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miércoles, 15 de enero de 2025

Rumbos

 







Foto intervenida






Qué tiene su voz que de canto se ha tornado en borrasca,
hay una locura en el tiempo que cambia las estaciones,
y allí donde anidaba el beso
pájaros negros picotean el corazón de los viandantes.
Qué tienen sus ojos que ya no dejan ver el mar,
cuencas vacías con la hiedra bordando odio en la mirada;
los relojes han parado las horas,
pero la existencia camina entre abrojos al abismo,
el amor se ha congelado como un terrón de azúcar
que se hace piedra.
El silencio se ha tomado las afueras,
y adentro el alma es una orquesta desafinada
que no encuentra paz ni sosiego.
¿Habrá mañana cuando el tiempo ha perdido sus códigos,
y como un barco sin astrolabio erra los rumbos? 

lunes, 18 de julio de 2016

Boomerang


Resultado de imagen para Ella tras mi sombra



Te perseguí como una sombra
tras un te quiero,
cuando tus labios enmudecían
para el beso y la palabra.
Amor de judío errante el mío,
buscándote en antípodas
y en puertos inseguros.
Pero quién no se cansa de los fracasos del amor
y vuelve a la cordura.
Hoy los dados te han dado la espalda,
y en la baraja ya no eres la reina.
Vienes tras de mi como la sombra que fui,
y ya se me secó el alma

lunes, 9 de septiembre de 2013

Saga



Saga








Anduvo los caminos que unen y desunen las antípodas,


trepó los montes altos del mundo por las gargantas más 

profundas,


se paseó por los mares del Caribe escanciando en cada 

puerto,


el ron más bravo y añejo de las destilerías sin código de 

barras.


Cada puño suyo en Harlem, derribaba como un castillo de 

naipes


una fila de negros.

Su falcada curva en Le Havre, puso en fuga a los pavorosos 

chinos que se ganaban


la vida,

cobrando a cuchilladas el tránsito por el Canal de la Mancha.

Aún las putas de Kingston guardan en las buhardillas   

las sábanas  


de sus noches prolongadas de amor y ron.


Él que todo lo pudo en la vida en su arrojo y temeridad

ahora llora sobre una cuerda floja, 

puesta en un abismo


la traición de una mujer.

viernes, 26 de agosto de 2011

De destierros y abandonos

Había vuelto después de darle tantas vueltas a la vida. Sólo de parada en cualquier esquina de su errancia, sin ganas de arraigar en ninguna parte, con ese dolor adentro por la tierra que se deja, porque puede más el miedo a la muerte, que la querencia por los lodos que le dieron sentido a la existencia, en los surcos abiertos y sembrados de semillas, pan de mañana. Esos mismos lodos  que levantaron la casa, paredes de gruesas tapias, corredores espaciosos,  habitaciones vastas, patios abiertos al sol, la lluvia, la noche y las estrellas; albergue de amor en la penumbra, en esos! ayes¡ desmayados de cópulas tiernas y rabiosas de sus mayores; solaz de niños, jugando a las escondidas en sus inmensos cuartos, que la enfebrecida imaginación infantil, poblaba de fantasmas; asiento de los amores primerizos, de besos subrepticios, de entregas de premura, en la aprensión de ser sorprendidos, en el momento del espasmo mayor, cuando se desbordan las aguas represadas.
Ahora había vuelto, con los recuerdos intactos de la última vez, cuando los hombres embozados, entraron sin aviso en la casa, y fueron matando sin piedad, a los niños, jóvenes y viejos, y violado a la mujeres, a pesar de las súplicas. Ella, que había salido al patio de atrás de la casa, para callar a los perros, que no la dejaban dormir esa noche, cuando estalló la plomacera, saltó como una liebre al camino que daba al pueblo. Tenía quince años, y no entendía la razón de la muerte de los suyos. Después lo supo, cuando en su transhumancia se cruzó con otros desterrados: querían la tierra.
Cuando salió huyendo, en medio del huequito que le dejaba el miedo en la mente para pensar, razonó que en esa casa estaba su historia, y que al abandonarla, se quedaba sin rostro, como mirarse en un espejo y no verse. Ahora, había vuelto, y en medio de la ruina de sus paredes, los muebles abatidos por el tiempo, y los patios enmontados por la maleza, sintió que como la casa su corazón eran grietas y muñones de tapias donde crecían la lama y la hierba del abandono.

domingo, 10 de abril de 2011

Errancia


Anduvo todos los caminos,

buscándola,

mientras la memoria

se colmaba

de un polvo amarillento,

y cuando ella

condenada a la errancia,

se cruzó con él en una de las sendas,

la felicidad fue sombra:

él siguió de largo...

se habían apagado sus recuerdos