
Supe que era ella, cuando detuvo un instante la mirada en la ventana del bar, y sus ojos eran mares de cardúmenes de peces vivos.
crítica, pensamiento,mundo cultural, ensayo, producción narrativa y poesia, artes escénicas.



e conquistaron y colonizaron éstas tierras a sangre y fuego y las evangelizaron a punta de biblia, cruz y curas doctrineros. Entonces le solté que Betulia debía responder a un nombre biblíco. Claro, de ahí lo tomaron, de la Biblia-adujo Manuelito, que había estudiado el bachillerato en el seminario para ser cura, pero terminó de Filósofo en una universidad pública, contra el querer de sus tías ricas, que siempre pensaron para su sobrino una profesión de más caché social-. En el libro de Judith, se nombra una ciudad similar a Betulia, remató mi filósofo de cabecera.
an ya de los aguinaldos y la novena. Paramos a dejar el registro del momento. El flash de la camára incendió la noche. Los parroquianos volvieron a mirar temerosos. Estaban reunidos, por otros menesteres, nos habíamos equivocado : no quieren que en estos lados les acomoden un relleno sanitario, que contaminará sus fundos y predios rurales, el aire ya no será el mismo, aspirarán mierda y tóxicos, habló manuelito, mientras se aplicaba hasta el fondo un amarillo, como él llama al whisky. Teníamos que aligerar el paso, pues en Betulia, otra hermana, la Juez Municipal, nos esperaba.
quizá de los pollos de doña Leonor Serrano, quien ha hecho vida política en Bogotá, y ahora ha llenado de galpones las vecindades rurales de Zapatoca, como para recordarles a los zapatocas, que ella lo sigue siendo, porque vuelve por sus fueros, sin dejar a Bogotá, al traerles pollos, gallinaza y mierda contaminante, en cantidades industriales. Por lo menos, los zapatocas, no pueden quejarse: los pollos de doña Leonor, les hacen el favor de levantarlos bien madrugaditos con su sinfónico piar. Ya no necesitarán de relojes o celulares despertadores.
te, con las especies vegetales nativas, embellecidas por la niebla, cuando las nubes bajan, a darse de besos con las montañas. Betulia está encajonada; la impresión que da cuando se observa de día desde los éjidos de entrada, es que es un pueblo de casas regadas montaña abajo que algunas tienen que agarrarse de las laderas para no trastabillar. Cinco mil almas repartidas, entre gente urbana y rural, de espíritu agrario, y ahora fincando su destino en el turismo. El anillo turístico que se proyecta, partiendo de Bucaramanga (la capital del departamento), pasando por Zapatoca, Betulia, Galán, La Fuente, y el Socorro, bordeando la Hoya de Río Suárez, es la esperanza del pueblo traganubes, no sólo para que no se lo coma el tig
re del abandono, sino para que se conserve su fauna y flora nativas. Por lo que no es raro que se haya resguardado la hacienda de Montebello, legendaria por la figura de Leo Von Lengerke, que se vino de Alemania, por un duelo amoroso, Magdalena arriba, y se bajó en Barrancabermeja, en tiempos de La colonia,(siglo XIX) para levantar su señorío en estas tierras de Zapatoca y Betulia, sembrándolas de caminos de piedra, y puentes colgantes, como ingeniero que era, y dejando su simiente en los cuerpos de las hermosas nativas, como buen padrón que también era, rió Manuelito con el apunte, mientras se fumaba un mentolado, y que no resistían el embrujo de sus ojos azules, me dije para mi coleto. Por eso, en estas tierra prima un dicho: ojiazul, descendiente seguro del culión Leo.
s por nacimientos prístinos de agua, que van al despeñadero a nivel, donde se vuelven chorros níveos, ante la mirada deslumbrada de quienes aún tenemos respeto por el mundo natural, en estos tiempos postmodernos, neoliberales y de globalización, donde sólo importan la competencia, la explotación de los recursos sin razón ni piedad, y el consumo desmedido. 
ad, no ha destruído el alma de los betulianos. Todavía, aquí se hacen favores, y se cree en la palabra empeñada. Quizás por eso pervive un espíritu quintaesencialmente humano. Vivir aquí, no sé, por qué me trae a
la memoria la aldea naciente de Macondo de Cien Años de Soledad. Aquí, antes que lo que se vive en las ciudades,de estar asistiendo a un echar a pique las cosas que nos hablan de nosotros y nos dan rostro, se experimenta un recobrar la materia de lo que somos hechos los santandereanos: franqueza y lealtad.
nerario. 


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