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jueves, 20 de febrero de 2020

La ciudad vieja duerme









*Foto propia: Tejados y balcones de la Casa Consistorial. Piedecuesta (Colombia)




La ciudad duerme sobre los tejados,

en un mediodía de sopor.

Hay silencio denso,

como si nada existiera,

como si el tiempo se hubiera detenido

en un caldo de calor que está ahí,

vivo con los latidos de un corazón,

mientras las palomas que siempre zurean

sobre estos  tejados viejos de la ciudad,

se han rendido a un ardor que abate y

anestesia la conciencia




viernes, 11 de noviembre de 2011

Ironía





Supo que era una estatua
de héroe olvidado,
cuando las palomas empezaron a cagar
su cincelada cabeza de bronce.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Huevos de ansiedad




He sentido


que la luna ya no era


mi hermana.


Que el sol se había


hecho noche,


que las palomas


volaban en un cielo


sin estrellas,


que las bocas


de los revólveres


vomitaban sus


balas de muerte,


y los niños,


jóvenes,


y viejos


rodaban de nuevo


a las fosas ya olvidadas.


!Qué terrible¡


la noche


sin candil,


y el viento frío


azotando las puertas


y ventanas de esta casa


poblada de ausencias


y en su ulular


un canto de hiena,


aria yerta,


que muerde adentro


como áspid inclemente.


Esta noche no hay


un


beso,


una


caricia dulce


que abrevie mi dolor,


espina en un costado,


que enerva con


ponzoña ,


el resto de este cuerpo,


hecho de nervaduras


simples y sensibles.


A la noche me asomo,


por una ventana de niebla


y no sé quién soy:


He perdido mi brújula


y astrolabio,


erro


por regiones sin contornos,


ilímites,


como esta angustia que pone


en mi alma,


huevos de ansiedad.