Vistas de página en total

domingo, 31 de mayo de 2020

De amores imposibles







Creo que Heredia cantaba, en la pantalla grande del bar," Ay fogata de amor y luna, razón de mi vida", y sentados en la barra, nos habíamos puestos nostálgicos, trayendo a cuento viejos amores, cuando Alfonso, se quedó mirándome y me dijo, que me iba a parecer ridículo, lo que me iba a contar:
-Estoy enamorado de una violonchelista alemana
-Pero, si no te gusta la música de cámara- le respondí, y él pareció no escucharme
-La vi tocando por pura casualidad, su violonchelo en Film & Arts, y me enamoré perdidamente de ella. Es una muñeca, mi Anette Eisenhauer. Si le vieras la piel. Blanca como el algodón
-Las cámaras mienten. ¡Qué sé yo¡ En televisión se usan muchos trucos para mejorar el aspecto de las personas.
Sin embargo, Alfonso, había puesto una barrera a mis comentarios, y tuve que esperar a que él mismo saliera de su delirio, hasta que me preguntó, que si yo no había tenido amores imposibles. Le dije que no. Realmente, le mentí. Sí había vivido la experiencia algo similar, pero no como su amor limpio por la violonchelista teutona. Había sido un amor erógeno, por una diva del cine: Marilyn Monroe, la que le cantó en la Casa Blanca, al presidente Kennedy, con voz sensual, “Happy birthday to you / Happy birthday to you / Happy birthday Mr President / Happy birthday to you /  Thanks, Mr President"; aquella que en su película, Níágara, entrado ya en la pubertad, me templó por primera vez, la bragueta de los calzoncillos, en el teatro Mogador; la misma que me llevó a entronizarla, encima de la cabecera de mi cama, en el póster clásico donde el aire le sube la falda, tentadoramente, y ella trata con una  lasciva ingenuidad, de bajarla con sus manos.
Sí. La misma que un día le dio la ventolera de casarse con el dramaturgo Arthur Miller, el de La muerte de un viajante, y me entraron unos celos podridos, que no tuve más remedio que bajar su póster, de encima de la cabecera de la cabecera de la cama, y abandonarlo en un viejo baúl, en el cuarto de los trebejos. Pero puede suceder, que después de tantos años abra de nuevo el baúl para mirar el póster de la Monroe, y ya no me mate el deseo sino la nostalgia

*Foto intervenida

martes, 19 de mayo de 2020

Mascarada







Cuántas veces nos asalta ese vacío
de ingravidez, extraña levedad
donde vamos tanteando las paredes 

como sombras ciegas,
y los muros se esfuman a nuestros pasos,
los senderos se hacen humo,
y hasta tus muslos de pentélico deseo
son solo bruma.
El tiempo se ha estacionado como un invierno largo
en la lluvia monocorde que golpea los tejados.
Nada es cierto
en esta estación de mariposas de alas transparentes,
ni tu beso que muerde mi lengua,
ni mi palabra de poeta que atormenta con  ripiosos versos.
Nada vive
sólo este silencio sin amaneceres



*Foto intervenida



domingo, 10 de mayo de 2020

Marea baja





*Foto intervenida


La brisa golpea la ventana,
quiere entrar en el ritual
de los cuerpos sudados,
y las sábanas mojadas.
Es solo un recuerdo rencoroso
que ciñe las sienes,
tortura de golpe de atabal,
que se repite
repetido eco
que no cesa,
que no calla.
Ella ya no estaba,
hacía mucho tiempo
que no estaba,
era solo una imagen
en el mejor de los momentos,
sus labios húmedos,
abiertos como una corola de deseo,
al beso febril.
Y vientre abajo,
una pradera de pelusitas de trigo,
donde mis manos afanaban la caricia
sin desmayo,
sin abandono.
Y luego,
el vértigo de un barco ebrio,
mi barco de asalto
en la alta marea
de su istmo,
precipitando sus espumosas olas
sus olas moribundas
en la arena de su playa.
Era sólo una imagen,
alegoría del amor, en los buenos tiempos
diluyéndose en una foto vieja,
en un álbum roto,
en un álbum ya
sin alma…







jueves, 30 de abril de 2020

besos de incienso






*Foto intervenida

Desde mi atalaya 
apenas se viene la noche,
observo La calle del farol,
y la iglesia alzada en piedra roja,
como un asombro de la noche,
con su hamaca de estrellas
agarrada de las puntas 
de sus cónicas torres,
mientras 
pegados a la sombra de sus paredes 
se arrullan  los amantes,
burlando la cuarentena.
Las campanas están calladas,
-mordaza de bronces- de estos tiempos
donde más puede el silencio.
Pero me viene a la memoria
el tañido bronco del metal 
de otros tiempos
llamando a misa de seis.
Aún tengo en los labios,
esos besos con sabor a sahumerio,
cuando buscábamos los confesionarios,
y ella me ofrecía su boca púber
cántaro de húmeda saliva,
en el fragor del sahumerio,
inundando con su humo
las naves de la iglesia,
y el sacristán nos descubría
en un siempre largo beso, 

beso largo,
que no lo sentíamos como pecado,
y él nunca  nos decía nada,
como un cómplice 
que quizás también tuvo un amor
entre  el humo y el incienso

martes, 21 de abril de 2020

Cuentos de pandemia: bolero para una saga de amor

 · 



*Foto de internet intervenida


"Para que me sirve el alma /si la tengo ya amargada /si su vida idolatrada,/ por traiciones la deje...", el viejo bolero de Los Panchos suena como un eco interminable en el minicomponente. Y un frío helado, que entra por la ventana abierta y sin cortinas, se queda en el adusto piso, como una escarapela incómoda, pero al hombre, sentado en la mitad del cuarto en una silla roñosa, y con un revólver empretinado, parece no molestarle. Bebe como náufrago, a pico de botella, un aguardiente aniquilante, lo llaman "mataburros". Cuando el minicomponente, deja escuchar "para que sirve ser bueno,/ si se ríen en tu cara, /que me lleve la corriente, /que me lleve la corriente, /atrás no regresaré", el hombre como un resorte, se saca el revólver de la pretina, y aprieta el cañón contra su sien. La mancha roja en el piso, nunca la pudieron borrar.



miércoles, 15 de abril de 2020

De silencios y besos










*Foto propia



La casa se ha cerrado 
en una concha de silencios,
que enmudece el ruido de las cosas al caer,
cuando viene la noche,
después de los soles desnudos
descargando sus hervores de luz
en el patio,
donde aún la fuente respira vida
en los cientos de pájaros  picoteando 
el agua a libertad,
sin el espanto de los pasos
de otras veces de otros días.
Desde el zaguán, 
en esta soledad de presencias,
cuando la palabra se atasca, 
se hace un nudo en la garganta,
algo queda:
ver cómo espigan los geranios,
en los tiestos de barro
y la alegría de las begonias 
extendida en los maceteros 
por la brisa de la tarde. 
En la noche desbordando las ventanas
vuelan los suspiros,
y los besos se juntan
conjurando el miedo,
la angustia 
el espanto de esta soledad
sin estar solo:
es que más pueden la vida 
y el beso


martes, 31 de marzo de 2020

Martha Galletas, biografía de la ciudad vieja








*Ilustración propia



Tan natural, Martha Galletas
como los caracolíes,
que dan a la orilla del río, 
sombra ancha, 
generosa,
grata.
Era la muchacha de la casa del árbol,
y sus colaciones Corita -excitación del paladar.
Lady Godiva de pantalones rotos,
sobre la montura de su bicicleta vieja,
negra, 
como el metal de un barco sin lustre.
Quijote envejecido a destiempo
en su Rocinante de  dos ruedas
paseaba su libertad,
por las calles de la ciudad vieja
encendido de vincha* su cerebro, 
diciéndonos al pasar  
que ella era tan libre
como un ave en el añil del cielo,
y nosotros,
tras los alambres de la jaula,
unos pobres pájaros
con las alas rotas.
¿A dónde andará ahora 
que es un soplo liviano
e indeleble?

*Vincha: yerba