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lunes, 8 de octubre de 2007

GAY TALESE, CRÓNICA Y REALIDAD

Si por algo nos apasiona el periodismo, es por ese hombre enjuto, rostro alargado, arrugas surcándole la frente, cabeza cana, y esos ojos incomparables que saltan en su cara incisivos, como interrogando el mundo y a los hombres mismos. Ése es Gay Talese, un mito del periodismo que estuvo en Colombia, gracias al festival cultural F11, organizado por la revista El Malpensante.
Con Talese aprendí que la crónica no necesariamente se escribe con personajes que sean noticia. Los personajes anónimos, esos que deambulan con su cotidianidad por las calles, que asientan su vida nada extraordinaria en una silla de oficina, también valen la pena contarse, en una narración desde lo que el mismo Talese llama no ficción.
Para Talese la vida más ínfima, el ser humano más insignificante tiene derecho a la crónica. A contar de sus entrañas, metiéndose en su piel, sintiéndolo un poco. Sólo basta darles vida a estos seres -sin relevancia aparente para el periodismo - mostrando su carnadura y su alma. Para ello se necesita ser un mago y genio de la palabra, pues es contar desde la realidad del otro, así no tenga pergaminos, y enganchar al lector. Talese lo logra, porque ha hecho de la crónica de seres grises que caminan con sus zozobras, sus sueños y dolores, un verdadero arte. Nadie como talese para contar la realidad desde la misma realidad, con hechizo. Qué buenos son sus relatos de gente común: boxeadores sin relumbre, ganándose la vida a puñetazo limpio en un ring, sin que para los otros su vida sea dramática. Pero lo es. Talese la hace ver dramática, como esas historias de mujeres, o de la misma mafia, abordadas desde una catadura diferente a la que la trataría el periodista de tradición: desde el sentimiento y el afecto.
El aporte, así no lo quiera ver el mismo Talese, al periodismo está en que supo hacer noticia, a contrario sensu del clásico ejemplo de periodismo, no del hombre que muerde a un perro, sino del perro. Gay Talese invierte la ecuación, y la verdad que en su óptica, uno se interesa más por el perro. Sus personajes, son seres humanos descartados para ser nota periodística. Por eso, cuando uno aborda las crónicas de Talese, tiene dudas frente al género que lee: son cuentos o crónicas? Las fronteras se separan, y los géneros se funden, más cuando no hay ficción, pero si arte y una elevada estética de la palabra para que la historia asuma estatura, y agrade al lector.
Mucho le deben Gore Vidal, Capote, y el mismo Gabriel García Márquez, que desde el reportaje y la crónica, permearon la dura costra del periodismo pétreo y objetivo, para permitir que el autor contara, también desde su visión, penetrando la piel de sus personajes. Sin el precedente de Gay Talese, no creo que Truman Capote, lograra esa gran crónica, antes que novela, que es A sangre fría, ni menos García Márquez, sus paradigmáticas Crónicas y Reportajes.

sábado, 6 de octubre de 2007

A propósito de lectura y política

Mucho se habla en Colombia de que nadie lee. Hasta se ha llegado a tasar (no sé bajo qué criterios evaluativos), que en Colombia el promedio de lectura es de libro y medio por año, aunque los más hiperbólicos exageran en medio libro anual. Es cierto que en Colombia no se lee, -a pesar de ser un país de presidentes poetas y escritores (Núñez, Suárez, Betancourt, López), de literatos a granel, y de ostentar Bogotá el mote trillado hasta la saciedad de la Atenas suramericana- en las proporciones que uno quisiera, para ver si se sale del malhadado subdesarrollo que niega la igualdad social, y del analfabetismo político, que ha permitido que en el poder estén los menos interesados en el bienestar general de los colombianos, y su desarrollo humano.
Indudablemente, si no se cuentan con lecturas sólidas de textos desde las expectativas del pensamiento, asumir la realidad desde la interpretación y la reflexión -que son operaciones mentales y de la razón- es difícil que se actúe responsablemente y con capacidad para leer el contexto político nacional.
Las malas lecturas -irremediablemente- son las causantes de las malas lecturas políticas, que han desembocado en llevar a los puestos de dirección del gobierno, a quienes han entendido la política, no como un ejercicio democrático, sino como un fin para alcanzar el poder para su pelecho personal, y mantener la dirección del país, en manos de las castas económicas, que acrecientan sus capitales y bienes, con políticas clasistas y concentradoras de la riqueza.
Naturalmente que si el país lee mal, o sabe leer, es porque la misma escuela mantiene enfoques pedagógicos y mecánicos, en el aprendizaje de la lectura. Leer no es sólo codificar signos o decodificarlos como quien sopla y hace botellas. Leer es un acto complejo que no empieza y termina en sólo leer. Leer va más allá: hay que escribir también, pues en la sentencia de Paulo Freire, quien lee escribe.
Toda lectura tiene una respuesta desde la escritura, y eso traduce que se ha entendido e interpretado el texto abordado. Por eso leer, no puede seguir tomándose como un acto mecánico, o meramente recreativo. Leer es pensar, porque el texto que motiva la lectura puede ser controversial, y el lector no estar de acuerdo con sus plantamientos. La lectura es dialógica, y el lector la asume críticamente, como un combate de pensamiento. Luego, así, también, como un pugilato de ideas y elucubraciones debe tomarse la lectura de la realidad política, para hacer una lectura responsable y juiciosa del quehacer político colombiano, pues cuando se elige, la que se pone en juego es la democracia, la libertad y los derechos esenciales.

martes, 25 de septiembre de 2007

Marcel Marceau y el arte del silencio

Sólo lo había visto en películas primero, y luego en videos, y era genial, pero en vivo era gigante, porque su ingenio y creatividad con el gesto y el movimiento, le bastaban para hacerse comprender, sin necesidad de recurrir a la palabra. Como alguien dijo en una frase capsular, un artista que enmudecía para comunicarse.
Ese era Marcel Marceau, quien puso la pantomima en el territorio de las artes mayores, así fueran cinco minutos sólamente para una farsa, mimada por un sólo hombre, el inolvidable Bip, un payaso de chistera vieja, cara blanqueada por el albayalde, y labios incendiados de rojo, y enfundado en una chaqueta de abotonadura, algo marinera, y unos pantalones abombados, que lo hacían singular en las tablas, en la calle, en el cine, en donde quiera que emergía, para entre gestos amargos, contraídos por el dolor, o expandidos por el músculo risorio, cuando la alegría hacía fiesta en su cara, supo participarnos de su arte con sus obras, El fabricante de máscaras, El jardín público, Adolescencia, madurez, vejez y muerte, entre sus trabajos clásicos.
Marceau, se nutrió de Chaplin, con su incomparable Charlot, con Buster Keaton, y Laurel & Hardy, maestros del cine mudo. De ellos, Marceau supo que para el teatro de la pantomima, en esa categorización del mimo, la palabra sobraba, porque qué mejor que el gesto y la cinética del cuerpo humano para mostrar ternura, amor o dolor, como lo supo develar en los escenarios, este mimo francés, que pudo llegar, también al cine con su arte de silencio, en Barbarella, con Jane Fonda, y en algunas de las películas de Mel Brooks.
Sólo, un espíritu como el suyo, que le tocó padecer los rigores de la segunda Guerra Mundial, donde su padre fue sometido a los horrores de un campo de concentración nazi, y no le quedó más remedio que unirse a la resistencia, pudo lograr en Bip, un personaje tan global, en el contexto humano, e ícono del librepensamiento en política. Un personaje sin esguinces, que refleja la gracia y el dolor de la existencia: la felicidad del hombre que juega a construir su existencia, y la del que sufgre por el constreñimiento de sus sueños.. Por eso, esos gestos amargos propios de la tragedia griega, y de festividad connotadores de la comedia helénica, reflejados en esa máscara de pintura blanca, que realzaban la boca roja, y los ojos exaltados de bordes negros, de su inolvidable Bip, personaje similar al Charlot de Charles Chaplin, pasarán a la historia de un género menor que Marcel Marceau, supo engrandecer: la pantomima.

jueves, 20 de septiembre de 2007

BUSCANDO A MIGUEL, CINE CON ALMA COLOMBIANA

El cine colombiano ya no es aquel de tiempos atrás, que mendigaba a los distribuidores nacionales, un huequito en la programación. Ahora el cine nacional ha dejado de ser convidado de piedra, y los distribuidores se disputan su puesta en cartelera, por lo que no hay semana que no se programe una película colombiana, con público asegurado para varias semanas. Después de Esto huele mal, de Jorge Alí Triana, entra en el torrente sanguíneo de las salas de cine colombiano, Buscando a Miguel, la segunda película de Juan Fischer, un teatrero que terminó dirigiendo cine con gran acierto, porque sus películas han sabido traducir el espíritu del hombre colombiano, ya fuere viviendo en el exilio americano, a que obliga el desempleo y la falta de oportunidades para vivir dignamente en el país, o sobreviendo en Colombia a los embates de la violencia rural o urbana, la marginalidad, el vicio y las drogas.
Buscando a Miguel, es una película con alma nacional. Y, esa alma es un fresco panorámico, un mural de tragedias, desdichas, y otras iniquidades que ha traído la política como negocio y expresión de poder. El filme de Fischer, sin querer jugar a la sociología, ni menos al cine argumental con cara de documental actuado de visos antropológicos, muestra al ser nacional, por lo menos en dos polos: el poder y la marginalidad. El primero, en el político, que encarna Miguel, y el segundo multiforme: el travesti, el cartonero o reciclador, los malandrines, en fin la gama de gente vulnerable que crece en Colombia como pompas de jabón.
Tras el político que desaparece del panorama electoral, por causa de una emburundangada, con el fin de hacerle el paseo millonario, para desocuparle la plata de sus tarjetas de crédito, de los cajeros automáticos, la historia va tomando camino, para develar a los policías sin conciencia moral, y carentes de humanidad; a la mafia que opera en el mismo mundo de los cartoneros; a los proveedores de cadáveres para las facultades de medicina, que los obtienen de los estigmatizados como desechables, a los cuales matan a garrotazo a limpio.
El país que se observa en Buscando a Miguel, donde el humor atenúa la tragedia, no es el mejor de los países, pero es el país que nos ha tocado vivir, donde imperan las culturas del poder, la muerte y la esperanza, porque películas como la de Fischer, recuerdan en la moraleja, que no todo está perdido.

martes, 11 de septiembre de 2007

AL DIABLO LA MALDITA PRIMAVERA

El cine era el que mayormente se había atrevido a tratar el tópico de la homosexualidad, en algunas comedias, que en lugar de abordarlo por el lado humano, lo rediculizaba, haciendo ver al
gay grotesco, cuando no ridículo, y por eso tono, películas como La jaula de las locas.
La literatura se había asomado, tangencialmente, en latinoamerica con Mario Benedetti, en su novela, La tregua, en la figura de un oficinista, que no alcanza trascendencia en la historia; pero es con José Donoso, en El lugar sin limites, y su personaje de La Manuela...un travestido viejo, enfermo y cobarde que se amilana ante el "macharrán", pero que abiertamente es el marica del pueblo... donde el tema toma connotaciones humanas, y semióticas, pues la Manuela es lo grotesco, las fobias, lo deteriorante en un mundo que también es grotesco, fóbico y detrítico...*.
En Colombia, me había tropezado con las novelas de Gustavo Álvarez Gardeazábal, que ya delataban al autor homosexual (La boba y el buda, La tara del papa), pues su lenguaje no se ofrecía en esa cripticidad para la interpretación semiológica, conque se ha observado la novela del Chileno Donoso. Después de muchas vueltas y revueltas, ha llegado a mis manos, Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute (Bogotá: Punto de lectura, 2007), que desde la primera persona, técnica autobiográfica que algunos alegan, y la que no comparto totalmente, escribe una novela abierta en su lenguaje, procaz como el delmismo Fernando Vallejo, el de La Virgen de los sicarios, Fuego Secreto y Los caminos a Roma, pero más alegre con este drag queen, que presenta sus shows en La Caja de Pandora, uno de los sitios de encuentro gay, en Bogotá.
Al diablo la maldita primavera, es una novela de lectura abierta. Sánchez Baute, no tiene otras pretensiones que mostrar al drag queen en su naturaleza. No hay otra lectura, con la historia de este homosexual barranquillero, al que lo persiguen los fracasos amorosos, y también las culebras ( las acreencias), que lo fuerzan, para eludirlas, a viajar a Nueva York, donde una tía, que ansiosa de compañía le da cobijo.
La novela de Sánchez Baute, es una novela sincera, sin esguinces en el lenguaje, con un drag queen de un lenguaje muy particular, gracioso, abierto al chisme y a la venganza, tan natural en el hablar, que no hay distancia con la cotidianidad comunicativa del lector: el amor, yo sé, volverá a mi puerta, y será una dura venganza contra la Marcos y contra todas las que me envidian por mi talento y por mi belleza y hasta por mi lengua, y si Jorge Mario nada que aparece por estos días tampoco pienso tirarme a la muerte, porque si no es él será otro, aunque la verdad sea dicha, tengo una profunda corazonada de que pronto reaparecerá y casi podría decir que me corto una güeva si ese gatito no vuelve a escribirme un e-mail.
En lo que conozco de la literatura latinoamericana y colombiana, no tenía refrencia de una novela que recogiera el alma del gay, y la escribiera con el desenfado de este personaje de Al diablo la maldita primavera, que medio de sus desdichas, amores y desamores, al fin encuentra ese amor estable - así suene a paradoja y humorada- en un policía, que ha sabido comprender en las palabras del drag queen, toda la femme que hay en mi sin que me preocupe: a él le encanta saber que no soy más que una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre.
*NÁTER, Miguel Ángel. José Donoso o el eros de la homofobia. En : Revista Chilena de Literatura. Santiago de Chile ( Abril 2006, No. 68).

viernes, 31 de agosto de 2007

La mujer vegetal

La mujer olía a monte
a yerba mojada por la lluvia
a menta que refresca.
Cuando en noches de luna
juntábamos en el goce
la desnudez de la piel
el cuarto se inundaba
de fragancias vegetales
que tenía un bosque
sólo para mí.

jueves, 30 de agosto de 2007

La mujer del presagio (minicuento)

Cuando vio la mujer de los ojos como lagos profundos, algo le dijo en su interior que ella sería su perdición , y no alcanzó a disipar la sombra del augurio, cuando aferrado en el goce pagano al cuerpo desnudo de la mujer, en su nuca el clic de un revólver engatillado le confirmaba el presagio.