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viernes, 28 de diciembre de 2007

La Novia, un personaje del actor Eder Chona para la escena y el videoclip
Ese personaje de la novia, nació del regalo de un traje de novia, y vaya paradoja, de una novia que hace trajes de novia, al actor, en ese entonces su novio Eder Chona, que lo requería para la obra El collage del poder, del teatro Gestus de Piedecuesta, una especie extraña de perfomance, teatro sin palabras, concepto o instalación teatral y mamadera de gallo, que causó erisipela, en quienes desde una postura papal excomulgaron la propuesta, porque se apegan a una tradición en el quehacer teatral, y no soportan la experimentación y la búsqueda.
Con el tiempo el personaje de la novia, uno de los tantos que sostenían el Collage del Poder, se fue r0busteciendo, hasta tomar estatura universal, gracias al aporte creativo del actor Eder Chona. Por eso, el cantautor, Edson Velandia, viniendo de su experiencia con el grupo Cabuya, para montar, ahora, una banda más de su corporeidad creativa: Velandia y la Tigra, incorporó como personaje de entrada de sus conciertos a la novia, en una perfomance donde juegan la novia y el burro, un papel relevante, para proyectar la magia de las canciones de Velandia.
DE ahí que, desde la cara enharinada de la novia, para mostrar un rostro donde su gesto es ambiguo, como la misma Monalisa, pues no se sabe si ríe o se conduele, que se asoma al videoclip del sietemanes, ya se preludia ese mundo de onirismo y realismo tropical, en el que se mueven, tendiendo al esperpento, los protagonistas de las historias de las canciones de Velandia.
Bien, por EDer Chona, y su personaje, y ojalá que la novia, encuentre novio rápidamente, pues no es saludable andar tanto tiempo sin consorte. Quien quita que el burro se conduela, y la lleve al tálamo, para que mate las ganas, y no se quede como tanta viuda de altar, vistiendo santos.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El cazador cazado
Cuando el hombre agazapado en el bosquecillo de bambúes, separó las ramas cautelosamente, con la punta del cañón de su rifle automático, para dar muerte a un tigre dientes de sable, una garra le aventó de las manos el arma y la otra le desgarró de tajo certero la cara, transformándosela, en instantes, en una horroroa máscara de tregedia griega.
A Mario, el poeta de la boina negra

Sé que el río Cimitarra
no pudo tragarte del todo.
Eres polvo de estrella,
siemprevivo,
y con él
nunca pueden
las polillas del olvido.

viernes, 14 de diciembre de 2007

UN PETARDO EN kUSSY-HUAYRA (CUENTO)

En eso de las cuatro de la mañana, cuando el viejo Helberth, se despertó por el totazo del petardo, aún con las telerañas del sueño, le dijo a Sandra su mujer, !mija, adelantaron las navidades¡, sin llegar a sospechar que era la bomba que habían puesto en el bar Kussy-Huayra de sus hermanas, y donde él como un relojito suizo, todas las noches oficia de barman.

martes, 11 de diciembre de 2007

La noche de las velitas en Kussy-Huayra

Es sábado ocho de diciembre. Noche con luna y lucero, mientras un gato maulla en el tejado, porque su gata lo ha plantado. El reloj del parque La Libertad de Piedecuesta, da diez campanadas, mientras las luces de las velas tiemblan sobre las mesas del bar Kussy-Huayra. La gente arracimada entre las mesas, e íntima del hombre de la Tigra, mientras se aparece en escena, calienta motores con cerveliona o un wyscacho. Hay calor humano para este nuevo convite con la canciones de Velandia, ese que ha sabido ponerle vestido nuevo a la música de la entraña, y lo mejor hacerla gustar, porque quién no se sabe El sietemanes, que mitifica a Conejo, el creador de las telas, pintor en huida, hacia las venezuelas, como dice una tía, para matar una pena de amor.
Ahí en Kussy-Huayra, el sarao de la noche de las velitas , fue un acto de fe en la música de Velandia. Coreando sus rasqas. Noche mágica, cuando se aparece un ángel de la danza, Sonia la hija de Sonia Casadiego (la grande), la que abrió el camino a la danza seria, no la de entretenimiento, en Santander. Venía a compartir las canciones de Edson, su amigo entrañable.
Más tarde, al calor de los tragos, el hombre de la Tigra, fue invitando a caros amigos de la música, la literatura y el teatro, para que fueran a tarima a estrechar la amistad con poemas y canciones. Oscar Delgado, desempacó su arsenal poético; quien esto escribe, recordó en canciones al desaparecido mayito, el hermano entrañable, que Las González (CLara, Rocío, Magda, y Amparo, diosas tutelares de Kussy-Huayra), no pueden echar en el olvido. Freddy Chona, nos atrapó con canciones de Fito Páez. Faltó su saxo. Por eso, es que Kussy-Huayra no muere: es un bar para sentirse bien.

viernes, 7 de diciembre de 2007

El mechón de pelo rojo.

Los amigos le dicen que debe estar loco, porque en esa casa de altos paredones, puertas de madera claveteadas, y balcones voladizos, que está en las afueras del pueblo, como una herida del pasado, o el muñón de un árbol que recuerda el esplendor del bosque, nadie la habita. Sólo el polvo que se acumula en los viejos muebles amenazando ruina, en las cortinas de rojo terciopelo, hechas jirones por la acción de la polilla. Él insiste, que estuvo ahí, con una mujer pelirroja como atardeceres de arrebol, de ojos serenos como lagos profundos, y en la cama de dosel, haberse amado con una pasión primitiva, salvaje. Los amigos le recuerdan que esa mujer sí vivió, en esa casa, pero hace muchos años. Era alemana: Sara Hartmann, se llamaba, y su esposo la encontró una noche, metida en la cama con el jardinero, y los asesinó a guadañazos. En las paredes de la alcoba, aún quedan rastros de las salpicaduras de sangre, como memoria del macabro crimen. Jorge insiste en que pasó la noche con la mujer, y saca del bolsillo de su chaqueta, el mechón de pelo rojo -amarrado primorosamente- con una cinta de seda, y asegura, la mujer se lo dejó como recuerdo, para que nunca la olvidara.

martes, 4 de diciembre de 2007

Caja china

En el sueño ella observa desde afuera, através del cristal de la ventana, lo que ocurre en el cuarto. Adentro se ve ella misma con un hombre que está de espaldas, y acaban de hacer el amor. Ella le da un beso. Se levanta y va al baño, acomodándose en el bidet, para que el agua fresca fluya en la caverna de su sexo. El hombre, mientras tanto, tira con los pies una vieja silla donde cuelga su ropa. Del pantalón saca una cuerda de nylon y la tensa por las puntas, probando su resistencia. Ella, la mujer que observa, cree adivinar que es su amante. Pero al erguirse revela el rostro empalidecido de su marido, que avanza con sigilo al baño donde está ella: la misma mujer que observa, la misma mujer que sueña. La que observa hace esfuerzos desesperados por llamar la atención de la que está en el baño , pero la voz se le hace un nudo en lña garganta, cuando intenta gritar, y las manos se le vuelven algodones, al golpear el cristal de la ventana, para advertirla. Y la que sueña, lucha por despertarse y salir de la pesadilla para salvar de la muerte a la del baño, que es salvarse así misma, pero no puede. Su cuerpo se ha petrificado, por el terror que le causa saber que la van a matar, y le angustia saber que no puede hacer nada. Pero al fin despierta, cuando siente unas manos que la zarandean y la estremecen. Son las de su marido. Qué pesadilla, mujer!, y ella fija sus ojos en el rostro de cera de su esposo. ¿Qué soñabas? ! Que me ibas matar! Le dijo colérica. Él la observa desde su palidez de cirio. Qué cosas se te ocurren, ríe sarcástico. Se levanta de la cama, y sale del cuarto, riéndose aún. Y, es cuando la mujer ve tirada en el suelo la cuerda de nylon conque su marido iba a degollarla en el sueño.