
miércoles, 7 de enero de 2009
Memorias

domingo, 4 de enero de 2009
Patricia Ariza: proceso contra el teatro colombiano, la palabra y el pensamiento
Se llama Patricia Ariza. La conozco desde siempre, porque siempre ha hecho lo que a mi me encanta hacer personalmente: pensar con independencia, abordar la palabra desde la poesía, la narrativa, la crítica y la dramaturgia,y subir a un escenario a desempeñar un rol, llamémoslo pedestremente: actuar, y oficiar en la dirección de montajes teatrales, desde una postura abierta y cuestionante de nuestra sociedad. Esa ha sido su vida, o su delito, porque fuerzas oscuras, se han venido -últimamente- ensañando contra esta mujer inteligente, promotora cultural, por haber sido nadaísta (quién no lo ha sido), empatizar en algún tiempo con el sentir "hippie", simpatizar con el Polo Democrático, y pensar en la construcción de un país mejor.
ue si en el gobierno nefasto de Turbay, también quisieron negrear al Nóbel colombiano, Gabriel Garcia Márquez, por sus declaraciones nada gratas para el presidente en comento, por actuar contra principios esenciales de las libertades políticas y de libre expresión, y que casi le fuerzan a asilarse en la embajada mejicana, por qué no ahora, cuando hacer política contra el presidente Uribe, ya no es un ejercicio democrático y de libre examen, sino un acto insurgente.
Patricia Ariza , proveniente de la provincia de Vélez, llegaría a Bogotá, hacia 1948, huyéndole a la violencia partidista, con sus padres. Estudiaría en la Universidad Nacional artes, al lado del maestro Augusto rendón, Darío Morales, entre otros, y su maestra sería Marta Traba, argentina que vino al país (esposa del crítico latinoaméricano Ángel Rama, ambos desaparecidos en aparatoso accidente aéreo en España), y sacó la plástica nacional de una inocuidad enfermosa, para jalonarla hacia creaciones de mayor vigor, trascendentalismo y universalidad.jueves, 1 de enero de 2009
LAS DOCE UVAS
Al salir del bar le entró un mareo, la brisa me ha hecho daño, pensó. Había quedado de encontrarse con la mujer en el atelier que le había dejado a cuidar por estos días de fin d
e año, su amigo el pintor francés, Jean, de vacaciones en la Riviera, con una gringuita que había llegado al puerto, venida de Arizona, hija de petroleros, y con ganas de aventuras. Cuando ganó la avenida, se acordó que por ahí cerca, en uno de los callejones, vivía su hermano. Tuvo que devolverse al bar, porque se le habían olvidado las uvas para celebrar la partida del año. En el apartamento de mi hermano, me baño, y me compongo. Miró el reloj. Eran las once de la noche. Aún tenía una hora. Después de comerse las uvas, beber la champaña y lanzar las copas por la ventana, le pediría que se casaran. Sentía que amaba esa mujer. La quería en todas formas. Le gustaba cómo lo besaba, entornando los ojos, y la sentía tierna, cuando le decía, mi bebecito. Añoraba las tardes, en que ella llegaba al atelier, y se desnudaba lentamente, de espaldas a él, mirándose en un espejo de luna con un deleite narcisista de su piel fresca y joven. Adoraba la curva perfecta de su cintura, y sus gluteos recios. Al entrar al callejón, le pareció ver una mujer parecida a su Alondra, así la llamaba, a cambio de Juana, que le parecía pedestre. Vio como subía al edificio donde vivía su hermano. Debo estar loco, para pensar que es ella . Trató de alcanzarla, pero la mujer ya iba escaleras arriba, cuando él ganó la portería. El portero no le dio información alguna, apenas despegó los ojos del periódico, no he visto pasar a nadie. Y, el señor para dónde va? Le contestó, al segundo piso. Ahí vive mi hermano, Braulio Jerez. Rascándose la cabeza, después de quitarse la gorra, él salió hace rato. No le quedó más remedio, que salir a la calle, y encaminarse al atelier. Pero antes echó una mirada al segundo piso, y detalló que el apartamento de su hermano tenía las luces encendidas, y observó a su hermano y la mujer, es Alondra, la !puta madre¡, salír al balcón, besarse encendidamente, y pasarse de boca a boca las doce uvas celebrando la llegada del nuevo año, mientras en el puerto estallaba la bocina del carro de bomberos, y los juegos pirotécnicos reventaban el cielo despejado del muelle, en miles de figuritas multicolores.viernes, 26 de diciembre de 2008
Alfredo MOLANO, en el Café Kussy-Huayra para hablar de derechos humanos


El país, lamentablemente, merced al expolio de la tierra (ésta, a pesar de la industrialización sigue siendo el motor de su economía, y he ahí la lucha por detentarla: terratenientes, compañías extranjeras), ha provocado una lucha enconada por su posesión, y quienes se han visto sacrificados, y sometidos a toda clases de vejámenes, han sido los campesinos y los indígenas, cuando no las clases populares en la ciudades donde su patrimonio empieza a costar por megaproyectos de mejor prospección sobre los terrenos donde se ubican sus inmuebles, y por ello se hace necesario su desalojo a como dé lugar: compra a precios de huevo, amenazas de muerte o violencia física: plomo ventiao.
Era un 12 de diciembre del año que expira, un hombre moreno, bajito, de mirada amarrada, pero de cerca una mansudembre el pozo de sus ojos, frente amplia, y el pelo cayéndole en canas sedosas hacia atrás, partido por la mitad, de bigotes fieros ( a lo mejicano), se instaló en una mesa sin pretenciones burguesas, de espaldas a un ícono indígena, un mapa de Colombia, y ante un auditorio variopinto: estudiantes, maestros, trabajadores, artistas populares, sindicales, representantes de organizaciones populares (relevante la presencia de la mujer), en el Café Kussy-Huayra de Piedecuesta. Venía por invitación de la Escuela de Derechos Humanos Mario González, a hablar ( quien más sabe de ello en el país), sobre la violencia que asola al país desde las luchas populares del cuarenta, cuando surgen las primeras organizaciones en defensa de la tierra, y las libertades políticas, hasta hoy: el sociólogo y periodista, Alfredo molano.
Del periplo de Molano por la historia del país, queda claro que la guerra se ha desatado por la tenencia de la tierra, y es s
u posesión la que ha generado división y lucha de clases: Pero quienes la han detentado, terratenientes, compañías, monopolios y consorcios, no ha sido para generar bienestar general e incluyente en el favorecimiento de los rendimientos del capital de quienes la trabajan, sino para suscitar más miseria, por el expolio y el desalojo. Los bienes naturales al servicio del capital y el mercado abierto. El pueblo, siempre soslayado, y cuando no reprimido al organizarse para defender sus derechos, o buscar desde las instancias políticas la instauración de una democracia no de fachada, sino incluyente, y respetuosa del otro.
uepamos todos con nuestras diferencias, y las frustraciones y fracasos, la idea que queda es la de batallar políticamente con empeño y con un proyecto del pueblo y para el pueblo, ir generando una cultura de repudio a la mendicidad de los subsidios gubernamentales, y optar por la dignidad. Si otros países han podido, dentro de la misma democracia, alcanzar instancias para el anhelo de forjar una sociedad más igualitaria y social en América, por qué no Colombia. He ahí, un horizonte de esperanza. martes, 23 de diciembre de 2008
Siempreviva

sábado, 13 de diciembre de 2008
e Ubaldo Manuel Díaz. Y no me arrepiento de que la amiga común Geimy (gracias), con un entusiasmo tan fresco y vivo, me haya hablado del sacerdote Díaz, agarrado por el gancho de la escritura literatura, con una vocación indeclinable. Él mismo me lo confirma en el correo donde llegaron sus trabajos, cuando apunta que "hago la salvedad que lo mío es el cuento, no las crónicas, ni los repoprtajes". Los autores rusos son el objeto de su predilección lectora, y naturalmente paradigmas de la narrativa.Relevante que Ubaldo Manuel Díaz, no escriba como sacerdote, ni se amarre a una litertura como la llama convencional. Creo que si Díaz hubiera sido abogado, su literatura no olería a códigos, leyes, ni menos a trapisondas propias del derecho y el litigio, sino a la vida misma. Sus cuentos tienen el alma popular, los personajes en su hondura humana se sienten en ese cuento de Las lobas de la noche, y sus crónicas mismas, son verdaderas joyas del relato - a pesar del jaez periodístico-.
cacique Maganguey empieza a descorrer el velo de la noche. Veo mi pequeño morrar que alisté la noche anterior para mi nuevo camino. Para consolarmeun poco escucho desde mi radio descascarado el poema hecho canción de Antonio machado "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Por el humo blanco que ayer vi salir de la catedral de Magangué sé que" habemus párroco", para este nuebo municipio ubicado en la conflictiva zona del sur de Bolívar en remplazo del sacerdote que le tocó oscurecer y no amancer por las amenazas contra su vida por parte del grupo armado Aguilas Negras.¡Ahí están las lobas! Se escuchó la voz quebrada convertida en susurro. Era mi amigo que hablaba a mis espaldas mientras señalaba a dos jovencitas apostadas en la barra del bar. Las lobas en mención no eran precisamente las que amamantaron a Rómulo y remo los fundadores de roma. Según la academia de mi amigo que seguía pontificando; dícese de aquellas mujeres que devoran a un hombre en un santiamén. Una de ellas estaba de pie junto a la barra atrapada por los musculosos brazos de un hombre silencioso de mandíbula cuadrada y labios de ventrílocuo. Era una rubia atractiva, no pa
saría de unos veinte años con el peinado y atuendo emulando a Paris hilton. Parecía distante, con la mirada perdida y puesta en unos jóvenes que se contorsionaban al ritmo de la música electrónica que tronaba de los altavoces. La cámara de luces se deslizaba como tormenta eléctrica despidiendo intermitentes relámpagos. Al fondo, en medio del humo sobresalía la imagen del carpintero de Nazareth con su barbita dorada con la oración. “Dios bendice mi negocio”. La otra con un vaso en la mano posaba en el extremo de la barra. La música seguía tronando. Ahora el ritmo era interpretado por un cantante vallenato mientras reiteradamente saludaba a un traquetico. Como si fuera una revelación o descubrimiento mi amigo al ver al cantante tronó de nuevo: “yo estuve en esa parranda”.La que estaba al extremo de la barra se había acercado un poco a donde nos encontrábamos. Seguía acariciando como un fetiche el mismo vaso de la noche. De reojo yo la observaba. Era una mujer de piel cetrina y rasgos orientales. Enfundada en un capri Se le insinuaba discretamente a un militar pasado de tragos. Maquillada rigurosamente ocultando el paso de las múltiples veladas. El hombre de la mandíbula cuadrada había liberado a París hilton, que animada y eufórica cantaba en coro con otras amigas. “Cuidao con judas, cuidao con judas”. Yo seguía observando los movimientos autómatas del cantinero que a esa hora tenía cara de pocos amigos parecida a la del hombre que le acaban de informar que su casa se ha caído. Dicen que colocan esa cara revolver 38 largo para que no les pongan “el plomo”. El militar había sucumbido a los encantos de la Mata Hari de rasgos orientales. En su borrachera balbuceaba: “que viva la milicia, que viva la milicia”.La rubia se había acercado descaradamente donde yo me encontraba acribillándome con su pregunta: ¿bailas? - no- fue mi respuesta contundente. Miré al de la mandíbula cuadrada esperando algún gesto. Este seguía ahí, silencioso mirando a unos hombres que hacían fila para entrar al baño. La música era más discreta, mentalmente la seguía con el taconeo de los zapatos. Con el rabillo del ojo seguía mirando al de la mandíbula cuadrada que ahora se acomodaba su cabellera hendida por la mitad como la de Carlos Gardel. La voz ronca de Paris Hilton seguramente de tanto trasnochar me sacó del pentagrama musical: cómo te llamas? Y siguieron las preguntas de rigor. Que haces? Dónde vives? Estudias? Trabajas? Nunca te había visto por aquí. Mi amigo seguía mirando con devoción al cantante vallenato, mientras apartaba con fastidio a un vendedor ambulante que le interrumpía su coito al ofrecerle un corazón de amor y amistad.
No me has contestado cómo te llamas? -Me increpó Paris hiltón – mientras jugaba con un vaso en sus manos – nuevamente observé a mi amigo que seguía extasiado rindiendo culto al cantante vallenato que ahora decía a viva voz que el no era marica como si se lo estuvieran preguntando No quise interrumpirle su devoción y salí un poco para tomar aire.
El tipo de la mandíbula cubista se quedó mirando a Paris hilton abrirse paso en medio de las mesas. Paris Hilton caminó hacía mi hasta casi rozarme. A esa hora todos los negocios vomitaban los últimos clientes de la noche susurrando apresuradas promesas de amor. Nos fuimos caminando por la avenida que moría en la oficina naviera. Miraba sus brazos desnudos, sus contorneadas pantorrillas, el vello de la nuca, ese vello que nunca se logran peinar. Había en su rostro cierta indolencia nihilista. Su actitud era la de una profetisa que está a punto de proferir un oráculo Rebuscaba frases del castellano de Cervantes y las acomodaba a su libreto cuidadosamente aprendido. Como en la casa de los espejos, para cada cliente había ensayado una palabra. Para los gurús de la economía me comentó que les excitaba la palabra “crecimiento económico”, a los políticos “pueblo y democracia” y para mi, aprendiz de poeta prestó una frase del universo Kafkiano que me dejó boquiabierto.
Los últimos carros de la noche pasaban raudos la lustrosa avenida. Mis palabras que habían sido contenidas desde mi época de estudiante comenzaron a salir tenue y libremente como de una caja de Pandora. Pensativa se quedó mirando a lo lejos y susurró: la belleza es una maldición. No pude seguir escuchándola porque un maldito camión lanzó un bocinado parecido al rugido de un monstruo triste.
El Mesías de Handel sonaba en el ambiente. Un rayo de luz traspasaba el verdusco vitral donde la figura del jorobado de Notra Dame limpiaba las campanas. Paris Hilton hacía su entrada por la nave central de la iglesia. Llevaba puesto un vestido negro con escote en v, la imagen que tenía de ella ahora se me hacía más clara. Nada se parecía a ella. La que había conocido anoche. Su hermoso rostro ahora sin maquillaje era tapado por un velo negro parecido alas que usan las viudas de la cosa Nostra. En su mano izquierda llevaba un pequeño abanico y en la otra un devocionario sin estrenar, su taconeo y caminado de pasarela hicieron que la vista de los presentes la siguieran. Las oraciones de esa mañana se convirtieron en murmullo. Cuando alzó la vista quedó petrificada y cayó de rodillas ante la imagen de nuestra señora al verme recostado junto al altar enfundado en una sotana negra.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Lanzamiento de La angustia de las almas en pena, en el Cafe Kussi-Huayra



Carbón, que siempre ha estado atento a darme aliento en la tarea de escribir. Pasearse entre los personajes de La Angustia de las Almas en Pena de Carlos Augusto Pereyra Martínez, es hacer un viaje de descubrimientos y reconocimientos. Es descubrir la cara sensual de la muerte, sus delicadas, resbaladizas y peligrosas líneas de mujer, así como sus formas de masculinidad deshumanizada, de patria indolente, de estado cómplice. Es también reconocernos en el dolor, en la angustia de la madre que espera, de la esposa que pare hambre y aviva con sus entrañas y sin querer, el fuego de la guerra.
El viaje literario de Pereyra posee la atracción cortazariana de avasallar al desprevenido lector entre sus huecos de agua que no son más que un juego fantástico donde el tiempo es transmutado en espacio y el espacio en tiempo; el presente en un incierto futuro, inasible como tallos de espinas; el pasado en un cruce de caminos donde fácilmente se confunde aquel que apenas viene con aquel que apenas va.
La Angustia de las Almas en Pena es una cruel invitación a sostener con firmeza la fría mirada del espejo, pero también nos convoca a mirar hacia el sur de ese dolor llamado rostro y observar el odio plateado del asesino que se suspende y que arremete mientras la mueca se hace trizas.
Pereyra, luego de ofrecernos un cubrelecho de agujas cuando la noche se hace fría inquietante y oscura, recurre al brevaje de la ironía: trivializa lo sublime, idealiza lo ordinario. Y así nos seduce con su Malena que antes fue canto, ahora cuento; con su macho marinero que antes fue bravo, ahora manso y febril.
Si La Sombra de la Máscara reparaba los afanes del Sol, La Angustia de las Almas en Pena acrecentará con borrachera los aullidos de la noche.
