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martes, 19 de junio de 2007

Mentes en blanco, la ópera prima cinematográfica de Simon Brand

El cine colombiano, por estos tiempos, goza de buena salud. Una camada de directores jóvenes así lo confirma: un Rodrigo Triana (Soñar no cuesta nada), un Alejandro Ramírez, documentalista (Así cantaba el niño), un Andrés Baiz (Satanás), un Felipe Aljure (La gente de la Univrsal), y otros cuya lista se haría ad infinitum, que han posicionado el cine nacional en el concierto mundial, merced a la calidad de las producciones, reconocidas en festivales como el de Cannes.
A la lista anterior, hay que agregar el nombre de Simón Brand, que venía oficiando en el entretenido mundo de los videoclips. Ahora ha puesto en las salas su ópera prima, Mentes en blanco, donde se arriesga con el suspenso, pero no aquel de Darío Argento, o Polansky, o las últimas películas de Tarantino, con derroche de cortadas en la piel, sangre que fluye en chisguetes que manchan hasta las cámaras. Su cine toma el sendero del policíaco, naturalmente, donde se corre un mayor riesgo, porque el subgénero policíaco, requiere aún de mayor inteligencia, si se pretende hacer buen cine en este contexto cinematográfico. Baste observar Río Místico, de Clint Eastwood, o el mismo Taxi Driver, de reciente premio Oscar de la Academia a mejor director, Martín Scorcese.
Simón Brand, corre con fortuna al ingresar a la pantalla como debutante, con Mentes en blanco.Es una película pensada para agarrar al espectador desde el primer minuto. Si se buscaba el suspenso, la cinta lo tiene desde su preámbulo. Esos cuatro hombres que van despertando en una bodega, en el desierto. Que no recuerdan quiénes son, por qué están allí, intriga al espectador. Y más, cuando ellos mismos en medio del estupor les llegan ramalazos de recuerdos vagos, pero que al fin son una pista sobre su presunta identidad: secuestradores o plagiados. Indudablemnte, se trata de un secuestro, para estar allí encerrados, en un lugar del cual no pueden alir, a pesar de los esfuerzos de abrir puertas, o romper una alta claroboya.
El suspenso se agita aún más, los tres hombres que quedan (uno que colgaba, esposado de una baranda y con tiro ha muerto), concluyen que hay que esperar a que regresen los secuestradores, para saber quién es el secuestrado, y cuáles los raptores.
Una película bien lograda, dinámica, con escenas simultáneas, que no la dejan caer: en el interior de la bodega, los hombres especualndo sobre su identidad, afuera, los policías a la cacería de los secuestradores, y la mujer del plagiado al expectativa.
Una película con un final que el espectador no espera, pero que le place, porque nunca se imaginó, ni menos sospechó una salida de tal talante. En definitiva, Simón Brand, logra con esta película, entrar pisando duro en el mundo del cine, para bien de su futuro como director, y del cine colombiano, que con Mentes en blanco, ratifica el buen momento por el que está pasando la cinematografía nacional.

lunes, 18 de junio de 2007

BOGOTÁ CAPITAL MUNDIAL LIBRO, Y EL POETA CHILENO, GONZALO ROJAS

Bogotá, últimamente, hace honor al alarde de la Atenas suramericana; y más, cuando va por su vigésima Feria Internacional del libro. Por ello, no extraña que, el 17 de junio de 2005,la Unescoeligiera a Bogotá, sentados a manteles sus miembros en París,como la Capital Mundial del Librodel año2007, que es el que hogaño corre tan aprisa, y que ha concentrado en Colombia (perdóneseme la disgresión), especialmente en Cartagena de Indias, el famoso "corralito de piedra", eventos culturales el Hay poesía, El Festival Internacional de cine "India Catalina", y El Congreso de Academias de la LenguaEspañola, que a bien tuvo la galantería de rendirle un homenaje merecido al Nóbel colombiano, Gabriel García Márquez, y a su obra más universal, que se equipara con El Quijote de Carvantes, esa novela de ensalmo que es Cien Años de Soledad.Si Bogotá va por sus veinte años de concitar el interés de libreros, editoriales, y escritores, en esta Feria Internacional del Libro, es porque cuenta con audiencia y mercado. De lo contrario no se hubiera sostenido, y habría desaparecido como por arte de birlibirloque. Pero ahí sigue viva, trayendo cada año, fabuladores de relevancia. Han estado en la feria, haciendo memoria:Mario Vargas LLosa, de quien Jorge Alí Triana, el director de teatro y cine colombiano, montara para las tablas, La Fiesta del Chivo; Alfredo Brice Echenique,peruano, el de La Amigdalitis de Tarzán, y otros escritores, para los cuales la memoria me fragmenta los recuerdos, y no permite traerlos a colación.En este año, el invitado: Gonzalo Rojas Pizarro, poeta de la tierra de Neruda, quien a sus 89 años, mantiene erecta la pluma,y la sonrisa, y unas ansias de vivir. Si Neruda no pudo sustraerse al embrujo de las minas de cobre y de carbón, y a la expoliación de los mineros, reventándose los pulmonesen las entrañas de los socavonesabiertos a punta pico y zapa, Gonzalo Rojas menos, cuando su mismo padre fue minero, y él, siendo un niño, le pedía a la madre, que lo dejara recibirlo antes que sus hermanos porque quería llevarle:"...un buen vaso de vino para que se reponga,y me estreche en un beso,y me clave las púas de su barba..."Gonzalo Rojas, es un poeta elemental. Ahí está el mundo para asombrarlo. Su Chile que es una costa larga, donde las mareas lo impresionan con su belleza que se encrespa, que se encoge, esas mareas con cuerpo de mujer, esas:"...hembras, hembras en el oleaje roncodonde echamos las redes de loscinco sentidos para sacar apenasel beso de la espuma."Si habría que evaluar esta Vigésima Ferial Internacional de Libro, en este año de 2007, le daría una calificación buena, por haber acertado en la invitación de un poeta de las calidades humanas de Gonzalo Rojas, con unos versos tanlímpidos y transparentes que, huelen a inocencia.