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jueves, 4 de mayo de 2017

Presagios

Abre la ciudad sus párpados al día.
Un ejército de nubes desde la Mesa de Ruitoque,
con la amenaza de una boa constrictor,
se expande por todos sus costados.
Llovizna la ciudad en la costra de sus edificios
blancos,
bermejos,  
amarillos,
cenizos por el tiempo.
La gente corre por las avenidas, profesionales o no,
madrugándole al rebusque de la vida.
No hay otra forma de vivir, el trabajo ya no es como antes,
perdió su  honra y dignidad,
se  duelen los ancianos  jugando  a la baraja en las cantinas de los barrios viejos,
caries en la ciudad moderna de  torres de babel,
estos barrios ya  sin memoria y  sin historia. 
¿Quién se acordará de ellos?
Llovizna en la piel,
y se anega el alma,
con  el presagio lento  de que vendrán tiempos peores



Foto propia: Vista de Floridablanca, y la cerrazón sobre la Mesa de Ruitoque







miércoles, 26 de abril de 2017

La mujer del sombrero rojo

Estaba ahí,
bajo el sol
bella y desnuda como una nuez,
y sólo me importaba
el sombrero rojo
que cubría su cabeza


*Pintura del maestro Casteñón

La imagen puede contener: una o varias personas

viernes, 14 de abril de 2017

Silencios








Hay una hora 
cuando la tarde se adelgaza,
en un hilo de luz,
y el alma se va estrechando,
en sus silencios y mudeces.
Después la nada,
expandida al infinito

jueves, 30 de marzo de 2017

Bienvenida la lluvia

Ha vuelto la lluvia.
La tierra seca
la pedía a montones.
Entre la grietas de su piel levantada 

como una costra infesta,
la veo correr restañando las heridas.
Mañana los árboles tendrán alas de pájaros,
y las bocas de las mujeres 

tañirán flautas dulces 

de la  montaña florecida



lunes, 20 de marzo de 2017

Lunas amanecidas



Adentro de ella estoy.
Mi espada no la saja.
Humedece
los lotos,
los helechos
de su pródiga gruta.
y,
mientras escurren sus paredes,
lodos de agua y sal,
se deslizan por sus ojos
lunas de placer amanecidas


sábado, 11 de marzo de 2017

Sepia





A la vuelta del camino aún está la casa.
Encallado su casco de azul desvaído, 

entre los árboles.
Tras sus paredes sólo duermen 

los perros del abandono 

un sueño de ángeles.
En el solar que daba al barranco 

sobrevive el guayabo.
Por entre sus ramas corretea la brisa, 

la misma que te alzaba las faldas y el pelo, 

cuando te subías de niña 

a querer  volar como los pájaros


Foto popia.Sector veredal de Piedecuesta, carretera a Sevilla



sábado, 25 de febrero de 2017

Cogitaciones









Foto propia: Atardecer piedecuestano


Se fue muriendo la tarde
en la Cordillera
Con la misma tristeza
del alma,
al caer la noche.
Hora de los sueños,
cuando se tiene la sensación
de morir un poco,
o de dejarlo todo,
si el alba no nos despierta
con el beso de  mujer enamorada.
Cae la tarde
y resucita la noche
silenciosa de los oficios del día,
de la voz del niño
y el tas tas incesante de su pelota,
de la canción en la radio de Sabina,
martillando en la cabeza:
No hago otra cosa que pensar en ti
Por alagarte  y para que se sepa
Tome papel y lápiz.
Y esparcí
Las prendas de tu amor,
Sobre la mesa..
Largo túnel la noche
y esa terrible  angustia de estar  más allá,
del beso suyo que entibia la vida