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jueves, 9 de agosto de 2012

A tientas



La ciudad  no tiene perfiles, ni esquinas 
en mis ojos. 
Una lágrima con el furor del ácido 
deslíe iris, pupila, retina... 
La ciudad ha dejado de ser. 
Hay un vacío allí donde estaba, 
por eso tampoco la recuerda la memoria. 
Sólo cuencas vacías que no reconocen los lugares 
donde la ciudad era esperanza, 
amor de bar con besos agrios de cerveza, 
y rocola sangrando boleros de despecho; 
entraña de amores escondidos, 
en motelitos donde rumia la tristeza
de una tarde de domingo. 
Un vivir a tientas mientras crece 
en las junturas de las piedras 
una nostalgia sin ayer.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Erótica del ascensor









Habían acordado encontrarse, en eso de las diez la mañana, hora muerta, en el antiguo centro comercial, La Alquería, que quedaba al norte de la ciudad. Esperarían, cerca al ascensor del ala izquierda, que conducía a las salas de cine, en el cuarto y quinto piso, y a una terraza-bar del sexto. Lo habían estudiado todo, sin dejar detalle alguno.
A esa hora no había movimiento fluido de gente en el sector. Ella, opinaba, que el ascensor les caía como anillo al dedo. Era perfecto para la fantasía que aún les quedaba por satisfacer, entre las tantas aventuras eróticas vividas, desde que se conocieron en una lunada, y él con su gitarra y las canciones de Serrat, la mujer que yo quiero no necesita, boleros de Manzanero, esta tarde vi  llover...vi gente correr, y trova de  Milanés, de qué callada manera...se me adentra... le pellizcó el corazón. y unas ganas indecibles de irse con él a la cama.  
En la noche, él no logró conciliar el sueño. Siempre le pasaba lo mismo, la víspera de cada aventura. Su imaginación se enfebrecía, y un desasosiego porque llegara el momento, lo invadía de manera inclemente. Al fin, pudo quedarse dormido, en un sueño apacible, casi cercano al canto de gallos.
A las diez, ella de chaleco y faldas, él de bluyín y chaqueta de cuero, abordaron el ascensor, programándolo sin paradas en los pisos, directo a la terraza. Adentro de la caja, ella sintió un frío grato, que le entraba faldas arriba, y se acordó que no llevaba panties. Él besándola hasta el ahogo, la abrazó y dejó caer sus manos como zarpas en sus nalgas rotundas . Ella sintió cómo se le erguía el sexo bajo la bragueta, , mientras el ascensor ascendía, y la temperatura de sus cuerpos se tornaba en una hoguera. Fueron subiendo, sin la noción del tiempo y el espacio, en una nata espesa de placer. Pero les extraña, que el ascensor no haya parado en el último piso, el de la terraza-bar, y les angustia esa sensación de ingravidez, como si la caja del ascensor en la cual hacen el amor, flotara en un vacío sin término ni confín.









jueves, 10 de marzo de 2011

Espejo


En su rostro,

como un espejo

la angustia

de los desaparecidos,

y ese gesto de abismo y vacío

para que no haya olvido

domingo, 2 de agosto de 2009

Qué hacer


Qué hacer

en esas horas muertas

cuando eres "el breve espacio en que no estás";*

Qué hacer cuando sos distancia

y mis manos no encuentran

el talle de tus caderas,

ni mi boca tus labios
de dulzura,
ni tus pechos frutecidos

donde calmo angustias

y ansiedades.
Qué hacer,

cuando te vas,

y me hinca adentro

sus dientes
la fiera ausencia?


*verso de Pablo Milanés