*Foto intervenida
Cuántas veces nos asomamos a la ventana de la vida,
sin miedo a la hostilidad de las horas,
para construir los sueños,
como quien pega ladrillo a ladrillo las paredes de la casa.
crítica, pensamiento,mundo cultural, ensayo, producción narrativa y poesia, artes escénicas.
*Foto intervenida
Cuántas veces nos asomamos a la ventana de la vida,
sin miedo a la hostilidad de las horas,
para construir los sueños,
como quien pega ladrillo a ladrillo las paredes de la casa.
El viento me trajo noticias suyas
me habló de sus fiebres y dolores
de la razón que puso distancia
en nuestros besos, nuestras pieles
y no me quedó más remedio
que escribir este poema,
como un placebo que calme sus deliquios,
y los míos
a pesar de que no mueres por mi,
sino por otro.
Foto intervenida
*Imagen de internet intervenida
Miro
el espejo
y
ahí estás
como
si nunca te hubieras ido,
y
el tiempo
se
hubiera quedado detenido
en
el azogue del espejo,
para
que vivieras,
en
una primavera perenne
de
cristal,
mientras
adentro,
mi
alma se duele
y
se conduele
con
el encono de una espina
eterna,
espina
que no muere
Hay amores
que dejan el alma seca
como la
tierra el verano,
Se va por
ahí,
como una
brisa despistada
sin rumbo
ni destino
Quizás una
copa en el bar,
y una
canción de despecho,
anestesien
el dolor.
No por
siempre,
Morfina
momentánea.
Se vuelve a
errar las calles,
como un
Florentino Ariza,
husmeando
el olor de Fermina Daza
en el
fermento de las calles
de la vieja
Cartagena
Cuánto
espinan los objetos
donde se
mecen las ausencias:
el disco de
Pablo Milanés,
en "El
breve espacio en que no estás",
la taza del
café que no quiso tomar,
cuando
emprendió la huida.
Cómo duelen
las ausencias,
en este
estar sin estar.
En la tarde
la brisa
inundará la casa,
con el olor
de los jazmines que sembró
en el
patio.
Así olía su
cuerpo cuando desnudábamos la piel
en el
fragor de la tarde.
*Imagen intervenida
Estaba ahí,
fragmentada por un sol destellando
la extraña tarde de su rostro.
Una quietud de piedra,
en la ciudad puesta en un reloj sin horas,
hasta el aire se había detenido
en su breve espacio de cristal
y yo miraba después del beso pétreo
sus labios sin humedad,
tan yertos como los
frailejones de los páramos
de mi tierra
tronchados por el frío,
en esos minutos que estuvo perdida en un limbo,
y la ciudad hundida en una burbuja neumática,
de solo silencio contenido,
imperceptibles hasta los suspiros,
el mismo dolor.
Tiempo de aves entre nubes,
como en el fresco de una extraña pintura
de alas detenidas.
Después un rayo furibundo,
partió su campana de cristal,
y, ella me devolvió el beso suspendido
en una lluvia de humedades
hecha de las ternezas
de su irreprochable salvífico amor




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