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domingo, 5 de junio de 2022

Entre tangos de despecho*

 




  





Foto intervenida




Lo vimos como fue hundiéndose en un abismo de inefable dolor. En las noches, aislándose en el rincón más oscuro y solitario del bar, bebía el aguardiente más fuerte del lugar; buscaba quemar la pena de lo que él -a quien nunca se le escuchó decir una palabra sucia- llamaba perfidia.


Cuando salía de su mutismo, y compartía alguna copa, tratábamos con ese espíritu de psicólogos de cantina, de aconsejarle que la dejara, “mujeres es lo que hay”, “ella no le conviene, y si lo traicionó una vez, lo va a volver a traicionar,” y él que aún la amaba, se levantaba de su silla, dando trancos, los ojos encharcados, e hipando para rogarle a "farolito" - el guitarrista - intérprete de tangos del bar-  que le cantara:



“No me hablen de ella...

si vivo en sus besos un mundo mejor,

las cuatro paredes que encierran mis horas

son en su ternura un nido de amor.

No me hablen de ella...

porque es un pedazo de mi corazón,

la quiero y si un día precisa mi sangre,

mi sangre y mi vida por ella la doy.

No me digan nada, no manchen su nombre,

mañana es la vida, ayer se pasó.

Si errar es humano, nos dijo el poeta,

perdonar es divino y esa es mi razón.

Ella es el puñado, mi credo y mi fe.

Por ella yo errante gorrión callejero

al besar su boca la jaula busqué.

*NO ME HABLEN DE ELLA

Letra de Jorge Moreira

Música de Jorge Moreira


sábado, 9 de noviembre de 2013

Paradoja del amor






A pesar del dolor 


de las ausencias, 


de las fugas,


las traiciones 


verla de nuevo


no le causa pesar.


!Cuánto puede el amor¡





*Agradezco a María, y su blog, Más que palabras, el haber distinguido mis versos 

en el Concurso de Viernes fotográfico, para ilustrar sus fotos de fin de semana, y en 

el mejor de sus gestos, concederme tan bien facturado diploma, elaborado por el 

maestro, José-El  viejo-Aprendiz






miércoles, 18 de julio de 2012

Desesperado

Foto: DESESPERADO

Entró al bar de vidriera a la calle. Se sentó cerca para observar el movimiento en el vasto andén, donde a esa hora (entrada la noche), se abarrotaba de estudiantes y oficinistas esperando el colectivo: La vio venir, abrazada, y dándose besos tiernos, con aquel hombre de  barba entrecana y pelo largo -pintor de alto vuelo, decían sus amigos- por el cual lo había dejado. Cuando pasaron cerca a la pared de vidrio, nadie supo en qué momento, sacó la pistola y se voló los sesos, que esparcidos en la vidriera, dibujaron el abstracto del vitral de una de las más hondas tragedias de amor desesperado, que la ciudad tardaría en olvidar.


DESESPERADO

Entró al bar de vidriera a la calle. Se sentó cerca para observar el movimiento en el vasto andén, donde a esa hora (entrada la noche), se abarrotaba de estudiantes y oficinistas esperando el colectivo: La vio venir, abrazada, y dándose besos tiernos, con aquel hombre de barba entrecana y pelo largo -pintor de alto vuelo, decían sus amigos- por el cual lo había dejado. Cuando pasaron cerca a la pared de vidrio, nadie supo en qué momento, sacó la pistola y se voló los sesos, que esparcidos en la vidriera, dibujaron el abstracto del vitral de una de las más hondas tragedias de amor desesperado, que la ciudad tardaría en olvidar













martes, 5 de junio de 2012

Entre tangos de despecho (2)*



Entre tangos de despecho (2)*


La vio pasar desde la barra, al otro lado del ventanal del bar donde aún, tres años después no se podía sacar el dolor de su abandono, cuando lo dejó en la ruina, yéndose con un corredor de autos, y amigos no le quedaban ya para matar en las natas del trago su ausencia. Se acercó al ventanal y la observó tras el cristal. Ella volteó a mirar, y él se espantó de ese rostro apergaminado como una hoja seca, que no se compadecía con la mujer que lo había enloquecido, de ojos almendrados, piel templada por el sol, y el cuerpo prieto, que lo llevó al desvarío del amor. Ella Se quedó allí en la acera de bar, los pies sembrados en el piso, y él corrió hasta la víctrola, y con una cara de satisfacción retaliativa, introdujo la moneda en el traganiquel, escuchándose en el bar como nunca se había escuchado el tango aquel de:

"Nunca creí que la vería
en un "requiescat in pache"
tan cruel como el de hoy
mire, si no es pa' suicidarse
que por este cachivache
sea lo que soy...
Fiera venganza la del tiempo
que le hace ver deshecho
lo que uno amó...
y este encuentro me ha hecho tanto mal,
que si lo pienso más,
termino envenenao.
Esta noche me emborracho bien,
me mamo bien mamao!....
pa' no pensar."



*ESTA NOCHE ME EMBORRACHO
Letra de Enrique Santos Discépolo
Musica de Enrique Santos Discépolo
Compuesto en 1927

viernes, 23 de marzo de 2012

Despecho




Él la navaja más certera de las islas del Caribe, el puño más bravo de los bares de muerte de las Antillas mayores, el sueño apetecido de sábanas mojadas, de las más briosas putas creolé de las Bahamas, ahora era menos que un despojo humano de barba cana, ojos amanecidos, y un tufo de albañal por culpa de aquella mujer que le ganó el corazón en las faenas del amor, y un día lo dejó por el hombre de mar que la hacía sentir cosquillitas en el estómago, cuando  de babor  a estribor, le hacía el amor, en medio de los cabos y cuerdas de la cubierta de su barco andariego. 

jueves, 1 de enero de 2009

LAS DOCE UVAS


Al salir del bar le entró un mareo, la brisa me ha hecho daño, pensó. Había quedado de encontrarse con la mujer en el atelier que le había dejado a cuidar por estos días de fin de año, su amigo el pintor francés, Jean, de vacaciones en la Riviera, con una gringuita que había llegado al puerto, venida de Arizona, hija de petroleros, y con ganas de aventuras. Cuando ganó la avenida, se acordó que por ahí cerca, en uno de los callejones, vivía su hermano. Tuvo que devolverse al bar, porque se le habían olvidado las uvas para celebrar la partida del año. En el apartamento de mi hermano, me baño, y me compongo. Miró el reloj. Eran las once de la noche. Aún tenía una hora. Después de comerse las uvas, beber la champaña y lanzar las copas por la ventana, le pediría que se casaran. Sentía que amaba esa mujer. La quería en todas formas. Le gustaba cómo lo besaba, entornando los ojos, y la sentía tierna, cuando le decía, mi bebecito. Añoraba las tardes, en que ella llegaba al atelier, y se desnudaba lentamente, de espaldas a él, mirándose en un espejo de luna con un deleite narcisista de su piel fresca y joven. Adoraba la curva perfecta de su cintura, y sus gluteos recios. Al entrar al callejón, le pareció ver una mujer parecida a su Alondra, así la llamaba, a cambio de Juana, que le parecía pedestre. Vio como subía al edificio donde vivía su hermano. Debo estar loco, para pensar que es ella . Trató de alcanzarla, pero la mujer ya iba escaleras arriba, cuando él ganó la portería. El portero no le dio información alguna, apenas despegó los ojos del periódico, no he visto pasar a nadie. Y, el señor para dónde va? Le contestó, al segundo piso. Ahí vive mi hermano, Braulio Jerez. Rascándose la cabeza, después de quitarse la gorra, él salió hace rato. No le quedó más remedio, que salir a la calle, y encaminarse al atelier. Pero antes echó una mirada al segundo piso, y detalló que el apartamento de su hermano tenía las luces encendidas, y observó a su hermano y la mujer, es Alondra, la !puta madre¡, salír al balcón, besarse encendidamente, y pasarse de boca a boca las doce uvas celebrando la llegada del nuevo año, mientras en el puerto estallaba la bocina del carro de bomberos, y los juegos pirotécnicos reventaban el cielo despejado del muelle, en miles de figuritas multicolores.