miércoles, 8 de enero de 2020
PAGINAS DE CUADERNO
*Foto propia
Nunca pude decírtelo,
quizás el miedo,
me amarraba la lengua.
Por eso te dejaba poemas de amor,
en las últimas páginas
de un viejo cuaderno
de tareas,
que nunca mirabas.
Cuando leas estos poemas,
por si acaso,
(uno nunca sabe),
notarás,
que lo firman dos corazones:
el tuyo y el mío.
Espero lo intuyas
Etiquetas:
Amor.poemas- Miedo. Corazones
martes, 24 de diciembre de 2019
El poema que no pude escribir
*Foto de internet intervenida
Natalia, Rodrigo:
Quise escribirles un poema de amor,
A su amor de cómplices,
Por tantas vainas de la vida
Que compartían
Pero no pude
El dolor no me deja
Cómo escribirlo,
Si los bárbaros,
Camino del tálamo
Les mataron su mayor felicidad:
La de seguir siendo cómplices
De la vida
Quise escribirles un poema de amor,
A su amor de cómplices,
Por tantas vainas de la vida
Que compartían
Pero no pude
El dolor no me deja
Cómo escribirlo,
Si los bárbaros,
Camino del tálamo
Les mataron su mayor felicidad:
La de seguir siendo cómplices
De la vida
Colombia, es una carnicería de artistas,escritores, estudiantes, líderes sociales, pensadores, profesionales de las ciencias sociales y defensores del medio ambiente. Matanzas que se han agudizado porque puede más la rabia contra un régimen que gobierna para el sistema financiero, en el más quintaesenciado neoliberalismo, y el pueblo acude al arma pacífica de las marchas, el paro y los cacerolazos como protesta. Natalia y Rodrigo, la última de las muertes sensibles, eran antropólogos y ecologistas con proyectos ambientales de gran envergadura. Los mataron brutalmente, como una señal de escarmiento, cuando estaban en la costa atlántica, ad portas de su luna de miel. Qué mierda de país, mi país¡
martes, 10 de diciembre de 2019
Vaticinios
*Foto intervenida
... esa
boca carnal
había estado
en mis sueños,
no importa
el tiempo,
ni el espacio
de los enfebrecidos
delirios.
Ahora,
sólo sé
que era tu boca
de húmedo
y salino beso,
de cuando madrugas al
alba,
y empieza a respirar el
día
la promesa de tu
cuerpo,
como una flor de erógenos
pétalos…
miércoles, 27 de noviembre de 2019
Rasgaduras
*Foto intervenida
Muerde la angustia de la tarde
el alma.
Tu beso sabe a sal
grano a grano
como una siembra de amargura
en un reloj de arena
eterno,
y nos vamos quedando
sin tiempo,
sin historia
desnudos de todo
desnudos de piel
jueves, 14 de noviembre de 2019
TIEMPO DE BRUJAS
Foto intervenida de internet
Creo
la primera vez que la vi, andaba de elásticos y gafas oscuras en una bicicleta
montañera por el barrio, No me interesó qué hacía, hasta cuando casi me
atropella, en el momento en que yo corría a buscar un taxi. Ella rodó al
derrapar la bicicleta, sus elásticos se rompieron por las rodillas que le
empezaron a sangrar, y sus lentes negros volaron por los aires. Vi sus ojos
almendrados, bellos y cautivadores, pero inexpresivos, que me miraban en la
duda de la disculpa y el dolor. No tuve más remedio que auxiliarla, y la
levanté del suelo. Sentí que era recia y atlética. La brisa le hizo caer su
pelo lacio y trigueño por la cara. Apenas pude escucharle, un ahogado
discúlpeme, y a pesar de mis ruegos, para que fuera al hospital, buscó los
lentes y su bicicleta, y se perdió de mi vista y del barrio.
Por
ahí al vuelo, alguien me dijo que era arquitecta, y que como en él aún se conservaban casas coloniales, pensaba
hacer un estudio. La verdad, no volví a saber de ella, y ya la había olvidado,
cuando me la tropecé por la parte vieja de la ciudad, tomándole fotos a una
vieja Capilla de las Clarisas. Me confirmó que era arquitecta. Le fascinaban
las casas viejas y las iglesias, y si eran de orden gótico mejor. Me lo dijo
cuando entramos a una especie bar, y ya sentados, nos bebimos una cerveza. Fue
cuando le confesé que trabajaba para una revista. Hacía calor, y no sé por qué
sentía que conocía a esa mujer de antes. Me llegaban ramalazos de momentos
vividos con ella, pero no podía ponerlos en claro, mientras nos besábamos,
besos que me parecían dárselos a un ser etéreo e ingrávido. Y se fue como
siempre, sin despedirse, dejándome pegado el olor de su perfume, agradable al
olfato, pero con la fragancia de los ramos de flores de difunto.
Seguro
que no es invento, ella viene y se va de mi vida como el humo, le decía a uno
de mis amigos, un treinta y uno de octubre, cuando salimos en eso de las seis
de la tarde, a tomarnos una cerveza. Acabábamos de entregar el material al jefe
de redacción, y le hablaba a Jorge ( escribía de política en la revista), de la mujer fantasma que sobrecogía mi vida,
en un bar de la Avenida de los periodistas. Afuera, veía desde el ventanal
inmenso del bar, grupos de gente ya disfrazados, por las aceras de la avenida,
camino de los clubes y las discotecas, que habían programado noche de brujas,
en el centro de la ciudad.
Aún
no terminábamos la primera cerveza, cuando vi entrar al bar un
"parche" de disfrazados como los personajes de la Odisea. Sólo les
faltaba el barco. Ahí estaban Ulises, y los protagonistas de su retorno a Ítaca,
como el esperpéntico Polifemo, y su único ojo en la frente; también la
hechicera Circe, que entró de última, y esparció un olor a flores de difunto,
la misma odoración que caracterizaba a la mujer que entraba y salía de mi vida
(la arquitecta) sin pedir permiso. Lo que más me extrañó fue que no se hizo en
la barra, como el resto de la comparsa, sino en una de las mesas que estaban
vacías y se quedó mirándome. Es ella, no hay duda, me dije, y sin despedirme de
Jorge, fui a abordarla, la tomé del brazo, y salimos a la Avenida. Caminamos
unas cuadras, y nos registramos en un pintoresco hotel, quería impresionarla,
mientras afuera la algarabía de los niños ya pedía dulces a montón. Nos
instalamos en uno de los cuartos del segundo piso. Te mereces lo mejor,
elogiando el hotel, creo que le dije, mientras me miraba tras sus ojos almendrados.
La
noche fue inolvidable: besos, espasmos de piel, y marasmos cuando ya no quedaba
otro camino que dejar que la ansiedad se desbordara. Recuerdo que en la
desnudez que le daba brillo a su cuerpo de ensalmo la noche, se levantó. Voy al
baño dijo, y me quedé profundamente dormido, hasta altas horas de la mañana,
con el sol ya entrando por la ventana, cuando con estupor observo que ella no
está. Llamo a recepción, y pregunto por la mujer que se registró conmigo en la
noche. Bárbara, así se llama, se registró con ese nombre. La mujer que me habla
desde la recepción, me dice, para mi desesperación, que yo venía algo
embriagado, pero no me acompañaba ninguna mujer
Etiquetas:
brujas.,
Cuento corto. Relato negro. Fantasma
jueves, 31 de octubre de 2019
Ausencia
*Foto propia
La tarde huele a ti,
a naranjo en flor,
en la brisa que levanta alas
en las hojas de las ceibas
y de los caracolíes.
Más tarde lloverá,
y la lluvia caerá
sobre los tejados,
inundando los patios
de la casa
como si llorara tu ausencia
miércoles, 23 de octubre de 2019
Cuánto puede un poema
*Foto intervenida
Creí que nunca me volvería a hablar, cuando le
confesé entre nubes de rubor y vergüenza, que la quería. No se conmovió. Se
quedó mirándome con un gesto indescifrable de Gioconda, y no sacó palabra
alguna
Hoy, le dejé un poema,
que me pareció hasta cursi, en la última hoja de uno de sus cuadernos de
estudio, como para que no lo leyera:
"No me
importa que me quiten la luz eléctrica/
si tengo una
hidroeléctrica de luceros
en tus
ojos."
Me va a matar, pensé,
cuando cogió el cuaderno, y vi que pasaba hojas y hojas, y se detuvo en la
última página, leyendo con interés el poema que le había dejado. Pero no.
Levantó la mirada, me sonrió, y me mandó un sublime beso. Entonces, supe,
cuánto puede la poesía por banal y cursi, que parezca
Etiquetas:
cuento corto. Amor. Rubor. Poema
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