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martes, 5 de enero de 2021

MAR Y LUNA

 

                                                            *Foto propia: playa de Coveñas (Colombia)



El mar se quedó en sus ojos,

basta mirarlos para sentir su nostalgia.

Sólo faltan las algas,

las anémonas,

y los pececitos de colores en sus ojos

aguadas de mar.

En las noches los observo,

y una luna se mueve como un candil,

en un cielo de sombras; 

luna que se quedó encendida

en el fragor,

 el pálpito de nuestros cuerpos

en la playa, 

aquella noche de amor de diciembre

bajo un enjambre de luceros y estrellas,

mientras la brisa  arrastraba de lejos

un murmullo de gaitas 

y tambores,

alegrando la noche.



martes, 29 de diciembre de 2020

Savia y sombra

 

 






Foto propia: Museo Ramírez Villamizar, Pamplona




Entiérrame aquí cuando muera,

en este viejo patio

donde se cruzan los aires de la rosa

de los vientos,
bajo el viejo magnolio con el cual,

el tiempo no ha podido,
que quiero ser savia 
en su tronco,
en sus ramas,
en sus hojas;
y nido de pájaros

en el dosel de su cielo.

Entiérrame aquí, 

bajo el magnolio

que también quiero ser sombra



sábado, 19 de diciembre de 2020

Susurro

 


*Foto intervenida


¡Qué! importan el tiempo y la distancia.

La vuelvo a ver después de tantos soles,

después de tantas lunas,

después de tanta agua bajo los puentes.

Tiene los mismos ojos

de profundo cielo,

y los mismos labios de fresa en su boca.

No llevaba la faldita de tableta,

ni el cuaderno de apuntes,

donde algunas veces

le enseñé a hacer ensayos

¡Qué! importan el tiempo y la distancia

si me quedé en sus ojos

como un pez de ternura.

Esta mañana

la sorpresa de su voz en el teléfono,

fue un susurro de brisa amanecida.




 

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

Brisa

 






*Foto intervenida


Desde aquí donde no te tengo,

busco en los nardos el olor
de tu cuerpo de madrugada.
Aún la brisa del alba
no olvida la fragancia a limonero de tu pelo.
En la antípoda en que estás,
quizás ya hayas mirado esta luna,
tan llena de luz como tus ojos,
en el asombro de tu gruta rebosada
de humedades de la vez primera.
Sé que volverás cuando ya me extrañes.
Dejaré la puerta abierta,

para que entres como una brisa grata,
en la piel de la noche.




martes, 24 de noviembre de 2020

Como una canción





*Foto intervenida



Quise hacer una canción 

mientras le pongo el botón que le falta a la camisa,

y ella prepara el café que riega el aroma de su amor

por toda la casa,

como una primavera adelantada.

Y salgo al patio a tararear mis versos ripiosos

en una canción feliz llevada por brisa que azota

las malvas, 

amapolas, 

azaleas

y hortensias 

crecidas por ensalmo en los viejos maceteros 

que el tiempo no ha podido con ellos.

En cada verso soltado al viento

como pájaros desenjaulados,

caballos desbravados que vuelven 

a su llano,

versos  aún en bruto, 

siento en ellos la caricia del sol calcinante  y del viento

aire brioso.

Cómo me hacen   feliz  mis versos ripiosos

soltados a la rosa de los vientos del patio de mi casa.

Ojalá suelten  amarras en otros lares 

con el contento  de  las flores silvestres

de mi patio.


 





.


domingo, 15 de noviembre de 2020

EL GATILLERO

 

 



Foto intervenida



La boca le sabía a cobre cuando abrió los ojos. Trató de moverse de la cama, pero una agonía le trepanaba el estómago. Al fin tuvo que levantarse, porque se le vinieron unas incontenibles ganas de vomitar. Creyó que se le iba la vida, cuando dejó en la taza del inodoro, una baba verde y mucilaginosa. Se levantó untó de crema el cepillo de dientes y se lavó la boca con saña. Pero le olía la piel, al bravo aguardiente con el cual pasó la marihuana, que le había traído Néstor su contacto de Buenaventura. Se metió bajo la ducha hasta sentir que no hedía como la sentina de esos barcos que venían del otro lado del mundo, y descargaba a pulso cuando fue estibador. Entonces recordó a la mujer con la cual había estado toda la noche, esa perra que se ha puesto a organizar los pelaos con sus campañitas sociales en Nuquí, y hay que darle balín, recordaba el mensaje que le habían dejado en su correo. Era una morena de nalgas rotundas, le brillaban los ojos como dos candelillas, en la oscuridad del cuarto.

Había podido matarla, esa noche cuando la enredó con el cuento de que él trabajaba para las comunidades negras del Bajo Cauca, mientras bailaban, al ritmo de Herencia de Timbiquí, “Vive a tu manera”, grupo que había sido invitado a animar las fiestas patronales. Sí. Hubiera podido matarla ahí mismo, mientras hacían el amor, en medio del jolgorio y la pólvora que reventaba los cielos, en uno de los cuartos de la Asistencia social de Nuquí, pero no pudo. Por primera vez sintió miedo, mierda físico miedo, a pesar de que en sus cuentas pasaban más de cien los muertos; le temblaron los dedos a la hora de jalar del gatillo.


ACOTACIÓN: éste cuento en homenaje a los líderes y lideresas sociales, de las comunidades negras colombianas de la Costa Pacífica, asesinados por las fuerzas oscuras del sistema y el paramilitarismo. Subo este video, A mi manera y hago su mención en el relato, porque Herencia de Timbiquí, fue uno de los grupos que se pronunció sin esguinces,  contra el asesinato sistemático de los líderes sociales, y ha manifestado su inconformidad con un gobierno que ha sistematizado la violencia contra quienes quieren una Colombia inclusiva y diferente. Y, porque, no joda¡ son creativos y me ensalma su música, a partir de la fusión de aires típicos del Pacifico colombiano, en la búsqueda de nuevos sonidos.





jueves, 5 de noviembre de 2020

MASCARADA

 





*Foto propia intervenida



Se puso el antifaz,
y supo que ya tenía máscara,
la de los fingimientos diarios porque la verdad duele,
la de las poses tanteadas al caminar para ganar adeptos
la del amor actuado para que digan que cortés
y buen amante es.
Se va por la vida con el camuflaje de las palabras,
lengua de culebra mapaná que engaña,
Alguien grita desde otra orilla de la vida
que ama la verdad,
su verdad con gesto de comedia,
o de trágica mascarada
donde se anuncia la vida,
y la muerte decapita las cabezas del convite
Cómo creer en el otro,
si el otro dejó de ser diferente
y hoy cercena las palabras
en los libros;
amordaza las cuerdas de una guitarra
que canta libertad,
y le pone en las manos fusiles a los niños
para que ametrallen desde su inocencia
la vida,
como si ya no tuviera suficientes
muertes la vida