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miércoles, 28 de octubre de 2020

ANDADURAS Y CAMINOS

 







Foto propia



Cuántas lunas erró los caminos,

y sintió golpear su corazón

con la fuerza de las patas de los caballos

sobre las piedras,

al borde del abismo.

Cuántas veces unos besos y el licor,

pusieron la vida en la orilla de la navaja afilada

de la muerte.

Tiró tantas veces los dados como un Sergio Stepansky,

en su camino por la curva del orbe,

cantando con Cabral, "y ser feliz es mi color de identidad",

Tantas veces se dolió de los niños

matando el hambre con sopas de papel,

y se alegró   con los hombres,

que en su camino  

derribaban las estatuas de héroes falsos,

cagadas por los pájaros

en pueblos polvorientos,

como un buen sarcasmo

o la mejor de las ironías.

Con una guitarra por fusil,

unos versos en la aljaba,

y una botella de ron,

va andando su libertad hasta que la consuma

el polvo de los caminos



martes, 17 de enero de 2012

Andaduras

.







 













Voy,
camino del viento
polvo que se levanta en los caminos
nube hecha brizna,
lluvia torrencial.
Adentro,
en cada tajo de piel
angustia que segrega
una baba de heridas
bajo un cielo de soles infernales
o lunas de hielo
donde el alma hiberna,
y sólo vuelve al mundo
para recobrar el dolor.
Andadura sobre suelos
de vidrios rotos,
me embriaga el acíbar
de un licor destilado en amarguras.
Viajo solo,
al descampado
al hombro una mochila de recuerdos
de tiempos cuando los sueños y utopías
no eran
el mercenario mercado del desamor de hoy.









domingo, 10 de abril de 2011

Errancia


Anduvo todos los caminos,

buscándola,

mientras la memoria

se colmaba

de un polvo amarillento,

y cuando ella

condenada a la errancia,

se cruzó con él en una de las sendas,

la felicidad fue sombra:

él siguió de largo...

se habían apagado sus recuerdos

viernes, 6 de febrero de 2009

LA CASA




Por el camino polvoriento,
voy,
mi carcaj cargado de memorias y aventuras.
Cruza en bajo vuelo,
el guañuz su sombra negra,
el sendero de mi retorno,
y en el aire detenido
el calor se hace una hoguera.
Vengo desandando las rutas de los mares,
en veleros de gavias desteñidas
por el sol,
la sal,
el yodo,
y el olvido.
He bajado en puertos,
-recuerdo de mujeres
odorosas a canela-
a donde la muerte
acechaba entre sus piernas
- lunas congeladas-
de traición y de perfidia.
He parado en el lugar
donde los niños mataban el hambre
con sopas papel,
y hoy toman de la mesa,
hogazas de pan:
han tumbado la estatua del tirano.
La casa está cerca,
el camino se abre
a sus anchuras,
olfateo sus ladrillos cocidos
como el pan candeal
en hornos de amor a la arcilla.
Su puerta de roble ennoblecido
en el riñón de la montaña,
los ventanales viendo el cielo,
y el sendero,
que es mirar al mundo.
Adentro sus cuartos y pasillos
espaciosos ,
preñados de un pasado de leyenda
-patasola y madremonte-
contado por abuelos bravos
descuajadores de peñas
y montañas.
¿A dónde la prima,
- despuntaban sus pechos-
que me dio el primer beso,
y se fue sin decirme nada?
¿A dónde el viejo aquel,
-hablaba con los árboles-
que me enseñó a guardar sus esencias,
fragancia de mis primeros amores?
A dónde la mujer,
-mariposa desnuda revoloteando
en los cuartos de los hombres
mayores-
que satisfizo en su cuerpo perfecto,
mis primeras ansiedades?
He terminado la jornada,
y ahí está la casa...
pero...
¿qué se hizo
aquella la imponente
alzada al sol,
y a la rosa de lo vientos
como un barco guerrero
que navega en tierra,
y no este triste muñón,
donde la hiedra y el abandono
manchan de negro los recuerdos