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sábado, 30 de abril de 2022

SIN ESTRELLAS

 







Foto propia intervenida




Siempre lo veía pasar por mi puerta,

y quedarse mirando al fondo el patio

de la casa

con su chaqueta militar

desleída por el tiempo,

y tachonada de estrellas.

Quizás el olor peculiar de las pomarrosas

del patio,

le traía buenos recuerdos.

No ha vuelto a pasar por mi puerta.

Hoy alguien me contó,

que lo encontraron muerto,

y  no tenía sus estrellas de hojalata




 

jueves, 10 de febrero de 2022

MEMENTOS

 










Volví después de muchos años,

 de noche,

allí estaba la casa

y el andén donde de niño

me tendía a coger las estrellas,

con la red de mis manos

pero ya no había estrellas,

una nata ceniza de humo,

había borrado su cielo limpio,

claro.

Entré a la casa

y los cuartos que la recordaban,

 ya no huelen a agapantos

era ella quién los regaba.



*Foto propia intervenida. Piedecuesta.




 

sábado, 30 de marzo de 2013

Llueve en la ciudad de la noche



La ciudad nada en una espesa niebla de sueños.
Es otra,
distinta a la del día vocinglera y ruidosa,
Los escasos transeúntes como peces insomnes
caminan sus sombras en el acuario enorme de su calles.
Quizás la despierte levemente
la reyerta callejera de la puta y el chulo,
cansada de cada moneda que le quita por su protección.
Duerme la ciudad como un barco a la deriva
en una noche  de luna plena
y  estrellas dispersas
asomándose en los claros que dejan las nubes tránsfugas.
Llueve en la ciudad
lágrimas de duelo,
y se arruga su alma  de acordeón,
en el despecho de Discépolo,
desgranando nota a nota su  dolor:
"esta noche me emborracho bien,
me mamo, ¡bien mamao!,
pa' no pensar."
Llueve en la ciudad
y aún no clarea el alba.

viernes, 5 de octubre de 2012

Sonata de lluvia


sábado, 7 de mayo de 2011

La noche de sus ojos




La tarde agoniza,


ocaso de un sol arrebolado.


Se apresura la noche,


y en la ansiedad de sus ojos


se encienden las primeras estrellas.


Su pelo y sombras oscurecen aún más


la noche,


y con taconeo fino,


arranca lamentos a las baldosas frías


del zaguán,


donde un grillo ensordece la penumbra,


ella deja caer el vestido rojo,


y al descubierto su piel nacarada,


sembrada de pasiones y deseos.