Alguna vez soñé
te soñé
como una ceiba frondosa
de amor
y sombra.
Y lo que más me gustaba
era escuchar el canto de los pájaros
despertando en las ramas de tu pelo,
la madrugada
*FOTO PROPIA INTERVENIDA
crítica, pensamiento,mundo cultural, ensayo, producción narrativa y poesia, artes escénicas.
Alguna vez soñé
te soñé
como una ceiba frondosa
de amor
y sombra.
Y lo que más me gustaba
era escuchar el canto de los pájaros
despertando en las ramas de tu pelo,
la madrugada
*FOTO PROPIA INTERVENIDA
No acababa de entrar el hombre del terno al bar, y
sentarse en la barra, cuando la mujer se sentó a su lado. Era una morena alta,
de pelo ensortijado, de ojos verdes que contrastaban con su piel. Él pidió un
ron en vaso grande, sin reparar en la mujer. Cuando terminó de bebérselo de un
solo golpe, fue que vio a la mujer y se quitó los lentes, "tiene mis
ojos", pensó ella, "tiene mis ojos" pensó él, y le brindó con la
galantería que lo caracterizaba, un ron. Ella, no lo rechazó, y no podía dar
crédito mientras se lo tomaba a sorbos, que ese hombre tan amable, fuera aquel
que su madre (a la que le gustaban las parrandas) conoció en una de las
casetas, bailaderos de salsa, cuando trajeron una noche a la Fania All Star,
cantando Héctor Lavoe, la canción aquella de "ella va triste y vacía/ llorando una
traición con amargura /por aquel que le decía/ que era su amor y su
locura" , canción premonitoria de la que sería en adelante su desgracia:
se enamoraría locamente de ese hombre al que en sus noches de borrachera y
despecho, llamaba "mi gatico ojos
de mar, por qué me dejaste como un barco a la deriva" y se echaba a llorar
como una Magdalena inconsolable, y le contaba, "hija, aún no habías
nacido, estaba embarazada de él, venías en camino, y ya se había bebido y gastado
en las mujeres más bellas de Alto Prado de Barranquilla- putas al fin-, la
mitad de mi fortuna. Y cuando te tuve, ni siquiera se dignó visitarme en la
clínica. Prefirió jugarse los restos de las tarjetas de crédito que no alcancé
a cancelarlas, en los putiaderos de la Zona Murillo, y así como llegó a
mi vida, anónimo y sin patria, se largó, dejándome con esta pena de quererlo
que no se acaba."
Recordaba la mujer, y era lo que más le dolía, que
su madre había tratado de suicidarse con barbitúricos que, un médico amigo le
proporcionaba para paliar la pena por el abandono, en que la había dejado su gatito
ojos de mar. Entonces le entró el encono de nuevo por ese hombre que tenía
al frente, y que debía ser su padre. Así, que le soltó la pregunta,
-¿Vivió con María Fernanda Troncoso, hace como 18
años, en Barranquilla ?- Al hombre del terno blanco le cambió el color de los
ojos, y ella, lo vio viejo, disminuido, cuando le confirmó en un susurro, que
sí era el que había vivido con su madre. Entonces, apretó la pistola que
llevaba en la pretina de su bluyín. Pero el hombre era un despojo. Sembrado ahí
en la silla de la barra, como si el recuerdo lo hubiera envejecido más, y
puesto en un desamparo, del cual intuía que ya no le quedaba sino la muerte; y
ella sintió un estremecimiento interior fuerte al ver la figura del hombre,
transformada en un guiñapo. Y no tuvo más remedio que levantarse y caminar
hacia la puerta, mientras él le preguntaba:
- ¿Y quién es usted ? -
-Su hija ¡enfatizó¡ He recorrido el mundo entero,
buscándolo para matarlo y ahora, no puedo
*Foto intervenida
Quizás lloraste lunas de sangre,
y eso que eran tiempos donde los
sentimientos
apenas se formaban en el alma;
pero ya estaba el dolor
presagiando la muerte,
y sentías que el pecho se te
oprimía,
y pensabas si
el ave,
el cervatillo,
el puma,
el junco,
el río
también sentían eso que adentro no
sabías
explicar.
Hoy sabes que la muerte existe,
ese hueco donde no se está,
donde no hay beso,
ni la piel se acalora en la
caricia.
Sabes que el puma se duele
en un rugido agudo,
cuando observa a los hombres
arrasando sus praderas;
y que las plantas lloran
lágrimas de goma,
cuando las apuñalan,
y descuajan sus montes;
y que los ríos envenenados,
exhalan su dolor anegando las
tierras
más allá de sus orillas.
Quizás también sepas que debas
detener
la barbarie,
cuando ves que nada le importa la
vida
al capital lúbrico
Crecen mariposas de colores en su pelo.
Vendrán tiempos serenos.
El sol reventará semillas
en las praderas,
y en las noches el verano
sembrará de estrellas
sus ojos.
Quizás un zumbido de abejas,
hable de la miel de sus labios.
Hará calor,
y desde la ventana
veré cómo se lava en el patio
las mariposas de colores
de su pelo,
cuando llegue la tarde.
*Foto intervenida
Sé que el
beso se ha difuminado
en miles
de muecas;
y el amor
en una mascarada donde se baila
y se bebe
con un gesto neutral de sentimientos.
Es la hora del flameo de la bandera negra,
en el
palo mayor de un galeón que viaja
silenciado
de recuerdos.
No hay
luna,
ni soles,
tiempo de
insomnes
que
anhelan el sueño,
pero
tampoco saben para qué dormir,
ni por qué la razón de este desvelo
sin tiempo,
ni espacio.
Quizás en
las grietas de los monumentos,
donde se
juntan la hierba y las hormigas,
aún haya
un pedazo de memoria
de cuando
el amor era hermano de la vida,
y los
caballos galopaban las praderas,
libres...enteramente libres.
Puede que
no todo sea olvido
en este
vaho de hoy anublando la memoria.
Foto intervenida de internet
Hoy me han nacido plumas
y voy errando bajo un cielo
sin nubes sin norte;
no importa a dónde ir,
sólo planear sostenido por el aire...
mañana quizás me salgan escamas,
y sea pez,
en aguas abisales,
gratificado de estar ahí,
en lo más profundo
como en una placenta
de agua salada.
Después no sé qué seré,
acaso un frondoso samán
que anide pájaros en sus ramas,
y arraigue en suelo fértil...
ya me salen raicillas,
y siento la humedad de la tierra,
voy buscando entre su carne,
sales y agualodos...
Ojalá llueva pronto,
a cántaros
para refrescar esta sed vegetal.
Cuando pasaron junto al bar, la mujer
se estremeció. Víctor Heredia cantaba, "Para recalcar que estoy vivo/En
medio de tantos muertos". Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa
canción. Era la canción de él. Dos lágrimas largas rodaron por sus mejillas. Se
quedó mirando al niño, lo alzó y lo besó con una gran ternura. Luego, se perdió
calle abajo, cuando Heredia ya cerraba la canción: "Ay! fogata de amor
y guía, / Razón de vivir mi vida"
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