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domingo, 3 de octubre de 2010

Andariego


Voy sacudiendo el polvo

de los caminos,

y en cada parada,

un beso en el dolor de la partida.

Es que soy

andariego,

transhumante,

y un poco gitano.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Sueño





Si...era su boca,

carnal

en la mordida,

húmeda

en el beso.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Con cara de idiota


Con cara de idiota


No dudo que hacerse el idiota, o parecerse el idiota tiene sus sus ventajas. No me considero inteligente, pero tengo una capacidad para apreciar, como si tuviera un sexto sentido, lo que pasa a mi alrededor. Eso me hace mostrar distante, y torpe, porque-dicen los que me ven como un idiota- que pierdo el hilo de las conversaciones, y me enredo en ellas, lo cual es falso. Sé lo que dicen los demás, así traten de esconder las palabras en metáforas o eufemismos; lo que pasa es que los estudio, y mientras les doy explicaciones de mi torpeza o idiotez, me van soltando verdades, o en la distancia que se crea entre ellos y yo, por mi supuesta idiotez, suelen escapárseles frases, o parrafadas, que entrañan conspiraciones- naturalmente- contra mi, y me defiendo. Sé que buscan amargarme la vida, o sacarme del paseo porque no pueden admitir mi éxito, pues en medio de mi idiotez, soy mejor que ellos. Acaso es gratuito que sea el Presidente de la Compañía? En verdad, se confían de mi supuesta vulnerabilidad mental, y me entregan en bandeja de plata, por qué no de oro o de otro metal, sus propósitos malévolos.


Hace un año, una de mis secretarias, Milena trató de envenenarme a cuentagotas, con arsénico. Y todo porque desde siempre habìa aspirado a la presidencia de la organización. Yo era su obstáculo. Por eso se compró el libro Encaje y arsénico, ella que no leìa ni las cartas de amor del novio, ella que se dormía al primer párrafo de esas noveletas de lágrimas y corazones rotos que toda mujer se ha léido en la vida. Ella que confundìa Pepita Gòmez con Gomitar Pepitas, ella que no distinguía entre la mierda y la pomada, resultò de la noche a la mañana, leyendo una novela de suspenso tan difícil de abordar como Encaje y Arsènico. Y sí la muy idiota, me preguntaba qué sabìa de venenos, yo le decía que poco, y ella interesada en los efectos del arsénico, oye Pablo (yo me llamo Pablo), dicen que el arsénico hay que dárselo lentamente a la persona que se quiere envenenar, para que no se noten los efectos del veneno inmediadamente y no se detecten sus estragos en la sangre; y yo que me había leído todas las novelas de Agatha cristhie, las de Conan Doyle, y de Bolaños, (no el del Chavo) supe que la muy falaz de mi secretaria, me iba a envenenar, con la complicidad de la secretaria de gerencia, llamada Catalina, muy bella ella, boca sensual y carnal, ojos color miel, como a mi me gustan las mujeres, quien me invitò una noche a su apartamento, a pasar una velada inolvidable, y a tomar coctel de granadina. Se figuran, el coctel que me hace agua la boca, por el que daba la vida, pues yo no bebo cerveza, menos whisky, ni aguardiente. Còmo supo ella que me gustaba la granadina, si ni mi madre que està bajo tierra, perdón, en un osario, lo sabía. Entonces, este idiota empezó a sospechar. Le dije que iría, pero con dos condiciones. Nos veríamos en un motel, y llegaría disfrazado de mosquetero. Se figuran disfrazado de mosquetero entrando a un motel, pero qué le iba a importar si era un pendejo, y los pendejos son ridículos. Con mi cara de idiota, y claro una suma respetable, no me fue difícil convencer al novio de Catalina, hermano, tengo una gevita, bocado de cardenal, con la cual no puedo estar por razones de trabajo. Vas y me remplazas. Eso si no te dejas ver la cara, ni puel putas te vayas a quitar la màscara. Al otro día, noticia en primera plana de El Matutino: “Novia despechada envenena con cianuro a su amante, en motel de la ciudad”. Por lo visto a mi secretaria no le bastó el arsénico, y quiso matarme de una, con cianuro. Pero, más puede una cara de idiota que el mismo cianuro, cierto?

sábado, 11 de septiembre de 2010

Murria


Los domingos,

en un cieno me hundo

y, no soy.

Por qué esta murria

de domingo?

lunes, 6 de septiembre de 2010

Muro


Ahí estaba el muro aún,


y a pesar del estrago de los años,


y las inclemencias del tiempo ,


tu nombre,


como lo escribí aquella vez,


con mano temblorosa


que siente la ausencia

sábado, 28 de agosto de 2010

Cardos y espinos


Hay una nata de silencio,

una mudez en los objetos,

en esta hora de los olvidos,

que hiere la piel con insania

de cardos y espinos.

Dolor que no entraña la sangre

de los otros deslavazándose río abajo,

o regando los riñones del monte,

allí donde el mastranto, el samán,

el matarratón o la guayaba cimarrona,

echan raices, en el fondo de las fosas.

Hasta las bocas antes

habladantinosas,

han puesto cerradura a las palabras.

Es que las muertes han sido tantas,

juntando herida tras tras herida,

que se secó el dolor,

las lágrimas se volvieron piedras,

y la memoria olvido.

Por eso los ayes de los agonizantes,

son golpes secos en oidos sordos,

y a nadie le importan las falcadas

y puñales,

abriendo surcos de muerte

en la piel de los vivos.

viernes, 20 de agosto de 2010

El Maestro Espinosa de mis asombros











Sabía de él por sus pinturas, caracterizadas en la recreación plástica de objetos cotidianos, que llamaban al asombro: palas, martillos, escaleras, pipas, fósforos (cerillas), sillas, piedras, hojas que se animaban ante los ojos del espectador, y lo llevaban, en un correlato con los objetos, a fabular historias. Ahí tras los objetos una anécdota, el trasegar de la vida, la trascendencia de la existencia, pintura y espectador . No de otra manera podía concebir la etapa del Guillermo Espinosa auténtico, ingenioso y creativo, en una estética universal, paradojalmente, de las cosas habituales, a quien más tarde, el crítico de arte, Álvaro Ramírez, me llevaría a conocer, arriba de la autopista a Bucaramanga, por los lados de La Mata, donde vivía en una especie de bungalow, alejado del ruido y la mundanidad, y donde tenía su taller.



No lo niego que en el observador de esos utensilios, herramientas, menajes y máquinas, sin magia para los amordazados por lo material, pero que en los pinceles del maestro Guillermo espinosa tomaban la dimensión del ensalmo, se quedó anclado mi asombro, porque en esta obra, retomando los versos de Octavio Paz, dentro de mi me apiño, en mi mismo me hacino y al apiñarme me derramo, era él, su entrañalidad, su ser. Ahora el maestro es polvo, huella en el camino, de esos senderos levantiscos que recorría a pie, cercanos a su taller, abriéndose a campo abierto, como su pintura desbordante.