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sábado, 13 de diciembre de 2008








DE LA CRÓNICA Y CUENTÍSTICA DEL SACERDOTE UBALDO MANUEL DÍAZ



Lo conocí por casualidad. No físicamente como es normal que suceda, con apretón de manos, y luego la imparajitable conversación con apertura del qué haces, y el irse, luego, metiendo en el otro, para dejar por ahí la arista que permita que surja una amistad. La vocación por la literatura me hizo relacar en el mundo de Ubaldo Manuel Díaz. Y no me arrepiento de que la amiga común Geimy (gracias), con un entusiasmo tan fresco y vivo, me haya hablado del sacerdote Díaz, agarrado por el gancho de la escritura literatura, con una vocación indeclinable. Él mismo me lo confirma en el correo donde llegaron sus trabajos, cuando apunta que "hago la salvedad que lo mío es el cuento, no las crónicas, ni los repoprtajes". Los autores rusos son el objeto de su predilección lectora, y naturalmente paradigmas de la narrativa.



Relevante que Ubaldo Manuel Díaz, no escriba como sacerdote, ni se amarre a una litertura como la llama convencional. Creo que si Díaz hubiera sido abogado, su literatura no olería a códigos, leyes, ni menos a trapisondas propias del derecho y el litigio, sino a la vida misma. Sus cuentos tienen el alma popular, los personajes en su hondura humana se sienten en ese cuento de Las lobas de la noche, y sus crónicas mismas, son verdaderas joyas del relato - a pesar del jaez periodístico-.

El padre Ubaldo Manuel Díaz, se declara antes que todo cuentística, pero si entre los géneros periodísticos, alguno tiene espíritu literario es la crónica, porque permite que el periodista no sólo se avenga a los hechos, sino que fabule, imagine, y recree. Creo que de la crónica deviene su interés por la cuentística, así como un Capote, un Norman mailer, un García Márquez, un Daniel Samper Pizano, derivaron de la crónica periodística a la narrativa, inicialmente desde las entrañas del cuento, y luego en la exigencias de la novela.
Las crónicas del padre Ubaldo manuel, escritas para el periódico EL Universal de Cartagena, desde su Comala: Regidor, al sur del departamento de Bolívar, ya perfilan su talante de narrador, en ellas se avizora al cuentista de gran factura que es, son las cinco y treinta de la madrugada. Afuera se desgaja una tenue lluvia que empaña los cristales de mi ventana. Se escuchan los pitos de las motos y el sonido deslizante de los primeros carros que rompen el silencio de las calles magangueleñas. EStá amaneciendo. Una aurora azulada de las muchas de las muchas que contemplé en las tierras del cacique Maganguey empieza a descorrer el velo de la noche. Veo mi pequeño morrar que alisté la noche anterior para mi nuevo camino. Para consolarmeun poco escucho desde mi radio descascarado el poema hecho canción de Antonio machado "caminante no hay camino, se hace camino al andar". Por el humo blanco que ayer vi salir de la catedral de Magangué sé que" habemus párroco", para este nuebo municipio ubicado en la conflictiva zona del sur de Bolívar en remplazo del sacerdote que le tocó oscurecer y no amancer por las amenazas contra su vida por parte del grupo armado Aguilas Negras.


En esta Crónica de un viaje a Regidor, como En la marcha de las sotanas, se observa a un narador de escritura abierta, puestos los ojos sobre un espacio regional, donde la guerra ha puesto sus huevos de muerto, pero la gente quiere la paz, para sentar las bases de un desarrollo humano, por eso el sur marchó por la vida de los sacerdotes amenazados, aquellos que, cuando una llovizna triste caía sobre las desiertas calles de Morales la noche del 15 de abril pasado cuando cincuenta sacerdotes hacían la entrada silenciosa en una caravana de diez carros a este municipio de 3.000 habitantes, localizado en la neurálgica zona del Sur de Bolívar.Arribamos a las 09 horas 05 minutos como se dice en el lenguaje militar, según escuché la comunicación entrecortada entre un raso agente del orden, que acariciaba el radio como un fetiche, y un amedallado general que le impartía ordenes, seguramente desde una alfombrada oficina en la fría Bogotá, tal vez mientras jugaba ajedrez. Monseñor Leonardo Gómez Serna junto a los sacerdotes pidieron a Dios por quienes los amenazaron hace varios días. “Queremos paz, no guerra”.

Pero que sea el cuentísta, ganador del concurso de cuentos y poesía Ciudad de Floridablanca, (Santander) el que hable a través de uno de sus relatos; he ahí una muestra de su espontánea y coloquial escritura, en Las lobas de la noche: .
Las lobas de la noche



¡Ahí están las lobas! Se escuchó la voz quebrada convertida en susurro. Era mi amigo que hablaba a mis espaldas mientras señalaba a dos jovencitas apostadas en la barra del bar. Las lobas en mención no eran precisamente las que amamantaron a Rómulo y remo los fundadores de roma. Según la academia de mi amigo que seguía pontificando; dícese de aquellas mujeres que devoran a un hombre en un santiamén. Una de ellas estaba de pie junto a la barra atrapada por los musculosos brazos de un hombre silencioso de mandíbula cuadrada y labios de ventrílocuo. Era una rubia atractiva, no pasaría de unos veinte años con el peinado y atuendo emulando a Paris hilton. Parecía distante, con la mirada perdida y puesta en unos jóvenes que se contorsionaban al ritmo de la música electrónica que tronaba de los altavoces. La cámara de luces se deslizaba como tormenta eléctrica despidiendo intermitentes relámpagos. Al fondo, en medio del humo sobresalía la imagen del carpintero de Nazareth con su barbita dorada con la oración. “Dios bendice mi negocio”. La otra con un vaso en la mano posaba en el extremo de la barra. La música seguía tronando. Ahora el ritmo era interpretado por un cantante vallenato mientras reiteradamente saludaba a un traquetico. Como si fuera una revelación o descubrimiento mi amigo al ver al cantante tronó de nuevo: “yo estuve en esa parranda”.La que estaba al extremo de la barra se había acercado un poco a donde nos encontrábamos. Seguía acariciando como un fetiche el mismo vaso de la noche. De reojo yo la observaba. Era una mujer de piel cetrina y rasgos orientales. Enfundada en un capri Se le insinuaba discretamente a un militar pasado de tragos. Maquillada rigurosamente ocultando el paso de las múltiples veladas. El hombre de la mandíbula cuadrada había liberado a París hilton, que animada y eufórica cantaba en coro con otras amigas. “Cuidao con judas, cuidao con judas”. Yo seguía observando los movimientos autómatas del cantinero que a esa hora tenía cara de pocos amigos parecida a la del hombre que le acaban de informar que su casa se ha caído. Dicen que colocan esa cara revolver 38 largo para que no les pongan “el plomo”. El militar había sucumbido a los encantos de la Mata Hari de rasgos orientales. En su borrachera balbuceaba: “que viva la milicia, que viva la milicia”.

La rubia se había acercado descaradamente donde yo me encontraba acribillándome con su pregunta: ¿bailas? - no- fue mi respuesta contundente. Miré al de la mandíbula cuadrada esperando algún gesto. Este seguía ahí, silencioso mirando a unos hombres que hacían fila para entrar al baño. La música era más discreta, mentalmente la seguía con el taconeo de los zapatos. Con el rabillo del ojo seguía mirando al de la mandíbula cuadrada que ahora se acomodaba su cabellera hendida por la mitad como la de Carlos Gardel. La voz ronca de Paris Hilton seguramente de tanto trasnochar me sacó del pentagrama musical: cómo te llamas? Y siguieron las preguntas de rigor. Que haces? Dónde vives? Estudias? Trabajas? Nunca te había visto por aquí. Mi amigo seguía mirando con devoción al cantante vallenato, mientras apartaba con fastidio a un vendedor ambulante que le interrumpía su coito al ofrecerle un corazón de amor y amistad.

No me has contestado cómo te llamas? -Me increpó Paris hiltón – mientras jugaba con un vaso en sus manos – nuevamente observé a mi amigo que seguía extasiado rindiendo culto al cantante vallenato que ahora decía a viva voz que el no era marica como si se lo estuvieran preguntando No quise interrumpirle su devoción y salí un poco para tomar aire.
El tipo de la mandíbula cubista se quedó mirando a Paris hilton abrirse paso en medio de las mesas. Paris Hilton caminó hacía mi hasta casi rozarme. A esa hora todos los negocios vomitaban los últimos clientes de la noche susurrando apresuradas promesas de amor. Nos fuimos caminando por la avenida que moría en la oficina naviera. Miraba sus brazos desnudos, sus contorneadas pantorrillas, el vello de la nuca, ese vello que nunca se logran peinar. Había en su rostro cierta indolencia nihilista. Su actitud era la de una profetisa que está a punto de proferir un oráculo Rebuscaba frases del castellano de Cervantes y las acomodaba a su libreto cuidadosamente aprendido. Como en la casa de los espejos, para cada cliente había ensayado una palabra. Para los gurús de la economía me comentó que les excitaba la palabra “crecimiento económico”, a los políticos “pueblo y democracia” y para mi, aprendiz de poeta prestó una frase del universo Kafkiano que me dejó boquiabierto.
Cuantos años tienes? Le pregunté. Quedó en silencio. - Primer error preguntarle la edad a una mujer- pensé- a ellas no les gusta que les investiguen la edad. En el silencio se escuchaban los fogonazos de la escuela de artillería, el murmullo de los enamorados, el taconeo de sus zapatos Apoyándose en mi hombro coquetamente se los quitó llevándolos en sus manos.
Por qué admiras a Paris Hilton? Porque quiero ser como ella- fue su escueta respuesta.
Ella es cabeza hueca – no importa, quiero ser como ella remató con vehemencia colocando punto final a mi curiosidad.
Los últimos carros de la noche pasaban raudos la lustrosa avenida. Mis palabras que habían sido contenidas desde mi época de estudiante comenzaron a salir tenue y libremente como de una caja de Pandora. Pensativa se quedó mirando a lo lejos y susurró: la belleza es una maldición. No pude seguir escuchándola porque un maldito camión lanzó un bocinado parecido al rugido de un monstruo triste.
Parándose en vilo y balanceándose peligrosamente sobre una barda, abrió los brazos y susurró: Quiero que recites un poema – para esa hora yo le había dicho que escribía- enmudecí porque su petición me tomó por sorpresa. En un acto desesperado le dije que me gustaba Moliere, que admiraba a Puskin, que el santo Tolstoi se quedó por fuera de los altares, que había hecho muchas comedias. Ella reía a carcajadas, o talvez no entendió o la literatura le importaba un carajo. Interrumpió su alegría y volvió a susurrarme: “quiero que me recites un poema”. A lo lejos se escuchó la algarabía de los primeros estibadores que llegaban a la bahía. Alcancé a decirle lo de Pablo Neruda: “es tan corto el amor y tan largo el olvido”. Repitió esa frase como una letanía: es tan corto el amor y tan largo el olvido; es tan corto el amor y tan largo el olvido. Quedó en silencio. En la lejanía se escuchó toser la sirena del buque que partía con los turistas extranjeros que hacía unas horas buscaban desaforados al proxeneta de turno. La brisa y las estrellas que parpadeaban en el firmamento tenían una extraña quietud. El mar reventaba con furia en los acantilados convirtiéndose en una reverberante espuma. Quedamos un rato con los pies puestos sobre la baranda del muelle escrutando el horizonte negro y suave. La verdad es que no se que podía hacer un aprendiz de poeta con Paris Hilton o que putas tenía que ver el pop rock con la poesía. En esas meditaciones estaba cuando la aurora del nuevo día nos tomó por asalto. Desesperada como la cenicienta que pierde su encanto volvió a preguntarme cómo te llamas? Que haces?- Ahora con más premura- Aun no había entendido sus sáficas inclinaciones.
Después de acordar con ella y saber dónde vivía quedamos de encontrarnos en la iglesia de nuestra señora a las 10 de la mañana porque era el sitio más cercano para ambos.

El Mesías de Handel sonaba en el ambiente. Un rayo de luz traspasaba el verdusco vitral donde la figura del jorobado de Notra Dame limpiaba las campanas. Paris Hilton hacía su entrada por la nave central de la iglesia. Llevaba puesto un vestido negro con escote en v, la imagen que tenía de ella ahora se me hacía más clara. Nada se parecía a ella. La que había conocido anoche. Su hermoso rostro ahora sin maquillaje era tapado por un velo negro parecido alas que usan las viudas de la cosa Nostra. En su mano izquierda llevaba un pequeño abanico y en la otra un devocionario sin estrenar, su taconeo y caminado de pasarela hicieron que la vista de los presentes la siguieran. Las oraciones de esa mañana se convirtieron en murmullo. Cuando alzó la vista quedó petrificada y cayó de rodillas ante la imagen de nuestra señora al verme recostado junto al altar enfundado en una sotana negra.



























































sábado, 6 de diciembre de 2008

Lanzamiento de La angustia de las almas en pena, en el Cafe Kussi-Huayra











Este cinco de diciembre, en las horas de la noche, en una velada cálida y fraterna que se prolongó en medio de las copas hasta las cuatro de la mañana en el entrañable Café Kussi-Huayra, me saqué una espina que tenía atravesada en la garganta: lanzar oficialmente, el libro de cuentos, La angustia de las almas en pena, otra de mis expediciones por la narrativa.








En estos relatos abordo historias de desplazados y desaparecidos, y otros cuentos sobre la vida, el amor y la muerte, que no hubieran visto la estampa, de no ser por la vinculación de Sintrenal Nacional y su presidente Eduardo Suárez, Sintrenal santander y su presidente FRancisco Ríos, la Escuela Mario González Sandoval y su Café Kussy-Huayra (gracias Magda, Rocío, Clarita y Helbert), un espacio que ha jalonado procesos culturales y artísticos necesarios para afirmar ámbitos alternativos en esto de las manifestaciones del espíritu , del abogado y compañero de trabajo, Víctor Mendoza que hizo la causa de este libro como suya, y del Restaurante Leños y Carbón, que siempre ha estado atento a darme aliento en la tarea de escribir.




Acompañado de mis escuderos de la tertulia Tras las huellas del poema: Juan Remolina Caviedes, Mariela Basto, y Óscar delgado, el viernes en mención, se dio lugar a la lectura de algunos cuentos de La angustía de las almas en pena, para tener un pretexto de hablar sobre lo que más nos gusta: escribir. Sin protocolos, en intercambio de ideas con los asistentes sobre los relatos de La angustia..., con canciones de la propia cosecha, y el saxo singular de Freddy Chona, este libro fue puesto en manos del lector. Y, le doy la palabra al prologuista, al poeta y compañero de aventuras literarias, JUan Remolina Caviedes. ESto introdujo en el prólogo de La angustia de las almas en pena:





Pasearse entre los personajes de La Angustia de las Almas en Pena de Carlos Augusto Pereyra Martínez, es hacer un viaje de descubrimientos y reconocimientos. Es descubrir la cara sensual de la muerte, sus delicadas, resbaladizas y peligrosas líneas de mujer, así como sus formas de masculinidad deshumanizada, de patria indolente, de estado cómplice. Es también reconocernos en el dolor, en la angustia de la madre que espera, de la esposa que pare hambre y aviva con sus entrañas y sin querer, el fuego de la guerra.

El viaje literario de Pereyra posee la atracción cortazariana de avasallar al desprevenido lector entre sus huecos de agua que no son más que un juego fantástico donde el tiempo es transmutado en espacio y el espacio en tiempo; el presente en un incierto futuro, inasible como tallos de espinas; el pasado en un cruce de caminos donde fácilmente se confunde aquel que apenas viene con aquel que apenas va.


L
a Angustia de las Almas en Pena es una cruel invitación a sostener con firmeza la fría mirada del espejo, pero también nos convoca a mirar hacia el sur de ese dolor llamado rostro y observar el odio plateado del asesino que se suspende y que arremete mientras la mueca se hace trizas.

Pereyra, luego de ofrecernos un cubrelecho de agujas cuando la noche se hace fría inquietante y oscura, recurre al brevaje de la ironía: trivializa lo sublime, idealiza lo ordinario. Y así nos seduce con su Malena que antes fue canto, ahora cuento; con su macho marinero que antes fue bravo, ahora manso y febril.

Si La Sombra de la Máscara reparaba los afanes del Sol, La Angustia de las Almas en Pena acrecentará con borrachera los aullidos de la noche.


Portada: Raices de Yuca, de Diego Pérez.










domingo, 23 de noviembre de 2008

Tus bahías


El oleaje de mis aguas

inunda tus bahías,

y en el pedernal

de tu caverna,

se funden en el fuego

de primigenios ardores

martes, 18 de noviembre de 2008

UNA FLOR EN LA TUMBA DEL PENSADOR Y POETA, EL PADRE ANTONIO GARCÍA LEMUS



Voy a comentar del hombre, antes que del religioso. Del maestro de Español y Filosofía que un día se apareció por el Colegio Balbino García, sin avisar, sin ruido, apenas insinuando en el distintivo de su cuello que era cura, pero que como docente hablaría desde su continente humano. Corrían los últimos años de la década de sesenta, del mayo 68 francés que puso a los estudiantes a abarrotar con su protesta las calles de París y su prohibido prohibir,de la guerra del Vietnam que sacrificaba aldeas enteras en el Vietcong y jóvenes americanos que regresaban en ataúdes a Norteamérica, del auge del Nadaísmo en Colombia con un Gonzalo Arango y su literatura inococlasta y defenestradora de actitudes burguesas,de las comunas y el hipismo, retornando al viejo ideal del buen salvaje rousseaniano,de los Beatles y su Submarillo Amarillo, semiotizando una rebeldía contra las instituciones caducas del establecimiento, cuando el profesor, antes que religioso, se paró frente al tablero, y se dejó venir con un discurso fresco y emotivo, no ajado, sobre gramática y composición literaria, supe ( ya hacía mis primeros pinitos literarios en periódicos de ocasión), que al frente de la clase tenía a un poeta. La poesía se le salía de la boca. Quizá por eso, la empatía. Hablábamos desde un idioma común : el del imaginario creativo.




Después, fue cogiendo vuelo en la docencia, y del juego de la sintaxis y la construcción de la palabra, pasó al del pergeño del saber. Él que había estudiado Filosofía y Teología, fundamentales para ordenarse como sacerdote, tomó la cátedra del pensamiento, y nos abrió las entendederas a punta de elucubraciones, razonamientos, y silogismos para que observáramos el mundo desde la perspectiva de la verdad y la realidad, y claro de la justicia, y se nos despertó tanto el seso que le pasó lo del aquel que mató el tigre y se asustó con el cuero, porque de los filósofos idealistas, empezamos a escudriñar en los materialistas y existencialistas, desbordando la patrística y los pensadores cristianos. Pero en el fondo era maestro y nos dejó que abreváramos en otras fuentes, pues no quería que nos pusiéramos el cíngulo de algún ismo filósofico. Creo que no le gustaban las marcas, ni los partidismos. Mejor que el hombre volara, y fuera una entidad con sus propias ideas, ese pensar desde el yo, que tanto reclamaba para un buen filósofo.




Más tarde, creamos con Fernando Moreno Rojas, en sus tiempos de estudiante de Derecho -aún sin prever que llegaría a ser alcalde de Piedecuesta- la revistilla El Candil. Allí le abrimos una página al que ya era un Maestro para nosotros, por su dual condición de poeta y pensador, el padre Antonio García Lemus, ese hombre alto, tan alto, que como Cortázar, parecía crecer todos los días. Esa página fue un espacio abierto para hablar de la vida. Acaso no es ella la que motiva sueños, utopías, y la razón de ser? De ahí que en Honor y compromiso, escribió alguna vez, en esa manera tan trasparente de enfocar su visión del hombre, de antropologizarlo en un lenguaje donde no faltaba la razón, pero también la pasión poética que "cultivar las espigas y los racimos, elaborar el maíz en blanca arepa, y la almendra del cacao en espumosa bebida, eso es ser hombre, pero sin postergar el cultivo indispensable de nuestra propia capacidad de audición; existimos para escuchar la palabra, que ilumina y estructura, que nos eleva y capacita. Caminar, sudar y fatigarse, sentir hambre y sed, eso es ser hombre, pero ejercitando los poderes que tenemos de asimilar, de entender y de crear; no sólo en el útero se conciben hijos, también en la mente se conciben pensamientos, proyectos y programas. Cultivar con las manos los terrones que se palpan, éso es ser hombre, pero sabiendo elevar y extender las manos en actitud de diálogo con una energía superior, que le da sentido a todas nuestras luchas." *




En otro de sus textos: Ocho meses río abajo*, una especie de ensayo sobre El General en su laberinto, la novela del Nobel Gabriel garcía Márquez sobre los últimos días del Libertador Simón Bolívar, escribe para El Candil, el padre García Lemus: "Me pregunto: Por qué García Márquez no ha escrito la vida toda de Bolívar, sino sólamente sus últimos casi ocho meses de vida? Porque este último lapso de vida corresponde a aquella geografía que el autor cobnoce muy bien y ama entrañablemente, o sea el Río magdalena y la Costa caribe. El novelista comienza por Bogotá y guaduas, puntos de partioda, para describir ya desde Honda, en tierra caliente, y continuando por Mompox, Turbaco, Cartagena, Soledad, Barranca de San Nocolás, hopy Barraquilla, la Ciénaga y santa Marta. No podríamos leer descripciones de los Llanos, ni de la Región andina, ni de la Costa Pacífica, pero describe con maestría lo que conoce y ama: paisajes, personajes, comidas, folclore, costumbres, vivencias de esa Costa Atlántica de Francisco el Hombre, de Rafael escalona, de esa tierra de mameyes y tamarindos, de la nostálgica cumbia y del pintoresco vallenato. Todo esto resonó en Estocolmo ante los Reyes, el Rey y la reina de Suecia absortos ante la vibrante dimensión fantástica de esta región meridional de América. Esta geografía física y social, espiritual, rica, integral de la Costa norte de Colombia es la misma en todos los logros literarios de este escritor costeño, caribeño, bolivariano, capaz en El Coronel no tiene quien le escriba, en Los Funerales de la mama grande, en la desalmada abuela de la Cándida Eréndira, en El ahogado más hermoso del mundo, en La hojarasca, en El amor en los tiempos del cólera, en El otoño del patriarca, en La crónica de una muerte anunciada, en Cien Años de Soledad, y en El general en su laberinto. Sólo este autor, y no otro, podía decirnos con su prestigio y con su magia, con sinceridad y amor, todo lo que le ocurrió al general, desde la bañera en que aparece sumergido en las primeras líneas de la novela, hasta la hamaca en San Pedro Alejandrino cuandio esa existencia mártir se extingue al siguiente ( y último día) de haber recibido El Santo viático que le llevó un cura desde el cercano pueblito de Mamatoco."




Y finalmente el poeta, esa vena recia que pone a prueba en los versos de un diestro manejo de la rima clásica, sobre El Quijote de Cervantes, en esa afán de hacer literatura dentro de la literatura, al relievar en el Caballero de la triste figura, el ícono del idealismo, y en Sancho la figura del realismo . Aquí los versos del Maestro García Lemus que se fue a compartir el sueño con las estrellas, allí donde la paz es sideral y completa. Una flor en su tumba.




Todavía está vivo entre nosotros


y estará mientras perdure el mundo


Don Miguel de cervantes Saavedra


con el libro de su famoso hidalgo:


El Don Alonso Quijano, el bueno,


llamado El caballero de la triste figura,


jinete en su caballo Rocinante,


ambos envueltos en la fantasía,


caballo y caballero,


binomio inspetable de hidalguía...


y Sancho panza en su panzudo Rucio,


tal para cual, jumento y escudero


como más nadie imaginarlos pudo.


Son frutos de tu claro penamiento,


son tus dos hijos, como tú, inmortales,


y como el hombre, son universales.


Ahí está el hombre: iluso e idealista,


noble y gentil, en busca de quimeras,


enamorado siempre de utopías,


en justas y torneos imposibles,


buscando pide lo armen caballero


para correr en pos de futuribles;


perto en ese quijote que es el hombre;


hay un Sancho realista que lo frena


que al pan le dice pan, y al vino, vino


Que ve que no hay endriagos, ni Merlines,


que no idealiza las mozas de las ventas,


que pisa tierra firme, y habla en prosa,


con gracejos y dichas de la gleba,


que es sabiduría a ras de vida.


Es el hombre cabal, hombre compleyo


con mucho de Quijote,


y con mucho de sancho.


Los solos ideales nos alienan


las solas realidades desorientan,


no somos sólo ángeles


ni solo animales


somos llama de luz


en vasijas de barro


somos nobles hidalgos


con hambre,sed y sueño


sentimos el impulso de traspasar


el tiempo


pero somos mortales,


nos sentimos tocados de locura


pero es preciso conservarnos cuerdos,


como Quijote y sancho, quién lo dijo?


Don Miguel cervantes en su libro.*

*GARCÍA LEMUS, Antonio. Honor y compromiso. En: El Candil. Piedecuesta (No. 14/1989)

*GARCÍA LEMUS, Antonio. Ocho meses río abajo. En: EL Candil. Piedecuesta (No. 15/1989)

*GARCíA LEMUS, Antonio. Cervantes filósofo y antropólogo. En: EL Candil. Piedecuesta (No.16/1990)



sábado, 15 de noviembre de 2008

Trozos poéticos de Débora Eguren en La Joroba

Las letras pueden aperturar la amistad. Más cuando éstas caminan por los niveles de una escritura que aborda el ensayo juicioso y la poesía. Así he conocido a Déborah Eguren, sita abajo de suramérica, en el austral Uruguay.
Leyendo a Loca por la luna, el poemario de mi amiga, Lucía Borsani (un encanto de mujer), me encontré conque el prólogo era de Déborah, escrito a profundidad, desentrañando sus versos, con la habilidad de un viviseccionista literario, capaz de articular los redaños del texto en cuestión, en la unidad orgánica de las fases de la luna: la luna rige nuestra conducta y estados de ánimo, por eso es que hay días (con Barba Jacob) que somos tan plácidos, tan plácidos...y hay días que somos tan sórdidos, tan sórdidos*. A la luna, se colige del ensayo introductor de Débora, se debe que el ser humano no se comporte de una misma manera en el lapso de los trescientos sesenta y cinco días que dura la tierra en revolotear alrededor del sol.

No extraña, entonces que, si Déborah aborda la poesía desde la glosa crítica -de manera tan afortunada- también la escriba. Quién mejor para hablar de la poesía, que quien la escribe. Y, es esa la virtud dual de Débora: hacer juicio de los versos y pergeñarlos, en talleres, tertulias, peñas, y espacios propicios para consagrar en el altar de la literatura el oficio de hacer versos. Deborah, junto a Lucía Borsani, llevan la poesía en la entraña, por eso la viven y se desviven por ella.

En mi Joroba del camello, Déborah, ha dejado caer una muestra de su quehacer poético, eso que ella llama Serie de poemas Independientes, a los cuales conjunta una especie de anáfora: en el espacio de...para hablar del ser humano y el afán por la palabra en la poesía:


En el espacio de la poesía

la tensión del silencio y la palabra

babel insaciable

verbo humano.


Para desvelar el miedo como una incertidumbre, gusanillo que se agita adentro, mordiendo sin piedad las entrañas:



En el espacio del miedo

abismo

presencia de lo que no se sabe

cornisa y túnel.


Para festinar la ternura, e intentar en su abstracción una peculiaridad:



En el espacio de la ternura

el almíbar se redondea

la piel de las manos es rosada

y un trompo gira.


Versos cortos, sentenciosos, éstos de Débora, que nos abren a tantos espacios donde el ser humano fecunda los huevos de sus sueños en el amor donde todo es mucho, en la misma locura, donde los cuchillos se vuelven del lado de adentro/ y no se sobrevive; en el beso que es musgo tenue de coral/ un aleluya; en el sexo que es aria en la piel..gozo salino.
Los versos de Déborah, en estos Espacios, un buceo por el interior del ser humano. Ahí dentro se agitan sus odios, sus ansiedades, sus nostalgias. Un retrato interior de lo que somos: mejor radiografía no pudo haber hecho Déborah del material que empiedra nuestras interioridades, donde se mueven nuestras pasiones, sentimientos y sueños.



Fotografía:Último recital de Déborah Eguren
*Tomado del poema: Canción de la vida profunda














martes, 11 de noviembre de 2008

Beso


Cuánto daría por un beso

tuyo,

así se me fuera la vida.

jueves, 6 de noviembre de 2008

!QUÉ VIVA EL PRIMER CARNAVAL BABINISTA¡











































































































































































Viernes 31 de octubre de este 2008 que ya huele a cadaverina. La tarde estaba soleada a pesar de las lluvias intermitentes que venían cayendo sin avisar. Algo va a pasar, dijo el que vende el periódico Quiubo, porque la tarde está silenciosa. Pensé que le habían puesto cerrojos, porque a pesar de ser día de brujitas, los niños no se aventuraban con sus disfraces vistosos y de aparato a tomarse las calles con su estropicio de gritos, y el cantico de quiero dulces para mí.



Era una tarde extraña, y me acordé de la película Presagio con guión de Gabriel García Márquez. Tendrá razón el loquito del periódico, y algo cuya frontera no se puede definir entre lo bueno y lo catastrófico, se va a cernir sobre Piedecuesta? cavilé. El sol se había apoderado de la tarde, pero no era festivo. Parecía un sol meditabundo, mientras discurrían las horas, con un hálito de agonía de lo placentero. Volvió a pasar el vendedor de Quiubo. Esta tarde que me la envuelvan, tiene un sol sin gracia, y eso que hoy es día de las brujitas, y se perdió calle abajo riéndose como un niño de su propio apunte.





Y la tarde cambió. En eso de las cuatro Piedecuesta se llenó de colores, de notas al vuelo, una mancha de felicidad y alegría con toda una suerte de saltibanquis que recuerdan el Macondo originario de Cien Años de Soledad , muertos vivientes, accidentados, vampiros, bailarinas de Honolulu, gitanas y gitanos, chicas playboy, la muerte tipo danza del garabato, diablitos y diablitas (eternamente encantadoras), sicarios y bandas al servicio de narcos, gocetas en plan de playa, modelos en plan de pasarela, en fin toda una gama de esa fauna humana que en la teoría de Bajtin* sobre el carnaval, es objeto de burla, abarrotaron las calles con una consigna: gozarse el momento.! Qué bueno¡ reirnos del país, de nosotros mismos y los sueños hiperbólicos, en que nos hundimos los colombianos, para ponerle un burladero a la realidad dura.




Rompiendo con la solemnidad de las clases, transfugándose del aula, los alumnos del colegio Balbino García, se tomaron las calles de Piedecuesta, y se enfundaron en disfraces de su apetencia, para en l teoría de la inversión bajtiniana, ser por unos momentos el otro, ya para asumir su identidad o ponerlo en el blanco de su juicio sardónico, pero en el fondo disfrutar de unos minutos de goce...cuánto hace falta el esparcimiento sano como este Primer Carnaval Balbinista que concitó el interés de toda la comunidad balbinista, y por unas horas le trajo goce a los garroteros, que con el desfile inusitado de los disfrazados creyó asistir a los viejos tiempos de los circos que lanzaban a las calles a los artistas para promocionar el espectáculo, cada vez que visitaban el pueblo.



A no dudarlo el colegio Balbino García ha puesto un hito con este primer carnaval. Qué grato fuera que la idea cundiera y el año entrante, la alegría del carnaval se tornara general,y todos los colegios se volcaran a las calles, para contagiar de la felicidad de los jóvenes revestidos en sus disfraces de aparato, a toda la comunidad piedecuestana.






El carnaval es desfogue, catarsis y lúdica. Y si se mira más allá, es teatro coral. Cada disfrazado es una personaje con una historia y un drama. Por eso el teatro popular hunde sus raíces en los carnavales, donde surge una dramática espontánea y el actor es más libre de crear a su antojo. Más imaginativo, y derivado a un goce que resulta de su propia capacidad para construir la personalidad de su personaje.










No hay duda, de que éste 31 de octubre Piedecuesta no fue la misma. Se llenó de fantasía y festividad, en ese sueño que es el carnaval, y que en el fondo busca en la crítica de sus máscaras y antifaces, en los rostros enharinados, en los trajes que escapan a la cotidianidad del vestir, en los gestos relievados por la pintura, en las figuras grotescas y esperpénticas, expresar que la realidad del país es una tragedia, y que es hora de dar paso a un mundo donde quepa la felicidad para todos.




En el carnaval balbinista, tantos jóvenes estudiantes arracimándose en las calles, desde su inconsciente, sólo buscaban eso: poner sobre la tragedia del país, las patas de la felicidad, enseña de construir un mundo mejor para una Colombia cernida de horas tenebrosas. Es la lección que deja éste Primer Carnaval Balbinista: tenemos derecho a ser felices, grita toda una juventud, sobre la cual por estás épocas, han caído las sombras de la muerte. La justa glosa del carnaval recae sobre quienes no dejan crecer la semilla de la vida desde todo ángulo, y la vida es júbilo, sueños, imaginario derrochando ingenio, atención de los derechos básicos, y oportunidad para ser.! Qué viva el carnaval¡, y para los docentes de quienes brotó la idea, un abrazo entrañable, desde este espacio libre y abierto de La Joroba del Camello.
















*BAJTIN, Mijail. Citado por Conrado Luis en: Ensayo sobre la narrativa latinoamericana y la inversión en el carnaval. Bogotá: La Mosca, 2001.













































Fotografías:


Cortesía del Profesor, Javier Hernández Cáceres