martes, 18 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Memorial
en el trino de una guitarra,
sentimiento de ausencia en cada acorde.
Esta noche la luna es una herida en el cielo
y cada beso una ansiedad febril de aferrar la vida.
Las luciérnagas siembran un camino de chispitas
en el aire quieto,
y un niño llora con desgano como si le faltara el aliento.
Vuelven los acordes de la memorial guitarra,
y la voz de Heredia:
"Para decidir si sigo poniendo
Esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche
Sol y tinieblas".
El aire aletea en las ramas de los matarratones.Esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche
Sol y tinieblas".
Trae una lluvia menuda,
que moja de lágrimas
esta tierra donde aún duelen los muertos.
Etiquetas:
guitarra,
luna,
muertos,
Víctor Heredia
sábado, 24 de noviembre de 2012
Gaza
Gaza
Volví la mirada
y la ciudad ya no estaba.
Sobre las ruinas y sus muertos
el llanto de los sobrevivivientes
Volví la mirada
y la ciudad ya no estaba.
Sobre las ruinas y sus muertos
el llanto de los sobrevivivientes
viernes, 16 de noviembre de 2012
Decisión
Ella pensó que la iba a matar. Pero tenía que decírselo. Y no le tembló la voz, cuando se lo dijo, apenas terminó él de echarse a la boca, el último pedazo de lomito de res, de aquel almuerzo que nunca olvidaría.
- Me voy de puta. Ya no aguanto más. El amor de nosotros es un cadáver en la cama.
- Me voy de puta. Ya no aguanto más. El amor de nosotros es un cadáver en la cama.
echarse
viernes, 9 de noviembre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
Versos insepultos
Voy llenando la palabra de versos
o de versos la palabra,
como un Polinices
a merced de los cuervos y los perros.
domingo, 21 de octubre de 2012
Noticia de tabloide
Pensó que la vida se le acababa, cuando ella le dijo, hasta aquí llegamos, y se dio media vuelta, sin darle una explicación, y él se quedó sembrado en el piso del zaguán de aquella casa, donde juntos se juraron amarse siempre, y pasar las verdes y las maduras, en esa idea de resistir hasta la muerte los temporales de la vida, y compartir como buenos camaradas la felicidad de los buenos momentos. No puedo olvidarla, se repetía sordamente en el sopor de los tragos del bar a donde sus amigos lo llevaban cada fin de semana, para que despeñara tanto dolor en el abismo del alcohol, pero él persistía en la obsesión de la mujer. Por lo que los amigos decidieron cambiar de estrategia, para sacarle del pensamiento la tortura de esa mujer enjaulada en su mente como un mal recuerdo.
Lo habían encontrado varios sábados, sentado en la taza del baño del bar, en medio de un lodazal de mierda y vómitos, apuntándose a la cabeza, con una nueve milímetros, comprada a negociantes jamaiquinos en el Callejón del Estraperlo. Tenían que sacarle de la cabeza a la mujer, porque de tanto pensar en ella, el hombre terminaría reventándose los sesos. Rosario, lo pensaron, era la solución, una puta codiciada por los niños ricos de la ciudad, buen polvo*, y diestra en las artes amatorias como ninguna. Pagaron una fortuna por Rosario, pero la amistad es la amistad, y eso no tenía precio.
Lo emborracharon, y lo llevaron al apartamento de Rosario, déjenmelo a mi, que yo le quito la cagantina que tiene por esa mujer, les dijo, y se metió en el apartamento con el obsedido. Solo lo supieron hasta el lunes, cuando leyeron la noticia aparecida en la primera página del tabloide El Pasquín. El hombre le pegó un tiro en la frente a Rosario, y se descerrajó luego una bala en la sién. En un papel dejado al descuido en la mesita de la lámpara de noche, había escrito con letra grande y despatarrada: "no hay polvo que me haga olvidarla"
*Polvo: relación sexual
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