LA MUJER DE LOS OJOS DESVAÍDOS
crítica, pensamiento,mundo cultural, ensayo, producción narrativa y poesia, artes escénicas.
LA MUJER DE LOS OJOS DESVAÍDOS
Alcanzó a correr unas cuantas cuadras, con el balazo de la carabina en la cadera. Trató de refugiarse en el antejardín de una vieja casona, que aún se mantenía en pie, entre los rosales. Sintió la sangre que le escurría por la pierna, y el pantalón empapado. Le molestaba el olor a sangre. La primera vez que recibió ese olor hostil, cuando en una de las operaciones , uno de sus compinches se desangró por un tiro en la femoral, casi se vomita
Ahora era él, el que sangraba, y repugnaba el olor de su propia sangre fluyendo como una llave rota, viscosa y detestable. Fue entrando en una especie de sopor y cayó de espaldas en el césped. Cuando sintió el frío de la carabina en la frente, ya tenía la mirada borrosa, pero creyó adivinar en el hombre de la carabina, un gesto de satisfacción,antes de que apretara de nuevo el gatillo.
Se ha quedado enredada entre los naranjos
tu voz
dolida de los muertos cercanos tan tuyos:
hermanos, tios, amigos
que un día supiste que ya no estaban y no volverían;
pero la misma tierra los devolvió de sus fosas perdidas,
y ahora todo es un duelo continuo,
como si la felicidad fuera una palabra extraviada
del diccionario de la vida
Es de mañana y preparas el
café,
que esparce su aroma por los
rincones
de la casa.
Al rato barres en el patio
las hojas
de almendros y pomarrosas caídas
y una brisa del momento
las levanta del suelo,
como si fueran Remedios la
bella
ascendiendo al cielo.
Y salgo al patio a ver el sol
del nuevo día,
busco tu boca y sé que en
cada beso
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