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jueves, 8 de marzo de 2012

Penas y ron

El barco sin gobierno llevado por el viento y la tormenta, encalla en la arena ceniza de la playa. Adentro, desde la sentina a la cubierta, los !ayes¡ de una canción espantan:
"cantinero de Cuba, Cuba, Cuba
cantinero de Cuba, Cuba, Cuba
sólo bebe aguardiente para olvidar..."


viernes, 18 de noviembre de 2011

Ensenada


He puesto pájaros en tus ojos,



para que despierten tus mañanas.


He puesto néctar en tus labios


para que la brisa se quede en tu boca


He puesto volcanes en tus pechos,


para que mis manos enciendan


la yesca de tus ardores.


He abierto ensenadas en tu sexo,


para que mis barcos recalen en buen puerto.

lunes, 5 de abril de 2010

Falcada


Cuántas veces he buscado
su boca en el vacío de los sueños,

y he amenecido con los labios heridos

por la falcada de sus besos.

Cuántas veces he hendido

el limo de la garganta de su sexo,

y en la humedad de sus mares interiores,

sentir cómo orgasman de ebriedad

mis barcos y veleros.

sábado, 20 de junio de 2009

Tus costas





En la cabecera
su imagen
tutela mis sueños
de náufrago marino.
Veo en sus ojos de algas
y medusas,
un mar mediterráneo,
y echo a andar mis barcos y
veleros
por las aguas seguras
y serenas
que me llevan
a las costas de su cuerpo.

martes, 12 de mayo de 2009

Déjame decirte


!Déjame decirte¡

que soy un barco ebrio

en el mar de tus ojos.

!Déjame decirte¡

que en tus labios

los míos se hacen fiebre.

!Déjame decirte¡

que en tu piel me vuelvo

yesca.

Déjame decirte¡

que adentro de vos

soy tormenta

y ola mansa.

!Déjame decirte¡

que si no estás,

muero.

lunes, 16 de febrero de 2009

Tus golfos y bahías





He buscado en los recuerdos

el aroma de tu desnudo cuerpo,

palpitando en pleamar,

y me llega,

el olor a canela,

esa misma fragancia

en otra piel morena de soles repetidos,

hecha ovillo en mi cama,

memoria de los tiempos

del puerto legañoso

acurrucado en la bahía,

donde

sentados en la barra del único bar

mirábamos el mar plateado,

odoroso,

a sal,

salitre,
yodo,
y pescado.

y bebíamos el ron bravo hasta el fondo de la copa,

esperando que el calor amainara.

Luego,

la buhardilla de las proxenetas.

Allí,

tras las escolleras
éramos piel percurtida

por la ansiedad del otro.

En la vieja cama de resortes,

encajábamos las carnes embravecidas,

y me apretabas contra tu boca,

robándome besos y palabras.

Gemías

"quédate hondo,

mueve tus veleros

en mis aguas",

y te dejaba mis barcos

con las velas bajas:

ya eran míos

tus golfos y bahías.