Vistas de página en total

sábado, 3 de octubre de 2020

De amar y querer

 




Motelito aquel sin ángel,

donde nos sacábamos la piel cansada por

el peso del trabajo

los fines de semana.

Socavón lo llamabas porque

estaba en una callejuela

como un acordeón apresado

entre casas trogloditas,

donde no se sentía respirar la vida.

Pero te gustaba me decías,

esta aventura de los dos,

tan secreta y clandestina en este

motelito sin futuro.

Y después de las sábanas empapadas,

mientras Sabina cantaba su despecho,

 en un parlante pegado al celular

(Y no halle quien de ti
Me dijera ni media palabra
Parecía como si
Me quisiera gastar el destino
 una broma macabra)

le preguntaba si me quería,

Y ella,

¡Nunca¡

nada me decía,

¡nunca ¡

como si no me escuchara,

silenciosamente bella,

en sus silencios de tardes de motel, bella

que ya me estaba acostumbrando,

por qué no decirlo,

a su callada manera del amor negarme

y  me preguntaba,  

si algún día me dice que me ama,

será que a su amor voy a acostumbrarme,

como me he acostumbrado a sus silencios




Foto intervenida


viernes, 25 de septiembre de 2020

Surrealidad








*Foto intervenida





Bosteza el día en la curva del reloj

marca una hora imprecisa,

quizás de otra dimensión.

Me quedo mirando la gente que pasa,

con ojos febriles

caminan sobre sobre algodones de nubes,

y una sonrisa sin rostro se va con ella,

en su camino al vacío.

No sé si es mañana,

ayer,

hoy,

voy solo tanteando 

en caminos,

rutas,

senderos que sé que he caminado,

pero mis pies no los reconocen,

y a pesar de mis ojos,

como un Edipo después de la confirmación del vaticinio,

golpeo en las paredes,

ruedo

y desangro



sábado, 19 de septiembre de 2020

DE ROSTROS Y DE CARAS

 

   






*Foto intervenida


   El hombre se despertó con la horrible sensación de que su cara  no era la suya. "Me desconozco", se dijo cuando se miró en el espejo, y vio luego la mujer que estaba a su lado, observándolo con dulzura, pero tampoco la reconoció y solo pensó en ahorcarla en su desespero, como si ella fuera la causante de la pérdida de la memoria de su identidad.

 

  Sentía una angustia tenebrante, que se la achacaba a la incertidumbre de no saber quién era , y le creció la zozobra al no tener la certeza de que recobraría mañana su rostro, y no persistiría en los días venideros esa sensación martillante de amanecer con una cara ajena.Final del formulario

 

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Eran nuestros muertos*












Foto intervenida de internet




Dijeron que no eran nuestros muertos,

en este país de muertos sin nombrar,

y eran nuestros muertos,

muchachos de  barrio,

yo los vi caer

con una flor de sangre en el pecho

la esperanza rota

su protesta yerta ,

entre el tenebroso ulular de sirenas 

de los carros

policiales.

Eran muchachos de barrio

de la ciudad

yo los vi caer.

Dijeron que no eran nuestros muertos,

porque nadie dio la orden oficial de disparar,

y todos vieron las manos policías

engatilladas

restallar las balas en sus cuerpos,

antes de caer.

Eran nuestros muertos

yo los vi caer,

un nueve de septiembre negro

en una noche negra y larga

en la ciudad





*A los jóvenes que marchaban en la noche del 9 de septiembre en Bogotá, contra las masacres sistemáticas y otras indignidades del gobierno faccioso de Duque, y fueron reprimidos a bala por la policía

 


miércoles, 2 de septiembre de 2020

NADA

 











*Foto intervenida


Sé que al final vendrá la nada,
ya no importará el rostro.
será como despojarnos de la máscara de piel
con la que tantos papeles encaramos en la vida.
Cómo fingir,
esconder el odio,
el desamor
o el desdoro.
Ya no se es,
sólo se admite estar ahí,
en una nata de silencio.
La vanidades habrán perdido su oropel,
y el silencio imperará sus claves mudas,
como una sonata de calladas notas.
Quizás lo único que duela,
en la hora en que las palabras se queden sin eco,
es haber tirado los dados,
para desangrar el sueño de los otros,
matar la utopía

domingo, 23 de agosto de 2020

Bajo el almendro




*Foto intervenida



Siempre había pensado que tendría que esperarla bajo el palo de almendro que franqueaba la entrada a la casa. Ella vendría por él. En los veranos el almendro hacía sombra grata, y refrescaba en esas horas de la tarde, cuando las chicharras se reventaban de cantar, en las ramas del almendro, porque el calor era insoportable. Había sido leñatero de los barcos a vapor que hace muchos años, circulaban por el río Magdalena.

En Barranquilla, cuando Puerto Colombia, no era ese lugar moribundo de e hoy, tuvo un amor, una morena sanandresana que vino con su padre a curramba a los carnavales, y se quedó en los ojos de él, y él en los de ella. El avatar los separó. Ella se cansó de vivir con él. Se fue con el primer gringo aventurero que se apareció por Barranquilla. Le dolió. Hubiera preferido que se fuera con otro, que no fuera el gringo, porque él había sido de los fundadores de la troco, cuando se aventuraron las primeras compañías petroleras, río abajo, y nació el sindicato, que tuvo que vérselas con las compañías gringas que tenían a los obreros trabajando más de ocho horas diarias. 


Fue amigo de María Cano la líder sindical, y la acompañó en varias plazas, pero más pudo su espíritu trashumante, y se vino al interior del país, Magdalena arriba, a recalar en una casa solariega de San Gil, enclavada en la cordillera oriental, donde conoció, el gran amor de su vida, por los lados de Montebrujas , en una fiesta del Corpus. Uno de esos matachines, vestido de diablo, perseguía a las mujeres dando golpes con una vejiga de res. Ella, corrió buscando refugio y tropezó con él, que estaba parado en la puerta de una cantina, observando el barullo, y ella, “disculpe usted señor”; y él, “¡eche no tengas cuidado.” Y sintió ese vaho del perfume de ella, y las ganas de besarla, que nunca había sentido con tanto furor por mujer alguna.

Ahora estaba sentado en el taburete de vaqueta, que arrimaba al almendro, en una duermevela al calor de los recuerdos. Se hacía ya oscuro, y la brisa, le trajo el perfume de ella, y se acordó del primer beso, una noche cuando hacía luna, y ella salía de misa de seis, de la catedral. Él la acompañó por la Calle del Caracol, más arriba de la casa arzobispal, y antes de que ella entrara a su casa, se miraron y se besaron como siempre lo habían deseado.

Por lo mañana, los vecinos lo encontraron, recostado en el taburete, sin vida, con la sonrisa plácida, los ojos dulcificados, y la mirada arriba del almendro, como si alguien que conociera lo estuviera llamando· 

jueves, 13 de agosto de 2020

De rebeldías y nostalgias

 







Brassens, y La mala reputación,

me desbordan el alma.

Canto a Brassens mientras me bebo un "amarillo",

y la guitarra en un lamento de cuerdas se desgarra


(…Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no le gusta que
Uno tenga su propia fe…)* 


A pesar del tiempo, y las horas que pasan

fuerza y rebeldía en la esperanza se juntan

El mundo espera todavía la utopía

Más cuando es un ojo

que sangra en medio de la noche,

un beso que sabe a lágrima salobre

una fosa siempre abierta

que no para de recibir sus muertos

Amor, 

bebamos a la complicidad de los dos, 

y con el poema de Benedetti,

 peleemos la vida por todos sus costados, 

que "en la calle codo a codo
somos mucho más que dos"*

 

* La mala reputación. De Georges Brasssens

* Verso de Te quiero de Mario Benedetti