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domingo, 7 de julio de 2013

Lecho

  



         Lecho




Busco su concha blanda
de caracol,
y me anido en ella
como gusano de seda
en su ovillo húmedo 
y blando.





sábado, 29 de junio de 2013

Silvestre sensualidad ( A propósito de los 50 años de Rayuela)

Silvestre sensualidad

Estás ahí
frente a la camára
con la picardía 
e inocente sensualidad
de La Maga en Rayuela,
sonriendo para Horacio.








RAYUELA Y SUS CINCUENTA AÑOS DE PUBLICACIÓN




Tanto al lector como al escritor los aproxima el asombro. Leer y escribir es un acto mágico. García Márquez, sintió un vuelco con el personaje de Kafka, transformado en insecto, y que esa fórmula para la metáfora del aislamiento por desafecto funcionara. Por ese rígido academicismo de los maestros frente a la construcción de la novela, del aristoteliano proceso de: principio, nudo y desenlace, cuando apareció Rayuela, no pocos la condenaron, eso no es novela, es un sancocho, no tiene hilación. Yo me sentí con la lectura inicial, conmocionado, por no decir que extasiado, quizás con esa misma ebriedad del hombre aquel que despertó y ahí tenía por primera vez, frente a sus ojos al dinosaurio.


Rayuela, como los antipoemas de Nicanor Parra, propone una fuga de esa línea recta que es la novela simétrica de fijar de manera inconmovible la narración con una introducción a la anécdota, luego el desarrollo del conflicto, y finalmente su solución. Indudablemente desde esta postura, fuerza a contar sin sobresaltos, fugas o sorpresas. 

En Rayuela, ya no importaba el principio, ni el conflicto, menos el final. Antes que todo primaba la emoción, el sentimiento, el juego, las reconditeces del alma humana. Porque qué se viven con Horacio Oliveira y La Maga, los personajes de Rayuela, junto con la filosofía y la cultura zen, sino son estados del alma. A Cortázar le importaba un carajo la estructura, él que desde un interés surreal y absurdo, le gustaba en sus historias más transparentes (Los premios, Octaedro, GLenda desordena estas rosas), mostrar el interior del ser humano, musical, soñador, inquiridor y nostálgico.

Hace cincuenta años, fue publicada por primera vez, Rayuela, una manera distinta de ver la novela, de renovarla, de hacerla interactiva, en ese espíritu juguetón de Cabrera Infante, en Los tres tristes tigres, o del colombiano Julio Olaciregui, que propone una novela de fuga, con París como protagonista en TRapos al sol. La Maga, un personaje eterno, tan eterno, que aún cincuenta años después, no se le quita de la cabeza, esa mujer buscando por debajo de las mesas del restaurante una moneda. A pesar de lo surreal de Rayuela, La maga sobrevive, y para delicia del lector, este fragmento, toda una disquisición de Horacio Oliveira sobre el amor:

"Saberse enamorado de la Maga no era un fracaso ni una fijación en un orden caduco; un amor que podía prescindir de su objeto, que en la nada encontraba su alimento, se sumaba quizá a otras fuerzas, las articulaba y las fundía en un impulso que destruiría alguna vez ese contento visceral del cuerpo hinchado de cerveza y papas fritas. Todas esas palabras que usaba para llenar el cuaderno entre grandes manotazos al aire y silbidos chirriantes, lo hacían reír una barbaridad. Traveler acababa asomándose a la ventana para pedirle que se callara un poco. Pero otras veces Oliveira encontraba cierta paz en las ocupaciones manuales, como enderezar clavos o deshacer un hilo sisal para construir con sus fibras un delicado laberinto que pegaba contra la pantalla de la lámpara y que Gekrepten calificaba de elegante. Tal vez el amor fuera el enriquecimiento más alto, un dador de ser; pero sólo malográndolo se podía evitar su efecto bumerang, dejarlo correr al olvido y sostenerse, otra vez solo, en ese nuevo peldaño de realidad abierta y porosa. Matar el objeto amado, esa vieja sospecha del hombre, era el precio de no detenerse en la escala, así como la súplica de Fausto al instante que pasaba no podía tener sentido si a la vez no se lo abandonaba como se posa en la mesa la copa vacía. Y cosas por el estilo, y mate amargo." 
(Cap. 48)

martes, 18 de junio de 2013

Homónimo

Cuando se levantó, !qué guayabo del putas¡, eran las diez de la mañana en el radio-reloj de la mesita de noche. Le dolía la cabeza como si miles de brocas le tenebraran el cerebro, voy a enloquecer. Fue al baño y se lavó la boca. Le sabía a cobre, !no joda¡, no vuelvo a tomar cerveza. Sintió el estómago vacío. A esa hora del sábado su mujer estaría haciendo el mercado de la semana. Tengo un hambre de náufrago, fue a la mesa del comedor, y su mujer le había dejado servido el desayuno de tostadas con harto jugo de naranja, y el periódico doblado sobre una de las sillas. Se echó a la boca una tostada, y la pasó con un trago largo de jugo que bebió directamente de la jarra. Desplegó el periódico sobre la mesa del comedor, y se quedó estupefacto cuando leyó la noticia de su propia muerte. Debo estar muerto, el hombre del periódico tenía su misma profesión, contador, y le gustaban como él, el fútbol y los crucigramas. Pero, lo que nunca llegó a saber del hombre del periódico, antes de que le diera la punzada en el pecho que le reventó el corazón en mil pedazos, es que ese hombre era su homónimo.

domingo, 9 de junio de 2013

Grieta

Grieta

Va rauda la vida
como un replay hacia adelante
y si se vuelve la mirada
la grieta de los besos idos
mordiendo el alma

viernes, 31 de mayo de 2013

La rebelión de los personajes de novela

LA REBELIÓN DE LOS PERSONAJES DE NOVELA

Siempre había pensado que uno tenía en la novela y el cuento el gobierno de los personajes...bueno la experiencia de fabular el temperamento de un mundo de personajes en el diario escribir, como un titiritero que en los hilos de su cruceta maneja el destino de las marionetas en escena, validaban el supuesto, pero he aquí que en la novela que escribo últimamente, una novela negra, los personajes han empezado a rebelarse del papel que les he asignado. 

Esta mañana para sorpresa, ha amanecido en mi cama, Violeta, la roquera que canta con la Banda de Los Victriólicos. Es una muchacha de buen aspecto, a pesar de su pelo largo, teñido -tinturado dice ella- con los colores de la bandera nacional. Me ha dicho, con un desparpajo sui generis," Guillermo (así me llamo yo), hemos hecho el amor de amanecida, tan dinay dinay, que volveré a meterme en tu cama". Me refregué los ojos, una y mil veces, tratando de salir de la pesadilla, pero no era una pesadilla. Ahí estaba ella, desnuda como una nuez, con la bandera nacional en su hebras de pelo, cayéndole patrióticamente por las espaldas, mientras trataba de ponerse una piyama de cebras. 

En el hilo conductor de mi novela, Violeta, tiene que matar a su amante, un afamado lavador de dólares mal habidos, con el negocio fachada de los chupos y mamaderas para niños de la primera infancia. Ella es una agente de la CIA, camuflada de cantante de rock, infiltrada en los negocios de "Careverga" -así lo llaman en el bajo mundo- su novio el del lavadero de plata; pero ahora, para mi propio asombro yo tengo en la mano el revólver conque Violeta debe reventar a plomazos a su amante, y su tesis es muy convincente: "Guille, Careverga, es el hombre más celoso del mundo, más que el Otelo de Shakespeare, y ya sabe que nosotros estuvimos encamados. Así es que si no lo matas, el te mata a ti", y con la misma avilantez conque entró en mi cama, salió de la casa, dejándome con el revólver tembloroso en la mano.

viernes, 24 de mayo de 2013

Memorabilia del poeta Jattin


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MEMORABILIA DEL POETA JATTIN


Raúl Gómez Jattin, tiene dos razones para ser recordado en el mes del mayo. Nació y murió en este mes, donde el almanaque como un alfiretero se encuentra agujerado de un mundo de celebraciones. Murió a los cincuenta y un años, como quiso y se le dio la gana vivir la vida, lejos del fasto de su familia, con apellidos de abolengo y prosapia cartagenera; y eso lo entendieron no sólo los suyos, sino también poetas y escritores como Roberto Burgos Cantor,a cuya casa llegaba después de meses de andar perdido, tirando infantería por las desastrosas carreteras del país, con sus poemas en una mochila, y la vincha enfebrecida en su cabeza de andariego y transhumante. Como siempre, le pedía al maestro Burgos Cantor, ropa limpia, se sentaba al piano y tocaba, se bañaba y comía, y volvía a su vida.


Creo que fue el poeta colombiano más auténtico y natural. Nada de artificio en sus versos, naturales como ese canto al amor:
Gracias, señor
Por hacerme débil
Loco
Infantil
Gracias por estas cárceles
Que me liberan
Por el dolor que conmigo empezó
Y no cesa
Gracias por toda mi fragilidad tan flexible
Como tu arco
Señor amor.


Discrepo de quienes quieren situar a Jattin, en esa cofradía extraña para nosotros, de los poetas malditos. Jattín no se encuadraba, y menos se dejaba cuadricular en esas categorizaciones que se inventan los teóricos de la literatura. Así llevara adentro un mar de angustias, era él, auténtico e inédito como poeta que no escribe artificios, sino su propio dolor de existir:

Si quieres saber de Raúl
Que habita estas prisiones
Lee estos duros versos
Nacidos de la desolación
Poemas amargos
Poemas simples y soñados
Crecidos como crece la hierba
Entre el pavimento de las calles.


A Jattin le dolía la vida, amarga como en ese poema tan gráfico:"Ya para qué seguir siendo árbol/Si el viento no canta en mi follaje /Si mis pájaros migraron a otros lugares". Por lo que no extraña esa obsesión por la muerte, y el suicido en gran parte de su producción poetica: "Airoso en su galope/Levantó la mano armada/Hasta su sien
Y disparó", "Siento escalofríos de ti,/Hermana muerte,".

Un 22 de mayo de 1997 decía el obituario, el poeta Jattin murió arrollado por un bus en Cartagena de Indias, pero la versión más cierta, es que se le tiró al bus, porque estaba mamado de esta perra vida.
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sábado, 18 de mayo de 2013

Esa era mi madre











Cuando abría los ojos
y se quedaba mirando en el vacío
yo veía en ellos su nostalgia por los pescaditos de oro
de Melquíades
y el asombro por el río madre de la patria.
Es que era banqueña
y añoraba ese mar interior:
el río Magdalena y sus riberas
a donde la sentía volver,
en su canto de un bolero,
con el acento y la dulzura
de una Toña la Negra,
drenando sus saudades