Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdos. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2026

Pretérito contra presente







Nada se queda en su tiempo,

el pasado siempre vuelve,

cuando menos se le necesita,

para molestarnos con el cuento

de que el pretérito ha sido mejor,

como si cada tiempo no tuviera

sus propias desdichas y venturas.

Y se presenta cuando más somos felices en el amor,

con la piel de aquella mujer que se escurría  

bajo el frufrú de embrujo del vestido petirrojo

cayendo en la fría baldosa del hostal o del motel más frecuentados.

A veces casi logra convencernos,

con su falacia de piel y cópulas

de repetidas secuencias de mórbida mujer,

pero nada puede

ante las sensualidades presentes

renovadas

con la razón y con la vida.


*Foto intervenida de la web

 

domingo, 13 de octubre de 2024

CLAROSCURO









Miro las cabriolas del tiempo,

andando y desandando

y se instala en el pasado,

en algún mueble que aún no

condenamos al cuarto de rebrujo;

en la ventana donde se apostaba ella,

para el furtivo beso.

En la casa vieja de cuartos espaciosos,

donde alguna vez,

nos desnudamos y urgidos de deseo,

supimos por primera vez del amor venéreo.




Foto propia. Piedecuesta, La Sinfonía

martes, 16 de agosto de 2022

ESTA NOCHE SERÁ MÍA

 







*Foto intervenida



En la noche se escucha la canción

de Gonzalo y Angelita:

"esta noche me amarás",

mientras miro sus fotos en un álbum sepia,

tejido de tiernos recuerdos

y se me quedan sus ojos prendidos como luceros

en los míos

ya que no hay luna.

Agoniza la canción,

pero no la ansiedad de mirarla

aunque sea en las fotos de un álbum viejo,

y me agarro en el vacío de la noche

de la memoria de sus labios,

me prendo de su boca

y soy su saliva,

su propia lengua agradecida.

Esta noche será mía

en este sueño sin estrellas,

aunque sólo sea una imagen

en las páginas de un álbum desteñido

por el polvo y por tiempo











sábado, 17 de abril de 2021

Naufragio

 





*Foto intervendida





La vida se nos va hecha jirones

en el tiempo,

los lugares,

los objetos.

Miro el rostro de la mujer que atendía el bar

adonde cantábamos con Moustakis,

"Con mi cara de extranjero,

de judío errante, de pastor griego

y mis cabellos al azar,", y el tiempo le ha puesto arrugas

de tragedia griega a su rostro que fuera de porcelana,

cuando el bar era una fiesta de ron y aguardiente agradecido.

Nadie le ruega ahora - como en sus tiempos de bella-

que ponga una canción en la victrola de vinilos.

Si acaso algún despistado se detiene en el bar

lo verá como un barco que se oxida

en alguna playa de olvido,

y se tomará apurado un whisky de amargura,

como temiéndole a una peste que asolara el lugar

Ay! de la Esquina del perdón

de casas altas, y balcones saledizos,

más oscura que las mismas sombras;

ya no la pueblan los fantasmas de

de la violencia partidista,

ni los amantes sin motel de coitos urgidos,

que le perdieron el miedo a sus muertos.

Cómo reconocer la vieja esquina de la muerte,

en ese vértice de hoy de locales apretados

y en el enjambre de vulgares negociantes que trafican hasta el alma!

Acaso,

en algún libro viejo de Balzac,

una flor disecada por el moho del papel,

me recuerde ese amor que nunca fue,

pues más pudo el olvido ( olvido es la sutura del alma dolorida)

Acaso en las páginas de otro libro esté,

la servilleta con dobleces de ternura,

de aquel poema que a hurtadillas le escribí

mientras consumíamos un asado en el patio de la casa,

y siempre quise darle,

donde le juraba amor siempre,

pero para qué dárselo -pensaba-

si el amor se me salía por los poros,

sobraban las palabras.

En el desván -náufraga- el esqueleto de una guitarra

espera por sus cuerdas.

Es que aún quedan hilachas de alma y la piel

por desgarrar la vida

entre cobres y entorchados 

de una vieja canción andina

 

sábado, 19 de diciembre de 2020

Susurro

 


*Foto intervenida


¡Qué! importan el tiempo y la distancia.

La vuelvo a ver después de tantos soles,

después de tantas lunas,

después de tanta agua bajo los puentes.

Tiene los mismos ojos

de profundo cielo,

y los mismos labios de fresa en su boca.

No llevaba la faldita de tableta,

ni el cuaderno de apuntes,

donde algunas veces

le enseñé a hacer ensayos

¡Qué! importan el tiempo y la distancia

si me quedé en sus ojos

como un pez de ternura.

Esta mañana

la sorpresa de su voz en el teléfono,

fue un susurro de brisa amanecida.




 

 

domingo, 10 de abril de 2011

Errancia


Anduvo todos los caminos,

buscándola,

mientras la memoria

se colmaba

de un polvo amarillento,

y cuando ella

condenada a la errancia,

se cruzó con él en una de las sendas,

la felicidad fue sombra:

él siguió de largo...

se habían apagado sus recuerdos

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tan solas de vos


Te busqué

en la hoja de mis recuerdos

y no estabas.

Tampoco

aquella servilleta

donde escribimos

el poema
de nuestras pieles ardidas,

al alimón.

Tampoco estabas allí,

en el oscuro desván,

donde apretabas

tu boca contra la mía,

cuando necesitábamos

de unos besos,

que borraran las ansiedades
del día.

No te encontré

tampoco,

bajo la sombra

de la ceiba centenaria,

donde te abrazaba,

y beso a beso

te desnudaba

con afán,

buscando adentro de tus carnes

esa marmita

de calor de tu sexo,

que me hacía sentir vivo.

He entrado al viejo bar,

y ahí tampoco estabas.

Vacía está la barra

donde te sentabas,

y esperabas

a que llegara,

haciéndome un lugar al lado tuyo,

para cantar

con la melancólica guitarra

del barman,
la canción de Serrat,

que tanto nos gustaba:

"la mujer que yo quiero

no necesita

bañarse cada noche

en agua bendita..."

!Cómo me duelen las cosas,

tan tristes,

tan solas de vos¡.

lunes, 23 de marzo de 2009

Mural




L e vino la imagen de la mujer, su cuerpo moreno desnudo, enroscado al suyo, y ese espasmo de aguas tormentosas cuando entraba en ella, y luego se apaciguaban en quietas humedades. De espaldas a la pared, con los ojos vendados y las manos maniatadas, el disparo sonó frío y metálico en la noche, directo a la cabeza del hombre, dejando en el muro blanco del estrecho callejón, el fresco de sus sesos y su sangre esparcidos, como memoria de la infame tragedia.
*Pintura del maestro Fernando Botero