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jueves, 18 de mayo de 2023

Pasión de vinilo

 





   Ella como la Maga de Cortázar, se moría por el jazz. Era su medida del amor. Le encantaban los vinilos. Se resistía al CD, y a las plataformas. Le quitan la magia al jazz, me decía cuando se tomaba un vino, y escuchaba al gran Sachtmo tocar su trompeta. Por eso, mantenía al pelo, un viejo equipo de sonido de esos de aguja. Ves, amor -me decía- se están poniendo de moda nuevamente los elepé, y sacaba de los estantes los álbumes de Duke Ellington, Louis Amstrong, y Billy Evans, y se ponía a escucharlos en su equipo de aguja, hasta que los vecinos del apartamento, se cansaron de la persistencia inmisericorde de sus vinilos de jazz, y llamaron a la policía, estamos mamados, llevamos noches enteras sin dormir, fue su queja y su condena.

    Hoy cuando vine a almorzar no estaba. Me había dejado una nota en esos papeles de esquela, pegado al espejo del baño: “me da mucha pena dejarte, pero encontré un hombre que me si me ama . Me acaba de regalar la colección completa de vinilos de Jaco Pastorius. Y tú que te empecinabas, en que era difícil de encontrarlos.”

 


lunes, 3 de junio de 2019

LA MAGA QUE TODOS QUEREMOS









*Foto intervenida de internet


Siempre habrá una Maga, 

como la de  Rayuela en nosotros. 

La veremos un día despistada, 

con el pelo rebelde en la cara, 

caminando por una calle náufraga de señales, 

y nos iremos tras ella, 

conversando de lo fresca que está la tarde 

(ayer el calor era insoportable), 

y sabremos que vive en un apartamento  

amenazando  ruina; 

pondrá unos discos del gran Satchmo, 

en un equipo de aguja,

nos hablará de El perseguidor de Cortázar, 

y entrada la noche, 

ella preparará un café, 

mientras parlotea de un rincón de la ciudad 

donde los pájaros mueren contra los ventanales,  

entonces nos daremos un beso, 

y seremos ya, 

parte de su juego, 

ese juego interminable de jugar a reencontrarnos 

en la excusa del azar 

o la coincidencia, 

por esos lugares que ella demarca como suyos, 

productos de su amor por la ciudad, 

porque más ha podido esa manera silvestre, 

natural 

y salvaje de amarnos: 

ella desandando nuestros pasos, 

nosotros los de ella

por la gran ciudad