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domingo, 2 de octubre de 2022

Morena de la guitarra

 





La brisa encabrita su pelo,

en bucles de notas delirantes,

morena de la guitarra.

El sol languidece a sus espaldas

morena de la guitarra

y su boca se abre en el canto

al asombro de sus dientes,

de sus ojos,

blancas y negras,

negras y blancas

de una música que encanta,

música que enciende la piel,

morena de la guitarra


*Foto intervenida




sábado, 17 de abril de 2021

Naufragio

 





*Foto intervendida





La vida se nos va hecha jirones

en el tiempo,

los lugares,

los objetos.

Miro el rostro de la mujer que atendía el bar

adonde cantábamos con Moustakis,

"Con mi cara de extranjero,

de judío errante, de pastor griego

y mis cabellos al azar,", y el tiempo le ha puesto arrugas

de tragedia griega a su rostro que fuera de porcelana,

cuando el bar era una fiesta de ron y aguardiente agradecido.

Nadie le ruega ahora - como en sus tiempos de bella-

que ponga una canción en la victrola de vinilos.

Si acaso algún despistado se detiene en el bar

lo verá como un barco que se oxida

en alguna playa de olvido,

y se tomará apurado un whisky de amargura,

como temiéndole a una peste que asolara el lugar

Ay! de la Esquina del perdón

de casas altas, y balcones saledizos,

más oscura que las mismas sombras;

ya no la pueblan los fantasmas de

de la violencia partidista,

ni los amantes sin motel de coitos urgidos,

que le perdieron el miedo a sus muertos.

Cómo reconocer la vieja esquina de la muerte,

en ese vértice de hoy de locales apretados

y en el enjambre de vulgares negociantes que trafican hasta el alma!

Acaso,

en algún libro viejo de Balzac,

una flor disecada por el moho del papel,

me recuerde ese amor que nunca fue,

pues más pudo el olvido ( olvido es la sutura del alma dolorida)

Acaso en las páginas de otro libro esté,

la servilleta con dobleces de ternura,

de aquel poema que a hurtadillas le escribí

mientras consumíamos un asado en el patio de la casa,

y siempre quise darle,

donde le juraba amor siempre,

pero para qué dárselo -pensaba-

si el amor se me salía por los poros,

sobraban las palabras.

En el desván -náufraga- el esqueleto de una guitarra

espera por sus cuerdas.

Es que aún quedan hilachas de alma y la piel

por desgarrar la vida

entre cobres y entorchados 

de una vieja canción andina

 

martes, 23 de octubre de 2018

BANDERAS















*Foto intervenida











Ay¡  la vida sin banderas¡
no de esas que apartan
y dividen,
hablo de las banderas que juntan la alegría,
las que hermanan tu voz y la mía,
esas que nos vuelven poetas del amor,
y nos llevan a cantar
en los acordes de una guitarra vieja,
la razón del beso,
del pan candeal en toda boca,
de la palabra sin freno,
para denunciar la injusticia.
Hablo de las banderas que
emancipan,
que no quieren niños
en las calles,
esas que juntan razones
para la felicidad constante.
Juntemos esas banderas,
que la muerte
no da espera

lunes, 16 de julio de 2018

Para el amor y la libertad


!Búscame¡ 
en las páginas de la vida,
allí donde la carroña no tiene cabida;
en las alturas del vuelo del cóndor,
y no en la ruta rastrera del buitre.
!Búscame¡
en las cuerdas de una guitarra,
donde una canción le canta a la libertad;
en los versos de un poema
donde el beso de una mujer me da amor;
en el amanecer de un cielo limpio,
donde encuentro paz.
!Búscame¡
en la libertad,
en la vida,
el amor,
que para la muerte
no tengo tiempo


foto propia, Piedecuesta

martes, 4 de diciembre de 2012

Memorial





Una canción nostalgia el pasado
en el trino de una guitarra, 
sentimiento de ausencia en cada acorde.
Esta noche la luna es una herida en el cielo
y  cada beso  una ansiedad febril de aferrar la vida.
Las luciérnagas siembran un camino de chispitas
en el aire quieto,
y un niño llora con desgano como si le faltara el aliento.
Vuelven los acordes de la memorial guitarra,
y la voz de Heredia:
"Para decidir si sigo poniendo
Esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche
Sol y tinieblas".
El aire aletea en las ramas de los matarratones.
Trae una lluvia menuda,
que moja de lágrimas 
esta tierra donde aún  duelen los muertos. 

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tan solas de vos


Te busqué

en la hoja de mis recuerdos

y no estabas.

Tampoco

aquella servilleta

donde escribimos

el poema
de nuestras pieles ardidas,

al alimón.

Tampoco estabas allí,

en el oscuro desván,

donde apretabas

tu boca contra la mía,

cuando necesitábamos

de unos besos,

que borraran las ansiedades
del día.

No te encontré

tampoco,

bajo la sombra

de la ceiba centenaria,

donde te abrazaba,

y beso a beso

te desnudaba

con afán,

buscando adentro de tus carnes

esa marmita

de calor de tu sexo,

que me hacía sentir vivo.

He entrado al viejo bar,

y ahí tampoco estabas.

Vacía está la barra

donde te sentabas,

y esperabas

a que llegara,

haciéndome un lugar al lado tuyo,

para cantar

con la melancólica guitarra

del barman,
la canción de Serrat,

que tanto nos gustaba:

"la mujer que yo quiero

no necesita

bañarse cada noche

en agua bendita..."

!Cómo me duelen las cosas,

tan tristes,

tan solas de vos¡.