Montaje propio
crítica, pensamiento,mundo cultural, ensayo, producción narrativa y poesia, artes escénicas.
Hay amores
que dejan el alma seca
como la
tierra el verano,
Se va por
ahí,
como una
brisa despistada
sin rumbo
ni destino
Quizás una
copa en el bar,
y una
canción de despecho,
anestesien
el dolor.
No por
siempre,
Morfina
momentánea.
Se vuelve a
errar las calles,
como un
Florentino Ariza,
husmeando
el olor de Fermina Daza
en el
fermento de las calles
de la vieja
Cartagena
Cuánto
espinan los objetos
donde se
mecen las ausencias:
el disco de
Pablo Milanés,
en "El
breve espacio en que no estás",
la taza del
café que no quiso tomar,
cuando
emprendió la huida.
Cómo duelen
las ausencias,
en este
estar sin estar.
En la tarde
la brisa
inundará la casa,
con el olor
de los jazmines que sembró
en el
patio.
Así olía su
cuerpo cuando desnudábamos la piel
en el
fragor de la tarde.
*Imagen intervenida
*Foto intervenida
Sé que no habito en la alegría de los que
celebran con champagne
el social escalamiento (arribismo dice mi
filósofo);
ni en el glamour de la mujer que se baña en
perfume de Lacoste o Chanel;
tampoco estoy en el alma de aquel que
saborea un Varela Sarrazanz,
con el falso deleite de un somelier de caro
restaurante;
ni en la de aquel que comenta Madame
Buterfly a su mujer con mendaz goce, en un palco sombrío de la ópera.
Nada de eso soy, menos lector de un
Cuáthemoc, Walter Rizo o Coelho, que venden libros como si fueran chorizos
Soy de los que se gozan a Fellini en un
teatro de miseria,
si es que estos teatros aún se salvan de la
ruina,
y bebe el vino más barato en la trastienda,
mientras rasga una guitarra que el corazón
arruga
y aniquila el alma.
Soy de los que leen a García Márquez
sentado en la taza del baño de la casa;
a Borges al lado de una tinaja de chicha
fresca;
a Mariamercedes en el alma anochecida de un
bar malogrado por el tiempo,
donde ponen boleros de Daniel santos, salsa
de Blades, Lavoe y Cheo Feliciano;
a Roca en un viejo tiovivo con la cabeza
repleta de cervezas.
Soy un cantor de versos desportillados,
que no olvida a Serrat, Sabina, Cabral,
Silvio o Milanés en sus canciones;
soy el recuerdo y el olvido,
un actor perdido en la niebla de la escena,
un enamorado de la vida,
cantándole sus penas a la luna,
o ese hombre feliz con cara de niño
cuando las cometas hienden el viento
y son una mancha de colores en el azul del
cielo.
Foto intervenida de internet
Tras el ocho de marzo, declarado por la ONU, como
día internacional de la mujer, no hay una historia rosa, sino trágica y
dolorosa, en la lucha de la mujer porque le fueran reconocidos sus derechos de
igualdad frente al hombre. Pero el que dio origen a esta fecha significativa,
aquel del 8 de marzo de 1908: 146 mujeres trabajadoras de la fábrica Cotton de
Nueva York, reventaban la estancia con sus airadas voces de protesta por los
bajos salarios y las malas condiciones laborales. El patrón con el señuelo de
que salieran del recinto para llegar a un acuerdo, buscaba parar la huelga. Las
trabajadoras se negaron. Que se negociara adentro de la fábrica, por lo que el
dueño de la Cotton, cerró las puertas de la fábrica y le prendió fuego, incinerando
a las 146 mujeres en una especie de caldera humana.
Acaso hoy,
una rosa,
a la mujer.
Quizás un
beso diplomático,
o un regalo
etiquetado
con la marca
de moda.
¡No mujer!
Hoy declaro
mis respetos,
a Flora
Tristan
su lucha y su
bandera:
"
igualdad absoluta entre el hombre y la mujer".
Hoy canto por
todos los puntos
de la rosa de
los vientos,
a la
reciedumbre femenina
de Simone de
Beauvoir:
" No se
nace mujer, se llega a serlo".
Hoy estos
versos sentidos,
al fragor
político de Dolores Ibárruri,
“La
pasionaria"
perorando en plaza
pública:
"las
mujeres somos libres de elegir nuestro destino"
Foto de internet
Foto intervenida
Un 14 de febrero de 1984, murió, Julio Cortázar en París, y fue
enterrado en Montparnasse. La mejor manera de memorarlo, a manera de reto, es a
través de la creación de un texto narrativo que, a manera de cuento recuerde a
la mítica Maga, de su novela Rayuela. Ahí va:
LA MAGA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO
Siempre habrá una Maga, como la de Rayuela en
nosotros. La veremos un día despistada, con el pelo rebelde en la cara,
caminando por una calle náufraga de señales, y nos iremos tras ella,
conversando de lo fresca que está tarde (ayer el calor era insoportable), y
sabremos que vive en un apartamento que amenaza ruina; pondrá unos discos del
gran Satchmo, nos hablará de El perseguidor de Cortázar, y entrada la noche,
ella preparará un tinto, mientras parlotea de un rincón de la ciudad donde los
pájaros mueren contra los ventanales, entonces nos daremos un beso, y seremos
ya, parte de su juego, ese juego interminable de jugar a reencontrarnos en la
excusa del azar o la coincidencia, por esos lugares que ella demarca como
suyos, productos de su amor por la ciudad, porque más ha podido esa manera
silvestre, natural y salvaje de amarnos, ella desandado nuestros pasos,
nosotros desandando los de ella.
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