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sábado, 15 de febrero de 2020

LA MAGA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO











*Foto intervenida


Siempre habrá una Maga, como la de la Rayuela en nosotros. La veremos un día despistada, con el pelo rebelde en la cara, caminando por una calle náufraga de señales, y nos iremos tras ella, conversando de lo fresca que está tarde (ayer el calor era insoportable), y sabremos que vive en un apartamento que amenaza ruina; pondrá unos discos del gran Satchmo, nos hablará de El perseguidor de Cortázar, y entrada la noche, ella preparará un tinto, mientras parlotea de un rincón de la ciudad donde los pájaros mueren contra los ventanales, entonces nos daremos un beso, y seremos ya, parte de su juego, ese juego interminable de jugar a reencontrarnos en la excusa del azar o la coincidencia, por esos lugares que ella demarca como suyos, productos de su amor por la ciudad, porque más ha podido esa manera silvestre, natural y salvaje de amarnos, ella desandado nuestros pasos, nosotros desandando los de ella


Un 14 de febrero 1984 murió, Julio Cortázar en París, enterrado en Montparnase. Y, la mejor manera de recordarlo, debe ser a través de la legendaria y perenne,  Maga.



lunes, 3 de junio de 2019

LA MAGA QUE TODOS QUEREMOS









*Foto intervenida de internet


Siempre habrá una Maga, 

como la de  Rayuela en nosotros. 

La veremos un día despistada, 

con el pelo rebelde en la cara, 

caminando por una calle náufraga de señales, 

y nos iremos tras ella, 

conversando de lo fresca que está la tarde 

(ayer el calor era insoportable), 

y sabremos que vive en un apartamento  

amenazando  ruina; 

pondrá unos discos del gran Satchmo, 

en un equipo de aguja,

nos hablará de El perseguidor de Cortázar, 

y entrada la noche, 

ella preparará un café, 

mientras parlotea de un rincón de la ciudad 

donde los pájaros mueren contra los ventanales,  

entonces nos daremos un beso, 

y seremos ya, 

parte de su juego, 

ese juego interminable de jugar a reencontrarnos 

en la excusa del azar 

o la coincidencia, 

por esos lugares que ella demarca como suyos, 

productos de su amor por la ciudad, 

porque más ha podido esa manera silvestre, 

natural 

y salvaje de amarnos: 

ella desandando nuestros pasos, 

nosotros los de ella

por la gran ciudad