Salió al aire de la madrugada. Olía a albañal.
Nunca de tanto tiempo de vivir en el barrio, había sentido tan fuerte el olor
como esta mañana. Palpó el changón debajo de la gabardina, y se
encomendó a la virgen de El Carmen. Le daba confianza hacer este ritual, pero
esa mañana, extrañamente, no sentía el miedo pavoroso que le hacía sudar las
manos y la frente, cuando madrugaba a hacer eso que él llamaba "mis
trabajitos".
Le había dejado en la mesa del comedor, una plata y
una nota a su mujer: "cómprese la nevera industrial y el televisor de
cuarenta pulgadas que tanto ha querido y no joda más. El televisor y la nevera
viejos, regáleselos a su mamá".
Buscó la calle que daba a la avenida, donde dejaba
la moto en un taller de mecánica, pero que todo mundo sabía que era un
desguazadero de motos y carros, y sintió un cosquilleo en la frente, cuando fue
a abrir la puerta. Palpó de nuevo el changón, pero no supo si por
presentimiento, porque un fogonazo le voló la cabeza, con el escándalo de los
gallos de la gallera vecina, que ese día pondrían a pelear en las fiestas de la
patrona del barrio.
busco en los nardos el olor
de tu cuerpo de madrugada.
Aún la brisa del alba
no olvida la fragancia a limonero de tu pelo.
En la antípoda en que estás,
quizás ya hayas mirado esta luna,
tan llena de luz como tus ojos,
en el asombro de tu gruta rebosada
de humedades de la vez primera.
Sé que volverás cuando ya me extrañes.
Dejaré la puerta abierta,
para
que entres como una brisa grata,
en la piel de la noche.
La boca le sabía a cobre cuando abrió los ojos.
Trató de moverse de la cama, pero una agonía le trepanaba el estómago. Al fin
tuvo que levantarse, porque se le vinieron unas incontenibles ganas de vomitar.
Creyó que se le iba la vida, cuando dejó en la taza del inodoro, una baba verde
y mucilaginosa. Se levantó untó de crema el cepillo de dientes y se lavó la
boca con saña. Pero le olía la piel, al bravo aguardiente con el cual pasó la
marihuana, que le había traído Néstor su contacto de Buenaventura. Se metió
bajo la ducha hasta sentir que no hedía como la sentina de esos barcos que
venían del otro lado del mundo, y descargaba a pulso cuando fue estibador.
Entonces recordó a la mujer con la cual había estado toda la noche, esa
perra que se ha puesto a organizar los pelaos con sus campañitas sociales en
Nuquí, y hay que darle balín, recordaba el mensaje que le habían dejado en
su correo. Era una morena de nalgas rotundas, le brillaban los ojos como dos
candelillas, en la oscuridad del cuarto.
Había podido matarla, esa noche cuando la enredó
con el cuento de que él trabajaba para las comunidades negras del Bajo Cauca,
mientras bailaban, al ritmo de Herencia de Timbiquí, “Vive a tu manera”, grupo que había
sido invitado a animar las fiestas patronales. Sí. Hubiera podido matarla ahí
mismo, mientras hacían el amor, en medio del jolgorio y la pólvora que
reventaba los cielos, en uno de los cuartos de la Asistencia social de Nuquí,
pero no pudo. Por primera vez sintiómiedo, mierda físico miedo,
a pesar de que en sus cuentas pasaban más de cien los muertos; le temblaron los
dedos a la hora de jalar del gatillo.
ACOTACIÓN: éste cuento en homenaje a los líderes y lideresas sociales, de las comunidades negras colombianas de la Costa Pacífica, asesinados por las fuerzas oscuras del sistema y el paramilitarismo. Subo este video, A mi manera y hago su mención en el relato, porque Herencia de Timbiquí, fue uno de los grupos que se pronunció sin esguinces, contra el asesinato sistemático de los líderes sociales, y ha manifestado su inconformidad con un gobierno que ha sistematizado la violencia contra quienes quieren una Colombia inclusiva y diferente. Y, porque, no joda¡ son creativos y me ensalma su música, a partir de la fusión de aires típicos del Pacifico colombiano, en la búsqueda de nuevos sonidos.
Bibliotecario, dramaturgo y teatrero, hacedor de revistas literarias y libros de poesía, cuento y novela.
Libros publicados: Cuentos:Ha llegado la hora, La sombra de la máscara, y La angustia de las almas en pena
Novelas: La saga del último de los duros.
Poesía: Päginas de arena, con Mariela Basto, Juan Remolina, y Óscar Delgado.
Premios:
Segundo puesto, concurso nacional de cuento, Treinta Años UIS (UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER, COLOMBIA), con el libro: Ha llegado la hora.
Primer finalista, concurso Metropolitano de Poesía, Instituto Municipal de Cultura (Bucaramanga)