Corría el rumor y él no podía creerlo. Apenas llevaban dos años de estar juntos, y su mujer le ponía los cuernos. !La puta que la parió¡, barbotó, cuando el detective privado que había contratado para confirmar el rumor le mostró toda una suerte de videos y fotografías tomados a su mujer y al amante en la cama, en distintos moteles de la ciudad. En medio de la rabia y el dolor, juró, !a esa mujer la voy a matar¡. Pero después pensó que era poco castigo, y como la mujer dependía de su dinero, le canceló las tarjetas de crédito.
lunes, 4 de febrero de 2008
sábado, 2 de febrero de 2008
La mujer del crucero
No era tarde cuando la mujer se apareció por el bar aquella noche del martes. Serían las diez. Lidiaba con la última cerveza. Ya no quedaban bebedores. Le daba vueltas a la botella, bebiéndola a sorbos espaciados para hacer la roña. Sentado en la barra, miraba hacia la puerta, en el preciso momento cuando la mujer entró al bar. Era alta de pelo negro como la noche, le caía en cascadas en la frente, a los lados. Sus senos turgentes le reventaban la blusa roja, con la punta de unos prometedores pezones. La falda negra le dejaba ver los muslos largos y carnales como su boca. Sin quitarme la mirada, vino hasta la barra, se sentó a mi lado, me pidió un cigarrillo, te tomas algo, le brindé, y ella bebió de mi cerveza.
Venía de Centroamérica, en un viaje de crucero por el Caribe. Esa tarde el barco había recalado en el puerto, y pasarían la noche en tierra. No podía conciliar el sueño, y se aventuró a buscar un bar, donde beber algo fuerte, que me relaje y me duerma, se le escuchó como un susurro. Ni el aire acondicionado del hotel que congela, ha hecho el milagro de que cierre los ojos. Y reía, abriendo su boca carnal con tentación, mientras yo sufría, porque la mujer me había fascinado. Sentía unas ganas enormes de llevármela a la cama, y explorar con mis manos, con mi boca, con mi lengua la promesa de un paraíso, que presentía en su cuerpo.
Nos bebimos, así, a pico de botella diez cervezas másViajar con el marido no tiene , y en cada sorbo, sentía en mi boca la saliva caliente de ella hervir mis deseos. Soy casada pero vengo sola. Viajar con el marido no tiene gracia, pretextaba, y me besó con una experticia que -yo conocedor de mujeres- quedé perplejo. Hundió su lengua en mi boca con virulencia, como una saeta hiriendo mi paladar, y mi bragueta se templó. Ya no quedaba otro camino, que pagar las cervezas, salir del bar, y llevar la mujer al pintoresco motelito La almeja del marino, que quedaba en el muelle de Los peces que le robaron los colores al arco iris. Allí, supe de las bondades de su cuerpo, en el segundo piso de maderas crujientes, y balcones saledizos abiertos a la noche, a la brisa marina, y a la luna que esa noche estaba plena, para hacer más calido el encuentro.
Más tarde, entre besos, me dijo que se llamaba Carla Bayardo, que era de Guatemala, y se levantó desnuda a fumarse un cigarrillo, recostándose contra la baranda de uno de los balcones que daban al mar. Entonces observé sus nalgas recias, y volví a hacerle el amor con rabia, porque sabía que al otro día se iba, y yo me quedaba íngrimo, bebiendo ron bravo para echarla en el olvido.
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Carlos augusto Pereyra,
cuento erótico
martes, 29 de enero de 2008
Bolero
Me bastaron
Tus primeros besos
Para saber que,
Serías un fraude.
Me bastaron
Tus primeros besos
Para saber que,
Serías un fraude.
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Carlos Augusto Pereyra m.,
Poema corto
domingo, 27 de enero de 2008
Bolero y literatura, a propósito de Serrat y Sabina, en el Mapfre Hay Festival de Cartagena de Indias
A quién no le gusta el bolero, así tenga otras preferencias, no sólo por caribeño, sino porque tiene una particularidad muy significativa: toma el amor por todas sus puntas y aristas. De ahí, que no sea extraño que Andrea Echeverry, toda ella roquera, con sus Aterciopelados, haya compuesto Bolero falaz; que Pedro Almodóvar, haya incluído en Tacones lejanos, ese Piensa en mí, bolero contundente, que le da mayor vigor a la temática de la película, donde abundan las penas de amor.
Cien años del bolero, no pasan impúnemente, por eso Shakira, aspiró a componer, La despedida, para el filme de Newel, sobre la novela del Nobel colombiano, GabrielGarcía Márquez, El amor en los tiempos del cólera, y el Mapfre Hay Festival de Cartagena de Indias, que se realiza por estos días, y ha convocado a más de sesenta escritores y artistas, incluyó un espacio de apertura con Serrat y Sabina, para hablar de boleros y literatura, y qué mejor que dos cantautores, como Serrat y Sabina, que han vivido la vida desde lo existencial, y que no han prejuiciado los sentimientos, para hablar del bolero.
Serrat, entiende el bolero desde lo vital, lo interpreta como "una música cantinera que pasa a ser de serenata...", capaz de sacar del alma desengaños, como el clásico Perfidia de Alfonso Esparza, en aquellos versos de para qué quiero otros besos/ si tus labios no me quieren ya besar.
Sabina, metiendo bazas en el asunto, aborda el bolero desde el amor, "...las mejores canciones de amor son completamente aboleradas". En eso estoy de acuerdo, qué mejor que el bolero para cantarle a una mujer, lo que uno siente por ella. Ahí están, Tres palabras, de Oswaldo Ferrés, para confirmarlo: Oye la confesión de mis secretos;/Nace de un corazón que está desierto,/ con tres palabras te diré todas mis cosas,/cosas del corazón que son preciosas. Pero, cito a Sabina "los boleros son...hermosos y cursis. Los mejores poetas les tienen envidia a los boleristas porque estos no tienen miedo a sacar las lágrimas", y tiene razón, porque qué más poético, pero propio para un mercado de lágrimas que el bolero de Rafael Hernández, con su Corazón no llores : qué le vamos a hacer, /si el destino se opone imposible volver. / si el rosal no está muerto ni las flores marchitas están / si no se abren las puertas de la felicidad, / si la fe no está muerta, algún día volverá.
!Quien no haya cometido el pecado de leso bolero, que tire la primera piedra ¡ Yo no pude sustraerme a su fascinación, y compuse para la obra, Árbol Carnal, de mi grupo Gestus-teatro, este pecadillo:
Hay en el aire
un perfume de rosas abiertas,
es el olor de tu pañuelo
de cuando vienes de tarde en tarde.
un perfume de rosas abiertas,
es el olor de tu pañuelo
de cuando vienes de tarde en tarde.
Hay en el aire un rumor de notas
silenciosas y muy quedas
es la canción de cuando te vas
y no quieres olvido.
!Cómo te quiero!
si eres el aire
!cómo te quiero¡
si eres el agua
!cómo te quiero¡
si lo eres todo.
si eres el aire
!cómo te quiero¡
si eres el agua
!cómo te quiero¡
si lo eres todo.
sábado, 19 de enero de 2008
La ciudad devastada
La antigua ciudad
de torreones altos
que hendían el cielo
-hoy después de la batalla-
hechos míseros muñones.
Los techos,
orgullo de la ciudad,
aún crepitantes
testigos del incendio
que los redujo a cenizas.
Las calles,
hervidero de cadáveres,
presagian un festín
de gallinazos.
En medio del desastre,
el señero guerrero,
sobreviente a la tragedia
recorre la ruina
de las calles,
y aún no imagina,
cómo recuperar la grandeza
de la ciudad hoy devastada.
de torreones altos
que hendían el cielo
-hoy después de la batalla-
hechos míseros muñones.
Los techos,
orgullo de la ciudad,
aún crepitantes
testigos del incendio
que los redujo a cenizas.
Las calles,
hervidero de cadáveres,
presagian un festín
de gallinazos.
En medio del desastre,
el señero guerrero,
sobreviente a la tragedia
recorre la ruina
de las calles,
y aún no imagina,
cómo recuperar la grandeza
de la ciudad hoy devastada.
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Carlos Augusto Pereyra Martínz,
poema colombiano
miércoles, 16 de enero de 2008
GONZALO REY JEREZ, DE LA PINTURA A LA ESCULTURA
Botero lo hizo, Grau también. Se deslizaron de la pintura a la escultura, en un afán de explorar y ampliar el ámbito de su propuesta estética. Por ello, no extraña que el maestro Gonzalo Rey, uno de los pintores santandereanos, anclado en Piedecuesta -con gran respeto en el medio, por su permanencia en el oficio- haya derivado a la escultura.
Por ahora, parece explorar en el campo tridimensional. Imperan objetos, bloques de madera en su mayor parte, que dan la impresión de trozos abandonados, los que Gonzalo Rey, recoge de su naufragio y aprovecha sus caras, para dejar impresa la huella de su pintura. Se diría que la intención es de integrar la escultura con la pintura, guardando las distancias, algo así como las camas, la mesas y demás objetos, sobre los cuales pinta Beatriz González. Pero la peculiaridad en Gonzalo Rey, es que los objetos sobre los cuales pinta, los trabaja, les da forma, pues se observan en la idea troncos con ramificaciones, sobre las cuales equilibran mariposas, o especies de conchas o corales, rodeadas de pececitos de colores, que buscan su alimento.
Quienes conocen el trasiego de la pintura seria del maestro Gonzalo Rey, saben que ha sido estudioso, investigador,y búsquedar de lenguajes. Ahí están etapas relevantes como la de la estética de la chatarra, de la velocidad, de desnudos integrados a objetos, de sus atmósferas, y otros andares. Por eso, ahora que asume la exploración de la escultura, no se pone en duda - merced a su capacidad creativa- que los logros responderán a las exigencias de identidad y de respuestas estéticas.
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Gonzalo Rey Jerez,
pintura y escultura santandereana
lunes, 14 de enero de 2008
El hombre del aliento de ajo (Cuento corto)
Supo por el aliento inconfundible a ajo, que era el mismo hombre que tres años atrás, cuando apenas asomaba a los quince , la esperó en un recodo del camino, de su regreso de cortar pasto para alimentar las tres reses que tenían en el minifundio, y la tiró a un rastrojo, desgarrándole la ropa hasta dejarla desnuda, y al intentar besarla con su boca de vapores podridos, como no se dejaba, hundió su sexo en el de ella -aún no maduro- sin piedad, y ella sintió en su vientre, las veces que la penetraba , un puñal que la hería sin descanso. Tuvo que morderle una tetilla para zafarse, y correr monte adentro. Cuando escuchó los disparos en el rancho, tuvo el presentimiento de que el del aliento de ajo, había baleado a sus papás.
El hombre pidió al cantinero del bar, un aguardiente doble y una cerveza para pasarlo. Ella se le acercó. Vamos a la pieza, papito? El se quedó mirándola de arriba a abajo, como quien le busca la clase a un animal que quiere comprar. !Vamos. Las mujeres con aspecto de yegua, me la piden los huevos¡, y se tocó los genitales en un gesto ramplón y vulgar. Subieron por una escalera alumbrada por una luz mortecina, a un segundo piso, cuyas habitaciones daban al río. Adentro, la mujer se desnudó lentamente, ganando tiempo para tomar con sigilo el cuchillo que guardaba en un cajón de la mesita de noche, donde una lámpara a manera de quinque, alumbraba débilmente la habitación. Entonces, cuando deslizó la mano, y palpó el filo del cuchillo, supo que le metería tres puñaladas, y luego lo botaría al río, como él estaba acostumbrado a hacerlo con las gentes de la vereda que se negaban a vender la tierra a los gringos, para que la sembraran de palma africana, luego de pegarles certeros disparos en la frente.
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cuento corto colombiano,
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