Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta pubis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pubis. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de septiembre de 2009

Plenilunio


Entras

como luna de plenilunio

atracando en mi ventana

silenciosa,

murmullo de brisa

que anuncia el fresco de la noche.

En la penumbra

huelo tu perfume

de hembra.

Vienes a mi

desnuda como

los pétalos de una flor

y mi boca busca la tuya,

durazno

que beso y muerdo,

muerdo y beso,

lengua que enrosca la tuya,

saliva y se humedece,

mientras tus pechos se agitan

y mis manos palomas nerviosas

buscan en el botón de tus pezones.

Gimes,

y tu cuerpo percutido por el deseo

retumba como un atabal

más abajo del vientre.

Toma mi mano tu pubis,

y agita las hebras de su fina flora:

!abracadabra¡

de la garganta estrecha de tu sexo,

por donde entrarán mis aguas seminales,

ansiosas

de juntarse con las tuyas

tibias y lustrales.

sábado, 21 de febrero de 2009

Corsario de tu cuerpo


He fraguado,

en los pedazos

de mi amor náufrago,

cientos de estrategias,

para tomar por asalto,

el baluarte de tu cuerpo,

antes mío.

Empezaré por tu pelo,

donde mis manos de artesano

tejerán nidos de pajaros.

En tus ojos,

echaré mis barcos

con las velas levantadas,

a la rosa de los vientos.

En tu boca,

sembraré frutas

de besos en sazón.

En tu pechos,

mi lengua

suave y tierna,

encenderá el pedernal

de tus pezones.

En tu pubis de arcifinia flora,

mis dedos florecerán

las rosas del deseo,

y en tu caverna,

ya no habrá razón

para la derrota.

domingo, 1 de febrero de 2009

Entre jarcias y hoquedades


Desciendo,

por el llano de tu vientre,

bosque de pelusitas doradas.

Afano mi lengua

en tu ombligo,

y tu voz gime

en cantos de alondra

el placer presentido.

Bajo,

lento

lamiendo,

tu ingle

poro a poro,

y tu pubis se estremece,

tiembla al roce

de mis labios humedecidos,

y en cada hebra

de tu bosque de arcifinio,

vibran ,

templadas de deseo

raices interiores.

Urge mi lengua sus designios,

pájaro que bebe,

dentro ebrias humedades,

y fuera,

muerde el bulbo carnal

de tu caverna,

ahora en mi boca,

yesca y pedernal

encendidos.

Te estremeces en tus hoquedades

donde algas y mar,

se avivan en el fuego;

bajas a mi vientre,

y levantas con tus besos vaporados

las jarcias,

las cangrenas

y las gavias

de mi velero enloquecido.

Ahora,

a pesar de la tormenta,

soy ya dueño

de tus mares interiores.