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martes, 4 de diciembre de 2012

Memorial





Una canción nostalgia el pasado
en el trino de una guitarra, 
sentimiento de ausencia en cada acorde.
Esta noche la luna es una herida en el cielo
y  cada beso  una ansiedad febril de aferrar la vida.
Las luciérnagas siembran un camino de chispitas
en el aire quieto,
y un niño llora con desgano como si le faltara el aliento.
Vuelven los acordes de la memorial guitarra,
y la voz de Heredia:
"Para decidir si sigo poniendo
Esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche
Sol y tinieblas".
El aire aletea en las ramas de los matarratones.
Trae una lluvia menuda,
que moja de lágrimas 
esta tierra donde aún  duelen los muertos. 

sábado, 24 de noviembre de 2012

Gaza


Gaza

Volví la mirada
y la ciudad ya no estaba.
Sobre las ruinas y sus muertos
el llanto de los sobrevivivientes

viernes, 16 de noviembre de 2012

Decisión











Ella pensó que la iba a matar. Pero tenía que decírselo. Y no le tembló la voz, cuando se lo dijo, apenas terminó él de echarse a la boca, el último pedazo de lomito de res, de aquel almuerzo que nunca olvidaría.
- Me voy de puta. Ya no aguanto más. El amor de nosotros es un cadáver en la cama.






echarse 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Silencios


En esta hora
hay un silencio de piedra
el mundo ha enmudecido
el cielo es un borrón
y se ha quedado sin luna
sin estrellas.

Es medianoche,
nada se mueve
solo mi alma
en esta quietud de piedra
.

lunes, 29 de octubre de 2012

Versos insepultos










Voy llenando la palabra de versos

o de versos la palabra,

como un Polinices 

a merced de los cuervos y los perros.

domingo, 21 de octubre de 2012

Noticia de tabloide

    





 Pensó que la vida se le acababa, cuando ella le dijo, hasta aquí llegamos, y se dio media vuelta, sin darle una explicación, y él se quedó sembrado en el piso del zaguán de aquella casa, donde juntos se juraron amarse siempre, y pasar las verdes y las maduras, en esa idea de resistir hasta la muerte los temporales de la vida, y compartir como buenos camaradas la felicidad de los buenos momentos. No puedo olvidarla, se repetía sordamente en el sopor de los tragos del bar a donde sus amigos lo llevaban cada fin de semana, para que despeñara tanto dolor en el abismo del alcohol, pero él persistía en la obsesión de la mujer. Por lo que los amigos decidieron cambiar de estrategia, para sacarle del pensamiento la tortura de esa mujer enjaulada en su mente como un mal recuerdo. 
     
    Lo habían encontrado varios sábados, sentado en la taza del baño del bar, en medio de un lodazal de mierda y vómitos, apuntándose  a la cabeza, con una nueve milímetros, comprada a negociantes jamaiquinos en el  Callejón del Estraperlo. Tenían que sacarle de la cabeza a la mujer, porque de tanto pensar en ella, el hombre terminaría reventándose los sesos. Rosario, lo pensaron, era la solución, una puta codiciada por los niños ricos de la ciudad, buen polvo*, y diestra en las artes amatorias como  ninguna. Pagaron una fortuna por Rosario, pero la amistad es la amistad, y eso no tenía precio. 

    Lo emborracharon, y lo llevaron al apartamento de Rosario, déjenmelo a mi, que yo le quito la cagantina que tiene por esa mujer, les dijo, y se metió en el apartamento con el obsedido. Solo lo supieron hasta el lunes, cuando leyeron la noticia aparecida en  la primera página del tabloide El Pasquín. El hombre le pegó un tiro en la frente a Rosario, y se descerrajó luego una bala en la sién. En un papel dejado al descuido en la mesita de la lámpara de noche, había escrito con letra grande y despatarrada: "no hay polvo que me haga olvidarla"

*Polvo: relación sexual

viernes, 12 de octubre de 2012

Agoreras



Foto: La noche respirando en el aire fatigado 
de las ramas;
en el canto agorero de la lechuza;
en el rayo 
incendiando em sus brasas los campos;
en el miedo
que junta todos los miedos;
en la angustia
pezuña que rompe  la piel desde adentro;
en la luna, 
sol de medianoche
bajo las patas de los caballos
de la muerte.




La noche respirando en el aire fatigado 
de las ramas;
en el canto agorero de las lechuzas;
en el rayo
incendiando en sus brasas los campos;
en el miedo

que junta todos los miedos;
en la angustia
pezuña que rompe la piel desde adentro;
en la luna,
sol de medianoche
bajo las patas de los caballos
de la muerte.