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lunes, 3 de enero de 2022

LA PIEL DE ENERO







Foto propia: playa de Coveñas, caribe colombiano



LA PIEL DE ENERO

Cada año,

ella vuelve con los soles incendiarios

de enero,

y el deseo que la siente en cada uno de los rincones

de la ciudad.

No han perdido sus ojos

la mirada de fresca madrugada,

y sus besos aún muerden alma y corazón.

Su piel  -yesca silvestre -

devuelve  antiguos momentos de encendidos holocaustos  

en el altar de la crucifixión

como diría el poeta Vallejo.

Muslos recios,

piel lisita

brinca como un atabal percutido

 el fragor  la piel que se junta

y salta la chispa lúbrica

entre los rayos y centellas de su cuerpo

en la tormenta

El tiempo pasa,

pero ahí adentro la llama crepita en

sus curvas litorales.

Cuán difícil que se apague,

si la piel también tiene memoria

de los eneros

de los cuerpos hechos zarza ardida



lunes, 20 de diciembre de 2021

MEMORIA DE LA CASA AZUL

 


 








A la vuelta del camino todavía está la casa.
Encallado su casco de azul desvaído, 
entre los árboles.
Tras sus paredes sólo duermen 
los perros del abandono 
un sueño de ángeles.

Alguna lagartija desorientada se aventura

en  sus paredes agrietadas

a la caza de un torbellino de moscas

y cucarrones

que se dan a la desbandada

cuando sienten su presencia.
En el solar que daba al barranco 
sobrevive el guayabo.
Por entre sus ramas corre una brisa juguetona, 
la misma que te alzaba las faldas

y te levantaba  el pelo, 
cuando  de niña te subías

a coger guayabas verdes, 
y a querer volar como los pájaros


Foto propia.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Ausencia





*Foto de la web



La tarde huele a ti,

a naranjo en flor,

en la brisa que levanta alas

en las hojas de las ceibas

y los caracolíes.

Más tarde lloverá,

y la lluvia caerá sobre los tejados,

inundando los patios

de la casa

como si llorara tu ausencia




miércoles, 1 de diciembre de 2021

Andaduras

 







Con cuántas lunas erró los caminos,

y sintió golpear su corazón

con la fuerza de las patas de los caballos,

al borde del abismo

Cuántas veces unos besos y el licor,

pusieron la vida en la orilla de la navaja afilada

de la muerte.

Tiró tantas veces los dados como un Sergio Stepansky*,

en su camino por la curva del orbe,

cantando con Cabral, "y ser feliz es mi color de identidad",

Tantas veces se dolió de los niños

matando el hambre con sopas de papel,

y alegrándose con los hombres,

que derribaban  las estatuas de los falsos héroes,

cagadas por los pájaros

en pueblos polvorientos.

Con una guitarra por fusil,

unos versos en la aljaba, 

y una botella de ron,

va andando su libertad hasta que la consuma

el polvo de los caminos


*Personaje liminar de la poesía del poeta colombiano, León de Greiff

°Fotografía intervenida



lunes, 22 de noviembre de 2021

EL PAPA QUE ME GUSTABA

 






*Foto propia intervenida


De niño lo veía enfundarse los domingos en sus zapatos de cuero, brillantes como una charola, sus pantalones de tirantes que le realzaban la línea de los pliegues, la camisa blanca almidonada, la corbata de cuadritos, y el saco que le planchaban con amor, las manos esmeradas de mi mamá.

Adoraba los domingos, porque mi papá, en ese pueblo de piedra donde vivíamos, no nos asustaba como todos los papás del pueblo con el cuento de que a los niños callejeros, se los robaban los fantasmas de los indios guanes o el "calingas", un viejito baldado, que cargaba en un costal viejo, todo el mugre del pueblo para su casa, y nos llevaba donde Crisanta la vecina (tenía una tienda esquinera) a beber el masato más sabroso del mundo. Luego cogía calle abajo, por lo lados de la casa cural y la catedral - cercanas a donde vivíamos- en busca del único billar del pueblo, en la plaza principal.

Ese era el papá que me gustaba, y bueno,  siempre me gustó. No el de la cara adusta, severa de secretario de alcaldía que se ponía cuando entraba a la oficina, por los pueblo donde anduvo ganándose el pan, leyendo montones de papeles de demandas, memoriales, sumarios e infolios. Aunque ahora comprendo, que en un despacho público, donde tenían que dirimir algunos problemas civiles, penales y administrativos, que en esos tiempos, no trataban los jueces, y la ley los dejaba en manos de los alcaldes, para que los resolvieran, estos por ignorancia supina, se los chutaran a sus secretarios; y no era extraño que me dijera una señora, alguna vez, en una serenata, ya subida de tragos, "su papá en la oficina era un revólver, pero por fuera relindo. ¡Cómo cantaba¡.

Yo me quedo (y mis hermanas también) con el papá, que se quitaba las arrugas de autoridad, desfruncía el ceño, descolgaba el tiple, y calentando la voz con la gravedad de un Facundo Cabral, se conjuntaba con Expedito Santos y su guitarra, para cantar a dúo, ese bambuco telúrico de José A. Morales, "El delantal de la china,!" o el bolero inmortal, que puso en boga, el Trío Los Panchos: "Cosas como tú."

!Viejo¡ ahora sé de dónde me vienen esas ganas de cantar recio y de siempre, o las euforias cantarinas de mis hermanas cuando las coge el trago y la nostalgia



lunes, 15 de noviembre de 2021

MÁSCARA










*Foto intervenida


Se puso el antifaz,

y supo que ya tenía máscara:

la de los fingimientos diarios porque la verdad duele,

la de las poses tanteadas al caminar para ganar adeptos

la del amor actuado para que digan que cortés

y buen amante es.

Se va por la vida con el camuflaje de las palabras,

lengua de culebra mapaná que engaña,

Alguien grita desde otra orilla de la vida

que ama la verdad,

su verdad con gesto de comedia,

o de trágica mascarada

donde se anuncia la vida,

y la muerte decapita las cabezas del convite

Cómo creer en el otro,

si el otro dejó de ser diferente

y hoy cercena las palabras

en los libros;

amordaza las cuerdas de una guitarra

que canta  libertad,

y le pone en las manos fusiles a los niños

para que ametrallen desde su inocencia

la vida,

como si ya no tuviera suficientes

muertes la vida



lunes, 8 de noviembre de 2021

La piel de la ciudad

 






Foto propia intervenida


Husmear en las grietas de la ciudad

si envejece la piel.

Ver como cae el zócalo del viejo teatro

a donde los novios buscaban los palcos

para reencontrarse en sus bocas ansiosas,

en sus manos apretadas de deseo

cuando se apagaban las luces.

Mirar cómo la ciudad ha perdido su rostro,

en el derrumbe de las viejas casas,

aquellas que hablaban del amor a la madera

en las puertas

taraceadas por viejos artesanos.

La ciudad se fue quedando sin indicios

de su historia,

aquellos monumentos que hablaban de ella,

los deshabita el recuerdo.

La ciudad de ahora no habla, híbrida de modas,

de arquitectura moderna vacía, monólogo de edificaciones,

calles donde nadie se entiende, cada uno es un mundo,

y si hay lenguaje el del arma afilada,

(“bájese del"billo, hermano")

o el "fierro” que escupe la muerte,

("de algo hay que vivir, parce, así sea

matando")

Tampoco  nada queda del sendero aquel

camino del salto de agua que, caía hecha espuma,

sobre nuestros cuerpos desnudos

liberando el deseo

de las ataduras del pecado.

Hasta el pecado dejó de ser pecado