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jueves, 12 de junio de 2014

Dolor de patria

DOLOR DE PATRIA



Miro sus ojos de cielo
para espantar mis miedos.
En ellos si hay dolor
puede más la ternura,
y esta angustia de patria
envilecida duele menos
si me miro en ellos.
Quizás el dolor mañana
sea más grande,
y ya no haya patria,
como tampoco sus ojos
para que no duela la muerte.



miércoles, 4 de junio de 2014

Epifanía

EPIFANÍA

El tiempo se agota en las miradas,
quizás venga la muerte
vestida de azahares
y baile sobre la agonía,
con meneo de caderas,
mientras corre la última película
de los sueños quebrados
como quien quiebra un espejo
en cientos de fragmentos.
Puede que un pedazo del vidrio
azogado,
se reponga al zangoloteo de la muerte,
y anuncie como una epifanía,
que aún no todo está perdido,
y darnos ese beso,
porque más puede la vida sobre la
muerte.

lunes, 26 de mayo de 2014

Complicidades

COMPLICIDADES


Estas complicidades nuestras
de andar la vida
por el filo de la navaja
y jugar el amor a la aventura,
sin códigos ni bitácoras;
saltar los abismos sin redes,
ni seguros:
conducta de cómplices silvestres
porque eso hemos sido
unos cómplices para vivir
desde el riesgo,
y no pensar en la locura de la muerte,
sí de la vida,
cuando hacemos el amor
en medio de la tormenta,
o en la cima más empinada
de la montaña.
Cómplices hemos sido,
cuando incendiamos el
alma,
para que el amor sea un altar
de fuego permanente,
y la piel de la vida no se agoste
porque se vive la vida hasta la muerte.

viernes, 16 de mayo de 2014

Destino

DESTINO

La mujer caminó despacio bajo el témpano de luna llena. Se sentía ingrávida como la misma brisa, que se enredaba en las ramas de los árboles. No le importó si el camino la llevaba al abismo. Ella se había tejido el destino de la saeta: dar en el blanco, así este fuera el de su propia muerte.

martes, 6 de mayo de 2014

BESO E INCIENSO

BESO E INCIENSO

La calle del farol,
y la iglesia alzada en piedra roja;
la luna grande de los diciembres
entre suspiros apagados de los amantes.

Aún me viene a la memoria
el tañido bronco de las campanas
llamando a misa de aguinaldos;
aún tengo en los labios,
ese beso con sabor a sahumerio,
cuando buscábamos los confesionarios
y ella me ofrecía su boca púber
cántaro de húmeda saliva,
en el fragor del incensario,
inundando con su humo
las naves de la iglesia,
y el sacristán nos descubría
en ese beso largo
que nunca sentimos como pecado
.
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martes, 29 de abril de 2014

RÌO

RÍO

Río despéñame
en tu torrente...
y en cada espuma de tus aguas
haz una fiesta con mi alma;
hazme rugido en el golpe
contra las piedras;
esparce mi cuerpo
en las orillas hecho arena,
pedacitos de piedra
que espejee el sol
cuando el verano aceche;
ponme bajo un espino,
como úrea que alimente sus
ramas,
y sus hojas...
suéltame en uno de tus bajíos
y hazme banco de rocas
donde los pececitos muerdan
el salobre de su alimento...
Río,
hazme río
en la esperanza de abrazar el mar.



domingo, 20 de abril de 2014

El boxeador de los guantes rojos


EL BOXEADOR DE LOS GUANTES ROJOS

Aquella noche cuando subiste al ring, no escuchaste la algarabía de la gente en ring side como otras veces. Sentías que algo andaba mal. Hiciste unos amagues, con los guantes rojos, con los que siempre peleabas, y diste unos saltitos alternos para calentar el cuerpo; te quitaste la bata negra con bordes dorados, y fue cuando reparaste en la mujer de ojos azules, que en la mesa de los comentaristas de radio y televisión, también te miraba, a pesar del disimulo de estar tomando notas en una pequeña libreta.El anunciador, presentó a cada una de las esquinas, y sonó la campana para el primer round, y supiste que el rival era un fajador duro, porque intentaste sacarle el aire cuando se abalanzó como una fiera, tirándote directos a la cara, y cerrándote el paso, para quedar casi cuerpo a cuerpo. ¡Vaya¡ si resistía tus ganchos al hígado, enconchándose como un caracol en su cascarón, bajo tus brazos, cada vez que errabas directos a la cabeza; pero ya lo tenías con tus jabs a la cara, que le hacían daño, y cuando fuiste a sacar el uppercut para rematarlo junto a las cuerdas de su propia esquina, viste a la mujer de los ojos azules relampaguear su Olimpus, debajo del ring, y en un par de segundos sentiste ese golpe seco en la oreja izquierda, que te tendió en la lona, y te dejó sordo para el resto de la vida