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martes, 9 de junio de 2020

La noche huele a tus cabellos






*Foto propia

Se ha callado la música,
"¡ay! amor mío que terriblemente es estar vivo
Sin tu latido, sin tu latido”
y llueve en la ciudad vieja,
en un chancleteo de gotas de agua sobre el tejado,
como si fueran la tristeza misma
¡Ay! estas noches que callan su boca
abriéndose sus calles al silencio,   
silencio que muerde el alma,
en un abanico de soledad
como si la vida no respirara
adentro de las casas viejas  
Y este costado de mi cuerpo
que se duele,
herida del alma
a la espera después de la lluvia,
de la brisa salvífica
que trae el olor a limonero de tus cabellos

miércoles, 15 de abril de 2020

De silencios y besos










*Foto propia



La casa se ha cerrado 
en una concha de silencios,
que enmudece el ruido de las cosas al caer,
cuando viene la noche,
después de los soles desnudos
descargando sus hervores de luz
en el patio,
donde aún la fuente respira vida
en los cientos de pájaros  picoteando 
el agua a libertad,
sin el espanto de los pasos
de otras veces de otros días.
Desde el zaguán, 
en esta soledad de presencias,
cuando la palabra se atasca, 
se hace un nudo en la garganta,
algo queda:
ver cómo espigan los geranios,
en los tiestos de barro
y la alegría de las begonias 
extendida en los maceteros 
por la brisa de la tarde. 
En la noche desbordando las ventanas
vuelan los suspiros,
y los besos se juntan
conjurando el miedo,
la angustia 
el espanto de esta soledad
sin estar solo:
es que más pueden la vida 
y el beso


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Las palabras





Foto propia


Hacía tiempo  nos habíamos quedados solos, en un apartamento del tercer piso. Los hijos, cada uno había cogido su rumbo y su camino, y apenas masticábamos las palabras para un buenos días frío, antes del café, y de irnos al  trabajo. 

En la noche, sentados a la mesa como dos extraños, nos quedábamos a la espera del muchacho de las comidas rápidas. Regularmente, nos traía un sándwich de queso y jamón, o unas costillitas de cerdo, luego mirábamos la televisión, o yo le echaba una mirada al facebook, mientras ella se desahogaba, dejando salir su angustia siempreviva en esa expresión tan suya, nos quedamos íngrimos, y  la oía sollozar.  Luego nos íbamos a dormir como dos desconocidos.


En la mañana, antes de meterme a la ducha, era cuándo más sentía ese miedo grande,  miedo de la frialdad que nos había matado las palabras, y nos había apartado como dos extraños, en este apartamento de cuartos solos, donde dolía el recuerdo de los hijos.


Una noche, Hortencia (así se llamaba mi mujer), ya me estaba esperando; había preparado la comida,  una delicia de chuletas de cerdo. No voy a negarlo, que me sorprendió. Y  más , cuando entre bocado y bocado se puso nostálgica del pueblo y la noche, te acuerdas, cuando me visitabas de novios, y nos sentábamos en el pretil de la casa a hablar de las cosas de la vida, y de la muerte, como si cada palabra que dijéramos de ella, nos blindara del horror de su presencia, y nos hiciera eternos. Y me besabas y me abrazabas con tanta intensidad que me estrujabas hasta el alma, y yo me quedaba mirando la noche, sus estrellas y su luna, con tanto encanto, que pensaba que habían  sido hechas, solamente para mi felicidad. Había quedado como en un trance, y un nudo que se me hacía en la garganta, pero atiné a decirle, vamos a recuperar esas noches, amor, y sentí sus besos hechos  lágrimas. 



domingo, 29 de julio de 2012

"Tusa" y despecho


Después de unos aguardientes en la soledad de su cuarto de un tercer piso, le vino el recuerdo de ella, y sacó el saxofón del viejo estuche de madera. Las notas fueron desalojando morosas el riguroso silencio del cuarto, y al otra día lo encontraron, ahogado en un charco de corcheas y semicorcheas de nostalgia.