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miércoles, 7 de enero de 2026

Amor digital o de contactos

 







 Te extraño, le dice en el primer e-mail,que le envía, apenas arriba a ese paísito del archipiélago malayo, (del cual no puede pronunciar el nombre, porque se le enreda en la lengua ) y le habla ya de ausencias; después en skype, "siento que sin ti no soy", y le jura un amor eterno.

 Últimamente, blackberry en mano es un tren bala hablándole de compartir sus sueños con él, apenas termine la pasantía, allí en ese país horrible, a donde la FAO la envió, a diseñar y desarrollar una campaña de prevención natal, entre los nativos, que no lesione su sensibilidad moral y sus susceptibilidades culturales. 

 Pero, ahora es un silencio cerval. La mujer no vuelve a escribirle, ni a aparecerse por los chats, y en el "carelibro", que tanto frecuentaban. Ella lo ha eliminado definitivamente de todos los medios digitales, y él -lágrima perlada- sabe que tampoco es, ni lo fue contacto de su corazón.

sábado, 6 de diciembre de 2025

MÁCULAS DE AMOR

 











Ahora la volvía a ver, después de que se le extraviara en ese laberinto de Minotauro, en que a veces se nos convierte la vida. Olía al peculiar perfume de azahar que, siempre emanaba de su pelo, como ramas de naranjo que le colgaran de las güedejas de su cabello. Leía uno de los cuartetos de Alejandría de Durrell (Clea), cuando sintió su presencia de azahar, y éste se le cayó de las manos. Entonces no le quedaron dudas de que ahora las páginas del libro de Durrell, como la última vez que se vieron cuando leía Los Autonautas de la Cosmopista de Dumlop y Cortázar, serían maculadas por los ardidos fluidos de amor de tanta espera.

lunes, 25 de agosto de 2025

LA MUJER DE LOS OJOS DESVAÍDOS (Cuento)

 






LA MUJER DE LOS OJOS DESVAÍDOS

La vi por primera vez, aquella noche en el bar, sentada en la barra, mientras se tomaba un cerveza con una lentitud de caracol. Me senté a su lado, y se escuchaba a Silvio, cantando algo de una mujer con sombrero y Chagall. Miraba con esa mirada desvaída, que siempre le conocí, hacia uno de los espejos del bar.Me senté a su lado, y pedí un "amarillo". Ella, volteó a mirarme, hace bien que se beba un whisky, está haciendo frío, y se frotó las manos.

Otra de las veces, estaba parada frente a la catedral. Vestía de blanco, un traje etéreo como su mirada. Me vio, y se acercó, en el momento en que tomaba unas fotos de las palomas en vuelo, ya recuerdo, fue el que se sentó junto a mi, en el bar donde ponen trova cubana, y estuvimos hablando de sueños y tonterías de la vida. Lo dijo tan simple, que cualquiera hubiera pensado, de escuchar la conversación, que realmente habíamos hablado de frivolidades, cuando la charla se fundó en la existencia como acción, en esa postura ética de Sartre, tema que se volvió reiterativo en nuestras charlas.

Creo que le gustaba el puerto, en esa hora en que recalaba algún barco, y ella esperara a alguien que nunca llegaba, pero se le veía feliz, a pesar de esa mirada desvaída, que se había anidado en sus ojos para siempre. Muchas veces la vi allí, recostada contra la baranda. Un viento indiscreto levantaba su falda, y a ella no le importaba que quedaran al descubierto sus nalgas rotundas.

Volvimos a encontrarnos en el bar de la trova cubana. MIlanés, cantaba aquella letra de la mujer que deja en la camisa las flores de abril. Ella se acercó a mi mesa, y me brindó una cerveza, pero primero la bebió a pico de botella, y me la puso en las manos. Sin pensarlo, bebí la cerveza, también a pico de botella. Sonó Portavales, y ella me sacó a bailar. Dimos unos pasos, entre dengues y contoneos sueltos, y luego nos pegamos. Sentí el calor de su cuerpo, a pesar de la mirada desvaída. Nos besamos, con ansiedad. Quizás ambos, esperábamos ese beso. Terminamos en la playa, sin luna, haciendo el amor entre el yodo y el salitre del mar.

Después no la volví a ver. Desapareció como por ensalmo, dejándome una herida en el alma, porque de verdad, había empezado a amarla. Hoy, he recibido una carta de ella, sin procedencia, sintética: "amor, pudo más Sartre y la acción"

viernes, 27 de octubre de 2023

UNA MUJER FATAL

 








Foto intervenida



El relato tiene asidero en la realidad. “Que bien lo cuentas”, me dicen los amigos con un ápice de duda justificada, pues sólo algunos me vieron con la mujer de manera ocasional.  Me sucedió con una locutora de radio. Tenía en la noche, en una de las emisoras de F.M de la ciudad, un programa de baladas y boleros donde comentaba cada canción con un susurro gabacho cautivador. 

Soñaba con conocerla. Debe ser tan hermosa como su cautivante voz - me decía en estado casi febril. Un amigo, Samuel, productor de radio, me la presentó, una tardecita, después de que salí de una audiencia en el Palacio de Justicia.  Al fin pude satisfacer la curiosidad. Era una mujer deseable, labios mórbidos como los de Angeline Jolie, la actriz; ojos almendrados y esa voz suya, deliraba, como debió ser la de Circe que, embrujó a los tripulantes de embarcación de Ulises de regreso a Ítaca   

La invité varias veces a un café, en el Berna, para tantear el terreno de un posible amorío; a almorzar, cuando ya sabía que tenía su confianza, pues me apretaba la mano cálidamente y me daba un beso tierno, capaz de enternecerme, cuando nos despedíamos. Hubo luego discoteca, repegados con la salsa de Lavoe, al calor de unas buenas cervezas, que nos llevaron al mejor motel de la ciudad, Los espejos, donde supe de las delicias de su cuerpo ardiente y bien apretadito, pues hacía gimnasio. Me estaba enamorando sin remedio. Tienes una traga maluca, esa mujer es una feme fatale -me decía en un francés macarrónico, la tía Lucinda, cuando le conté una mañana del sábado que fue a visitarme al apartamento que, esta era la mujer de mi vida.  Te debe haber dado tierra de muerto. O, debe tener cangarejera en el sumidero porque ya no das bola, querido sobrino, y me perdonas la vulgaridad, para que tú tan coqueto, andes vuelto mierda por esa mujer”

Cierto, Ella me manejaba como un pelele, y para peor sufría una celotipia espantosa, más insufrible que la de Juan Pablo Castel con María Iribarne, en la novela de Ernesto Sábato. A tal punto sus celos que, ninguna mujer se me podía acercar. Les hacía escenas que se me hacían imposibles, en una mujer que me había atrapado por su dulzura. La verdad eso empezó a fastidiarme. Y a pesar que la quería tanto, sabía que tenía que quitármela de encima, porque ella, iba a acabar con mi vida. Y fue haciéndose tan grande el fastidio que, cuando le pedí un consejo para regalarle algo en su cumpleaños a una amiga de la familia, Naty, por quien sentía algo más que una amistad, me desilusionó tanto, cuando en plena calle se despachó contra mí, abandonando la dulzura de su voz, "qué le vas a regalar. Nada. En tu vida solo yo merezco de regalos". Eso, y el verla una tarde en el reservado del Berna, besándose con mi amigo, Samuel- el productor de radio- terminaron por librarme al fin de su fatal encanto y tortura.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Gallera en las nubes










Foto intervenida


Cuántas veces tirados en estos pastizales de yaraguá, nos quedábamos alelados mirando las nubes formar a su capricho, figuras de aves que, se nos antojaban gallos de pelea, porque siempre tenían las alas abiertas, y las patas alzadas en un gesto de ataque. "Sólo les falta el alboroto de las galleras", decía ella, mientras me miraba con sus ojos dulces y serenos que, habría de nublar la muerte.

Eran otros tiempos, cuando se podía respirar, y el aire entraba a los pulmones limpio, con el olor dulzón de los almendros, y el picante de los bosques de canelo.

Ahora, el aire huele a pólvora, a sangre revenida, a sangre de matadero, la misma que le puso a ella alas de tristeza, y se fue muriendo poco a poco, como se fueron muriendo los potreros de pasto yaraguá, a donde nos acostábamos a mirar las peleas de gallos que, formaban las nubes en la inmensa gallera del cielo, de tarde 

martes, 25 de julio de 2023

La calle de las alcahuetas

 

 




 


 No la sentí llegar, por la modorra que me había causado la tercera botella de aguardiente. Cuando el aguardiente se me hace dulzón, sé que estoy a punto de emborracharme; entonces me levanté de la mesa, a pesar de los ruegos de los amigos para que, me quedara otro rato; pagué la ronda, y me aventuré calle abajo, a pesar del peligro que entrañaba transitar La Calle de las alcahuetas, a esa hora de la noche, de alta densidad de malandrines entrenados para el raponeo de carteras, el cuchillo en la espalda, y no haga movimientos raros, hermano, porque le corto hasta el alma, en medio de los ventorrillos a lado y lado de la vía, y la hedentina de orines revenidos.

 Una puta, a la que llamaban la cremallera, tenía en la mejilla izquierda una cicatriz larga y cosida tan burdamente, que le quedaron las huellas de la sutura como si fuera un sierre, me acompañó hasta uno de los caserones de la ciudad histórica, donde vivía !Doctor! no es hora de andar por estos lugares tan peligrosos, en semejante  borrachera.

 Era fuerte, y bonita a pesar de la cicatriz en la cara. Le había hecho un favor que me agradecía hondamente. Tenía un niño, al cual le bajé la fiebre una noche que llegó al hospital sin un peso, y el niño delirando: la gastroenteritis lo estaba matando. Se la combatí, por nada, por humanidad. Ni siquiera acepté su gratitud de una noche de cama. Me ayudó a entrar al cuarto, que tenía puerta a la calle, y se fue luego con la noche que, empezaba a ventear un frío  glacial.

 En la cama todo empezó a darme vueltas, hasta caer en un abismo de remolinos, y flotar, luego, en una nata de silencio. Sé que es una mujer, la que está aquí. Tiene los ojos almendrados, y me llama, para que la siga por los zaguanes del patio de geranios, nomeolvides, y begonias. La sigo como si levitara, pero lo más extraño es que, no escuche el griterío de los grillos en el patio, y que al mirarme en el alto espejo que cuelga encima del lavamanos, este no me devuelva la imagen de mi cara 

 


Imagen intervenida





jueves, 20 de octubre de 2022

Amor náufrago

 





*Foto intervenida



Hacía tiempo que no se hablaban. Él sin decir una palabra, se fue una noche a dormir al cuarto de los trebejos. Ella sentía que el amor se había erosionado, "amor náufrago, náufrago amor", se repetía en la soledad de su cuarto, como un estribillo de tormento y ahora sin la presencia de Pedro (así se llamaba él), le parecía más grande y deprimente esa habitación donde se habían amado furibundamente desde el momento que se fueron a vivir juntos.

Lo decidió de un momento a otro, a pesar de que Pedro seguía siendo generoso, corriendo con todos los gastos de la casa, sin pensar en lo distanciados que estaban. Tomó una maleta grande, de esas de viaje, y metió en ella toda la ropa de él y la puso en la puerta de la casa, con una nota en un cartel grande que le permitiera leerlo sin excusa: "Pedro, como la casa es mía, búscate otro lugar donde dormir, porque aquí se te acabó la dormida"



jueves, 21 de abril de 2022

BOLERO PARA UNA SAGA DE AMOR

 







*Foto intervenida


"Para que me sirve el alma /si la tengo ya amargada /si su vida idolatrada,/ por traiciones la deje...", el viejo bolero de Los Panchos suena como un eco interminable en el minicomponente. Y un frío helado, que entra por la ventana abierta y sin cortinas, se queda en el adusto piso, como una escarapela incómoda, pero al hombre, sentado en la mitad del cuarto en una silla roñosa, y con un revólver empretinado, parece no molestarle. Bebe como náufrago, a pico de botella, un aguardiente aniquilante, lo llaman "mataburros". Cuando el minicomponente, deja escuchar "para que sirve ser bueno,/ si se ríen en tu cara, /que me lleve la corriente, /que me lleve la corriente, /atrás no regresaré", el hombre como un resorte, se saca el revólver de la pretina, y aprieta el cañón contra su sien derecha. La mancha roja en el piso, nunca la pudieron borrar.



jueves, 29 de abril de 2021

El boxeador de los guantes rojos

 





*Foto intervenida



Aquella noche cuando subiste al ring, no escuchaste la algarabía de la gente en ring side como otras tantas veces. Sentías que algo andaba mal, pero no alcanzabas a precisarlo. Hiciste unos amagues, con los guantes rojos, con los que siempre peleabas, y diste unos saltitos alternos para calentar el cuerpo; te quitaste la bata negra con bordes dorados, y fue cuando reparaste en la mujer de ojos azules que, en la mesa de los comentaristas de la radio y la televisión, también te miraba, en el disimulo de buscar información de la pelea en el celular.

El anunciador, presentó a cada una de las esquinas, y sonó la campana para el primer round, y en el cruce de los golpes iniciales supiste que el rival era un fajador duro, porque intentaste sacarle el aire cuando se abalanzó como una fiera, tirándote directos a la cara, y cerrándote el paso, para quedar casi cuerpo a cuerpo. ¡Vaya¡ si resistía tus ganchos al hígado, enconchándose como un caracol en su cascarón, bajo tus brazos, cada vez que errabas directos a la cabeza; pero ya lo tenías con tus jabs a la cara, que le hacían daño, y cuando fuiste a sacar el uppercut para rematarlo junto a las cuerdas de su propia esquina, viste a la mujer de los ojos azules relampaguear su Olimpus, debajo del ring, y en un par de segundos sentiste ese golpe seco en la oreja izquierda, que te tendió en la lona, y te dejó sordo como una tapia para el resto de la vida

 

 


martes, 12 de enero de 2021

Fiesta de gallos

 




*Foto intervenida




Salió al aire de la madrugada. Olía a albañal. Nunca de tanto tiempo de vivir en el barrio, había sentido tan fuerte el olor como esta mañana. Palpó el changón debajo de la gabardina, y se encomendó a la virgen de El Carmen. Le daba confianza hacer este ritual, pero esa mañana, extrañamente, no sentía el miedo pavoroso que le hacía sudar las manos y la frente, cuando madrugaba a hacer eso que él llamaba "mis trabajitos".

Le había dejado en la mesa del comedor, una plata y una nota a su mujer: "cómprese la nevera industrial y el televisor de cuarenta pulgadas que tanto ha querido y no joda más. El televisor y la nevera viejos, regáleselos a su mamá".

Buscó la calle que daba a la avenida, donde dejaba la moto en un taller de mecánica, pero que todo mundo sabía que era un desguazadero de motos y carros, y sintió un cosquilleo en la frente, cuando fue a abrir la puerta. Palpó de nuevo el changón, pero no supo si por presentimiento, porque un fogonazo le voló la cabeza, con el escándalo de los gallos de la gallera vecina, que ese día pondrían a pelear en las fiestas de la patrona del barrio.  

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

DE ROSTROS Y DE CARAS

 

   






*Foto intervenida


   El hombre se despertó con la horrible sensación de que su cara  no era la suya. "Me desconozco", se dijo cuando se miró en el espejo, y vio luego la mujer que estaba a su lado, observándolo con dulzura, pero tampoco la reconoció y solo pensó en ahorcarla en su desespero, como si ella fuera la causante de la pérdida de la memoria de su identidad.

 

  Sentía una angustia tenebrante, que se la achacaba a la incertidumbre de no saber quién era , y le creció la zozobra al no tener la certeza de que recobraría mañana su rostro, y no persistiría en los días venideros esa sensación martillante de amanecer con una cara ajena.Final del formulario

 

 

domingo, 23 de agosto de 2020

Bajo el almendro




*Foto intervenida



Siempre había pensado que tendría que esperarla bajo el palo de almendro que franqueaba la entrada a la casa. Ella vendría por él. En los veranos el almendro hacía sombra grata, y refrescaba en esas horas de la tarde, cuando las chicharras se reventaban de cantar, en las ramas del almendro, porque el calor era insoportable. Había sido leñatero de los barcos a vapor que hace muchos años, circulaban por el río Magdalena.

En Barranquilla, cuando Puerto Colombia, no era ese lugar moribundo de e hoy, tuvo un amor, una morena sanandresana que vino con su padre a curramba a los carnavales, y se quedó en los ojos de él, y él en los de ella. El avatar los separó. Ella se cansó de vivir con él. Se fue con el primer gringo aventurero que se apareció por Barranquilla. Le dolió. Hubiera preferido que se fuera con otro, que no fuera el gringo, porque él había sido de los fundadores de la troco, cuando se aventuraron las primeras compañías petroleras, río abajo, y nació el sindicato, que tuvo que vérselas con las compañías gringas que tenían a los obreros trabajando más de ocho horas diarias. 


Fue amigo de María Cano la líder sindical, y la acompañó en varias plazas, pero más pudo su espíritu trashumante, y se vino al interior del país, Magdalena arriba, a recalar en una casa solariega de San Gil, enclavada en la cordillera oriental, donde conoció, el gran amor de su vida, por los lados de Montebrujas , en una fiesta del Corpus. Uno de esos matachines, vestido de diablo, perseguía a las mujeres dando golpes con una vejiga de res. Ella, corrió buscando refugio y tropezó con él, que estaba parado en la puerta de una cantina, observando el barullo, y ella, “disculpe usted señor”; y él, “¡eche no tengas cuidado.” Y sintió ese vaho del perfume de ella, y las ganas de besarla, que nunca había sentido con tanto furor por mujer alguna.

Ahora estaba sentado en el taburete de vaqueta, que arrimaba al almendro, en una duermevela al calor de los recuerdos. Se hacía ya oscuro, y la brisa, le trajo el perfume de ella, y se acordó del primer beso, una noche cuando hacía luna, y ella salía de misa de seis, de la catedral. Él la acompañó por la Calle del Caracol, más arriba de la casa arzobispal, y antes de que ella entrara a su casa, se miraron y se besaron como siempre lo habían deseado.

Por lo mañana, los vecinos lo encontraron, recostado en el taburete, sin vida, con la sonrisa plácida, los ojos dulcificados, y la mirada arriba del almendro, como si alguien que conociera lo estuviera llamando· 

lunes, 29 de julio de 2019

DECISIÓN








*Foto de internet intervenida





Luis Aute,  "ay¡ amor mío/que terriblemente absurdo/ es estar vivo/ sin el alma de tu cuerpo/ sin tu latido...", la escuchas en el ring tone del celular, mientras vas en el articulado,pero no contestas la llamada. La canción te pega duro, hace rato que esas canciones de despecho te hacen saltar la ansiedad, y sólo la paras dándole al saco de arena que te quedó como recuerdo de cuando te ganabas la vida a los golpes en un tinglado de box. 

Hace rato sientes que se te maleó el alma, hace rato esa idea te espina el alma, desde que ella se convirtió en una mujer distante y distinta contigo. Entonces te bajas, y no tomas el bus que te lleve a casa. Ya nada podrá detenerte porque has resuelto que será esta noche.




viernes, 30 de junio de 2017

Masacre (microcuento)


Había niños como yo, entre los muertos tendidos sobre las baldosas frías del anfiteatro. Ya no sonreían, ni se les veía la cara triste, como cuando estaban vivos. Sólo esas terribles costras de sangre en la cara y en la piel,  que recordaban  la masacre.



Foto propia: cementerio de Piedecuesta




lunes, 20 de julio de 2015

EL OTRO




Siempre supe que querías  matarme, claro si te lo permitía. Lo vi por primera vez en tus ojos inyectados del ácido con el que te drogabas para poder hacer el amor. Amabas con rabia, fiera herida de placer en camas de amanecida y alquiler, pero adentro un rencor sordo se te salía del alma. 

Por ahí decían unos, que los amantes no te duraban, que no los volvían a ver, porque huían de ti despavoridos; y otros opinaban lo contrario, que no volvían a estar porque tú les dabas muerte. 

Por eso contigo, todo era cautela, precaución, despiertos todos los sentidos, porque te sentía al acecho, y te daba rabia quizás eso, que llevaras tanto tiempo conmigo, y no pudieras darme el zarpazo final. Me gustaba ese juego peligroso, y a pesar de los ruegos de los amigos, déjala hermano que te va matar, me seducía el riesgo.

Y claro de tanto ponerme trampas, para ver si me tendías en la arena, no fue extraño que confundieras olores y cuerpo, besos y saliva, espasmos y clímax, y hundieras la daga envenenada en la piel equivocada del otro, que por naturaleza todos tenemos en la vida

*Agradecimientos, maestro Humberto Figueroa, por esa alegría del poema Costas, en tu blog, Contrastes
Foto de Carlos Augusto Pereyra.

sábado, 18 de abril de 2015

Sepia de militancias

SEPIA DE MILITANCIAS
Sentía el alma rota, cuando escuchaba "Juan Albañil, hoy te digo que ese día ya vendrá,/ tiempo será testigo, /lo tuyo será tuyo, /mira y de nadie mas", en la voz de Cheo Feliciano. La canción era una bofetada a los sueños que juntos habían construido. No habían logrado cambiar nada de ese mundo despiadado que los excluía . Pensaba que todo había sido una aventura. De ella no volvió a saber nada. Se la había tragado la montaña. Ahora, ese dolor impenitente, a la deriva que buscaba ahogar en el aguardiente como un potro cerrero, cada mañana, cada día

domingo, 2 de noviembre de 2014

TIEMPO DE LOBOS


TIEMPO DE LOBOS
LUNA LLENA (Microcuento)

Esta mañana al levantarme tuve que sacudir la sábana: estaba llena de pelusitas grises como de perro. Al lavarme la boca, sentí adheridos entre los dientes, pedacitos de una carne extraña y dulzona.

En la calle me sobrecogí. Uno de esos tipos que venden frutas en carretas ambulantes, le dijo a otro en la Avenida:
-Tiempo de lobos. Empezó la luna llena


Esta mañana al levantarme tuve que sacudir la sábana: estaba llena de pelusitas grises como de perro. Al lavarme la boca, sentí adheridos entre los dientes, pedacitos de una carne extraña y dulzona.
En la calle me sobrecogí. Uno de esos tipos que venden frutas en carretas ambulantes, le dijo a otro en la Avenida:
-Tiempo de lobos. Empezó la luna llena

domingo, 20 de abril de 2014

El boxeador de los guantes rojos


EL BOXEADOR DE LOS GUANTES ROJOS

Aquella noche cuando subiste al ring, no escuchaste la algarabía de la gente en ring side como otras veces. Sentías que algo andaba mal. Hiciste unos amagues, con los guantes rojos, con los que siempre peleabas, y diste unos saltitos alternos para calentar el cuerpo; te quitaste la bata negra con bordes dorados, y fue cuando reparaste en la mujer de ojos azules, que en la mesa de los comentaristas de radio y televisión, también te miraba, a pesar del disimulo de estar tomando notas en una pequeña libreta.El anunciador, presentó a cada una de las esquinas, y sonó la campana para el primer round, y supiste que el rival era un fajador duro, porque intentaste sacarle el aire cuando se abalanzó como una fiera, tirándote directos a la cara, y cerrándote el paso, para quedar casi cuerpo a cuerpo. ¡Vaya¡ si resistía tus ganchos al hígado, enconchándose como un caracol en su cascarón, bajo tus brazos, cada vez que errabas directos a la cabeza; pero ya lo tenías con tus jabs a la cara, que le hacían daño, y cuando fuiste a sacar el uppercut para rematarlo junto a las cuerdas de su propia esquina, viste a la mujer de los ojos azules relampaguear su Olimpus, debajo del ring, y en un par de segundos sentiste ese golpe seco en la oreja izquierda, que te tendió en la lona, y te dejó sordo para el resto de la vida