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domingo, 22 de julio de 2007

VELANDIA Y LA TIGRA EN EN EL CAFÉ KUSSY-HUAYRA: UNA VELADA SOBERBIA

Velandia y la tigra, una banda que ya suena en Colombia, porque está dando de qué hablar musicalmente. Al frente, Edson Velandia, músico de búsquedas y rupturas, en un país donde no es fácil dedicarse a crear, porque lo comercial como una bacteria funesta, se fagocita el ingenio, y entonces de qué se vive. Pero ahí, está este muchacho, parido en música de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, con ese espíritu del que no come cuentos, dispuesto a partirse el espinazo por su música. Cabuya, fue una de sus experiencias compartidas para hacer música recuperando porritos, aires andinos, jugando a la letra aliterada, pero la Tigra, es una idea más suya: una banda para hacer lo suyo, indagar sobre lo que le place musicalmente, sin dejar de sentir la tierra, el sabor de sus rasqas, así con q, como Velandia las escribe, para que no quede la duda de que sus temas, donde uno escucha ramalazos de blues, jaz, rock, con aires de guabinas, sanjuaneros, son el placer de la indagación, el goce pleno de hacer música, y el disfrute de cantar con la arrechera santandereana, las canciones de la propia cosecha.
En el Café Kussy-Huayra, de Piedecuesta, este viernes l9 de julio, Velandia y la tigra, lanzaron en este espacio abierto a la cultura y el arte, su primer cidí. Qué mejor lugar que este café que ha luchado por permanecer a pesar de los avatares y los hados fatales, para el recital de Velandia y la tigra. El concierto de Velandia y la tigra, consagra a Kussy-Huayra, porque la gente de Bucaramanga y de Piedecuesta, que conocen de los afanes musicales de Velandia, y de la lucha de Kussy-Huayra por por el arte y la cultura, como en Fuenteovejuna, todos a una, se volcaron en la noche del 19 de julio, para en vísperas de la fiesta de independencia, emanciparse con la música de esta joven promesa santandereana, y su banda. El maestro Dimitri, cálido con su trombón de vara; pleno, Gabriel Matute con su bajo; el Bruce, despertando la piel con la pasión de su batería; ; Cediel, recordándonos que estábamos vivos con sus teclados; Carlos Navas, invitando, matizando con su saxo, Eder Chona, en el perfomance de la novia del Cabeza de burro, con presencia escénica, y Velandia soberbio con su guitarra y su voz.
Mejor reapertura no habría podido tener el café Kussy-Huayra, con el concierto de Velandia y la tigra. Ello es augurio, de que vienen buenos vientos, y que el café que reabrió sus puertas, en la caballeriza de una vieja casona al sur de Piedecuesta, va a ver satisfechas las expectivas de movilizar el arte y la cultura que no se matricula con lo oficial, porque sus constructos y supuestos no son propiedad de nadie, sino del mismo pueblo, que es el que les da vida y entidad.

RENCOR*, LA NOVELA DE COLLAZOS SOBRE LA OTRA CARA DE CARTAGENA DE INDIAS

Cartagena es de esas ciudades que como Estambul o Alejandría, tiene un encanto que sorprende, pero a la vez es paraíso e infierno, aunque como con las caras de la luna, sólo se sepa de su faz iluminada, esa de mostrar al visitante, al turista con la ciudad amurallada, metaforizada en el Corralito de piedra, con los baluartes, castillos y fortalezas, la Casa del Cabrero, el Cerro de la Popa, en el sector histórico, y esos cochecitos de tiro, que se aventuran por las estrechas calles de la ciudad vieja de balcones colgados de las altas paredes de las casas coloniales, allí donde García Márquez, también tiene un espacio para cuando viene al país, y que algunos han pedido al nóbel colombiano que ceda para convertirlo en museo, ya que permanece más en México, su lugar de residencia, más que en Colombia, ahí mismo donde el actor, Salvo Basile, encontró un lugar para el descanso.
Pero, Cartagena tiene su cara oculta, esa que permanece en las sombras, y de vez en cuando salta felinamente, y muestra sus garras. No es la ciudad de la Torre del reloj, ni la de la nostalgia del Muelle de los Pegasos, de El amor en los tiempos del cólera, ni la de la historiada Plaza de la Aduana, menos la de El Camellón de los Mártires. Es la Cartagena de la cara sucia, de los barrios levantados en estacones sobre caños malolientes y sucios, llenos de papeles y basuras, especies de palafitos sobre un mar de inmundicias. Es la cartagena marginal, la del rostro duro, la de la pobreza y la miseria, la de los desplazados, donde se puede juntar tanto la bondad como el crimen. En uno de esos barrios de la cara oculta de Cartagena, se levanta Keyla, una adolecente, hermosa mulatica, que para sobrevivir tuvo que meterse de puta, como otras tantas muchachitas de estos barrios sin futuro, personaje de la última novela, Rencor del escritor colombiano, Oscar Collazos.

La historia de Keyla, es extremadamente dramática. Llega a Cartagena con sus padres desplazada del Uraba. La miseria los ronda en ese barrio del Nelson Mandela donde se asientan. El papá trabajando de vez en cuando, mamando ron, como dicen los costeños. Keyla, madurándose a destiempo, antes de sus catorce años, yendo a la escuela, sin la esperanza de un futuro, viendo como sus compañeritas, desertan de la escuela, para ayudarle a sus papás, o como su amiga Miladys, dedicarse a la putería, para espantar la miseria.
Oscar Collazos, apela a la técnica del documental de cine para hacer más intensa y creíble la historia, al abordar esta novela sobre una Cartagena, que como lo comenta la escritora y catedrática Florence Thomas, está lejos de la que nos venden los reinados. El autor recurre a la técnica del documental para poner de frente al personaje, Keyla, la adolescente que frente a la cámara relata tras las rejas, en ramalazos de recuerdos su vida, especialmente, porque fue la situación que le dejó una herida muy grande, de esas que se restañan y se vuelven a abrir, aquella de cuando después de tantos asedios"... mi papá me jaló de una mano y me botó en la cama. tenía tanta fuerza que a medida que me resistía me sentía más débil. Me subió el vestido, me tapó la cara. Cerré los ojos. Pensé: yo sabía que esto iba a pasar y está pasando. Me abrió a la fuerza las piernas. Sentí tanto dolor cuando me metió su cosa, que el dolor se convirtió en algo raro más fuerte que el dolor. No sé como explicárselo. Dejé de sentir dolor y volví a cerrar los ojos. Pensé en las modelos de las revistas, en lo lindas que eran, en esos cuerpos blancos vestidos con ropas muy caras...sabía que mi papá me la estaba metiendo, que respiraba como un puerco, que el olor a ron envenenaba mi respiración. Eres una mala hija, eres una puta, me gritaba. Y echaba baba en mi boca y en mis orejas...Si le cuentas a alguien lo que pasó, te mató, te juro que te mato, me dijo cuando terminó y salió corriendo hacia el patio, arreglándose los pantalones..."
Con Rencor, Oscar Collazos reafirma, por qué es uno de los narradores colombianos con mayor oficio, identificado en un lenguaje sin adornos o rebusques, llano y sencillo, ese que la vida misma, dura y cruel, le ofrece a sus personajes (ya observados en la marginalidad y tragedia de sus primeros cuentos, que traen a la memoria su Bahía Solano en Son de máquina), desperdigados entre sus novelas, tocadas de erotismo como Adios a la virgen, La modelo asesinada, y Batallas del monte venus. Rencor, en definitiva es la radiografía del país actual, que ha condenado a personajes rurales como Keyla, al infierno de la marginalidad de las ciudades, por ese problema de la tenencia de la tierra, que a Urabá la convirtió en un campo de guerra, para malestar de los campesinos, forzados al desplazamiento.
*COLLAZOS, Oscar. Rencor. Bogotá : Seix Barral, 2006 (2a. edición)

sábado, 14 de julio de 2007

FESTIVAL HATOVIEJO COOTRAFA, RECUPERACIÓN DE LA MÚSICA ANDINA Y LLANERA

Colombia es un país de una gran riqueza cultural, si se observa que por su topografía quebrada que forzó a formar regiones, y por el sincretismo étnico como resultado de las fusiones raciales, provocadas por el proceso conquistador español, y la traída de negros del africa, para que sirvieran en las minas, la música y las danzas no fueron una, sino varias, con los sabores y los colores propios del Llano, de los Andes colombianos, de la costa Pacífica y el Caribe. Cada región folclórica, vendría a caracterizarse con aires musicales influídos por el clima, el paisaje natural de la zona, y la influencia de la música indígena, española y negra como aportantes foráneas.
No extraña por lo tanto, entonces, que en colombia se den con generosidad una ristra de festivales, empeñados todos en no dejar morir el folclor regional. Por eso, ese afán de recuperar espacios, através de estas convocatorias musicales, para que no se pierda la tradición, y a la vez, permita que la tradición se renueve, asi le duela a los puristas. Ejemplos de estos festivales abundan: los del vallenato, el porro, el fandango, la gaita y la cumbia en la Costa Atlántica. El Festival del Mono Núñez, en Ginebra (Valle), donde se convoca a la música colombiana, en la responsabilidad de intérpretes y compositores, que pueden tomar el riesgo de buscar nuevos matices, acordes, transfugarse de la tradición, o acogerse al purismo. Con mi pie izquierdo, apelando al humor y a la fuga, ganó este festival del mono Núñez, merced al ingenio musical y letrista de John Claro.
Pero, uno de los festivales con mayor arraigo en el país, el de Hatoviejo Cootrafa, que acaba de culminar, en su XXI versión, en el pueblito antioqueño de Bello. Esta vez, convocó a los paisas y demás gente del país, que no han perdido el sentido de pertenencia, y se identifican con la música andina colombiana y llanera, en El Cerro del Angel, una especie de mirador hacia Medellín y El Valle del Aburrá, como lo es la Mesa de Ruitoque, donde los santandereanos realizan el Festivalito Ruitoqueño, catalejo abierto hacia Floridablanca, Girón, y Bucaramanga.
Santander le apuntó en esta versión del 2007, al primer puesto en obra vocal inédita, con Gota de sol, una especie de bambuco, para dos voces, hecho en ese matiz y postura de la música colombiana nueva, con visos de renovación, fresca y poética en los versos.
Destacable del festival que los grupos instrumentales, los conforman gente joven, capaz de hacer arreglos atrevidos, para instrumentos, que nunca se pensó en otros tiempos se pudieran juntar para armonizarlos. Qué bien la presencia de una compositora joven paisa, Luzmarina Posada, con una Guabina, Al borde de tu voz, puesta en unos acordes y en unos versos que aperturan al amor sin caer en melodramatismos, donde apunta la metáfora capaz de expresar un sentimiento sin que supure lágrimas. Y, ese bambuco, canto de la esperanza, que tanto le hace falta a un país dolido y hastiado de muertes, A pesar de tanto gris, recordándonos que el sueño de ser felices, no es una utopía, y que está al alcance de las manos, en la grieta de una pared, a la vuelta del camino, entonces por qué desesperar, y no buscar la esperanza.

martes, 10 de julio de 2007

El laberinto del fauno

El cine mejicano ha venido tomando estatura con directores de las calidades de Alejandro González Iñárruti , aquel de Amores Perros y Babel, y Guillermo del Toro, quien sorprende con El laberinto del fauno. Una película de esas a las que no le falta ni le sobra nada, hecha en la comparación con la literatura, con esa capacidad de síntesis de Ernest Hemingway, en El viejo y el mar, o de García Márquez, en El coronel no tiene quien le escriba.
Qué sorprende de esta película del Toro, que trae un Cannes, en sus costillas?El combinar de manera tan creible la realidad política con lo mítico. En la película de del Toro, lo relevante, es que mítica y realidad política se funden, están asociadas en la historia que el director (es cine de autor), tejió para este filme de gran imaginación. Hasta el momento no conozco en el campo de la cinematografía, una película donde lo mítico y legendario, se fundan con eventos reales. Por eso la película cautiva, a pesar de la violencia en medio de la inocencia que pueda suscitar la parte mítica.
La historia, transcurre en el año de 1944, con un capitán de las fuerzas franquistas españolas, enviado a la región, a acabar con los últimos reductos de la resistencia republicana, refugiada en los montes vecinos, a la guarnición del ejército. El capitán, espera a su esposa Carmen, antes mujer de un sastre, que viene en estado de embarazo, y con su hija de trece años, Ofelia. Esta no le tiene afecto al capitán, un tipo cruel y despiadado, frío y sin asomo alguno de humanidad. Al llegar a la guarnición, Ofelia, entra en contacto con el fauno, en una de sus incursiones al laberinto, y le es encomendada una misión, que se va juntando a otras, y que debe satisfacer a cabalidad, pues ella lleva en su cuerpo el alma de una princesa, que de su mundo, se vino al de los mortales, y perdió la vida. Sólo el alma de Ofelia puede salvar el reino de sus padres. Por eso es necesario que cumpla con las pruebas, para retornar a él, y darle sostenibilidad, como heredera del reino.
Mientras Ofelia vive el dolor de su madre expuesta a un embarazo difícil, que la obliga a tener un médico a bordo, y observa las hostilidades de su padrastro contra las guerrillas republicanas, también padece, alternativamente, sus avatares con el fauno y sus pruebas.
Al interior de la guarnición, la resistencia republicana, tiene a dos cabezas de playa: el médico y Mercedes (Maribel Verdú, una de las mejores actrices del cine español). Son los que sostienen a los guerrilleros con medicinas, y provisiones, pues Carmen, maneja la preparación de la comida del regimiento, y por lo tanto tiene acceso a la bodega.
Tanto la historia mítica como la real, tienen el final de los cuentos de hadas, pues quién en la utopía política o en fabulario no ha soñado con un mundo donde la felicidad sea distribuída con espíritu de igualdad y de justicia.

domingo, 8 de julio de 2007

LA ENVIDIA DEL PLYMOUTH DE COLECCIÓN (Minicuento)

Era tarde ya (eso de las seis), cuando recogió a la bella mujer por la paralela al mar. Se subió en el puesto de atrás del viejo plymouth, y él encendió la luz interior del carro -que acababa de comprar por las lados del fuerte de San lázaro, a un negro jamaiquino contrabandista- para observarla mejor. La mujer cruzó las piernas, a la manera de Sharon Stone en una de sus películas, y no recuerda más. Ahora sólo sabe que tiene un fuerte dolor de cabeza, está tirado en un hediondo caño que huele a pescado podrido, le faltan su celular y las tajetas de crédito, y le han robado el plymouth, que había comprado para hacer rabiar de la envidia a sus camaradas de golf y ginebra en el club, y que como él soñaban con agregar el plymouth, el único que les faltaba, a su vieja colección de carros.

martes, 3 de julio de 2007

CRÓNICA DE KUSSI-HUAYRA, UN CAFÉ ARTE CON MALDICIÓN GITANA

Hará cuatro o cinco años atrás( el tiempo pasa tan raudo, provocando la desmemoria), que el Café Kussi-Huayra comenzó su vida de gitano en Piedecuesta, un pueblito santandereano, ahí hacia el sur, como quien toma las de villadiego para Tabogo (los cultos dicen Bogotá), conformando con Floridablanca y Girón, ese semicerco sobre la capital, Bucaramanga, que llaman con tanto aparato, los medradores del desarrollo, Zona Metropolitana. Primero, se instaló Kussi-Huayra, por la carrera octava, detrás de las dos imponentes iglesias (de calicanto la una, de piedra la otra), que apechugan La casa consistorial, (antes Palacio Municipal), enconchado como en una valva protectora,en un estrecho pero afectivo localito, ofreciendo lecturas poéticas con esos soñadores de la tertulia Tras las huellas del poema, que en un diciembre se trastearon de Manizales, al Premio Nacional de Poesía Julio Cortázar (1997), y Premio Nacional del Quinto concurso de poesía, Ciro Mendia, Julio Cesar Correa Diaz, para que leyera sus poemas en el entrañable barcito en comento.
Luego, aún a espaldas de las dos memorables iglesias, en largo zaguán, se abrió hacia un patio interior, amplio y acogedor, para darle abrigo al teatro (Gestus, Alas de Xue, Triciclos Negros), a la plástica, con las curadurías de Omar Suárez, al rock, a la música andina, a las experimentaciones de Edson Velandia, escarbando en los porritos, en las guabinas y tonadas santandereanas, dándoles un aire nuevo con Cabuya, y ahora con su propio grupo La tigra, donde suena un trombón con un sabor que se pega a la memoria.
Después tuvo que buscar otro lugar, el gitano y tanshumante Café Kussi-Huayra, que no desmaya en su porfía por subsistir, gracias a la terquedad de Las González: Clarita, Magda, Rocío, Amparo, su hermano Helberth, y Doña Bárbara, vientre que parió a estas mujeres, capaces de echar a andar sus sueños, ellas que han abrevado en la sociología, la historia, el trabajo social, la psicología y la administración, fuentes ineludibles para mirar la vida con rostro humano y sensible por eso su apuesta por el arte y la cultura.
En este periplo indesmayable, Kussi-Huayra, se refugió en una nueva concha, por los alrededores del parque principal, donde las dos memorables iglesias hienden el cielo: a dos cuadras, por el norte, en un centro comercial (Guatiguará). Ahí volvió la poesía, los locos de Tras las huellas del poema, la música andina, y una que otras discusiónes sobre arte y política, entreverada con expontáneas intervenciones de guitarristas, y cantantes, al calor del vino que prepara el café Kussi-Huayra.
Pero la maldición gitana, se ha cebado con el Café Kussy-Huayra, y este año cogería rumbo al sur del municipio, camino del Barrio Hoyogrande, y en la calle l3 No. 6-53, en el vasto espacio de una vieja casona, que fuera el abrevadero de mulas y caballos de arriería, abriría de nuevo sus puertas, contra el viento y la marea, y las oscuras maquinaciones de sus detractores, este café itinerante que se casó con el arte y la cultura, y que no entiende de fracasos ni derrotas.

miércoles, 27 de junio de 2007

BORGES, SIEMPRE RECORDADO

Borges es de esos escritores, para los cuales no es posible el olvido, a pesar de que cumplan como el poeta y cuentista argentino, veintiún años de muerto. Como cervantes, Borges no parece que estuviera bajo tierra, y que por el contrario anduviera por ahí de conferencia en conferencia, colgado del brazo de María Kodama, la última mujer de sus afectos, su apoyo moral y contable. Borges es como Rulfo, una lectura obligada. Siempre se retorna a sus páginas, porque el tiempo no las agota, y las lecturas repuestas de sus textos, nos abren a nuevas interpretaciones.
Uno no vuelve a Borges, miento. Él siempre ha estado presente (a pesar de que los años se junten en su obituario). Borges, es como la siempreviva: cita obligada en algún comentario, en el trazo de un ensayo, en un cuento, en un poema o en una novela. Excelente poeta, y atinado cuentista en ese mismo nivel de un Horacio Quiroga. No apuró la novela, a pesar de su parentela con el cuento, porque especulo que la consideraba espúrea. La cuentística de Borges -perdóneseme la tautología- es paradigmática como sus ensayos y su poesía. Uno piensa que sólo en el cuento, podía Borges tejer esos personajes naturales y salvajes, de sus relatos de guapos, que bien pueden estar en El Hacedor, pero más en Historia de la infamia, donde la narración se la presenta al lector en un doble pliegue, no fácil de desentrañar, hasta dónde es ficción o historia. Es que Borges hace de la ficción historia, o la misma historia la transforma -en una peculiar alquimia literaria- en ficción.
Hombres de la esquina rosada, que si las lecturas no me fallan, procede de la relaboración del cuento, Hombres pelearon, es el culto a los guapos, seres silvestres, criados a las orillas de los ríos Paraná o Mar del plata, por eso el apelativo de orilleros, siempre enfrentando a la muerte en las pulperías, al calor del trago o de una palabra que es ofensa, y fuerza a sacar el cuchillo, para defender la honra de bravo y corajudo, como Francisco Real y Rosendo Juárez, los personajes del cuento en mención.
Ahora que hablo Borges, me vienen a la memoria, dos guapos, como los de los cuentos de Borges, en una cantina rural del Cañón del Chicamocha, en Santander, que se ataron las muñecas de la mano izquierda, mientras apretaban en la mano derecha el cuchillo conque se liarían a puñaladas, camino de una tragedia griega.