerde sus labios
sin herir,
y le pida una taza del café
que ella se esmera
por hacer,
mientras le canta con Mercedes Sosa en el celu,
el poema de Benedetti, de las viejas camaraderías:
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
sábado, 13 de marzo de 2021
Celajes
Foto de internet
Ella,
l
canta a Brassens, y Moustaki
en un bar viejo
de la Cartagena amurallada.
Bar lastimero
como un barco escorado por las brisas del Caribe,
en la playa.
Entre aguardiente y aguardiente
se siente libre
de ese dolor impreciso,
que agrieta el alma
cuando el amor muere.
Libre,
tan libre
como un pañuelo al aire,
gavia rota
jueves, 4 de marzo de 2021
Costumbres
*Foto intervenida
Me he acostumbrado a tantas cosas en la vida,
a las tardes grises que llenan de tristeza el alma,
al olor agrio de la barra donde solemos tomarnos
las cervezas,
a la distancia de su cuerpo cuando se enfada en la cama
y me da la curva perfecta de su espalda,
al beso que se da por cumplir el protocolo
de las buenas maneras,
a las horribles manchas de los dedos grasientos
en la pasta negra de los libros,
a la levedad de nuestros cuerpos
cuando mueren sus humedades
como olas de espuma en la arena.
A tantas cosas me he acostumbrado en la vida,
que no sé si me acostumbre a su amor,
cuando al fin decida amarme
domingo, 23 de agosto de 2020
Bajo el almendro
*Foto intervenida
Siempre había pensado que tendría que esperarla bajo el palo de almendro que franqueaba la entrada a la casa. Ella vendría por él. En los veranos el almendro hacía sombra grata, y refrescaba en esas horas de la tarde, cuando las chicharras se reventaban de cantar, en las ramas del almendro, porque el calor era insoportable. Había sido leñatero de los barcos a vapor que hace muchos años, circulaban por el río Magdalena.
En Barranquilla, cuando Puerto Colombia, no era ese lugar moribundo de e hoy, tuvo un amor, una morena sanandresana que vino con su padre a curramba a los carnavales, y se quedó en los ojos de él, y él en los de ella. El avatar los separó. Ella se cansó de vivir con él. Se fue con el primer gringo aventurero que se apareció por Barranquilla. Le dolió. Hubiera preferido que se fuera con otro, que no fuera el gringo, porque él había sido de los fundadores de la troco, cuando se aventuraron las primeras compañías petroleras, río abajo, y nació el sindicato, que tuvo que vérselas con las compañías gringas que tenían a los obreros trabajando más de ocho horas diarias.
Fue amigo de María Cano la líder
sindical, y la acompañó en varias plazas, pero más pudo su espíritu trashumante,
y se vino al interior del país, Magdalena arriba, a recalar en una casa
solariega de San Gil, enclavada en la cordillera oriental, donde conoció, el
gran amor de su vida, por los lados de Montebrujas , en una fiesta del
Corpus. Uno de esos matachines, vestido de diablo, perseguía a las mujeres
dando golpes con una vejiga de res. Ella, corrió buscando refugio y tropezó con
él, que estaba parado en la puerta de una cantina, observando el barullo, y
ella, “disculpe usted señor”; y él, “¡eche no tengas cuidado.” Y sintió ese
vaho del perfume de ella, y las ganas de besarla, que nunca había sentido con
tanto furor por mujer alguna.
Ahora estaba sentado en el taburete de
vaqueta, que arrimaba al almendro, en una duermevela al calor de los recuerdos.
Se hacía ya oscuro, y la brisa, le trajo el perfume de ella, y se acordó del
primer beso, una noche cuando hacía luna, y ella salía de misa de seis, de la
catedral. Él la acompañó por la Calle del Caracol, más arriba de la casa
arzobispal, y antes de que ella entrara a su casa, se miraron y se besaron como
siempre lo habían deseado.
Por lo mañana, los vecinos lo
encontraron, recostado en el taburete, sin vida, con la sonrisa plácida, los
ojos dulcificados, y la mirada arriba del almendro, como si alguien que
conociera lo estuviera llamando·
domingo, 23 de diciembre de 2018
Amor de diciembre
La pólvora revienta en un cielo
cuajado de estrellas
los cafés de la plaza
desbordada por la música de porros
y fandangos, entre copas de aguardiente
y ron.
La ciudad vieja se conmueve
con los villancicos de la natividad
en las cornetas delas torres de la iglesia.
Abrazada a un farol del atrio,
ella lo espera.
En el motel un canto de gallos
los despertará
con la certeza de que el amor sabe mejor
en diciembre
*Foto propia
viernes, 10 de agosto de 2018
Razón de una canción
lunes, 16 de julio de 2018
Para el amor y la libertad
allí donde la carroña no tiene cabida;
en las alturas del vuelo del cóndor,
y no en la ruta rastrera del buitre.
!Búscame¡
en las cuerdas de una guitarra,
donde una canción le canta a la libertad;
en los versos de un poema
donde el beso de una mujer me da amor;
en el amanecer de un cielo limpio,
donde encuentro paz.
!Búscame¡
en la libertad,
en la vida,
el amor,
que para la muerte
no tengo tiempo
sábado, 2 de junio de 2018
Inventario
domingo, 15 de enero de 2017
Vuelo
Alguien quizás,
venga a rescatarla de su mirada vacía,
frente a la ventana.
Mira sin ver un horizonte
de imprecisas coordenadas.
Hay un limbo en su cabeza,
esa frontera lábil entre la vida y la muerte.
Quizás leía a Camús,
empapada de un amor náufrago,
dolor de la distancia,
en esa página del sentido de la vida,
y ahora está ahí,
frente a la ventana
indecisa quizás
de volar como las mariposas
a la luz final
que ciega la mirada

lunes, 18 de julio de 2016
Boomerang
tras un te quiero,
cuando tus labios enmudecían
para el beso y la palabra.
Amor de judío errante el mío,
buscándote en antípodas
y en puertos inseguros.
Pero quién no se cansa de los fracasos del amor
y vuelve a la cordura.
Hoy los dados te han dado la espalda,
y en la baraja ya no eres la reina.
Vienes tras de mi como la sombra que fui,
y ya se me secó el alma
domingo, 17 de febrero de 2013
Palomas de ternura












