Sé que estas calles y sus casas ya no son las mías.
Bueno, quedan algunas desdibujadas por el tiempo,
con sus patios preñados de jardines,
donde aún se riegan las flores con amor,
dejándolas espigar en su lugar.
(Qué triste se ven las rosas¡
en el cementerio de los floreros
apiñadas para un acto de vanidad .)
Cómo se han venido perdiendo
los espacios donde conversábamos la vida
esos zaguanes y solares,
donde nos sentábamos a poner ladrillo por ladrillo
la casa de un mejor mundo.
Quizás en una tarde de éstas,
alguna vieja guitarra
me traiga la melancolía de la rebeldía,
y en tus ojos de asombro vea morir
nuevamente el sol,
mientras dejas caer una lágrima.
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