Tantas veces se jugó la vida en lances de puñal, en esos bares de mala muerte revenidos de orines y ron de los puertos del Caribe, y no pudo la muerte. Ahora, sólo bastó la traición de una mujer para ponerlo en el borde del abismo.
!Cómo me gusta¡
su gruta humedecida,
grumo que levanta la piel
como ola agradecida
haciendo espuma en la playa...
