busco en los nardos el olor
de tu cuerpo de madrugada.
Aún la brisa del alba
no olvida la fragancia a limonero de tu pelo.
En la antípoda en que estás,
quizás ya hayas mirado esta luna,
tan llena de luz como tus ojos,
en el asombro de tu gruta rebosada
de humedades de la vez primera.
Sé que volverás cuando ya me extrañes.
Dejaré la puerta abierta,
para
que entres como una brisa grata,
en la piel de la noche.
La boca le sabía a cobre cuando abrió los ojos.
Trató de moverse de la cama, pero una agonía le trepanaba el estómago. Al fin
tuvo que levantarse, porque se le vinieron unas incontenibles ganas de vomitar.
Creyó que se le iba la vida, cuando dejó en la taza del inodoro, una baba verde
y mucilaginosa. Se levantó untó de crema el cepillo de dientes y se lavó la
boca con saña. Pero le olía la piel, al bravo aguardiente con el cual pasó la
marihuana, que le había traído Néstor su contacto de Buenaventura. Se metió
bajo la ducha hasta sentir que no hedía como la sentina de esos barcos que
venían del otro lado del mundo, y descargaba a pulso cuando fue estibador.
Entonces recordó a la mujer con la cual había estado toda la noche, esa
perra que se ha puesto a organizar los pelaos con sus campañitas sociales en
Nuquí, y hay que darle balín, recordaba el mensaje que le habían dejado en
su correo. Era una morena de nalgas rotundas, le brillaban los ojos como dos
candelillas, en la oscuridad del cuarto.
Había podido matarla, esa noche cuando la enredó
con el cuento de que él trabajaba para las comunidades negras del Bajo Cauca,
mientras bailaban, al ritmo de Herencia de Timbiquí, “Vive a tu manera”, grupo que había
sido invitado a animar las fiestas patronales. Sí. Hubiera podido matarla ahí
mismo, mientras hacían el amor, en medio del jolgorio y la pólvora que
reventaba los cielos, en uno de los cuartos de la Asistencia social de Nuquí,
pero no pudo. Por primera vez sintiómiedo, mierda físico miedo,
a pesar de que en sus cuentas pasaban más de cien los muertos; le temblaron los
dedos a la hora de jalar del gatillo.
ACOTACIÓN: éste cuento en homenaje a los líderes y lideresas sociales, de las comunidades negras colombianas de la Costa Pacífica, asesinados por las fuerzas oscuras del sistema y el paramilitarismo. Subo este video, A mi manera y hago su mención en el relato, porque Herencia de Timbiquí, fue uno de los grupos que se pronunció sin esguinces, contra el asesinato sistemático de los líderes sociales, y ha manifestado su inconformidad con un gobierno que ha sistematizado la violencia contra quienes quieren una Colombia inclusiva y diferente. Y, porque, no joda¡ son creativos y me ensalma su música, a partir de la fusión de aires típicos del Pacifico colombiano, en la búsqueda de nuevos sonidos.
Siempre me gustaron sus ojos esmeraldinos; y no lo
pongo en duda, la querencia por ella me entró por sus ojos, aquella noche que
como invitada de mi hermana Antonia (compañeras de Derecho en la universidad),
a la fiesta de brujas, fue el centro de atención de las miradas de los hombres,
y de las mujeres - más envidia que admiración- por la belleza de sus ojos , que
se destacaban entre las cuencas de su antifaz, y su bella vestimenta de geisha.
Alguien por ahí, al verme tan enamorado de Antonia,
dijo al rompe, "Juanjo se enamoró no de Antonia, sino de sus ojos,
sáquenle los ojos a Antonia, y Juanjo recuperará la cordura". Cuando me lo
contaron, sentí un escalofrío y como una culebrilla me recorrió el cuerpo,
escalofrío de un vaticinio pensé. Algo estaba por suceder.
A los tres meses de amantes juiciosos, quise
sorprenderla con un regalo, y como tenía llaves, entré en su apartamento de
manera furtiva. Supe que se estaba bañando, por el ruido del agua al caer de la
regadera. Entonces me escondí en el guardarropas de su alcoba, y al rato, para
mi sorpresa y desaliento, vi salir del baño, a una Antonia de ojos grises, que apresuró
sus pasos hacia el tocador del fondo de la alcoba, de donde tomó del estuche, los
lentes de contacto, que le daban a sus ojos ese color esmeraldino, que habían sido
irremediablemente mi perdición
Bibliotecario, dramaturgo y teatrero, hacedor de revistas literarias y libros de poesía, cuento y novela.
Libros publicados: Cuentos:Ha llegado la hora, La sombra de la máscara, y La angustia de las almas en pena
Novelas: La saga del último de los duros.
Poesía: Päginas de arena, con Mariela Basto, Juan Remolina, y Óscar Delgado.
Premios:
Segundo puesto, concurso nacional de cuento, Treinta Años UIS (UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER, COLOMBIA), con el libro: Ha llegado la hora.
Primer finalista, concurso Metropolitano de Poesía, Instituto Municipal de Cultura (Bucaramanga)