miércoles, 15 de abril de 2020
De silencios y besos
*Foto propia
La casa se ha cerrado
en una concha de silencios,
que enmudece el ruido de las cosas al caer,
cuando viene la noche,
después de los soles desnudos
descargando sus hervores de luz
en el patio,
donde aún la fuente respira vida
en los cientos de pájaros picoteando
el agua a libertad,
sin el espanto de los pasos
de otras veces de otros días.
Desde el zaguán,
en esta soledad de presencias,
cuando la palabra se atasca,
se hace un nudo en la garganta,
algo queda:
ver cómo espigan los geranios,
en los tiestos de barro
y la alegría de las begonias
extendida en los maceteros
por la brisa de la tarde.
En la noche desbordando las ventanas
vuelan los suspiros,
y los besos se juntan
conjurando el miedo,
la angustia
el espanto de esta soledad
sin estar solo:
es que más pueden la vida
y el beso
martes, 31 de marzo de 2020
Martha Galletas, biografía de la ciudad vieja
*Ilustración propia
Tan natural, Martha Galletas,
como los caracolíes,que dan a la orilla del río,
sombra ancha,
generosa,
grata.
Era la muchacha de la casa del árbol,
y sus colaciones Corita -excitación del paladar.
Lady Godiva de pantalones rotos,
sobre la montura de su bicicleta vieja,
negra,
como el metal de un barco sin lustre.
Quijote envejecido a destiempo
en su Rocinante de dos ruedas
paseaba su libertad,
por las calles de la ciudad vieja
encendido de vincha* su cerebro,
diciéndonos al pasar
que ella era tan libre
como un ave en el añil del cielo,
y nosotros,
tras los alambres de la jaula,
unos pobres pájaros
con las alas rotas.
¿A dónde andará ahora
que es un soplo liviano
e indeleble?
*Vincha: yerba
Etiquetas:
bicicleta,
caracolíes,
colaciones,
jaula,
libertad,
Matha galletas
martes, 24 de marzo de 2020
Aguada en sepia
Sé que no habito en la alegría de
los que celebran con champagne
el social escalamiento (arribismo dice mi filósofo);
ni en el glamour de la mujer que se baña en perfume de Lacoste o Chanel;
tampoco estoy en el alma de aquel que saborea un Varela Sarrazanz,
con el falso deleite de un somelier de caro restaurante;
ni en la de aquel que comenta Madame Buterfly a su mujer con mendaz goce, en un palco sombrío de la ópera.
Nada de eso soy, menos lector de un Cuáthemoc, Walter Rizo o Coelho, que venden libros como si fueran chorizos
Soy de los que se gozan a Fellini en un teatro de miseria,
si es que estos teatros aún se salvan de la ruina,
y bebe el vino más barato en la trastienda,
mientras rasga una guitarra que el corazón arruga
y aniquila el alma.
Soy de los que leen a García Márquez sentado en la taza del baño de la casa;
a Borges al lado de una tinaja de chicha fresca;
a Mariamercedes en el alma anochecida de un bar malogrado por el tiempo,
donde ponen boleros de Daniel santos,salsa de Blades, Lavoe y Cheo Feliciano;
a Roca en un viejo tiovivo con la cabeza repleta de cervezas.
Soy un cantor de versos desportillados,
que no olvida a Serrat, Sabina, Cabral, Silvio o Milanés en sus canciones;
soy el recuerdo y el olvido,
un actor perdido en la niebla de la escena,
un enamorado de la vida,
cantándole sus penas a la luna,
o ese hombre feliz con cara de niño
cuando las cometas hienden el viento
y son una mancha de colores en el azul del cielo.
Foto intervenida
el social escalamiento (arribismo dice mi filósofo);
ni en el glamour de la mujer que se baña en perfume de Lacoste o Chanel;
tampoco estoy en el alma de aquel que saborea un Varela Sarrazanz,
con el falso deleite de un somelier de caro restaurante;
ni en la de aquel que comenta Madame Buterfly a su mujer con mendaz goce, en un palco sombrío de la ópera.
Nada de eso soy, menos lector de un Cuáthemoc, Walter Rizo o Coelho, que venden libros como si fueran chorizos
Soy de los que se gozan a Fellini en un teatro de miseria,
si es que estos teatros aún se salvan de la ruina,
y bebe el vino más barato en la trastienda,
mientras rasga una guitarra que el corazón arruga
y aniquila el alma.
Soy de los que leen a García Márquez sentado en la taza del baño de la casa;
a Borges al lado de una tinaja de chicha fresca;
a Mariamercedes en el alma anochecida de un bar malogrado por el tiempo,
donde ponen boleros de Daniel santos,salsa de Blades, Lavoe y Cheo Feliciano;
a Roca en un viejo tiovivo con la cabeza repleta de cervezas.
Soy un cantor de versos desportillados,
que no olvida a Serrat, Sabina, Cabral, Silvio o Milanés en sus canciones;
soy el recuerdo y el olvido,
un actor perdido en la niebla de la escena,
un enamorado de la vida,
cantándole sus penas a la luna,
o ese hombre feliz con cara de niño
cuando las cometas hienden el viento
y son una mancha de colores en el azul del cielo.
Foto intervenida
miércoles, 18 de marzo de 2020
La de la falda al vuelo
Foto intervenida
Me asomo a la ventana para verla
pasar,
muchacha de la falda al vuelo,
con sus ojos de alegría mañanera.
Cada vez que pasa
me devuelve su mirada con la gracia
de una gata silvestre,
y natural,
mientras gana la calle,
y yo agradezco
con mis propias oraciones
su andar por la amplia pasarela
de mi ventana.
Pero,
me he puesto triste.
!Ya no pasa¡,
la muchacha de la falda al vuelo.
Al menos,
se quedó enredado en la brisa
que aparta las hojas de los árboles,
el perfume a limonero
de su pelo
jueves, 12 de marzo de 2020
Cántaro
*Foto intervenida
Bajo la sombra de tu pelo
hueles azahar
y en el nido de tu pecho
tus ojos custodios
son estrellas mientras duermo en ellos.
Contigo siento que soy la brisa
que se eleva ingrávida
y se vuelve lluvia luego
para mojar tu cuerpo,
y encajar en cada poro
de tu piel
la eternidad del agua.
!Corre¡ lluvia por su piel,
que soy el agua,
y tú cántaro agradecido.
Mañana,
amor,
serás durazno
y me embriagaré de su licor
en cada beso tuyo.
Muerde mi boca
que muerdo la tuya,
mi durazno en flor
Es la hora del tálamo
y la piel llama al abrigo
de los cuerpos.
Vendrá la madrugada
y en tu cuerpo desnudo
nacerán jazmines
saludando el nuevo día.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Aromas
*Foto propia intervenida
Eco de su dulce voz que se
repite en las grietas
de la ciudad vieja,
como un fino puñal que hiere de
felicidad la memoria.
No está,
es el viento que se ha quedado con su
habla de sirena
citadina,
y me fuerza a buscarla en la barra de
los bares
donde cantábamos con Sabina
“mi corazón de viaje
de un pasado bucanero
de un velero al abordaje
de un no te quiero querer.”
La ciudad vieja huele a ella,
como
una flor que hubiera abierto
su
sexo,
a
los aromas del deseo,
desparramándolos
por la piel de las piedras
y
los muros,
como
una bella maldiciónjueves, 20 de febrero de 2020
La ciudad vieja duerme
*Foto propia: Tejados y balcones de la Casa Consistorial. Piedecuesta (Colombia)
La ciudad duerme sobre los tejados,
en un mediodía de sopor.
Hay silencio denso,
como si nada existiera,
como si el tiempo se hubiera detenido
en un caldo de calor que está ahí,
vivo con los latidos de un corazón,
mientras las palomas que siempre zurean
sobre estos
tejados viejos de la ciudad,
se han rendido a un ardor que abate y
anestesia la conciencia
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