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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Ritual


Mi voz deviene

de tiempos antiguos

prístinos aullidos

en altares de piedra

de basalto.

La sangre chisguetea

los rostros ceremoniales

de sacerdotes y vestales.

La luna se detiene

cuando la daga esmaltada

abre la carne.

EL estridular

de pájaros negros,

rompe el silencio denso

de la noche,

y la memoria se pierde,

en los caminos somnolientos

donde una lábil frontera

separa la vida de la muerte.

sábado, 30 de agosto de 2008

RIMBAUD: El enfermo de Abisinia


Estaba recuperándome de mis dolencias, cuando cayó por mi casa, mi hermana Nelly, para ayudarme a levantar los ánimos con un regalo de cumpleaños. La lectura ha sido de mis pasiones. Por eso me dejó, una novela del escritor, periodista, médico y filósofo colombiano, Orlando Mejía Rivera: El enfermo de Abisinia*. Manifiesto que no lo conocía en su carnadura de novelista. Apenas las referencias y reseñas de los periódicos que -indudablemente-no ofrecían una real dimensión de su escritura.


El enfermo de Abisinia, entra en la vida de uno de los poetas malditos o decadentes de la literatura francesa: Rimbaud. Mucho papel se ha gastado en especular sobre la vida de Rimbaud en ensayos, y textos de literatura, en tratar de aprehender su existencia en biografías, pero nada como en intentar abordarlo desde la misma novela. Rimbaud, convertido en personaje, entre su imaginario y la realidad, porque eso es la novela de Orlando Mejía Rivera. Entonces, no extraña que, al final de la novela aclare que "esta es una obra de ficción donde el contexto biográfico de los personajes se utiliza como atmósfera, pero no me he sujetado a la fidelidad histórica". Había que dejar espacio para la labor especulativa del novelista.


Orlando Mejía Rivera, no apela a la tradición de la escritura de la novela. Las técnicas no lo permiten. El libro es la suma de dos géneros: la crónica periodística y la epístola. Qué recuerde, Mario Vargas Llosa, apela en uno o dos capítulos, al género epistolar, en Pantaleón y las visitadoras, pero en su mayor parte es narración, descripción y diálogos. Podría hablarse de mayor cercanía con La tregua, de Mario Benedetti, novela apoyada en la técnica del diario, que tiene la estructura de la carta.


La pregunta que surge, es por qué Mejía Rivera, se sostiene estructuralmente en la crónica y la epístola, para escribir su novela sobre el poeta Rimbaud?. Especulo que esas técnicas le dan mayores posibilidades de agarrar al lector. De hacer creíble la ficción, junto a lo de realidad que contiene el texto. Lo relevante, es que el autor busque reivindicar la imagen de Rimbaud, puesto en la picota pública por sus escándalos, sus relaciones sodomíticas, su afición a la absenta y otros alucinógenos, y echar por tierra (aunque aclara que es una teoría) el díagnóstico de los médicos franceses que lo trataron, de qué no murió por los estragos de una sífilis, sino por saturnismo o plumbismo, intoxicación crónica por plomo.

Entre las crónicas del crítico Edmond Lepelletier, en el periódico L' Echo de Paris, victriólicas contra Rimbaud, y loables para Paul Verlaine, amante de Rimbaud, cuando el último, más joven que Verlaine, llegó a Paris, descrestando con su poesía, y la correspondencia de los defensores de Rimbaud, de Verlaine al doctor Nikos Sotiro, y de éste a Verlaine, aflora la vida de Rimbaud, que desde su maldición como poeta, se hizo un espacio en la leyenda y en la creación poética.


*MEJÍA RIVERA, Orlando. El enfermo de Abisinia. Barcelona: Bruguera, 2007

miércoles, 27 de agosto de 2008

Presagios


A tus costas de ensueño

mujer,

arrimo mis veleros.

En tierra firme

cantos de pájaros dormidos

presagian tus edenes.

domingo, 24 de agosto de 2008

Tras las huellas de la poesía joven en Piedecuesta




Sobre el quehacer poético han llovido un mundo de conjeturas - pues sólo alcanzan el destino de la sospecha - de si es un oficio, un arte, una inspiración donde intervienen los hados (sic), un mero pasatiempo, o una experiencia en el campo de la literatura que trasciende el carácter pedestre que, algunos enjuiciadores le acreditan a los géneros literarios diferentes al de la poética. No creo. Los géneros literarios tienen una madre común: la palabra, y se enriquecen unos a otros, hasta el punto que el poeta Álvaro Mutis, aventura que no hay géneros que establezcan fropnteras en el quehacer literario. La novela se puede escribir en prosa o en verso. Ello, me hace recordar las crónicas de Indias, hechas desde el verso. Admito si, que la poesía es venero de la auténtica metaforización, con una mayor carga de subjetividad y lirismo, auque ello, no quiere decir que no se pueda hacer poesía de externalidad, pues la literatura tiene un origen en la poesía épica. Estas disquisiciones, para no entrar abruptamente en el ámbito local, a tratar el tema sobre si los jóvenes en Piedecuesta, tienen interés por la poesía, y qué escriben.

Meses atrás, este espacio de La Joroba del Camello, se abrió para Julio . Textos sorprendentes. Una narrativa en esa cripticidad cortaziana. Un halo de niebla sobre personajes ruinosos, con apropiación de lo poético (por eso hablábamos de la traslación y préstamo de un género a otro). Hurgando por aquí, por allá, aquende, allende y acuyá, dimos con unos textos de Raúl Martínez Sandoval y Didier Gómez Vera. Andan en afán de hacer poesía. Vienen acumulando verso tras verso, madurando sus esfuerzos, para entender el oficio de poeta. Raúl Martínez, ya lo vislumbra, somos los que juegan a decir lo inefable, a demostrar/ las pasiones más ocultas y a crear en costumbre,/ el llanto que humedece cada escrito, y el lirismo cuando sueño metido en to, con llanto y amor/ entre las paredes de tu alma, enloquezco de tí,/ padezco y aunque lo desee, no olvido, no vivo,/ no soy más de tí. Mientras los versos de Didier Gómez se cocinan en un poeta que rebusca entre la vida y la muerte, oriéntandose, en unos versos góticos, afiebrados por desvelar la niebla donde todo es silencio, o de la vida tras las huellas de seres golpeados por un destino de dolor o indignidad.

Como una muestra del laboreo poético de estos dos jovenes, estudiantes del grado once del Colegio Balbino García, que le han apostado a la poesía desde temprano, afinados al ritmo y al juego de imágenes, estos poemas, para conocer cómo se la juegan en el lance difícil de construir la palabra desde el verso:




Puta




Cuando el camino se hace largo


y el asfalto mojado conforta


tu sudoroso cuerpo cansado


la mujer insinuante de pomposa figura,


va


bailando a la medida


del triste compás


de corroídas monedas,


aún así sigues caminando por aquella calle


de asfalto mojado


con tu cuerpo mercancía,


vigilando sugilosamente.


tu cuota de amor,


alquilado.


Didier Gómez




Adios




Entre versos navego en la vida sin mirar el dolor que


aplacó a mi alma.




Salto de suspiro en suspiro para no tocar el suelo


húmedo, frío y sin tí.




Evadiré al mundo, y auqnue esté solo, tendré la


compañía y la ilusión del cielo, que se funde con las


estrellas, lasd cuales guían las nubes hacia mi norte.




Reiré en soledad pero contigo, como la despedida


eterna de un pedazo de mi alma, que se coló en tu


sombra el día de tu despedida.




Y nunca lloraré porque en cada lágrima mi alma


escapa y huye hacia tí.


Raúl Martínez
















miércoles, 20 de agosto de 2008

Tallo de mujer


La tristeza pone

en mi corazón

los cristales rotos

de tu recuerdo.

No paro.

Adelante,

en la línea del horizonte,

se agita la paloma blanca

de un odoroso pañuelo,

señal de nueva ventura,

tallo de mujer.

domingo, 17 de agosto de 2008

Amores milenarios

Brisa la noche.

El cielo riega de estrellas

su insondable techo

y desnudos gemimos,

en lo denso del silencio
amores milenarios.

sábado, 16 de agosto de 2008

Murió Fanny Mickey, con su sonrisa ancha, su pelo rojo y en las tablas










Como en la novela de José Eustasio Rivera, La Vorágine, llegó a Colombia tras de un amor, ya formada como actriz en la Argentina. Con su risa amplia, encantando, entró por la Costa Pacífica, y se quedó en Cali, al lado del maestro Enrique Buenaventura, otro andariego, que había sido marinero, para vivir las aventuras contadas por un Conrad. Le apostaron a sacar adelante el sueño del Teatro Experimental de Cali (TEC). Empezaba la década del sesenta, con un país que experimentaba el llamado Frente Nacional, en materia política, para apaciguar los ánimos belicosos de los partidos Liberal y Conservador, enfrentados por el poder.
El Frente Nacional, cerró las puertas a la democracia. Sólo, por la reforma plebiscitaria, podían acceder al poder los dos partidos tradicionales. A los otros que se los comiera el tigre. Los puestos públicos eran repartidos milimétricamente: por mitad. Los cuerpos colegiados lo mismo. En ese estado de cosas, nacen grupos como El TEC de Cali, El Teatro Popular de Bogotá (lo dirigió hasta su expiración, Jorge Alí Triana), La Candelaria, del maestro Santiago García, El Teatro Libre de Bogotá, con Ricardo Camacho, y German Moure en las riendas, y La Mama, entre otros. Época difícil por las luchas agrarias, y la posesión de la tierra, desplazados en busca de un espacio en las ciudades, para asentarse, un país modernizándose a los trancones, con grandes necesidades; el desarrollismo, llenando de dinero al sector capitalista, mientras acrecían los vulnerables y la insatisfación de sus necesidades esenciales. Del contexto social, político y económico se nutrió, lo que se llamaría El Nuevo Teatro Colombiano.
Desde Calí (siete años con el TEC), y Bogotá, con El Teatro Popular de Bogotá (TPB), Fanny Mickey, contribuyó a la consolidación del Nuevo teatro colombiano, como actriz. Luego, en el lenguaje popular se abriría del TPB,y fundaría la Gata Caliente, en la modalidad del café teatro, donde sus logros más relevantes, una obra con textos de Daniel Samper Pizano, si mal no recuerdo, se le daba palo a la dictadura de Videla en la Argentina. Y, embocaría en la fundación del Teatro Nacional, con más de treinta años de recorrido, por el ese mundo mágico, agitado y lleno de vida del arte de las tablas, con compañías nacionales y extranjeras. Por lo menos esta experiencia, sirvió para que los actores de teatro, tuvieran trabajo y sueldo. Pero, ahí no se quedaría la Mickey. Se le metió la ventolera de un festival como el de Nancy en Francia, de expectativas mundiales, y creó el Iberoamericano de teatro. Quizás, no le perdonan los teatreros y maestros que mantienen el espíritu del Nuevo teatro colombiano, la implementación de un teatro de compañía y de mayor espectáculo en su Teatro Nacional, que se fuga de los intereses de una dramaturgia, y una puesta en escena a partir de lo nuestro.

Pero es innegable, que el paso de Fanny Mickey por el Teatro Nacional, ha sido provechoso, si se cuenta que montó clásicos y teatro de alto nivel norteamericano, y actuó en ellos, como toda una una señora actriz, que se subía al escenario con temperamento, y lo tenía también para dirigir, a pesar de su bonhomía, y esa sonrisa de comisura a comisura, jugando con su pelo rojo, que a sus 78 años, cuando la sorprendió la muerte, en plan de trabajo en Cali, no le parecía a nadie grotesco. Le daba más simpatía, le escuché decir, a una vecina que cada vez que venía El Teatro Nacional a Bucaramanga, no se perdía función. "Lástima su muerte. Fanny nos enseñó a las mujeres, a darle valor a la cuca, y no mirarla con objeto de pecado. Esos Diálogos de la vagina(de Eve Ensler), una obra de gran humor e ingenio acosta de la burla de nuestro propio sexo, y una lágrima rodó mejilla abajo, corriéndole la pestañina.
Fanny era un terremoto: actriz, gestora cultural, directora de escena, productora y ejecutiva. Le daba a uno gusto verla en las tablas. Ahí en La Castellana, donde estaba El Teatro Nacional, la vi inmensa, en el papel de Blanche de Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, y a pesar de sus 78 años, había salido de gira con Perfume de tango y arrabal, donde cantaba milongas, bailaba, y entre canción y canción, textos monologados de su vida. Se enamoró de Colombia, cuando entró por Calí en la década del sesenta, y ahora que estaba en gira, volvió a Calí, donde una afección renal, no le dio tiempo de cantar las milongas y los tangos de su tierra, que nunca echó en el olvido, y curiosamente vino a morir, en la tierra donde nació para el teatro colombiano.